miércoles, 18 de octubre de 2017

¿Y si Cristina pierde? (editorial del 15/10/17 en No estoy solo)

A días de la elección, el gobierno y el establishment económico dan por descontado el triunfo en la provincia de Buenos Aires, distrito donde no se disputa un senador sino el rumbo del país para la próxima década. Más allá de que ni la encuesta más optimista le otorga un triunfo holgado, lo cierto es que una victoria de Bullrich sobre CFK probablemente acabará con cualquier pretensión de Unidad Ciudadana de erigirse como opción capaz de constituir mayoría, al menos en lo inmediato, y, al mismo tiempo, le dará a Cambiemos una presunta legitimidad para avanzar con las reformas estructurales que los sectores más aventajados exigen y que acabarán condicionando a futuros gobiernos y a generaciones de argentinos. Así, con la economía rebotando y un clima cultural distinto, el gobierno parece estar en su mejor momento, no solo por las fortalezas propias sino sobre todo porque el peronismo está entrampado en su propia atomización. Es que los personalismos, las estrategias electorales y comunicacionales insólitamente erradas se repiten y no hay nada que permita pensar que los responsables de estos errores vayan a cambiar algo el día posterior a la elección.
La situación de Randazzo es una incógnita. Tras la jugada de CFK de presentarse sin el partido, el ex ministro quedó desdibujado y trató de terciar en una interna panperonista en la que no había lugar. En todo caso, sufrió un fenómeno que se repitió contundentemente en estas elecciones, esto es, el fracaso de la política mimética. Con esto me refiero a que entre el original y la copia el electorado se queda con el original. Porque si te interesa la política moralizada y denuncista te quedás con el original Carrió y no con su réplica Stolbizer; y si sos kirchnerista o reivindicás mucho de lo hecho en la anterior administración vas a elegir a CFK y no a su ministro, del mismo modo que si sos un peronista o un antimacrista que no quiere a CFK, tu primera opción va a ser Massa antes que Randazzo. Asimismo, Randazzo también fue castigado en las urnas por otro fenómeno. Me refiero al rechazo a la idea de la política como microemprendimiento. En otras palabras, la sensación es que Randazzo acabó jugando en solitario, de la misma manera que, en la Ciudad de Buenos Aires, juegan “solos” dos candidatos que brillan por su corrección política cool y polite: Martín Lousteau y Matías Tombolini. En el caso de estos últimos, no solo se disputan el mismo electorado, sino que sus vaivenes ideológicos (más marcados en el ex ministro de economía de CFK y Embajador en EEUU de Cambiemos) y su compulsión a la cámara (más marcada en el candidato massista) los convierte en fenómenos pasajeros e inestables.
Volviendo al espacio panperonista, tampoco es fácil definir el futuro de Massa quien supo gozar del apoyo del establishment tras su victoria en 2013 y desde allí no paró de perder votos. Hoy lucha por contener la tropa propia y no caer a un dígito. Adjudicar la caída a las dificultades de transitar la cada vez más angosta avenida del medio es ser condescendiente con quien ha carecido de rumbo ideológico y ha sido incapaz de constituir un armado con identidad y presencia territorial. Aquí, una vez más, la política mimética ha sido castigada pues ese votante antikirchnerista que Massa atrajo gracias a sus diatribas contra “el pasado” hoy se siente más a gusto votando a Cambiemos.
       
En cuanto a CFK, la estrategia de un estilo más pasteurizado que utilizara en las PASO no funcionó para romper el cerco del núcleo duro de sus votantes, aquel que la llevó a ganar la elección con un número inferior a las expectativas pero que nadie puede despreciar. De cara a las elecciones de octubre, ese cerco se intentó romper a través de entrevistas con llegada a públicos diversos y habrá que ver los resultados del domingo para poder afirmar si la estrategia ha sido la adecuada. Mi intuición es que esas apariciones no mueven el amperímetro pero ayudan a debilitar esa figura de Belcebú encarnado que la corporación periodística ha instalado de ella. Más allá de eso, el resultado de la elección será clave para conocer el futuro de la fuerza que lidera. Perder por más de cinco puntos sería impactante y si bien no hay ningún liderazgo dentro del peronismo capaz de hacerle sombra, la obligaría a abrir el juego a la negociación si es que no quiere reducir el kirchnerismo a una fuerza testimonial cuya supervivencia esté afincada en la tercera sección electoral de la Provincia y en un núcleo duro de militancia cibernética. Eso también supondría, claro está, un gesto de los otros actores, los cuales tampoco son muy afectos a negociar con ella y se encuentran agazapados para pasar facturas. Y no solo hablo de gobernadores peronistas a los que el kirchnerismo más duro les ha presentado listas opositoras en sus terruños sino incluso muchos intendentes de Buenos Aires que se han sumado a Unidad Ciudadana por necesidad antes que por convicción. 
Asimismo una derrota confirmaría algunos de los errores que en esta misma columna ya habíamos advertido. El primero fue no haberse quedado con el PJ e incluir a Randazzo en una interna para ganarle holgadamente y obligarlo a “jugar adentro”. Y el segundo error, seguramente impulsado por el núcleo duro que la rodea y que solo a través de ella se garantizaba un piso de votos que le permitiera seguir ocupando espacios, fue exponer a la ex presidente como candidata. Se dirá que no había otro capaz de pelear contra la potencia de Cambiemos y es así pero esa verdad regresa como un boomerang porque desnuda a un kirchnerismo que fue incapaz de generar referentes intermedios que pudieran respaldar o reemplazar a su líder, error que se repite en un armado de listas que, en la Provincia de Buenos Aires, se sirvió de candidatos renovados y valiosos pero sin las espaldas suficientes como para cargar con el peso de una sucesión. Nunca sabremos, porque es un contráfactico, qué hubiera sucedido si CFK se mantenía al margen de esta elección y apoyaba a sus candidatos desde afuera esperando que escampe frente a un Cambiemos que no podrá sostener durante cuatro años el recurso de la “pesada herencia”, pero me atrevo a pensar que el desenlace podría haber sido otro. Porque esta será, probablemente, la última elección que Cambiemos la gane con antikirchnerismo. En las próximas, tendrá que definirse por sí mismo y no por oposición a “lo otro”.

Para finalizar, hoy en día, si se confirmara la derrota que auguran las encuestas y ésta fuera significativa, el kirchnerismo recibiría un golpe del que será difícil levantarse, sobre todo, porque si después del 2015 nos quedó la sensación de que el kirchnerismo no había pensado un plan B y hasta había subestimado los costos de la derrota, al menos tenía la última carta debajo de la manga. Pasados dos años, jugada esa carta, una derrota puede parecerse demasiado al peor escenario.

martes, 10 de octubre de 2017

Cuando matar es un espectáculo (editorial del 8/7/17 en No estoy solo)

Cada vez que sucede un asesinato masivo en Estados Unidos se retoma la discusión sobre la insólitamente permisiva legislación en materia de tenencia de armas. Si bien merecería un artículo aparte desarrollar la cosmovisión expresada en la Segunda Enmienda, esto es, aquella que indica que existe un derecho individual a portar armas, lo cierto es que se calcula que en Estados Unidos hay un arma por habitante. Si bien la legislación varía de Estado en Estado, el caso de Texas sorprende por la ausencia total en materia de regulación: se pueden obtener armas hasta en el supermercado y pagarlas en el mostrador mientras compramos también sopas rápidas y latas de cerveza. Luego podemos llevarlas donde queramos y lo único que se nos exige es no las exhibamos mientras circulamos por el espacio público, compromiso que parece más estético que moral.  
Pero si bien la relación causal entre muerte y proliferación de armas es incontrovertible, hay un elemento que debe mencionarse para complementar y dar cuenta de este particular tipo de hechos. En otras palabras, ¿se puede explicar solamente por la proliferación de armas que un señor llamado Stephen Paddock alquile una suite del piso 32 del Hotel Mandalay Bay para, desde allí, antes de suicidarse, disparar a una multitud y acabar con la vida de decenas de personas que disfrutaban de un recital? Evidentemente no pues lo particular de este hecho, además de la magnitud del daño que puede causar un asesino que había ingresado 23 armas al hotel, es su “espectacularización”.
¿Qué entendemos por tal? Quien mejor lo puede explicar es un filósofo italiano conocido como “Bifo” Berardi, quien en 2015 publicara un libro que en castellano lleva como título Héroes. Asesinato masivo y suicidio y que en su página 32 afirma lo siguiente:
“El asesinato masivo no es algo nuevo. Aun así, la “marca” de este tipo de asesinato masivo que combina una puesta en escena espectacular con las intenciones suicidas de sus artífices, parece caracterizar la transición de nuestra era hacia la nada. De hecho, esta clase de actos, donde se juntan espectáculo, asesinato masivo e intento de suicidio (…), se ha vuelto más frecuente en los últimos 15 años. Es posible detectar en las acciones de muchos asesinos en masa contemporáneos una tendencia al espectáculo que se relaciona en cierta manera con la promesa de Warhol: “en el futuro, todo el mundo será famoso durante 15 minutos”. Es decir, se trata de la necesidad de salir en TV como si esta fuera la única prueba de la existencia de uno”.
La espectacularidad del asesinato masivo, como bien recuerda Berardi, tuvo, a su vez, su éxtasis en aquel demencial hecho por el cual, en un estreno de Batman, allá por 2012, a la media hora de iniciada la película, un espectador que ocupaba un asiento en la primera fila, sale del cine, se dirige a su auto, se pone una máscara anti gas, pantalones y chaleco antibalas, toma sus armas, regresa a la sala y tras arrojar una bomba de gas, abre fuego. Queriendo simular la escena del comic de Batman, James Holmes mata a 12 personas e hiere a decenas. No hay ejemplo más claro en el que el asesinato en masa se vincule a la espectacularización y se solape la ficción con la realidad.
Berardi analiza otros casos, algunos bastante conocidos y encuentra en ellos un denominador común: el poscapitalismo y su tendencia individualizante que, llevando al extremo el darwinismo social, genera sociedades conformadas por depresivos, adictos al trabajo capaces de morir tras exceso de horas extras y dementes que encuentran en la realidad virtual el único refugio en el que pueden ser todo aquello que la realidad cotidiana no les deja ser.
Si bien parece excesivo achacarle todos los males a esta nueva etapa del capitalismo pues, al fin de cuentas, todos vivimos en él y, por suerte, solo algunos esporádicamente cometen algunos de estos asesinatos, no deja de ser cierto que las condiciones de vida en la actualidad, en todo caso, son tierra fértil para que alguno de estos hechos se den. Es más, donde esta espectacularización se expresa con claridad es en la nueva configuración que la sociedad tiene de los héroes. Efectivamente, según la artista visual alemana, Hito Steyerl, desde fines de años 70 existe una nueva forma de entender a “los héroes” que ha quedado bien expuesta en la canción de David Bowie que lleva como título, justamente, “Héroes”. Según la autora, en las páginas 50 y 51 de su libro Los condenados de la pantalla, el auge del neoliberalismo decreta la muerte de los héroes lo cual hace que éstos dejen de ser sujetos para transformase en objetos. Esto significa que el héroe ya no hace revoluciones ni gana una guerra sino que ahora es una imagen, una cosa capaz de ser replicada en una remera, una mercancía imbuida del deseo de ser consumida. Si el héroe es simplemente una imagen despojada de historia, su inmortalidad “ya no se origina en su fuerza para sobrevivir a cualquier prueba, sino en su capacidad de ser fotocopiado, reciclado y reencarnado”.
La policía todavía no pudo esclarecer cuáles fueron los motivos por los cuales Paddock disparó a la multitud, si es que hubo alguno. Lo que en todo caso se puede intuir es que solamente en una sociedad que premia la replicación de la imagen como un valor en sí, el asesino puede creer, en su delirio, que la circulación de la foto de su rostro y las miles de veces que se observaron las filmaciones de los asistentes al concierto durante la masacre, son capaces de convertirlo, durante 15 minutos al menos, en un héroe.           



viernes, 6 de octubre de 2017

Todos mafiosos (editorial del 1/10/17 en No estoy solo)

El gobierno ha dado un giro discursivo que es importante señalar. Tal giro está vinculado a una decisión política que era necesario justificar en la medida en que contrariaba la promesa de pacificar y unir a los argentinos. Hay quienes afirman que el gobierno ha decidido polarizar como una estrategia electoral en 2017 pero la polarización la ha elegido desde el primer día de su mandato estigmatizando a todo aquello que sea visto como adversario político. Dicho en otras palabras, más allá de la estética y los mantra new age, Cambiemos ha planteado un gobierno confrontativo y para este nuevo transitar debe hallar una justificación. ¿Dónde la encontrará? En la idea de “lucha contra las mafias”.
Efectivamente, con una mejora de la macroeconomía que no viene acompañada de una distribución equitativa y todavía no se percibe en toda la sociedad, Cambiemos eligió posicionarse como un gobierno que lucha contra algo y ese algo englobador es “la mafia”. Posicionarse en lucha contra algo brinda una épica que Cambiemos no tenía porque siempre la ha despreciado en tanto supuesto engranaje de una política ideologizada. Pero estando en el poder notó que con la presunta objetiva pulcritud del técnico “ceocrático” no alcanza. Además, que esa lucha sea contra la mafia es enormemente funcional a sus intereses. ¿Por qué? En primer lugar porque, como todo concepto que se arroja a la arena del debate público, se ha transformado en un significante vacío, una palabra capaz de incluir allí colectivos, conductas y sujetos varios; y en segundo lugar porque en la batalla lingüística eligió como enemigo un término incontrovertiblemente negativo en tanto nadie en su sano juicio es capaz de defender una mafia.
Pero aquí es donde surge un elemento peligroso para el debate democrático. Es que al posicionarse el gobierno como “aquel que lucha contra las mafias”, ha hecho algo más y es ubicar a todo adversario político como “mafioso”. Así, la diferencia entre Gobierno, Estado y Ley se borra y el mejor ejemplo es la prédica de Elisa Carrió. Para la diputada, sus adversarios políticos son enemigos ya no de ella ni del gobierno al que representa, sino de la ley, y si son enemigos de la ley, todas las fuerzas del Estado deben estar al servicio de su persecución. Porque para el gobierno, no solo los narcotraficantes o algún grupo específico que actúe controlando clandestinamente un negocio o un territorio son mafiosos, sino que son mafiosos los políticos, los kirchneristas, los sindicatos, los estudiantes que toman colegios, los mapuches, los que cortan la calle, los que hacen una movilización, los abogados laboralistas, los de la Tupac  Amarú, los docentes, los científicos y todo aquel que, con mejores o peores razones, en algún momento, se oponga a alguna medida del gobierno. No se animaron a hablar de la mafia de los que no pueden pagar el tarifazo o desean cobrar un sueldo digno pero cada vez que hay una protesta en ese sentido indican que se trata de una acción espuria en tanto “organizada”.
¿Cómo se transforma un colectivo opositor en mafia? Muy simple: se identifica a alguno individuo de ese colectivo y se lo destruye mediáticamente para que opere la figura retórica de la sinécdoque, esto es, la confusión entre la parte y el todo. ¿Esto significa que estamos elevando al lugar de mártires a sujetos como el “Pata” Medina o a José López? No ¿Entonces supone que aceptamos las premisas del “joneshualismo” mapuche y que celebramos los cortes de ruta y toda toma de un edificio público? Tampoco. ¿Implica estar de acuerdo con algún que otro abogado carancho y esa minoría de maestros que se abusan de las conquistas expuestas en el Estatuto del docente? Menos aún. Solo busco decir que la selección de determinados casos, algunos de ellos incontrovertiblemente mafiosos, busca ubicar a todo adversario político en el lugar de lo corrupto, lo violento y lo clandestino. Así, atacando al “Pata” Medina no se busca atacar a un mafioso sino dejar entrever que sindicalismo es igual a “mafia”, misma operación que se produce cuando se intenta equiparar “toma de colegio” con “abuso sexual”, “reivindicación de tierras” con “terrorismo internacional”, o “modelo redistributivo y Estado presente” con “corrupción”.    
Incluso se puede ir un paso más allá y observar que lo que se busca es un ataque a cualquier tipo de colectivización o idea de comunidad porque la única noción de agrupamiento que concibe el gobierno es la del “vecino”, esto es, un individuo con el cual lo único que nos une es una circunstancial contigüidad territorial. 
Para finalizar, el hecho de que todo aquello que se oponga al gobierno sea englobado en una mafia se expresa en la obsesión que la prensa oficialista tiene por la delación. O sea, si todos son mafiosos y lo propio de la mafia es la omertá, esto es, el pacto de silencio, solo resta exigir la confesión. Así, “quebrarse” es el precio que hay que pagar por dejar de recibir la extorsión mediática que cae sobre el señalado o sobre sus familiares si se está preso; y arrepentirse es el precio que hay que pagar si se está libre y se quiere tener un espacio en los medios y en la corporación política.

jueves, 28 de septiembre de 2017

La grieta y las nuevas leyes de Godwin (editorial del 24/9/17 en No estoy solo)

Allá por 1990, cuando los debates online recién comenzaban, un abogado estadounidense llamado Mike Godwin, notó un fenómeno que se repetía constantemente y lo enunció en forma de una ley que acabaría llevando su nombre. ¿De qué se trata esta ley? En la formulación más simple indica que “a medida que una discusión online se alarga, la probabilidad de que aparezca una comparación con Hitler o se mencione a los nazis tiende a uno”. Pero lo que a Godwin le interesó es que la referencia a Hitler o a los nazis, esto es, a aquello que nadie podría defender o matizar, acaba cancelando toda discusión. Porque decir que la opinión de X es nazi o que una acción de Macri o CFK es genocida, lejos de invitar a la reflexión, pone un punto final al intercambio de argumentos.
Lo curioso es que en la Argentina, no solo en el ámbito de las discusiones entre foristas en redes sociales, sino entre el panelismo que inunda horas y horas de pantalla de TV, se recurre a una ley primo hermana de la de Godwin. En este caso, la ley cumple el objetivo de cancelación del debate pero a diferencia de la primera viene en forma de pregunta y cualquier respuesta que se le dé a la misma conlleva cargarse una enorme cantidad de sentencias, falacias y prejuicios. La pregunta no incluye nazis pero refiere a los años más oscuros de la Argentina y se formula así: ¿Macri es la dictadura?
¿Por qué esta pregunta cancela el debate? En términos generales porque, en Argentina, “la dictadura” cumple la misma función que “los nazis” o “Hitler”, es decir, cualquier cosa que acabe emparentada con la dictadura resulta, por buenas razones, indefendible; y, en términos más específicos, porque emparentar este gobierno con la dictadura hace que uno acabe ubicado en una suerte de fundamentalismo que no solo no entiende las particularidades del gobierno de Macri sino que, parecería, tampoco entiende qué fue la dictadura. Sin embargo, -he aquí la trampa bastante sutil-, si la respuesta a la pregunta es negativa, esto es, si se considera que Macri no es la dictadura, por razones insondables, de repente, se nos obliga a aceptar que en la Argentina del año 2017, el Estado de Derecho es pleno y la democracia goza de un vigor envidiable.
En mi caso particular, varias veces he indicado que Macri no es la dictadura pero eso no me compromete con el diagnóstico opuesto, esto es, con la afirmación de que en el actual gobierno las instituciones republicanas funcionan con el equilibrio adecuado, que las fuerzas de seguridad se encuentran profundamente comprometidas con las políticas de Derechos Humanos y que el poder judicial está actuando con imparcialidad cuando se trata de casos con relevancia política.      
Y en el caso de los medios de comunicación sucede algo similar pues cuando alguien señala afectaciones a la libertad de expresión surge la pregunta cancelatoria: ¿Vos creés que Macri persigue las voces disidentes como hacía la dictadura? Y no, no lo creo, pero sí creo que la oligopolización de la comunicación se está profundizando tras la modificación de la ley de medios y que existe una decisión política de acallar cualquier voz que ose desafiar a los poderes fácticos. ¿Acaso ha habido aprietes, amenazas o atentados contra periodistas opositores? No más que en otros gobiernos seguramente, pero lo distintivo de esta etapa de la democracia es que es posible acallar voces con el ahogo financiero y el acuerdo con empresas ofreciendo espacios en determinados medios a cambio de no anunciar en otros. Esto es lo que explica que programas o medios con línea no oficialista con alta audiencia carezcan del apoyo de las grandes empresas lo que, sumado al recorte arbitrario de la pauta oficial, condena al fracaso cualquier intento de crear un medio vigoroso capaz de disputar agenda. Así, a los otrora periodistas oficialistas les ha tronado el escarmiento y ya no tienen lugar en los medios lo cual funciona como un acto de disciplinamiento para cualquiera que intente transitar ese sendero de aquí en más. Pero los periodistas que durante el kirchnerismo eran opositores y realizaban sus performances de víctimas afirmando que sus canales “podían desaparecer”, nunca desaparecieron y la pauta oficial que cobraban hoy se transformó en millonaria. Es más, algunos de ellos se han transformado directamente en empleados de los medios estatales aunque, por suerte, nadie los somete a la indigna pregunta acerca de cuál es su sueldo, pregunta que, claro está, conllevaba la sospecha de que lo que se decía se sostenía por estar “comprado”. Porque periodistas que coincidieran con un gobierno había durante el kirchnerismo y los hay durante el macrismo. La diferencia es que se instaló que todo periodista que coincidiera con el kirchnerismo lo hacía por razones militantes mientras que todo el que coincide con el actual gobierno lo hace por razones independientes. Se da así una particular curiosidad: los periodistas oficialistas de hoy piensan lo mismo que el gobierno pero lo logran de manera independiente, es decir, son facciosos a través de la neutralidad, la objetividad y la imparcialidad.     
Hacer esta crítica no supone avalar la política comunicacional del kirchnerismo ni al “periodismo militante” si es que alguien puede definir qué se entiende por tal. De hecho, he llamado la atención en reiteradas ocasiones acerca del error comunicacional del kirchnerismo que, tras salir de la administración, pasó a buscar “su propio Lanata” y considera que se puede esmerilar al actual gobierno gracias al denuncismo indignado con que la corporación periodística atacó y ataca a todo lo que rodee el espacio liderado por CFK. Pero el actual gobierno, que no es la dictadura, claro está, avanza con torpeza y a veces con vehemencia, sobre sectores que alzan una voz disidente y allí la frontera entre corporación periodística y gobierno se difumina y se hace borrosa, lo cual es verdaderamente preocupante porque la corporación periodística ya está cerrando su grieta. ¿Cómo? Creando un exterior constitutivo, esto es, dejando afuera de la corporación a aquellos que la propia corporación identifica como “militantes” o “no periodistas” y por tal se entiende todo aquel que ose criticar al periodismo mainstream. En algún sentido, lo que sucede es que el periodismo tiene su propia ley de Godwin, la cual no hace referencia a los nazis sino a “678”. Así, han logrado que emparentar a un periodista con “678” suponga una descalificación tal como la que opera cuando en las discusiones online alguien hace referencia a los nazis. Esa descalificación incluso va más allá del ámbito de los medios y se extiende a cualquier otra persona a la cual se desee descalificar (basta recordar, en este aspecto, el debate presidencial de 2015 en el que el candidato Macri interpelara al candidato Scioli espetándole haberse convertido en un panelista de 678).  
Para concluir, entonces, la grieta en la corporación periodística se va cerrando. Primero se cerró en los medios del Estado gracias a la acción del gobierno y ahora se va a cerrar acallando a los disidentes que subsistían en empresas privadas. En este caso, la acción del gobierno es central pero tampoco nos olvidemos de la complicidad de las empresas periodísticas, aun de las que parecen tener una línea editorial crítica.

En cuanto a la grieta política, también se va cerrando y, en ese sentido, el gobierno intenta cumplir su promesa. Lo que todavía no se sabe es si la grieta la va a cerrar consensuando en el marco del diálogo democrático o la va a cerrar silenciando al adversario político. 

miércoles, 20 de septiembre de 2017

Mito y sobrevaloración de la entrevista (editorial del 17/9/17)

La inmensa lista de zonzos que afirmaba que CFK no brindaría entrevistas a periodistas y medios antikirchneristas para evitar preguntas incómodas, debieron hacer silencio ante una nueva confirmación de que, en lo que respecta a capacidad oratoria, es muy difícil doblegar a la expresidente. El marco fue el portal oficialista Infobae y el periodista a cargo fue Luis Novaresio quien realizó la entrevista con la agenda del establishment mediático, supo repreguntar y discrepó aunque dejando hablar y sin hacer de la entrevista un debate. En tiempos de “periodismo de guerra” no es poco.
CFK respondió holgadamente a todas las preguntas, pero más allá del contenido de las respuestas, que la entrevista haya sido el acontecimiento político de la semana, tiene que ver con dos cosas. Por un lado, que no se recuerda a CFK sentada frente a un periodista con una ideología poco afín y, por otro lado, que, en los últimos años, la corporación periodística le dio a los debates, las entrevistas y a las conferencias de prensa una importancia desmedida.
En este sentido, siempre sostuve que no puede ser dañino que un mandatario se someta periódicamente a la interacción con periodistas o referentes de otras fuerzas y que la decisión de no exponerse a esa puesta en escena, aunque bien fundamentado, acababa siendo funcional a quienes buscaban identificar al kirchnerismo con una secta hermética. Sin embargo de aquí no se sigue que este tipo de intervenciones públicas seas esenciales para las instituciones, la república y la democracia. No solo porque en pleno siglo XXI un gobernante posee modos diversos y muchos más directos para comunicar sino, sobre todo, porque es falso que la pregunta del periodista sea representativa de las necesidades de la población. En este sentido, la entrevista de Nicolás Repetto encapuchado frente a un referente mapuche que los medios presentan alternativamente como el Belcebú que amenaza la integridad territorial y espiritual de la nación, o como un flogger, es menos patética por la capucha que por el hecho de que Repetto se haya presentado como referente capaz de percibir cómo siente y ve “la gente”.    
Sabemos que en la tradición occidental, desde la época de Sócrates, el diálogo interpelante apareció como vehículo natural del surgimiento de la verdad y ese esquema lo ha adoptado, sin más, el periodismo. Así se nos quiere hacer creer que las preguntas del periodista son el canal hacia el esclarecimiento de una sociedad que necesita del periodista en tanto médium entre la ignorancia y la verdad. Pero hay que estar atentos a esos mitos de origen creados por la propia corporación periodística para erigirse en un lugar de legitimidad. De hecho, recuerdo haber escrito algunas líneas hace ya unos años tras el famoso “queremos preguntar” organizado por Lanata y sus adláteres para señalar que, a diferencia del preguntar socrático que se hacía desde la ignorancia, el preguntar del periodismo en la actualidad se hace desde la sentencia, desde la expresión de una línea editorial que se quiere hacer pasar por aséptica.  No se busca llegar a la verdad sino obtener un título, esto es, una mercancía y, eventualmente, sacar rédito político de una pregunta hecha con mala fe. Si a Sócrates le decían “el tábano” porque con sus preguntas “picaba” y molestaba como lo hacen esos insectos, la figura adecuada para buena parte del periodismo de hoy es la mosca, más por el hábitat en el que se siente a gusto que por su capacidad de incomodar.
Asimismo, ya que de griegos hablamos, otro elemento que cierto periodismo enarbola es el de la parresía, entendiendo por tal el coraje de decir la verdad poniendo la vida en riesgo. Porque decirle la verdad a un débil es fácil. Lo que es difícil es decirle la verdad en la cara a un poderoso pues allí se pone en juego la continuidad de nuestras existencias. Tiene buena prensa escenificar una presunta heroicidad del periodismo pero lo cierto es que quienes más pretenden erigirse como parresiastas son aquellos que en general trabajan desde y al servicio de los poderes fácticos. Así, todavía espero que los que querían preguntar les pregunten a los dueños de los medios para los que trabajan. Seguramente no lo harán encapuchados ni tampoco se animen a hacerlo con un guante blanco.
Con todo, es justo decir que la sobrevaloración de las entrevistas, los debates y las conferencias de prensa no solo es atribuible a los periodistas sino también a los propios políticos que tienen el prejuicio iluminista de creer que a través de la palabra, en un estudio de TV o en un atril, en medio de chicanas y cruces con mala fe, es posible construir mayorías electorales. Sencillamente se equivocan porque los debates o los intercambios entre adversarios políticos expresan para la audiencia una suerte de ring en el que ya se ha tomado partido por uno de los contrincantes previamente y difícilmente algo de lo que allí se diga logre cambiar esa toma de posición previa.      

Por todo esto es que es altamente improbable que CFK gane votos por mostrarse más abierta a responder a este tipo de entrevistas. También, claro está, es altamente improbable que esta apertura le quite votos. De hecho, en un sentido, esta apertura puede comprenderse como una continuidad de la campaña pasteurizada y bastante desideologizada de las PASO que no le acercó ni le restó votos pero, en todo caso, parecería revelar que CFK entiende que alguno de los modos de ella como del kirchnerismo en general pudieron haber hecho que ciertos votantes se alejaran. Y, es más, estoy tentado a pensar que, contrariamente a lo que se supone, la entrevista sea más importante para los propios que para los ajenos en tanto genera mística verla a ella al frente de la campaña y dando muestras de elocuencia ante las preguntas que el kirchnerismo, decían, no quería responder. El veredicto lo dará la elección de octubre pero lo que allí suceda no dependerá de una entrevista más o una entrevista menos.  

miércoles, 13 de septiembre de 2017

Cucarachas (editorial del 10/9/17 en No estoy solo)

Los llaman “cucarachas”. Todos les dicen “cucarachas” porque se ven como tales. Las fuerzas de seguridad enfrentan estos verdaderos insectos, casi como un cáncer social, pero también lo hacen los pobres, aquellos que imploran al ejército que intervenga y detenga estas alimañas que saquean y roban todo lo que encuentran a su paso. El ejército habla un idioma distinto que el de los pobres pero las cucarachas como enemigo común, y algunos decodificadores, les permite unirse en el objetivo. 
Todavía recuerdo las palabras de una oficial del ejército: “La mierda en su sangre las hace así. La enfermedad que portan, que ignora el valor de la vida o el dolor de quien más va a sufrir. No detuvimos a las cucarachas durante 5, 10 o 20 años. Siguen naciendo niños así y luego se reproducen. Por cada cucaracha que usted salva hoy condena, Dios sabe, a cuánta gente a la futura desesperación y pena. No puede usted seguir viéndolas como humanos. Hay que eliminarlas (…)”.
Minutos después de escuchar ese relato, un oficial del ejército acribillaba a una cucaracha al igual que lo hacía en los entrenamientos y luego acuchillaba a otra con la pasión del odio tras una larga pelea en la que el insecto enfermo atacó a quien vela por nuestra seguridad. Consultado por un superior al respecto, el oficial dijo sentir algo de euforia y, luego, un enorme alivio además de ningún remordimiento.  
Estoy seguro que si me hubieran mostrado el diario del día posterior el título hubiera sido: “en un nuevo enfrentamiento cae una cucaracha subversiva”. 
Más allá de eso, un buen resumen del fenómeno se da en el diálogo entre ese mismo oficial y una cucaracha que, sinceramente, parecía “normal” como vos y yo. Ella le pregunta: “¿Ve una cucaracha en mí?” Y él responde: “No, las cucarachas están enfermas. Además las cucarachas no hablan”. Ella lo interrumpe y le dice: “No es que no hablamos. Es que no nos oyen”.  
A partir de allí empecé a entender todo. Es que los oficiales del ejército parecen tener una suerte de microchip instalado que les hace ver como enemigos a quienes no lo son, como cucarachas a quienes son personas como cualquiera. Ese microchip es como una máscara que les distorsiona la realidad y que el oficial ha aceptado voluntariamente, como acepta voluntariamente cualquiera de nosotros escuchar las bajadas de línea de un formador de opinión.
Ahora bien, esto que a falta de un término correcto, llamo “microchip”, está implantado en las fuerzas del orden desde hace mucho tiempo y solo busca hacer más eficiente el exterminio. Porque han logrado, a través de la radio, la TV y las computadoras, después de lo que ellos llaman “guerra”, que el hombre común también odie a las cucarachas. Pero no han logrado todavía que ese hombre común se anime a matar. En todo caso, repudia a las cucarachas, las persigue, les cierra la puerta, las insulta y las echa de cualquier lugar en el que puedan tener cobijo, pero no da el paso siguiente hacia el aniquilamiento. Porque son cucarachas pero parecería que algo de humano tienen. Recuerdo cómo hacia el final, el oficial que había asesinado a las cucarachas se da cuenta que éstas son, en realidad, tan humanas como él, y su superior le dice: “[Claro que] son como nosotros. (…) Por eso son tan peligrosas. (…) Los humanos somos una especie empática por naturaleza. En realidad no queremos matarnos entre nosotros…hasta que nuestro futuro depende de matar al enemigo”.
Tras esta afirmación, al capítulo 5 de la tercera temporada de la serie inglesa Black Mirror que acabo de transcribirles, le quedan unos minutos más que no adelantaré para que lo puedas ver en tu casa sacando tus propias conclusiones y haciendo tus propias analogías. En todo caso, sí te puedo decir que en esta serie se hace mucho hincapié en las consecuencias sociales que se siguen del uso de las nuevas tecnologías, ya no en futuros lejanos, sino en el aquí y en el ahora más próximo, y que siempre que hay opresión hay resistencias. En este caso puntual, las cucarachas crearon un dispositivo capaz de anular momentáneamente esos microchips o máscaras que distorsionan la realidad y deshumanizan al adversario político. Esa anulación le permite a los ciudadanos de a pie ver las cosas tal cual son y eso supone un enorme dilema pues el precio de aceptar que existe una realidad distinta a la que uno creía, genera rechazo y la enorme responsabilidad de no haber sabido ver lo que en realidad ocurría y hasta, quién te dice, haber sido cómplice directa o indirectamente de algún hecho aberrante. ¿Qué harías si te dieran a elegir? ¿Preferirías ver la realidad tal cual es, asumiendo tus errores y el peso de la injusticia, o preferirías vivir felizmente una irrealidad? 
Mientras tanto, leo y escucho en diarios y televisión que unas cucarachas que gobernaron el país, y cuya denominación es intercambiable con otras tales como “Kakas”, “corruptos”, “mapuches”, “mercenarios”, “ladrones”, “peronistas”, “zurdos”, “terroristas”, iraníes”; “kurdos” o “chavistas”, han declarado una guerra contra la República y la Democracia. Y entonces vuelvo a ver el capítulo de Black Mirror, comienzo a pensar estas líneas y recuerdo a un filósofo alemán, más citado que leído, cuando advertía que si uno de los bandos de la disputa afirmaba luchar en nombre de la humanidad, cualquiera que se enfrentara a éste quedaría reducido a una entidad cuyo único destino es el exterminio físico.
La divisoria entre normales y cucarachas tiene varios capítulos en nuestra historia y tiene hoy su reescritura novedosa. Pero el círculo perfecto se cierra cuando suceden dos cosas: en primer lugar, cuando aparecen las cucarachas de las cucarachas, esto es, un subgrupo de cucarachas identificadas como tales por otro subgrupo de cucarachas que dice ser mejor cucaracha; y en segundo lugar, cuando de tanto que te dicen cucaracha, un día mirándote en el espejo te ves con antenas, un montón de patas y revolviendo en la basura.



miércoles, 6 de septiembre de 2017

10 consideraciones sobre el caso Maldonado (editorial del 3/9/17 en No estoy solo)

1)      Una desaparición forzada supone la intervención de fuerzas del Estado y no necesariamente un plan sistemático como el de la dictadura. Que exista una desaparición forzada es ya de por sí enormemente grave. No se necesita decir que es el desaparecido 30001 como para hacerlo más grave aún. Equiparar ansiosamente situaciones actuales con las de la dictadura, más que darle gravedad a un hecho presente, puede acabar relativizando la magnitud de lo que significa un genocidio  
2)      Igualar una desaparición a secas con una desaparición forzada es fruto, o bien de la ignorancia, o bien de la mala fe, pues en el primer caso se trata de un asunto policial y, en el segundo, se trata de un asunto político. Que la funcionaria responsable no pueda identificar la diferencia es, de por sí, una buena razón para alarmarse y exigir que dé un paso al costado
3)      No hace falta decir que la víctima es un ángel. La violencia institucional debe repudiarse siempre independientemente de la calidad moral de las personas, esto es, independientemente de si es un ángel o un demonio.
4)      Exigir la aparición con vida de Maldonado es un objetivo y un bien en sí mismo. Tal exigencia, entonces, no te compromete necesariamente con la reivindicación mapuche y menos aún con algunas de las acciones violentas de grupos minoritarios
5)      Que el pedido de aparición con vida de Maldonado se haya transformado en una bandera del kirchnerismo y la izquierda no lo transforma en una bandera partidaria o facciosa
6)      Que el pedido de aparición con vida de Maldonado sea una reivindicación no facciosa supone repudiar esta suerte de contabilidad de muertos/desaparecidos que pertenecerían a cada uno de los bandos. No aceptes, entonces, que, en una discusión, se hable de Julio López, Arruga y/o Nisman, o, en todo caso, pedí que se esclarezcan las razones de sus muertes independientemente de qué intereses pudieran verse afectados.   
7)      Ser de derecha no te obliga a defender al gobierno ni a la gendarmería. Ser antikirchnerista tampoco. Ni el gobierno ni la gendarmería suelen pedir tanto ni a los ciudadanos que como idiotas útiles salen en su defensa ni a los periodistas que por convicción, estupidez o venalidad pretenden confundirlo todo
8)      Tu odio al kichnerismo no merece que te tomen el pelo. Por ello, si un periodista, antes de investigar la desaparición forzada de  Maldonado, te habla de unos supuestos terroristas mapuches que mantienen reuniones cotidianas con La Cámpora y la Universidad de las Madres, además de recibir apoyo logístico y financiamiento de parte de las FARC colombianas y de extremistas kurdos, demostrale que no sos un imbécil. Explicale que podés estar en contra del kirchnerismo y no creer semejantes estupideces solo comparables con el comando venezolano iraní con adiestramiento en Cuba que, según otro periodista del mismo Grupo, habría estado implicado en la muerte de Nisman. Si tras esa aclaración el periodista embiste nuevamente y te dice que la reivindicación por territorios ancestrales es similar a la reivindicación que realiza ISIS, reíte y, si vas a seguir consumiéndolo como periodista, hacelo irónicamente
9)      Si la gravedad de los hechos y la presión social logra instalar el tema en agenda y unas horas después estás discutiendo sobre la conveniencia de hablar del caso en las escuelas, el supuesto regreso de la violencia política y las más disparatadas hipótesis, habrás comprobado que los medios no determinan qué vas a decir pero sí influyen en el tema sobre el que crees que es necesario opinar

10)   Es inverosímil, o a lo sumo prematuro, afirmar que Macri o P. Bullrich hayan creado un plan para desaparecer a Maldonado. No obstante son responsables en dos sentidos, uno más directo y legal, en tanto responsables del gobierno y la seguridad, y otro más indirecto y cultural en tanto responsables de un clima de época en el que las fuerzas represivas sienten tener vía libre para actuar

martes, 29 de agosto de 2017

El algoritmo de Yrigoyen (editorial del 27/8/17 en No estoy solo)

El aislamiento que producen los microclimas bien puede sintetizarse en aquella figura de un presidente siendo persuadido por las buenas noticias de un diario apócrifo ideado por sus hombres más cercanos. Tal descripción corresponde a la leyenda del “Diario de Yrigoyen” y más allá de que, hasta el día de hoy, no existe prueba de que tal diario haya existido alguna vez, lo cierto es que la figura del “Diario de Yrigoyen” funciona como metáfora de la desinformación y el alejamiento de la realidad que puede tener quien, desde la soledad del poder, debe tomar decisiones. Rodeados de asesores, ajenos a las obligaciones familiares por el desborde que insume la función pública y, en muchos casos, provenientes de clases sociales para las que subirse al transporte público resulta una aventura antropológica, es muy difícil codearse con las necesidades cotidianas de las mayorías. En este sentido, no hay timbreo ni utilización de redes sociales que ayude demasiado.      
¿Pero qué sucede con el ciudadano de a pie? Las elaboraciones en torno a los medios de comunicación, especialmente en los años 60 y 70, e incluso antes también, nos ofrecían la imagen de una audiencia completamente a merced de los mensajes explícitos e implícitos de los medios. Sin embargo, la teoría clásica de la comunicación como una aguja hipodérmica que determinaba la conducta de las audiencias fue cediendo lugar gracias a los estudios que mostraban que la recepción de los mensajes nunca es enteramente pasiva. Este brevísimo e inexacto resumen de las reflexiones en torno a la comunicación podría culminar con las variables que introduce la irrupción de internet, los portales de noticias y generaciones enteras que se informan a través de lo que sus amigos comparten en redes sociales. Y allí pareciera haber un regreso a concepciones perimidas pues incluso los más optimistas, aquellos que ven en internet un paso decisivo hacia una ciudadanía capaz de acceder a un conocimiento abierto, ahora descubren la posverdad y la posibilidad de las “Fake News”. Así, pasan a repetir las mismas elaboraciones que antes repudiaron pues de repente, la ciudadanía ilustrada y libre es capaz de votar a Trump, presuntamente, por la campaña de desinformación iniciada por una serie de portales de noticias. Vale aclarar que en, lo personal, no creo que Trump haya ganado por las Fake News pero el progresismo liberal así lo interpreta y con ello adquiere la dosis suficiente de consuelo e indignación.  
Dicho esto, enfrentamos un fenómeno paradójico: si un diario de Yrigoyen era posible solo en el aislamiento producido por la soledad del poder, en la actualidad es posible crear diarios de Yrigoyen en la completa interacción, no solo para los gobernantes sino para la gente común. Efectivamente, el diario con las noticias que vos quieras leer lo tendrás estando intercomunicado con todo el mundo y no te lo escribirán unos asesores sino unos algoritmos.
Como alguna vez comentamos aquí, el término “algoritmo” proviene de la matemática y refiere a una serie de pasos o reglas que permiten llevar a cabo una actividad y obtener un resultado. A su vez, los algoritmos son esenciales para comprender cómo accedemos a la información en internet pues estamos en un momento del desarrollo de la red en la que existe la posibilidad de individualizarla cada vez más en pos de la rapidez, nuestro interés y perfil de consumo. No es casual, entonces, que las publicidades que aparecen cuando navegas en un sitio refieran a lo que hace un ratito estabas buscando ni tampoco es casual qué sitios decide jerarquizar Google cuando realizas una búsqueda. Menos aún resultan casuales las publicaciones de amigos en las redes sociales que la red decide mostrarte. Esto significa que internet avanza hacia una red hecha a medida de cada uno de nosotros, lo cual no sería tan problemático si tuviéramos plena conciencia de ello. Pero, claro está, ese no es el caso. Creemos estar abiertos al mundo y tener referencias objetivas del funcionamiento del afuera, pero estamos cada vez más inmersos en el entorno. La situación llega a tal extremo que en breve leeremos noticias hechas solo para cada uno de nosotros. Así, gracias a los algoritmos, podremos gozar de nuestro personal “Diario de Yrigoyen”. Tal predicción la realiza Evgeny Morozov, en un libro muy interesante llamado La locura del solucionismo tecnológico y publicado en castellano en 2016. Les citaré un párrafo alusivo de la página 189: “Tal vez comienza con aparente inocencia: personalizar los títulos y por qué no los párrafos introductorios para reflejar lo que el sitio sabe (…) sobre el lector. Pero más temprano que tarde (…) es probable que este tipo de prácticas también se extiendan hasta personalizar el texto mismo de los artículos. Por ejemplo, el lenguaje podría reflejar lo que el sitio es capaz de deducir sobre el nivel educativo del lector (…) O tal vez un artículo sobre Angelina Jolie podría finalizar con una referencia a su película sobre Bosnia (si el lector se interesa por las noticias internacionales) o algún chisme sobre su vida con Brad Pitt (si al lector le interesan los asuntos de Hollywood). Muchas firmas (…) ya utilizan algoritmos para producir historias de manera automática. El siguiente paso lógico –y, posiblemente, muy lucrativo- será dirigir esas historias a lectores individuales, lo cual nos dará, en esencia, una nueva generación de granjas de contenido que pueden producir historias por pedido, adaptadas a usuarios particulares”.
Todos leyendo lo que queremos leer; todos leyendo para confirmar lo que ya sabemos suponiendo inocentemente que en una sociedad abierta y conectada los flujos de información circulan y pueden hacernos revisar nuestras posiciones; todos reforzando las convicciones pero también los errores y los prejuicios que nos permiten vivir confortablemente bajo la suposición de que mi entorno representa a las mayorías y a la realidad.          



martes, 15 de agosto de 2017

Cambiemos y un día (casi) perfecto (publicado el 14/8/17 en www.elpaisdigital.com.ar)

Electoralmente el gobierno hizo todo bien, salvo una cosa: la escandalosa, caprichosa e insólita manipulación de la carga de datos en la Provincia de Buenos Aires que demuestra que Cambiemos está más pendiente del Prime Time que de la realidad. Efectivamente, llevando la lógica de la telepolítica al extremo, el macrismo quiso que la ciudadanía se vaya a dormir creyendo que CFK había sido derrotada por uno de los peores candidatos posibles, y, cuando el resultado se daba vuelta, sorprendentemente decidió parar el conteo definitivo. En el gobierno de los CEO, el dueño de la pelota, a punto de sufrir una derrota simbólica, se la lleva a su casa y no se juega más. Pero lo más insólito es que como ardid comunicacional lo único que ha hecho es poner bajo sospecha el resultado de la elección y devolverle al kirchnerismo una épica, en este caso, la de la remontada.
Ahora bien dejando de lado este aspecto, y analizando en frio, podemos decir que Cambiemos fue el gran ganador de la elección: logró hacer pie en todos los distritos a pesar de que la mayoría le sigue siendo esquivo y continúa en manos de los liderazgos locales, pero hizo su mejor elección legislativa en CABA; ganó en Córdoba con candidato propio; le dio una paliza electoral al kirchnerizado Alberto Rodríguez Sáa en San Luis como nunca había ocurrido desde el regreso de la democracia y derrotó al MPN en Neuquén; triunfó holgadamente en una Santa Cruz en crisis, alcanzó la victoria en Entre Ríos, confirmó en Corrientes, Mendoza y Jujuy, y, aún perdiendo, en el segundo escándalo relacionado con el conteo de votos, terminó cabeza a cabeza con el peronismo en Santa Fe, donde el socialismo realizó una performance vergonzante. Por último, como indicábamos anteriormente, “empató” en la elección de la provincia de Buenos Aires.
El panperonismo, por su parte, confirmó varios de sus liderazgos locales y si bien cada caso resulta particular y merecería un análisis pormenorizado, podría decirse que en Formosa, Catamarca, Tucumán, Chaco, La Rioja, San Juan, Río Negro, Chubut, Tierra del Fuego, Santa Fe, Misiones y Salta, distintos tipos de peronismos, en un par de casos, claramente kirchneristas y, en algunos casos, incluso compitiendo contra listas representativas del kirchnerismo, sostuvieron su supremacía. Si sumamos a esa lista a Santiago del Estero, con el triunfo de un Frente que fue aliado de la administración de CFK, llegamos a la conclusión de que la mayoría de los distritos le siguen siendo esquivos al gobierno pero que Cambiemos se ha alzado o ha logrado “empatar” en los más populosos.
Si hablamos específicamente del kirchnerismo podría decirse que, salvo la sorpresa en Santa Fe, quedó reducido a la figura de Cristina con fuerte epicentro en la tercera sección electoral, la única de las siete en la que pudo imponerse. Sobre ello hay dos grandes lecturas contrapuestas pero plausibles ambas: la más benevolente hacia el kirchnerismo podría indicar que con una parte de la justicia persiguiendo, el poder económico nacional e internacional apoyando, los “fierros mediáticos”, los servicios de inteligencia y las principales cajas del Estado, el establishment no pudo vencer a CFK después de años de desgaste. La segunda lectura es que frente a un gobierno que tuvo una de las peores gestiones que se recuerden, con devaluación salvaje, tarifazos, aumento de la pobreza, inflación acumulada del 65%, crecimiento de la desocupación, escándalos vinculados a la violencia institucional, etc., el kirchnerismo, con su mejor y tal vez, única carta, apenas pudo empatarle a un candidato al que cualquiera elegiría para ganarle. Se dirá que el ataque contra la expresidenta fue furioso y que Bullrich no fue “el candidato” sino que la disputa fue contra Vidal, pero lo cierto es que, Cristina, aun si se confirmara el triunfo, apenas pudo igualar la performance de Aníbal Fernández como candidato a Gobernador en 2015. No es justo comparar elecciones para cargos ejecutivos con elecciones para cargos legislativos pero el voto kirchnerista parece estar afincado en un núcleo duro para el cual resulta indiferente de qué tipo de elección se trata. Es más, es tan duro ese núcleo de votos, con ese piso y ese techo que resultan casi similares, que la estrategia duranbarbizada y pasteurizada de Unidad Ciudadana tampoco funcionó. Dicho más crudamente: con escenario 360°, discursos desideologizados o socialdemocratizados en torno a la condición ciudadana, apuestas a las pequeñas historias de gente común, ocultamiento de La Cámpora y de los referentes “piantavotos”, etc., CFK obtuvo lo mismo que su candidato más demonizado. Y por cierto, el responsable de la merma en los votos no parece ser Randazzo más allá de que parte de la militancia de paladar negro, traidorómetro en mano, quiera encontrar un consuelo allí pues el ex ministro le ha quitado más votos a Massa que a la expresidenta. Si bien no es lineal, cabe observar que el 15% de Massa obtenido ayer más el 5% de Randazzo suman exactamente los 20 puntos que había obtenido el exIntendente de Tigre en las PASO 2015.
De cara al futuro cabe distinguir entre lo inmediato y lo mediato. En este sentido, octubre es lo inmediato y allí no es de esperar que existan grandes virajes en las tendencias de los votos. En todo caso, especialmente en la elección de la Provincia de Buenos Aires, aquella donde volverán a posarse todos los ojos, es posible que haya una tendencia hacia una “balotajización” que termine afectando a Randazzo y a Massa. De ser así, entiendo que el gobierno puede recibir algunos votos más que los que podría recibir CFK, más allá de que balotajización no significa balotaje y es posible que ni Randazzo ni Massa pierdan demasiados votos.
En cuanto a lo mediato, el horizonte del peronismo resulta aún más complejo que ayer. De hecho, podría decirse que el resultado de ayer fue el peor de los resultados posibles. ¿Por qué? Porque el resultado de CFK la dejó en una situación límbica: si hubiera perdido por 7 u 8 puntos era, probablemente, el fin del kirchnerismo; si ganaba por 7 u 8 puntos, hubiera encolumnado a todos los peronistas, incluso los más díscolos. Pero no sucedió ni una cosa ni la otra y nadie puede razonablemente desestimar a una candidata que obtiene 35% de los votos contra toda la estructura del poder fáctico, pero, a su vez, hasta ahora su techo sigue siendo insuficiente para una elección ejecutiva. Por lo tanto: hoy es la mejor candidata pero no alcanza para ganar y obtura cualquier tipo de renovación, máxime cuando la pretendida renovación es un Massa que desde el 2013 no hace más que perder votos, y un Randazzo que no pudo alcanzar los dos dígitos que pretendía.  
En este sentido, de confirmarse este resultado en octubre, el gobierno, sin ser una mayoría apabullante ni mucho menos, consolidará su carácter de primera minoría en las cámaras, tendrá proyección para alzarse con los principales distritos gracias a candidatos propios, instalará que tiene la legitimidad para avanzar con su plan económico y tendrá enfrente a un peronismo más atomizado que nunca. Si el “mundo financiero” continuara apoyando, el peronismo siguiese “trabado”, la voracidad del plan económico de ajuste se moderara y el revanchismo y el triunfo de su ala menos dialoguista y más salvaje se atemperara, es posible que haya Cambiemos para rato con o sin Macri. Pero tratándose de política, hay allí demasiados condicionales.          
       

  

miércoles, 9 de agosto de 2017

¿Con una pequeña ayuda de mis amigos (del mercado)? (publicado el 7/8/17 en www.elpaisdigital.com.ar)

Si bien la discreta pasión por evitar el ridículo nos sugiere pasar por alto cualquier pronóstico, desde hace varios días los periodistas voceros del oficialismo ya plantean un escenario en el que CFK alcanzaría el triunfo por alrededor de cinco puntos. Lo que comprueba el escenario, más que las encuestas, es la desesperación de todo el aparato oficial que, al ataque incesante, y cada vez menos elegante, a todo aquello que en algún lugar del planeta se parezca al cuco populista, le agregan la aseveración de que, finalmente, ganarán en octubre. Si bien se trata de una sutil manera de sugerir que van a perder en agosto, como alguna vez se indicó aquí mismo, es probable que la elección de octubre funcione como un virtual balotaje entre Cambiemos (encabezado por Vidal a pesar de no ser candidata) y la Unidad Ciudadana, en detrimento de Massa y Randazzo. En este contexto es probable que Cambiemos pueda mejorar su performance pero si la distancia en estas PASO es más o menos grande, no le resultará fácil descontar.        
Más allá de eso, en estas breves líneas, cabe preguntarse si, ante el eventual triunfo de CFK, además de los medios y buena parte del poder judicial, no habrá en lo inmediato una pequeña “ayudita” del mercado. Me refiero a que algunos días después de las PASO habrá un nuevo vencimiento de LEBACS lo cual supone siempre la posibilidad de generar presión sobre el tipo de cambio, máxime en un contexto en que el dólar viene venciendo en los últimos meses a la bicicleta financiera. Si bien el gobierno ha dado señales de que el dólar no flote más allá de los $18 y, en las últimas horas, algunos diarios, ya hablan de un límite informal a la compra de USS impuesto por los bancos (hasta USS 10000), lo cierto es que no resulta descabellado que el gobierno, al menos por unos días, no haga nada por impedir una minicorrida que deprecie el peso, le permita ganar parte de la competitividad perdida en los últimos meses y, de paso, claro, achacarle el fenómeno a la incertidumbre que genera en los inversores un eventual regreso de CFK. Tal hipótesis, por cierto, se sostiene en que ha sido el propio gobierno el que ha instalado que un triunfo de la ex presidenta llevaría el dólar a alrededor de $20 antes de fin de año. Lo que sucederá lo sabremos la semana que viene pero si el machaque en torno a la presunta corrupción del gobierno anterior no diera el resultado esperado, es probable que el empujoncito final hacia octubre lo deba dar un mercado que hasta ahora no le ha respondido a Macri con toda la dulzura que él pretendía.      


jueves, 3 de agosto de 2017

La sociedad de la denuncia (editorial del 30/7/17 en No estoy solo)

Hoy les quiero hablar de un fenómeno que denominaré “la sociedad de la denuncia”. A priori parece vincularse con la creciente politización de la justicia pero tiene que ver más con la lógica periodística que con la judicial, independientemente de que algunas denuncias, efectivamente, lleguen a la justicia. Porque en la sociedad de la denuncia, lo que decida el poder judicial será aceptado solo en la medida en que confirme la denuncia y avale el prejuicio. Así, si confirma lo que ha sentenciado la opinión pública (por fuera de la justicia, claro), mejor. Y si no lo confirma o si no lo hace con la premura pretendida, la acusaremos de cómplice.
Nadie toma nota que los tiempos de la justicia son mucho más lentos que los de la denuncia y la difamación que ésta conlleva, justamente, en cuanto se deben tomar los recaudos suficientes para que no se vulneren derechos. Porque sin defender la exasperante lentitud de buena parte de la justicia argentina, lo cierto es que existen tiempos procesales naturales y deseables incompatibles con la ansiedad de los portales de los diarios o el bullyng de las tormentas de mierda en Twitter con trolls, hashtags y memes.         
Las razones psicológicas acerca de por qué una denuncia es más atractiva que una no denuncia, son insondables, pero seguramente en tiempos donde se cree más inteligente el que sospecha, jugarán allí una épica de la lucha contra una pretendida impunidad de algún poderoso, la búsqueda de un sentido (para vidas que no lo encuentran fácilmente), la presunta virtud detectivesca del desentrañar una trama oculta y, sobre todo, una moral, además de la enorme incapacidad de toda la sociedad para resolver los conflictos a través del diálogo y el acuerdo. Elisa Carrió es un emblema de la sociedad de la denuncia y si bien sus errores y operaciones han sido mucho mayores que sus aciertos, como lo que importa es la denuncia, viene siendo una referente política en base a extorsiones, no solo contra sus adversarios políticos sino hacia dentro de su propio frente. Asimismo, la diputada es el emblema de la moralización de la política, algo enormemente nocivo para la construcción republicana porque establece que las diferencias entre facciones no son políticas sino entre “buenos” y “malos” tal como se buscó instalar tras el fallido intento de expulsar de la cámara de diputados a Julio De Vido.
Este factor moral apoya lo que se indicaba al principio, esto es, que la sociedad de la denuncia está más vinculada a una lógica periodística que a una judicial, pues, de hecho, la denuncia está estrechamente ligada al sentimiento moral preferido de la prensa de hoy: la indignación. Es más, nótese que si bien es posible indignarse por distintas cosas, en general se utiliza ese término solo cuando se trata de la política. Lo que indigna a los indignados, entonces, es la política.
Pero además, la denuncia es inherente a la lógica del periodismo actual en la medida en que periodistas de distintas líneas editoriales llaman a que “hagas tu denuncia” y muchas veces prestan el micrófono sin siquiera haber chequeado la información ni consultado a la parte afectada. Es que justamente, la parte afectada no interesa porque lo que interesa es que alguien denuncie algo.
En este tipo de sociedad la mera denuncia tiene el valor de verdad de una sentencia, máxime si se hace sobre determinados sujetos cuyo rol o identificación en la sociedad ya supone una imputación. Porque ser pobre se ha transformado en una imputación, como ser trabajador del Estado se ha transformado en una imputación y como ser kirchnerista se ha transformado en una imputación (la lista sigue pero estoy tratando de ser políticamente correcto y no ofender al progresismo biempensante).
Con la figura de la imputación por el hecho de ser identificado con alguno de los sectores estigmatizados, se da una situación curiosa que es la inversión de la carga de la prueba. Esto significa que el denunciado es culpable por ser denunciado y, en todo caso, debe demostrar que es inocente, aunque, probablemente, nadie le creerá. ¿Por qué? Porque es la prensa y la condena pública la que reemplaza a la justicia con el agravante que decíamos al principio, esto es, un poder judicial que solo es reivindicado si confirma el objeto de la denuncia pero que es denostado si va a contramano de la valoración pública a pesar de que el espíritu del derecho es justamente su carácter contramayoritario.
Y aquí no se trata de defender a nadie en particular pues ejemplos hay para todos los gustos. En el terreno de la política, a Amado Boudou se le iniciaron unas 70 causas. En ninguna tiene hasta ahora una sentencia firme y 60 de ellas fueron desestimadas. Esto quiere decir que objetivamente, al día de hoy, es inocente, y sin embargo, un gran porcentaje de los argentinos lo considera culpable de algo aunque muy bien no se sepa todavía de qué. Algo similar sucede con De Vido, en el sentido de que no tiene al día de hoy sentencias en su contra y, sin embargo, asistimos a un espectáculo insólito en el que los legisladores, en plena campaña, dan vergüenza ajena recurriendo a una supuesta inhabilidad moral decretada por mayorías circunstanciales en horario prime time. Digo que hay para todos los gustos porque si De Vido no puede formar parte del Congreso, no se entiende cómo Macri pudo llegar a la Casa Rosada a pesar de haber asumido procesado, es decir, en la misma situación judicial que De Vido. Macri luego fue absuelto, como puede ser absuelto alguno de los mencionados y como puede ser absuelto cualquier persona que sea denunciada por algo. Porque la consecuencia de una denuncia, es bueno recordarlo, aun en una sociedad de la denuncia donde la moral reemplaza a la política, debería poder ser un castigo pero también una absolución. 


miércoles, 19 de julio de 2017

Gobierno on demand y minorías intensas (editorial del 16/7/17 en No estoy solo)

“Hay que asegurar los propios”. Ese podría ser el resumen del lineamiento principal de la campaña de Cambiemos. Efectivamente, ante un escenario en el que todas las fuerzas se van desgajando, será ganador aquel capaz de ponerle un dique de contención a la fragmentación continua. Al fin de cuentas, el macrismo duro nunca fue más que ese 24% obtenido por el candidato Macri en las PASO 2015. Todo lo demás es una mezcla de voto tibio, voto útil y voto espanto ante lo que hay enfrente. Y el voto tibio, el voto útil y el voto espanto son demasiado fluctuantes, carentes de arraigo e imprevisibles. Pero la cuenta que hace el oficialismo es más o menos así: garantizado ese cuarto del electorado más una porción del electorado antikirchnerista furioso, es posible llegar a un tercio de los votos, cantidad que, si no alcanzara para ganar al menos nos daría una derrota digna y por pocos puntos frente a una CFK que difícilmente supere el 40%.
Además, el oficialismo apunta a que las PASO funcionen como una primera vuelta de hecho y que la elección de octubre se asemeje a un balotaje en el que habría una polarización entre Cambiemos y el kirchnerismo en detrimento de Massa y Randazzo. Si eso ocurriese, el oficialismo podría ganar porque mucha gente volvería a votarlos como forma de castigo a CFK.
Asegurar los propios, o garantizarse el apoyo de una minoría intensa, es lo que explica la radicalización de acciones, políticas y discursos del gobierno, a contramano del intento de confusión que inundó la campaña y los primeros meses de la administración. Ahora, si la minoría intensa pide palos contra los trabajadores y los sindicatos no adictos, se le dará palos; si pide “cárcel” para los kirchneristas tendrá cárcel para los kirchneristas; si pide ausencia de piquetes se acabarán los piquetes como sea; y si los amigos piden favores, con fusiones incluidas, negocios varios y flexibilización laboral, también se les dará independientemente de lo que diga ese restito de prensa opositora. En este sentido, se trata de un “gobierno on demand”: usted (votante de la minoría intensa PRO) lo demanda…usted lo tiene, tanto como se puede acceder a un servicio específico en el cable, por ejemplo, una película, pagando un extra. Los servicios on demand del gobierno suponen una suerte de “populismo para pocos”, lo que es claramente un oxímoron, de manera tal que quizás sea mejor denominarlo “demagogia para clases altas y sentidos comunes indignados”.
Asimismo, es curioso, pero el oficialismo, en la elección más importante, que es la de la Provincia de Buenos Aires, ha decidido “no tener candidatos”. Es decir, ante la evidencia objetiva de carecer de referentes de peso para disputarle a CFK, Massa y Randazzo, ha resuelto utilizar candidatos -con todo respeto- que hoy en día son de segunda línea. Por cierto, creo que la estrategia es correcta pues la campaña se la pondrá al hombro Macri y Vidal de modo tal que si ganan será un triunfo del gobierno y si pierden será una derrota de los candidatos ignotos ante “los tanques opositores”. Es cruel pero es política.    
En cuanto al kirchnerismo, el desafío parece exactamente el opuesto y se expresa en el interrogante acerca de cómo pescar en la pecera ajena, cómo poder interpelar, justamente, más allá de la minoría intensa. En este sentido ha habido claramente un cambio de estética por el cual hasta se puede dejar de lado el atril por el escenario 360° como se hizo en Arsenal, y se pueden abandonar los grandes discursos en pos de los microrelatos. El diagnóstico, según se observa, es que si se quiere ir más allá de la minoría intensa, el discurso épico y la ideología no parecen un buen camino y para eso hay que centrarse en las pequeñas historias de vida. En todo caso, si ya no es posible comprometer a un sector de la ciudadanía con la política o con un liderazgo (nótese que Cristina no llamó a votar por ella sino en defensa propia y por uno mismo), al menos que se identifiquen con la historia del ciudadano común que es “como uno”.
En lo que respecta a la identidad kirchnerista quedará para otra ocasión analizar una nueva mutación hacia posiciones que, según la temática, oscilan entre la socialdemocracia y algunos coqueteos con el troskismo, especialmente de ciertos sectores de la militancia, tal como se pudo observar en los comentarios que circularon en las redes y en los periodistas afines al kirchnerismo tras la represión en Pepsico, como si no existiera un modo no troskista de mediar privilegiando a los trabajadores.    
              Vendrán semanas difíciles, y un gobierno volcado a responder las demandas de una minoría intensa que va radicalizando su conservadurismo, no puede más que generar preocupación. Es más, estoy tentado a decir que el gran interrogante respecto del futuro de la Argentina está en cuál es el costo que está dispuesto a pagar el oficialismo por satisfacer la demanda de esa minoría intensa que representa, especialmente, si el resultado de estas elecciones no es el que el oficialismo desea.   



martes, 11 de julio de 2017

Durán Barba y los optimistas del celular (editorial del 9/7/17 en No estoy solo)

“Cuando se proyectan escenas con tanto encanto morboso como las protagonizadas por [José] López y las monjas, nuestra mente no solo recuerda lo que ve, sino que a partir de los datos crea nuevas imágenes que complementan su relato. En conferencias que dictamos en distintos auditorios, algunos de ellos compuestos por un centenar de especialistas en comunicación repetimos un experimento. Pedimos que levantaran la mano quienes habían visto la escena de José López lanzando bolsos con dinero por encima de la pared del convento y casi todos lo hicieron. Se sorprendieron cuando les recordamos que no existía ninguna película que hubiera registrado esa escena, que las imágenes que creían haber visto eran un invento de su mente. Ningún discurso de Macri pudo ser más eficiente para comunicar la corrupción del gobierno kirchnerista que la escena que armó José López”.
El párrafo anterior no pertenece a un ferviente militante kirchnerista sino al principal consultor del macrismo, el ecuatoriano Jaime Durán Barba. Lo utiliza para explicar que vivimos en una sociedad en la que las palabras han sido reemplazadas por las imágenes y para que comprendamos hasta qué punto la comunicación política en la actualidad es mucho más efectiva si apunta a las emociones a través de las imágenes. Claro que a Durán Barba le falta agregar un elemento clave en esta historia: la audiencia creó en su mente la imagen de López arrojando los bolsos porque la prensa repitió que así había sucedido más allá de que eso nunca ocurrió pues, tal como se vio, López, de manera muy pacífica, tocó la puerta, dejó su arma en el piso, fue recibido por las monjas y acercó los bolsos sin grandes estridencias. Pero como si esto de por sí no fuera en sí mismo grave, la prensa espectacularizó el evento para con ello graficar la situación por la que supuestamente atravesaba el kirchnerismo y presentarlo como una banda facinerosa, sobreexcitada por el consumo de vaya a saber qué y en estado de desesperación ante el inminente descubrimiento de una aparente estructura delictiva.
Espero que ningún zonzo pretenda leer aquí una apología de López. Simplemente se trata de mostrar que sobre un hecho incontrovertiblemente objetivo, esto es, la decisión de López de esconder dinero mal habido, presuntamente por coimas en la obra pública, se creó una narrativa imaginaria cuya única meta era dotar de eficacia comunicacional un relato en torno a los 12 años de kirchnerismo. Una vez más, y porque todo hay que aclararlo en tiempos donde los prejuicios ciegan e impiden aprobar un examen básico de lectocomprensión, planteo aquí que no hay que caer en falsos dilemas pues puede darse que exista un caso flagrante de corrupción pero que, a su vez, éste sea espectacularizado y tergiversado como parte de un dispositivo comunicacional que pretende hacerle decir a los hechos objetivos más que lo que son capaces de decir.
Vivimos, entonces, en tiempos donde las posibilidades de manipulación son enormes más allá de que los relatos posmodernos nos quieran hacer creer que la sobreestimulada sociedad de la información que nos atraviesa eficaz y esencialmente a través de nuestros teléfonos móviles nos transforma en seres autónomos. De hecho ese es el punto de partida del último libro de Durán Barba, La política en el siglo XXI, libro al cual pertenece tanto el extracto antes citado como el que expongo a continuación:
“La opinión pública se convirtió en algo que nadie puede controlar, ni manipular ni destruir. Pertenece a millones de personas que ni siquiera se conocen entre sí, no tienen ni quieren tener ningún plan conspirativo y difunden contenidos que se transmiten sin censura (…) La opinión pública es cada día más autónoma, debilita el poder de los líderes, de las organizaciones y de los partidos y no depende del aval de los medios de comunicación ni de ninguna institución”.
Pero el optimismo de Durán Barba (y Santiago Nieto, quien escribe junto a él) llega a límites tan insospechados que son capaces de afirmar que “en occidente, los celulares y el sentido común son una red de contención para impedir la brutalidad y la violencia” y que, salvo alguna excepción, “[La] radio, la televisión, los celulares inteligentes y la red proporcionan a cualquier estudiante de secundaria más información que la que pudieron tener los políticos más sofisticados de antaño”. Mientras uno no puede dejar de pensar la conversación entre un estudiante de secundario y alguno de los líderes de antaño de Argentina y el mundo, cabe indicar que esta épica posmoderna e ingenuamente libertaria (tenga en cuenta que la tapa del libro, que no pretende ser una ironía, es una mano victoriosa y empoderada empuñando un celular sobre un fondo rojo), se da de bruces con distintas advertencias que ya hemos trabajado aquí. Me refiero al modo en que los algoritmos, las búsquedas predictivas de Google y los ejércitos de Trolls, resultan grandes instaladores de agendas y microclimas. De hecho, el ejemplo puesto por el propio Durán Barba echaría por tierra la supuesta mayor autonomía de una opinión pública a la cual se le ha instalado en la cabeza, por ejemplo, que un señor arrojó bolsos por encima de las paredes de un convento cuando eso jamás sucedió.
Con todo, y para concluir, los cada vez más sofisticados métodos de manipulación en una sociedad cuya saturación y fragmentación de la información deriva en debates públicos cada vez más pobres, no deben deslizarnos hacia la cómoda posición de que toda decisión mayoritaria que no nos guste es parte de una conspiración y una manipulación. Pues la afirmación de una mayor autonomía de la opinión pública gracias a los celulares y a internet es falsa pero de ahí no se sigue que hayan desaparecido por completo los intersticios a través de los cuales es posible, con cierta autonomía, denunciar el estado de cosas. Estos espacios son cada vez más pequeños pero existen por una reserva de conciencia crítica y no por el acceso irrestricto a la fácilmente manipulable Wikipedia. En este sentido, el poder cada vez más amplio y hegemónico de Clarín ha incidido e incidirá pero no explica la totalidad de los procesos políticos ni resuelve automáticamente el resultado de una elección. Hay todavía un campo importante en el que se puede disputar con herramientas más escrupulosas que las que utilizan medios y usuarios antimacristas que al amarillismo y a la manipulación de la incomparable y apabullante mayoría oficialista en los medios, le responden con amarillismo y manipulación como si la consecuencia de esa guerra pudiera ser algo distinto de la desazón y la antipolítica.           



martes, 4 de julio de 2017

Un gorila presidente (editorial del 2/7/17 en No estoy solo)


Días atrás, en Quilmes, un mono aullador que vivía en una casa particular se escapó y mantuvo en vilo a la sociedad argentina gracias a una transmisión en vivo que no cesó hasta su captura. Hasta el momento, el mono no ha hecho declaraciones y habría rechazado formar parte del panel de un programa de debate nocturno pero esta anécdota me hizo recordar un experimento realizado por Christopher Chabris y Daniel Simons, dos psicólogos de Harvard, en 1999. Lo que ellos estudiaban eran las limitaciones de la percepción humana y para probar su hipótesis llevaron adelanto un experimento curiosísimo, al que bautizaron “El gorila invisible”.
¿De qué se trataba? Un grupo de voluntarios era expuesto frente a un televisor en el que se exhibía durante menos de un minuto un partido de Básquet entre un equipo con camiseta negra y un equipo con camiseta blanca. Una vez dispuestos, lo único que se les exigía era que contaran la cantidad de pases que realizaban durante ese lapso los jugadores del equipo blanco. La respuesta correcta era 34 o 35 pases aproximadamente aunque, como indican los científicos, en el fondo, eso no importaba porque se trataba de una consigna distractiva para mantener ocupado a los visualizadores. Y aquí entra a jugar el costado casi risueño del experimento pues mientras transcurre ese casi minuto del video, promediando el mismo, una estudiante disfrazada de gorila irrumpe en la escena, se pasea entre los jugadores durante 9 segundos, se detiene ante la cámara, levanta el pulgar y luego se retira. Evidentemente se trataba de una escena disruptiva. Sin embargo, finalizado el video, los investigadores, además de preguntar por la cantidad de pases tal como exigía la consigna original, interpelaron a los participantes con una serie de interrogantes que derivó en la siguiente conversación con uno de los voluntarios:
“-¿Notó algo inusual mientras contaba los pases?   
-No          
-¿Notó alguna otra cosa además de los jugadores?
-Bueno, había algunos ascensores y unas letras “s” escritas sobre la pared. No sé para qué estaban esas letras “s”.
-¿Notó a alguien además de los jugadores?
-No
-¿Notó un gorila?
-¡¿Un qué?!”
Tras este intercambio, los investigadores, que repitieron el experimento una enorme cantidad de veces, comprobaron que la mitad de los voluntarios no habían notado la presencia del gorila y que incluso creyeron que es estaban burlando de ellos cuando los investigadores les advirtieron de su presencia. Es más, una vez realizada tal advertencia, ese 50% que no lo había observado volvió a mirar el video y acusaron a los investigadores de haberlo modificado a tal punto que un porcentaje alto siguió afirmando que en el primer video nunca había aparecido el gorila.  
¿Qué es lo que hace “invisible” al gorila?, se preguntaban los investigadores y la respuesta que brindan es lo que denominan “ceguera por falta de atención”, esto es, la comprobación de que una importante cantidad de personas, cuando ponen atención en un espacio de la realidad, tienden a no advertir objetos fuera de contexto. Porque nadie espera que un mono ingrese en una cancha de Básquet y si nuestra atención está puesta en contabilizar los pases que da uno de los equipos es probable que, aunque parezca insólito, se nos pase por alto su presencia.
Finalmente, este simple e interesantísimo experimento no hace más que revestir con rigurosidad científica lo que palpamos cotidianamente y que vale tanto para escenas de nuestra vida diaria como para la construcción de una estrategia de comunicación política. Se trata de advertir que nuestra percepción está orientada a determinados campos de la realidad según intereses, prejuicios, ideologías, lenguaje y todo aquello que constituye nuestra forma de ver el mundo. Y también se trata de advertir que, si aun con todo lo mencionado no alcanzara para poner en duda hasta qué punto nuestra percepción de la realidad es lo suficientemente amplia, estamos sujetos a manipulaciones o a ser orientados de manera tal que aspectos objetivamente relevantes de la realidad se nos pasen por alto.  
Por cierto, el mono fue capturado sano y salvo. No hay que preocuparse por ello. Lo que sí preocupa, en todo caso, es que el 50% de los voluntarios no vio al gorila que se paseaba por la cancha de Básquet y que mientras nos distraemos con cómo se pasan la pelota de unas manos a otras, con un voto más, ese gorila, un día pudo, puede o podrá, ser nuestro presidente.     


viernes, 30 de junio de 2017

Cierre de listas, intensidad y nuevos horizontes (editorial del 25/6/17 en No estoy solo)

Finalmente se cerraron las listas en el marco de una expectativa y una cobertura inédita. Todos los distritos juegan pero como hemos dicho aquí varias veces, esta elección legislativa se parecerá demasiado a una elección presidencial que se dirimirá en la provincia de Buenos Aires.
El oficialismo, sin un candidato fuerte en Buenos Aires, decidió apostar a su ministro de Educación, aquel que ha tenido declaraciones muy poco felices pero que resulta un símbolo de la disputa contra los enemigos preferidos del gobierno. Porque más que una gestión en Educación, la gestión de Bullrich y Finocchiaro en Provincia apuntó, sobre todo, a debilitar al tradicionalmente combativo gremio docente. Es bastante natural que así sea pues la obsesión de un gobierno de empresarios es bajar los costos laborales presentando como “mafiosa” toda agremiación y como trabajo de segunda, o sospechoso, aquel que se realiza en el Estado. La pata territorial, y en La Matanza, se las da el carriotista, “Toty” Flores quien junto a Margarita Barrientos, suelen ser exhibidos como los morochos de la Argentina profunda que militan en Cambiemos. Asimismo, la presencia de la acomodaticia Graciela Ocaña garantiza la presencia del perfil denuncista y anticorrupción que será uno de los ejes de la campaña.   
En cuanto a la Unidad Ciudadana, la lista de diputados nacionales parece haber sido constituida siguiendo la línea de lo que fue el último acto en Arsenal. Candidatos principales poco conocidos y con perfil profesional presentados como “gente común”; paridad de género más allá de que la ley solo obligaba al 30%; renovación y prácticamente nula presencia de hombres y mujeres cuestionados e históricos a diferencia de lo que sucedió en la Ciudad donde se apostó a los referentes “clásicos”. La novedad, en todo caso, estuvo en el importante peso que se le dio al sindicalismo afín con Vanesa Siley, Hugo Yasky y Walter Correa. Hubo también lugar para los diferentes espacios que acompañaron al FPV como se observa en el caso de Leopoldo Moreau, Mónica Macha o Nicolás Rodríguez Sáa, más allá de que este último difícilmente ingrese; ningún intendente participa directamente aunque no se puede soslayar que se encuentran en un lugar expectante, Magadalena Sierra, esposa del intendente de Avellaneda, y Laura Russo, esposa del intendente de Escobar.
El único lugar vinculado al trabajo territorial fue para Fernando Espinoza quien en 2015 era acusado de traidor pero ahora se “le paga” haber encolumnado al partido con CFK; asimismo está el “caso Scioli” que algunos interpretan como una nueva humillación y otros lo ven como un reconocimiento en tanto se rumoreaba que, tras el último escándalo de su vida privada, ni siquiera iba a formar parte de las listas. Por último, la decisión de ser acompañada por Taiana parece un intento más por aniquilar la osadía de Randazzo buscando fracturar al Movimiento Evita. Fue tanto el ahínco puesto por el kirchnerismo para acabar con la “aventura de Randazzo”, que en la elección de Octubre un ojo estará en Cambiemos pero el otro estará en la performance del ex ministro. Si no se gana la elección, en todo caso, un resultado pobre de Randazzo garantizaría un espacio de minoría opositora intensa detrás de CFK. Eso es, al menos, lo que piensan algunos cuadros del kirchnerismo duro.         
El espacio de Massa, por su parte, juega todas las fichas pues sabe que si pierde quedará debilitado de cara al 2019. Su lista tiene los nombres más fuertes aunque resulta una incógnita el experimento de alianza con Libres del Sur y Stolbizer que trae votos de indignados radicales pero repele votos peronistas. Con todo, el gran desafío de Massa, además de resistir la polarización tal como lo viene haciendo, es poder emerger como un opositor al gobierno pues hasta ahora ha sido muy exitoso en ser opositor de la oposición. Oponerse a la oposición no lo transforma en oficialista pero le da una hibridez que puede perjudicarlo. Más allá de eso, supone que puede captar votos de los que, desencantados con el nuevo gobierno, tampoco desean “volver al pasado”.
El que la tiene más difícil es Randazzo. Como indicamos aquí la semana pasada, la jugada de CFK de vaciarle la interna lo dejó “pedaleando en el aire”. Una buena elección para su espacio supondría llegar a los dos dígitos captando votos de peronistas molestos con el personalismo de CFK y massistas que observan que el exintendente de Tigre no es lo suficientemente firme contra las políticas neoliberales de la actual administración. Logró sostener el apoyo de doce intendentes, le dio el primer lugar a uno de ellos secundado por Abal Medina, referenciado ahora en el Movimiento Evita, y puso a dos mujeres de su riñón: Florencia Casamiquela como candidata a senadora y Maru Zamarreño como tercera en la lista de diputados. Ahora bien, más allá de un voto más o un voto menos, el gran desafío de Randazzo es cómo adoptar una identidad propia frente a tres fuerzas que están instaladas, en particular, cómo diferenciarse de las otras dos fuerzas opositoras que, a su vez, intentarán reducirlo a la mínima expresión. 
Los meses que se avecinan probablemente no aporten demasiado a los grandes debates públicos que cualquier sociedad moderna se merecería, pero serán de una enorme intensidad política... y cuando hay grandes intensidades políticas se producen reacomodamientos, abroquelamientos  inesperados y, sobre todo, nuevos horizontes.