miércoles, 19 de julio de 2017

Gobierno on demand y minorías intensas (editorial del 16/7/17 en No estoy solo)

“Hay que asegurar los propios”. Ese podría ser el resumen del lineamiento principal de la campaña de Cambiemos. Efectivamente, ante un escenario en el que todas las fuerzas se van desgajando, será ganador aquel capaz de ponerle un dique de contención a la fragmentación continua. Al fin de cuentas, el macrismo duro nunca fue más que ese 24% obtenido por el candidato Macri en las PASO 2015. Todo lo demás es una mezcla de voto tibio, voto útil y voto espanto ante lo que hay enfrente. Y el voto tibio, el voto útil y el voto espanto son demasiado fluctuantes, carentes de arraigo e imprevisibles. Pero la cuenta que hace el oficialismo es más o menos así: garantizado ese cuarto del electorado más una porción del electorado antikirchnerista furioso, es posible llegar a un tercio de los votos, cantidad que, si no alcanzara para ganar al menos nos daría una derrota digna y por pocos puntos frente a una CFK que difícilmente supere el 40%.
Además, el oficialismo apunta a que las PASO funcionen como una primera vuelta de hecho y que la elección de octubre se asemeje a un balotaje en el que habría una polarización entre Cambiemos y el kirchnerismo en detrimento de Massa y Randazzo. Si eso ocurriese, el oficialismo podría ganar porque mucha gente volvería a votarlos como forma de castigo a CFK.
Asegurar los propios, o garantizarse el apoyo de una minoría intensa, es lo que explica la radicalización de acciones, políticas y discursos del gobierno, a contramano del intento de confusión que inundó la campaña y los primeros meses de la administración. Ahora, si la minoría intensa pide palos contra los trabajadores y los sindicatos no adictos, se le dará palos; si pide “cárcel” para los kirchneristas tendrá cárcel para los kirchneristas; si pide ausencia de piquetes se acabarán los piquetes como sea; y si los amigos piden favores, con fusiones incluidas, negocios varios y flexibilización laboral, también se les dará independientemente de lo que diga ese restito de prensa opositora. En este sentido, se trata de un “gobierno on demand”: usted (votante de la minoría intensa PRO) lo demanda…usted lo tiene, tanto como se puede acceder a un servicio específico en el cable, por ejemplo, una película, pagando un extra. Los servicios on demand del gobierno suponen una suerte de “populismo para pocos”, lo que es claramente un oxímoron, de manera tal que quizás sea mejor denominarlo “demagogia para clases altas y sentidos comunes indignados”.
Asimismo, es curioso, pero el oficialismo, en la elección más importante, que es la de la Provincia de Buenos Aires, ha decidido “no tener candidatos”. Es decir, ante la evidencia objetiva de carecer de referentes de peso para disputarle a CFK, Massa y Randazzo, ha resuelto utilizar candidatos -con todo respeto- que hoy en día son de segunda línea. Por cierto, creo que la estrategia es correcta pues la campaña se la pondrá al hombro Macri y Vidal de modo tal que si ganan será un triunfo del gobierno y si pierden será una derrota de los candidatos ignotos ante “los tanques opositores”. Es cruel pero es política.    
En cuanto al kirchnerismo, el desafío parece exactamente el opuesto y se expresa en el interrogante acerca de cómo pescar en la pecera ajena, cómo poder interpelar, justamente, más allá de la minoría intensa. En este sentido ha habido claramente un cambio de estética por el cual hasta se puede dejar de lado el atril por el escenario 360° como se hizo en Arsenal, y se pueden abandonar los grandes discursos en pos de los microrelatos. El diagnóstico, según se observa, es que si se quiere ir más allá de la minoría intensa, el discurso épico y la ideología no parecen un buen camino y para eso hay que centrarse en las pequeñas historias de vida. En todo caso, si ya no es posible comprometer a un sector de la ciudadanía con la política o con un liderazgo (nótese que Cristina no llamó a votar por ella sino en defensa propia y por uno mismo), al menos que se identifiquen con la historia del ciudadano común que es “como uno”.
En lo que respecta a la identidad kirchnerista quedará para otra ocasión analizar una nueva mutación hacia posiciones que, según la temática, oscilan entre la socialdemocracia y algunos coqueteos con el troskismo, especialmente de ciertos sectores de la militancia, tal como se pudo observar en los comentarios que circularon en las redes y en los periodistas afines al kirchnerismo tras la represión en Pepsico, como si no existiera un modo no troskista de mediar privilegiando a los trabajadores.    
              Vendrán semanas difíciles, y un gobierno volcado a responder las demandas de una minoría intensa que va radicalizando su conservadurismo, no puede más que generar preocupación. Es más, estoy tentado a decir que el gran interrogante respecto del futuro de la Argentina está en cuál es el costo que está dispuesto a pagar el oficialismo por satisfacer la demanda de esa minoría intensa que representa, especialmente, si el resultado de estas elecciones no es el que el oficialismo desea.   



martes, 11 de julio de 2017

Durán Barba y los optimistas del celular (editorial del 9/7/17 en No estoy solo)

“Cuando se proyectan escenas con tanto encanto morboso como las protagonizadas por [José] López y las monjas, nuestra mente no solo recuerda lo que ve, sino que a partir de los datos crea nuevas imágenes que complementan su relato. En conferencias que dictamos en distintos auditorios, algunos de ellos compuestos por un centenar de especialistas en comunicación repetimos un experimento. Pedimos que levantaran la mano quienes habían visto la escena de José López lanzando bolsos con dinero por encima de la pared del convento y casi todos lo hicieron. Se sorprendieron cuando les recordamos que no existía ninguna película que hubiera registrado esa escena, que las imágenes que creían haber visto eran un invento de su mente. Ningún discurso de Macri pudo ser más eficiente para comunicar la corrupción del gobierno kirchnerista que la escena que armó José López”.
El párrafo anterior no pertenece a un ferviente militante kirchnerista sino al principal consultor del macrismo, el ecuatoriano Jaime Durán Barba. Lo utiliza para explicar que vivimos en una sociedad en la que las palabras han sido reemplazadas por las imágenes y para que comprendamos hasta qué punto la comunicación política en la actualidad es mucho más efectiva si apunta a las emociones a través de las imágenes. Claro que a Durán Barba le falta agregar un elemento clave en esta historia: la audiencia creó en su mente la imagen de López arrojando los bolsos porque la prensa repitió que así había sucedido más allá de que eso nunca ocurrió pues, tal como se vio, López, de manera muy pacífica, tocó la puerta, dejó su arma en el piso, fue recibido por las monjas y acercó los bolsos sin grandes estridencias. Pero como si esto de por sí no fuera en sí mismo grave, la prensa espectacularizó el evento para con ello graficar la situación por la que supuestamente atravesaba el kirchnerismo y presentarlo como una banda facinerosa, sobreexcitada por el consumo de vaya a saber qué y en estado de desesperación ante el inminente descubrimiento de una aparente estructura delictiva.
Espero que ningún zonzo pretenda leer aquí una apología de López. Simplemente se trata de mostrar que sobre un hecho incontrovertiblemente objetivo, esto es, la decisión de López de esconder dinero mal habido, presuntamente por coimas en la obra pública, se creó una narrativa imaginaria cuya única meta era dotar de eficacia comunicacional un relato en torno a los 12 años de kirchnerismo. Una vez más, y porque todo hay que aclararlo en tiempos donde los prejuicios ciegan e impiden aprobar un examen básico de lectocomprensión, planteo aquí que no hay que caer en falsos dilemas pues puede darse que exista un caso flagrante de corrupción pero que, a su vez, éste sea espectacularizado y tergiversado como parte de un dispositivo comunicacional que pretende hacerle decir a los hechos objetivos más que lo que son capaces de decir.
Vivimos, entonces, en tiempos donde las posibilidades de manipulación son enormes más allá de que los relatos posmodernos nos quieran hacer creer que la sobreestimulada sociedad de la información que nos atraviesa eficaz y esencialmente a través de nuestros teléfonos móviles nos transforma en seres autónomos. De hecho ese es el punto de partida del último libro de Durán Barba, La política en el siglo XXI, libro al cual pertenece tanto el extracto antes citado como el que expongo a continuación:
“La opinión pública se convirtió en algo que nadie puede controlar, ni manipular ni destruir. Pertenece a millones de personas que ni siquiera se conocen entre sí, no tienen ni quieren tener ningún plan conspirativo y difunden contenidos que se transmiten sin censura (…) La opinión pública es cada día más autónoma, debilita el poder de los líderes, de las organizaciones y de los partidos y no depende del aval de los medios de comunicación ni de ninguna institución”.
Pero el optimismo de Durán Barba (y Santiago Nieto, quien escribe junto a él) llega a límites tan insospechados que son capaces de afirmar que “en occidente, los celulares y el sentido común son una red de contención para impedir la brutalidad y la violencia” y que, salvo alguna excepción, “[La] radio, la televisión, los celulares inteligentes y la red proporcionan a cualquier estudiante de secundaria más información que la que pudieron tener los políticos más sofisticados de antaño”. Mientras uno no puede dejar de pensar la conversación entre un estudiante de secundario y alguno de los líderes de antaño de Argentina y el mundo, cabe indicar que esta épica posmoderna e ingenuamente libertaria (tenga en cuenta que la tapa del libro, que no pretende ser una ironía, es una mano victoriosa y empoderada empuñando un celular sobre un fondo rojo), se da de bruces con distintas advertencias que ya hemos trabajado aquí. Me refiero al modo en que los algoritmos, las búsquedas predictivas de Google y los ejércitos de Trolls, resultan grandes instaladores de agendas y microclimas. De hecho, el ejemplo puesto por el propio Durán Barba echaría por tierra la supuesta mayor autonomía de una opinión pública a la cual se le ha instalado en la cabeza, por ejemplo, que un señor arrojó bolsos por encima de las paredes de un convento cuando eso jamás sucedió.
Con todo, y para concluir, los cada vez más sofisticados métodos de manipulación en una sociedad cuya saturación y fragmentación de la información deriva en debates públicos cada vez más pobres, no deben deslizarnos hacia la cómoda posición de que toda decisión mayoritaria que no nos guste es parte de una conspiración y una manipulación. Pues la afirmación de una mayor autonomía de la opinión pública gracias a los celulares y a internet es falsa pero de ahí no se sigue que hayan desaparecido por completo los intersticios a través de los cuales es posible, con cierta autonomía, denunciar el estado de cosas. Estos espacios son cada vez más pequeños pero existen por una reserva de conciencia crítica y no por el acceso irrestricto a la fácilmente manipulable Wikipedia. En este sentido, el poder cada vez más amplio y hegemónico de Clarín ha incidido e incidirá pero no explica la totalidad de los procesos políticos ni resuelve automáticamente el resultado de una elección. Hay todavía un campo importante en el que se puede disputar con herramientas más escrupulosas que las que utilizan medios y usuarios antimacristas que al amarillismo y a la manipulación de la incomparable y apabullante mayoría oficialista en los medios, le responden con amarillismo y manipulación como si la consecuencia de esa guerra pudiera ser algo distinto de la desazón y la antipolítica.           



martes, 4 de julio de 2017

Un gorila presidente (editorial del 2/7/17 en No estoy solo)


Días atrás, en Quilmes, un mono aullador que vivía en una casa particular se escapó y mantuvo en vilo a la sociedad argentina gracias a una transmisión en vivo que no cesó hasta su captura. Hasta el momento, el mono no ha hecho declaraciones y habría rechazado formar parte del panel de un programa de debate nocturno pero esta anécdota me hizo recordar un experimento realizado por Christopher Chabris y Daniel Simons, dos psicólogos de Harvard, en 1999. Lo que ellos estudiaban eran las limitaciones de la percepción humana y para probar su hipótesis llevaron adelanto un experimento curiosísimo, al que bautizaron “El gorila invisible”.
¿De qué se trataba? Un grupo de voluntarios era expuesto frente a un televisor en el que se exhibía durante menos de un minuto un partido de Básquet entre un equipo con camiseta negra y un equipo con camiseta blanca. Una vez dispuestos, lo único que se les exigía era que contaran la cantidad de pases que realizaban durante ese lapso los jugadores del equipo blanco. La respuesta correcta era 34 o 35 pases aproximadamente aunque, como indican los científicos, en el fondo, eso no importaba porque se trataba de una consigna distractiva para mantener ocupado a los visualizadores. Y aquí entra a jugar el costado casi risueño del experimento pues mientras transcurre ese casi minuto del video, promediando el mismo, una estudiante disfrazada de gorila irrumpe en la escena, se pasea entre los jugadores durante 9 segundos, se detiene ante la cámara, levanta el pulgar y luego se retira. Evidentemente se trataba de una escena disruptiva. Sin embargo, finalizado el video, los investigadores, además de preguntar por la cantidad de pases tal como exigía la consigna original, interpelaron a los participantes con una serie de interrogantes que derivó en la siguiente conversación con uno de los voluntarios:
“-¿Notó algo inusual mientras contaba los pases?   
-No          
-¿Notó alguna otra cosa además de los jugadores?
-Bueno, había algunos ascensores y unas letras “s” escritas sobre la pared. No sé para qué estaban esas letras “s”.
-¿Notó a alguien además de los jugadores?
-No
-¿Notó un gorila?
-¡¿Un qué?!”
Tras este intercambio, los investigadores, que repitieron el experimento una enorme cantidad de veces, comprobaron que la mitad de los voluntarios no habían notado la presencia del gorila y que incluso creyeron que es estaban burlando de ellos cuando los investigadores les advirtieron de su presencia. Es más, una vez realizada tal advertencia, ese 50% que no lo había observado volvió a mirar el video y acusaron a los investigadores de haberlo modificado a tal punto que un porcentaje alto siguió afirmando que en el primer video nunca había aparecido el gorila.  
¿Qué es lo que hace “invisible” al gorila?, se preguntaban los investigadores y la respuesta que brindan es lo que denominan “ceguera por falta de atención”, esto es, la comprobación de que una importante cantidad de personas, cuando ponen atención en un espacio de la realidad, tienden a no advertir objetos fuera de contexto. Porque nadie espera que un mono ingrese en una cancha de Básquet y si nuestra atención está puesta en contabilizar los pases que da uno de los equipos es probable que, aunque parezca insólito, se nos pase por alto su presencia.
Finalmente, este simple e interesantísimo experimento no hace más que revestir con rigurosidad científica lo que palpamos cotidianamente y que vale tanto para escenas de nuestra vida diaria como para la construcción de una estrategia de comunicación política. Se trata de advertir que nuestra percepción está orientada a determinados campos de la realidad según intereses, prejuicios, ideologías, lenguaje y todo aquello que constituye nuestra forma de ver el mundo. Y también se trata de advertir que, si aun con todo lo mencionado no alcanzara para poner en duda hasta qué punto nuestra percepción de la realidad es lo suficientemente amplia, estamos sujetos a manipulaciones o a ser orientados de manera tal que aspectos objetivamente relevantes de la realidad se nos pasen por alto.  
Por cierto, el mono fue capturado sano y salvo. No hay que preocuparse por ello. Lo que sí preocupa, en todo caso, es que el 50% de los voluntarios no vio al gorila que se paseaba por la cancha de Básquet y que mientras nos distraemos con cómo se pasan la pelota de unas manos a otras, con un voto más, ese gorila, un día pudo, puede o podrá, ser nuestro presidente.     


viernes, 30 de junio de 2017

Cierre de listas, intensidad y nuevos horizontes (editorial del 25/6/17 en No estoy solo)

Finalmente se cerraron las listas en el marco de una expectativa y una cobertura inédita. Todos los distritos juegan pero como hemos dicho aquí varias veces, esta elección legislativa se parecerá demasiado a una elección presidencial que se dirimirá en la provincia de Buenos Aires.
El oficialismo, sin un candidato fuerte en Buenos Aires, decidió apostar a su ministro de Educación, aquel que ha tenido declaraciones muy poco felices pero que resulta un símbolo de la disputa contra los enemigos preferidos del gobierno. Porque más que una gestión en Educación, la gestión de Bullrich y Finocchiaro en Provincia apuntó, sobre todo, a debilitar al tradicionalmente combativo gremio docente. Es bastante natural que así sea pues la obsesión de un gobierno de empresarios es bajar los costos laborales presentando como “mafiosa” toda agremiación y como trabajo de segunda, o sospechoso, aquel que se realiza en el Estado. La pata territorial, y en La Matanza, se las da el carriotista, “Toty” Flores quien junto a Margarita Barrientos, suelen ser exhibidos como los morochos de la Argentina profunda que militan en Cambiemos. Asimismo, la presencia de la acomodaticia Graciela Ocaña garantiza la presencia del perfil denuncista y anticorrupción que será uno de los ejes de la campaña.   
En cuanto a la Unidad Ciudadana, la lista de diputados nacionales parece haber sido constituida siguiendo la línea de lo que fue el último acto en Arsenal. Candidatos principales poco conocidos y con perfil profesional presentados como “gente común”; paridad de género más allá de que la ley solo obligaba al 30%; renovación y prácticamente nula presencia de hombres y mujeres cuestionados e históricos a diferencia de lo que sucedió en la Ciudad donde se apostó a los referentes “clásicos”. La novedad, en todo caso, estuvo en el importante peso que se le dio al sindicalismo afín con Vanesa Siley, Hugo Yasky y Walter Correa. Hubo también lugar para los diferentes espacios que acompañaron al FPV como se observa en el caso de Leopoldo Moreau, Mónica Macha o Nicolás Rodríguez Sáa, más allá de que este último difícilmente ingrese; ningún intendente participa directamente aunque no se puede soslayar que se encuentran en un lugar expectante, Magadalena Sierra, esposa del intendente de Avellaneda, y Laura Russo, esposa del intendente de Escobar.
El único lugar vinculado al trabajo territorial fue para Fernando Espinoza quien en 2015 era acusado de traidor pero ahora se “le paga” haber encolumnado al partido con CFK; asimismo está el “caso Scioli” que algunos interpretan como una nueva humillación y otros lo ven como un reconocimiento en tanto se rumoreaba que, tras el último escándalo de su vida privada, ni siquiera iba a formar parte de las listas. Por último, la decisión de ser acompañada por Taiana parece un intento más por aniquilar la osadía de Randazzo buscando fracturar al Movimiento Evita. Fue tanto el ahínco puesto por el kirchnerismo para acabar con la “aventura de Randazzo”, que en la elección de Octubre un ojo estará en Cambiemos pero el otro estará en la performance del ex ministro. Si no se gana la elección, en todo caso, un resultado pobre de Randazzo garantizaría un espacio de minoría opositora intensa detrás de CFK. Eso es, al menos, lo que piensan algunos cuadros del kirchnerismo duro.         
El espacio de Massa, por su parte, juega todas las fichas pues sabe que si pierde quedará debilitado de cara al 2019. Su lista tiene los nombres más fuertes aunque resulta una incógnita el experimento de alianza con Libres del Sur y Stolbizer que trae votos de indignados radicales pero repele votos peronistas. Con todo, el gran desafío de Massa, además de resistir la polarización tal como lo viene haciendo, es poder emerger como un opositor al gobierno pues hasta ahora ha sido muy exitoso en ser opositor de la oposición. Oponerse a la oposición no lo transforma en oficialista pero le da una hibridez que puede perjudicarlo. Más allá de eso, supone que puede captar votos de los que, desencantados con el nuevo gobierno, tampoco desean “volver al pasado”.
El que la tiene más difícil es Randazzo. Como indicamos aquí la semana pasada, la jugada de CFK de vaciarle la interna lo dejó “pedaleando en el aire”. Una buena elección para su espacio supondría llegar a los dos dígitos captando votos de peronistas molestos con el personalismo de CFK y massistas que observan que el exintendente de Tigre no es lo suficientemente firme contra las políticas neoliberales de la actual administración. Logró sostener el apoyo de doce intendentes, le dio el primer lugar a uno de ellos secundado por Abal Medina, referenciado ahora en el Movimiento Evita, y puso a dos mujeres de su riñón: Florencia Casamiquela como candidata a senadora y Maru Zamarreño como tercera en la lista de diputados. Ahora bien, más allá de un voto más o un voto menos, el gran desafío de Randazzo es cómo adoptar una identidad propia frente a tres fuerzas que están instaladas, en particular, cómo diferenciarse de las otras dos fuerzas opositoras que, a su vez, intentarán reducirlo a la mínima expresión. 
Los meses que se avecinan probablemente no aporten demasiado a los grandes debates públicos que cualquier sociedad moderna se merecería, pero serán de una enorme intensidad política... y cuando hay grandes intensidades políticas se producen reacomodamientos, abroquelamientos  inesperados y, sobre todo, nuevos horizontes.     




miércoles, 21 de junio de 2017

Gana Macri (editorial del 18/6/17 en No estoy solo)

De las disputas al interior del espacio nacional y popular surge un claro ganador: Mauricio Macri. En cuanto a los perdedores, podría decirse que Randazzo es el más damnificado en el corto plazo y que CFK resultaría damnificada en el mediano plazo. A continuación intentaré justificar estas afirmaciones.
La primera es quizás la más evidente: Macri y Cambiemos se van a beneficiar en la medida en que la oposición se fragmente. Asimismo, se beneficiarían, al menos en lo discursivo, con una candidatura de CFK puesto que, como alguna vez dijimos aquí, el oficialismo ha sido muy eficaz en presentarse como promesa de futuro y el FPV sigue demasiado apegado a “lo bueno que alguna vez se hizo”. De hecho, el “vamos a volver” supone una épica del regreso pero hoy no parece resultar suficiente frente a “la mística vacía” de un cambio por el cambio mismo. Confrontar con CFK va a ser presentado, entonces, como una confrontación con el pasado y, en ese sentido, cualquier candidato oficialista será competitivo al estar revestido del “halo de expectativa” sobre lo que no se conoce. Usted me dirá que se conoce muy bien lo que piensa hacer el gobierno y tiene razón. Pero hay un sector de la población que todavía cree que la crisis actual es responsabilidad del gobierno anterior.      
Ahora bien, al inicio indicaba que el más damnificado sería Randazzo. Sin dudas es así y en ese sentido la jugada de CFK ha sido de enorme astucia pues al haberlo dejado solo desincentivará a todos aquellos que pensaban apoyar al ex ministro en el afán de disputar el liderazgo del peronismo. A Randazzo le convenía competir en las PASO contra CFK o contra quien fuese porque aun perdiendo lo posicionaba de cara al futuro como aquel que pretende ser la renovación “desde adentro”. Ahora le quedó el PJ que, en tiempos posmodernos, ya no garantiza un caudal demasiado importante de votos, algo que intentará suplir con algunos intendentes fieles y sectores sindicales que le aporten algo de estructura. Con todo, con Randazzo sucede algo muy curioso: en 2015 el kirchnerismo más duro lo presentaba como el único capaz de garantizar la continuidad. Lo celebraban en Página 12, en 678 y en Carta Abierta, al tiempo que se decía que Scioli era el candidato del establishment. El propio Randazzo era exageradamente duro, incluso públicamente, contra Scioli. Pero ahora se dice que Randazzo es Magnetto aunque al mismo tiempo se llama a la unidad. ¿Qué se dirá si, por más improbable que fuera en este momento, Randazzo acepta ir en una lista de unidad con CFK? Era la misma pregunta que me hacía en 2015 cuando desde el frente interno se atacó ferozmente a Scioli para una semana después pasar a hablar de la “lealtad de Daniel”. Sin intentar defender aquí a Scioli o a Randazzo, el comentario simplemente pretende indicar que las acusaciones de traición y “magnettización”, tan caras al peronismo y al kirchnerismo, deben hacerse con mayor cautela.
En cuanto al FPV, devenido Unidad Ciudadana, en el corto plazo, puede decirse que logró el cometido de evitar la interna aunque sinceramente las razones no parecen del todo convincentes. En otras palabras, si las encuestas eran verdaderas y el triunfo de CFK sobre Randazzo giraría en torno a un 70% a 30% o un 80% a 20%, ¿por qué no competir y garantizarse así que los perdedores acaben “jugando adentro”? De esta manera, CFK hubiera aparecido abierta al aceptar las PASO, frente a quien osaba disputar su lugar, para vencerlo categóricamente y lograr que las internas abiertas del FPV/peronismo fueran las que contaran con mayor caudal de electores.
En todo caso, el argumento de la unidad es atendible pero solo para la elección de octubre, no para las PASO (tal como parece que sucederá en la Ciudad de Buenos Aires, por ejemplo, donde tres listas dirimirían la interna y luego se unirían para la elección). De hecho, recuérdese que Cambiemos se benefició de las PASO aun cuando el establishment periodístico le imploraba que evitara la interna y que, incluso, pactara con Massa. Por mencionar los casos más importantes, hubo PASO en la ciudad de Buenos Aires entre Rodríguez Larreta y Michetti y eso no impidió que finalmente lograra imponerse el primero en el balotaje; y hubo PASO para las elecciones presidenciales que derivarían en Macri presidente. Es más, Macri no compitió contra una lista sino contra dos: la encabezada por Sanz y la encabezada por Carrió. Pero ganó esas PASO, salió segundo en la primera vuelta frente a Scioli y terminó ganando en el balotaje.  
Por último, se llegó a decir que habría una masiva participación del “voto útil” de buena parte del electorado anticristinista para apoyar a Randazzo y acabar con CFK. Sin embargo, es inverosímil que un 25% del electorado sea capaz de sumarse al 10% que tendría Randazzo para hacerlo vencedor en una hipotética interna. Si eso sucediese sería único en la historia y terminaría favoreciendo también a CFK pues demostraría que, aun perdiendo, sigue siendo la figura central de la política argentina.
Por otra parte, si bien es posible que con la estrategia de armar un frente sin el PJ, la Unidad ciudadana triunfe, lo cierto es que el espacio del ex Frente para la victoria se va desgajando cada vez más. Alguno dirá que se va depurando, lo cual tampoco es estrictamente falso pero la sensación es que desde hace algunos años el espacio que rodea a la presidenta viene siendo incapaz de impulsar referentes alternativos, de modo tal que no todo dependa de ella, y ha ido alejando a dirigentes y sectores del electorado con los cuales se tienen más afinidades que diferencias, máxime frente al adversario político de la actualidad.
Para finalizar, aun cuando en el mejor de los casos, el resultado de esta fragmentación no impida el triunfo de CFK en octubre, es de esperar que el costo se comience a pagar en el futuro, no solo por la cada vez más abultada lista de presuntos “depurados” en la provincia de Buenos Aires, sino porque en 2019 la elección es a nivel nacional y en muchísimas provincias el peronismo y el PJ interpretan que la actual estrategia del FPV es una continuidad de los errores que durante la administración kirchnerista valieron una interna feroz entre los sectores más progresistas y los espacios más cercanos al riñón del peronismo. En otras palabras, hay referentes, militantes y sectores del electorado de todo el país que observan con preocupación lo que para algunos es una salida “frepasística”, al estilo de una socialdemocracia con la cual CFK siempre habría comulgado. Y no hablo de taxidermistas taxidermizados como Julio Bárbaro o Jorge Fernández Díaz, sino de vastos sectores de la sociedad argentina a los que la agenda progre no llega. Y ni que hablar, por cierto, si la estrategia sale mal, esto es, si CFK decide ser candidata y en octubre pierde o gana por una diferencia exigua frente a un candidato ignoto. Allí el riesgo de fin de ciclo será muy grande y, como viene sucediendo últimamente, el kirchnerismo no parece tener un plan B.