martes, 5 de abril de 2016

La distracción perfecta (publicado el 24/3/16 en Veintitrés)

Mientras el Congreso discute la derogación de las dos leyes que le permitirían al gobierno pagarle a una parte de los Fondos Buitre dejando abierta la posibilidad de un reclamo del 93% de los bonistas que habían ingresado al canje, la opinión pública se indigna por una cámara que muestra que en una financiera se cuenta plata y que miembros de la Tupac Amaru retiran dinero de un Banco. Nadie demostró, al menos todavía, que ese dinero se haya robado o que se trate de una maniobra de lavado de dinero pero “ahora dicen” que las imágenes hablan por sí solas cuando, en realidad, hay una voz detrás que está haciendo decir a las imágenes cosas que las imágenes por sí solas no dicen. Algún tontuelo inferirá del párrafo precedente una defensa de los implicados pero no es así. Si allí hubo delitos que vaya preso quien tenga que ir. Solo se trata de llamar la atención sobre la enorme subestimación que se tiene sobre la audiencia y sobre cómo unos señores con micrófono instalan realidad a partir del relato de unos señores que están detrás de las rejas. Paradójicamente, en el país del escepticismo, en el país donde nada ni nadie es creíble, lo único creíble es lo que puedan decir un ex espía sospechoso o condenados por crímenes y por delitos económicos que harían cualquier cosa por morigerar su condena o recibir beneficios a cambio de declaraciones altisonantes.
Pero como la novela detectivesca de “la guita” no alcanza, se hace énfasis en Brasil, no porque lo que allí suceda sea importantísimo para la estabilidad de la región sino para hacer una extrapolación y afirmar que dado que el gobierno de Lula/Dilma es populista y es corrupto, entonces el gobierno de Kirchner/CFK, dado que ha sido populista, también ha sido corrupto. Y todos opinamos sobre el asunto, como suele ocurrir, sin saber. Porque lo que importa en la actualidad es fijar posición sobre todos los temas. No saber. No dudar. No averiguar. Solamente opinar y, si es posible, con vehemencia.
Esta breve introducción no se hace para justificar una teoría conspirativa pero sí para darle algo más de sustento a un accionar bastante frecuente en medios de comunicación: el distraer a partir de la manipulación de la agenda. Dicho más fácil, para orientar a la opinión pública los medios tienen distintas variantes. La más obvia es la mentira lisa y llana pero la más sutil es la decisión acerca de qué es y qué no es noticia; qué es y qué no es digno de ser publicado. Porque la sensación que la audiencia tiene es que los hechos mismos tienen un valor y se “imponen” pero no es así. Se trata siempre de una decisión editorial. Sin embargo, claro está, si usted insiste en que hay hechos que no se pueden pasar por alto déjeme mencionarle una práctica frecuente que bien está ejemplificada en una película mexicana estrenada en 2014 cuyo nombre es “La dictadura perfecta”. Se trata de una parodia que denuncia la relación entre el principal grupo Multimedios de México (entiéndase Televisa) y el poder político. Todo comienza con un exabrupto del Presidente (amigo y con línea directa con el Gerente del Multimedios) frente al enviado estadounidense en una rueda de prensa con todos los medios presentes. Evidentemente, es algo que pareciera imposible de manipular o modificar: el exabrupto existió y a través de las redes sociales se ha viralizado. ¿Qué hace la señal de noticias amiga del Presidente? ¿Lo oculta? No. Simplemente busca algún escándalo que pudiera desviar la atención de la audiencia y, al final del resumen de noticias, anuncia que existió una reunión entre el Presidente de México y el enviado estadounidense. En la película, la maniobra distractiva tenía que ver con una cámara oculta en la que se veía a un Gobernador “macondiano” con un narcotraficante. En este caso, el vínculo era real y “obliga” al Gobernador a viajar hasta la Capital para entrevistarse con el Gerente del Multimedios a quien le ofrece dinero a cambio de ocultar el video. La respuesta del Gerente es la que daría cualquier periodista independiente hasta que finalmente, a cambio de mucho dinero, le ofrece al Gobernador, un “plan integral de lavado de imagen” que incluirá enviados especiales a su distrito. Sin adelantar mucho por si usted no ha visto la película, los periodistas enviados, jóvenes e inescrupulosos ansiosos de ascenso, como tantos periodistas, intervienen y logran la exclusiva sobre un secuestro a dos niñas (que luego se demostrará que había sido armado por el propio Multimedios). El secuestro mantiene en vilo al país durante días y sobre él se monta una enorme escena cinematográfica en la que el Gobernador aparece como el hombre que con decisión política ha logrado dar con las niñas. Naturalmente, nadie habló más del video que lo incriminaba.
Este es un buen ejemplo para comprender lo que bien se describe en el libro El poder de la Agenda, de la investigadora sobre temáticas de la comunicación, Natalia Aruguete. Allí, con extensión y rigurosidad la autora analiza las diferentes fases de lo que se conoce como “agenda setting”, línea que se diferencia de la teoría de la aguja hipodérmica, esto es, aquella teoría de la comunicación que afirma que los medios determinan completa y uniformemente las acciones de sus audiencias. La “agenda setting” no dice que los medios transforman en zombies a quienes los consumimos. En todo caso, acepta que los medios tienen efectos sobre nosotros pero con ciertas limitaciones. Y en este punto es que el ejemplo recién desarrollado viene a colación porque más allá de las diferencias entre los autores, parece haber una coincidencia en cuanto a que los medios no son capaces de imponer qué decir o qué pensar pero sí son capaces de imponer sobre qué vamos a discutir. En otras palabras, no te dicen de qué lado ponerte (más allá de que hacen todo lo posible para que te pongas de su lado) sino que te imponen sobre qué cosa tenés que elegir de qué lado ponerte. Hoy tenés que opinar sobre la cámara oculta tal, mañana sobre la difusión de fotos íntimas, pasado sobre Brasil y la semana que viene sobre si las fracturas que ha producido Carlos Tévez han sido accidentes o producto de la mala intención. Así, mientras vos ya tomaste posición sobre todos los temas de la agenda que te impusieron y creés que formas parte de la comunidad de la comunicación a través de tus comentarios en redes sociales, se consuma la distracción perfecta, aquella que permite que detrás tuyo, sin que lo percibas, pueda pasar de todo: desde elefantes de colores con trompetas hasta la decisión de unos circunstanciales representantes que ponen en riesgo un país y, con él, a varias generaciones de argentinos.