sábado, 4 de julio de 2015

El pos porno y el taco aguja por estatal (publicado el 4/7/15 en Diario Registrado)

Si la intención de lxs chicxs era llamar la atención, el objetivo se logró sobradamente pues era de esperar que una performance con sexo explícito, micrófonos en vaginas y consoladores generosos generara estupor entre los estudiantes de la Facultad de Sociales.
Lo cierto es que esto se dio en el marco de una serie de actividades en torno al pos porno, término utilizado por primera vez en Europa, allá por los 80, y que en los últimos años representa a una corriente que denuncia la mirada sexista, patriarcal y heteronormativa que abunda en la pornografía tradicional. Si bien el nivel de complejidad y matices en las críticas es enorme, podría decirse que el pos porno es heredero de ciertas lecturas posmodernas de autores como Foucault y Deleuze, lecturas que llaman a “desencializar” los géneros y los cuerpos frente a las perspectivas de los movimientos tradicionales que solo buscan la mera igualación de derechos. Para ponerlo en ejemplos, esta corriente (en general, insisto) es crítica de conquistas como el matrimonio igualitario porque entienden que luchar por ese tipo de igualaciones es funcional a un sistema de derecho que no hace más que reproducir la perspectiva del poder.

En este sentido, llaman a desustancializarse, a romper con las categorías del lenguaje, a eludir los nombres que buscan encorsetar a los cuerpos. Así es que se suele reconocer a esta corriente, al menos en Europa aunque no así en Estados Unidos, como “perspectiva queer”. Lo queer no designa simplemente a los homosexuales sino a los descategorizados, a los cuerpos abyectos, a “lo raro”, aquello que no encaja en los cánones de la normalidad y unx de sus principales referentes es alguien que solía llamarse Beatriz Preciado pero que tras años de experimentación con testosterona ha decidido pasar a llamarse “Paul”. Preciado tiene trabajos como Pornotopía (2011) y en las librerías de Buenos Aires se puede conseguir fácilmente Testo Yonqui (2008). Con todo, un libro de su autoría que marcó un punto de inflexión fue Manifiesto Contrasexual (2002). Allí ella construye una teoría de la sexualidad y de los cuerpos en torno al dildo (lo que en Argentina llamaríamos pene de plástico o consolador, más allá de que en el texto su sentido es más técnico y esté vinculado a la noción deleuziana de “simulacro”). Allí llama a romper no sólo con las categorías de la división de géneros sino a repensar el cuerpo a tal punto que llama a quitarle la especificidad a cada uno de nuestros órganos. En esta línea plantea una serie de prácticas contrasexuales como la masturbación del brazo, algo que quien escribe estas líneas ha probado, cuando tiene frío, pero con un único resultado: enrojecimiento de la zona y ninguna rastro de excitación. También propone recostarse en un sillón, tomar un zapato de taco aguja, adosarle un dildo y autopenetrarse gritando un nombre alternativo al propio, en lo posible, de mujer si se es varón y viceversa (SIC). Si bien este humilde escribiente no llegó tan lejos en las prácticas propuestas por el libro, sí pude avanzar en una lectura crítica de esta corriente que busca “disolver” las identidades para no ser “presa” del Estado y del Derecho. Lo hice en una tesis de doctorado que se llamó El sujeto de derecho en el siglo XXI y que fue publicada hace algunos meses por la Universidad de La Plata (se puede descargar gratuitamente desde aquí http://perio.unlp.edu.ar/node/5102 ). En este trabajo planteo algunas dudas acerca de la efectividad práctica de este tipo de propuestas. Para decirlo con crudeza, cabe preguntarle a una travesti del conurbano o de una provincia conservadora argentina si quiere desidentificarse o prefiere que la atiendan en el hospital y que la policía no la muela a palos y la viole; también cabe preguntarle qué preferiría aquel homosexual de clase media baja que no podía acceder a la tenencia de su hijo, cobrar la pensión o la herencia ante fallecimiento de su pareja de hecho. ¿Querrá que lo llamen x o querrá que el Estado lo reconozca sujeto de derecho? Preguntas como éstas nos plantean que todos los debates son dignos de ser dados pero la transgresión no pasa por andar abriendo anos y vaginas en los pasillos de la Facultad: pasa por hacer política y por tener la suficiente responsabilidad como para saber que mientras algunas áreas de las universidades viven de los subsidios del Estado para discutir onanistamente las problemáticas de una pequeña burguesía del primer mundo, hay seres que sin reconocimiento del Estado y sin ser vistos como sujetos de derechos están condenados a una vida miserable en la que hay algunas inquietudes más urgentes que la discusión interesantísima acerca del posporno.                              

viernes, 3 de julio de 2015

El euro y el riesgo del despotismo universal (publicado el 2/7/15 en Veintitrés)

En el opúsculo Sobre la paz perpetua, publicado en 1795, el filósofo prusiano Immanuel Kant advertía los peligros que podría implicar eliminar las fronteras de los Estados nacionales en favor de una suerte de gran Estado mundial. Más específicamente, Kant sostenía, conociendo la racionalidad de los hombres y los Estados, que si todos los países se unieran, delegando su soberanía en un gobierno global, era posible que, más que una República, lo que sobreviniese fuera un gran despotismo universal.
Curiosamente, más allá de que existe una enorme controversia acerca del significado del texto citado, el filósofo emblema del pensamiento iluminista y cosmopolita celebra, según la interpretación estándar, la existencia de Estados (republicanos) como el único modo de frenar la peor de las formas del despotismo.
Ahora bien, Kant, que como buena parte de los europeos del siglo XVIII, creía que el mundo era Europa, entendía que era necesario avanzar hacia algún tipo de acuerdo interestatal para que el viejo continente cesara la sangría de las guerras. Independientemente de si ese acuerdo debiera ser simplemente moral o debiera ir un paso más allá hasta alcanzar un formato jurídico, lo cierto es que el breve tratado de política internacional antes mencionado es visto como, quizás, el texto teórico fundacional que marcó los principales lineamientos de lo que, más de 150 años después y tras la guerra más terrible, comenzó a dar forma a lo que hoy conocemos como la Unión Europea.
Tal unidad ha sido un enorme avance en muchos aspectos y, efectivamente, eliminó los conflictos bélicos al menos hacia adentro del continente. Con todo, la Unión mantiene la tensión que marcaba Kant entre avanzar hacia una gran Estado (europeo) con una Constitución única que torne obsoleta las delimitaciones en términos de Estados nacionales o propender hacia una serie de acuerdos que fomenten la multilateralidad y el sentido de pertenencia a un continente pero manteniendo incólume la soberanía de cada uno de los Estados miembros. Tal tensión, por cierto, está claramente de manifiesto en todo el ordenamiento institucional y jurídico de la Unión. 
Pero la globalización, sin duda, ha golpeado las estructuras clásicas de los Estados nacionales generando una enorme curiosidad pues si el capitalismo clásico creció de la mano de los Estados nacionales hoy son éstos los que aparecen como los únicos capaces de ponerle freno a la prepotencia de las multinacionales y el Mercado, pilares en esta etapa de capitalismo financiero. Al menos así ha sido en buena parte de Latinoamérica y así se plantea en Europa cuando Grecia se encuentra en medio de una durísima negociación con la denominada “troika” conformada por la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el FMI.
La troika le exige a Grecia recortes que en Argentina ya sufrimos. Se trata de un paquete de “austeridad” que llega tras una década en la que los bancos y las multinacionales alemanas y francesas se beneficiaron financiando una burbuja de consumo que resulta, hoy, difícil de enfrentar y que ha llevado a Grecia a tener una deuda que alcanza un porcentaje del PBI cercano al que tuvo la Argentina en 2001. De hecho, la troika viene interviniendo con sucesivos salvatajes desde 2010, incluso, con quitas de deuda a cambio de reformas estructurales. Sin embargo, 2 de cada 3 jóvenes griegos están hoy sin empleo.
No contentos con este escenario, la troika exige al gobierno griego elevar la edad jubilatoria a 67 años; recortes paulatinos y eliminación de los complementos en pensiones para 2019; el establecimiento de 3 tipos diferenciados de IVA y un recorte de 400 millones en Defensa.
La intransigencia de un paquete de medidas que afectaría no solo al país sino a la base de sustentabilidad popular que llevó a Syriza al gobierno, hizo que Tsipras dispusiera llamar a un referéndum, para el domingo 5 de julio, en el que la ciudadanía determinará si acepta o no los nuevos recortes que propone la Troika. La decisión de que sea el propio pueblo el que elija los pasos a seguir fue insólitamente criticada por líderes europeos y hasta se ha señalado que aquella determinación fue la culpable del fracaso de la negociación. Lo cierto es que en las horas en que escribo estas líneas los bancos han cerrado sus puertas en Grecia, hay limitación para la extracción de dinero en cajeros y se habla de un inminente default que derivaría en la salida del país, cuna de la filosofía, de la Zona Euro, tras más de 14 años.
Y cada vez que aparece la palabra “default” la referencia obligada es Argentina, lo cual, a la vista del establishment internacional es un verdadero problema porque el de nuestro país es un buen ejemplo para observar a dónde llevan las políticas neoliberales de ajuste y cómo el resurgimiento estuvo vinculado a políticas heterodoxas neokeynesianas y a una reestructuración de deuda con una quita enorme. Sin embargo, claro está, hay una diferencia no menor: la potencialidad económica de la Argentina no es la de Grecia y Grecia no tiene política monetaria autónoma como tuvo la Argentina. En otras palabras, guste o no, el gobierno argentino tuvo y tiene una moneda propia más allá de que la economía siga en parte dolarizada y a pesar de aquella intentona menemista de sustituir al peso por el dólar. Pero hoy, Grecia, y los otros 18 países que forman la Zona Euro (sobre los 28 que componen la Unión Europea) no pueden tener una política monetaria propia y están obligados a cumplir con las metas económicas que determina la autoridad que maneja la Economía de la zona.
Con la soberanía golpeada, Grecia negocia con Europa, esto es, con quienes son hoy los máximos beneficiarios de la Unidad: Alemania y Francia. Sin embargo, no disputa contra dos países sino contra los dueños del poder económico, un poder más fuerte que el de los Estados y que Kant no pudo prever, probablemente por aquel optimismo liberal que suponía que el comercio permite un acercamiento entre los pueblos que redunda en beneficios mutuos para poder desarrollarse y progresar. 
Pero hoy las condiciones las impone el capitalismo financiero y Grecia recibirá la amenaza del castigo ejemplar, como hasta el día de hoy la sigue recibiendo Argentina. Resulta claro, entonces: el despotismo universal ya no vendrá en la forma de Estado planetario; vendrá, más bien, en la forma de un capitalismo financiero desterritorializado, violento, usurero y voraz.    

viernes, 26 de junio de 2015

Una explicación y dos interrogantes (publicado el 25/6/15 en Veintitrés)

Como suele ocurrir, el día posterior al cierre de las listas sirve para observar cómo todas las hipótesis, elucubraciones y advertencias que realizamos los analistas son burladas por la realidad y dan pie a un nuevo escenario que tratamos de explicar. En otras palabras, dejamos a un lado las predicciones y pasamos a tratar de dar cuenta de lo que pasó pues un cierre de listas siempre brinda mensajes. 
En este sentido, podríamos decir que la elección de Zannini fue una señal hacia adentro del kirchnerismo, una garantía de continuidad capaz de acabar con los reparos que la “pata progresista” del kirchnerismo tiene en relación a Scioli. Nadie había imaginado que CFK jugaría ese as pero el efecto ha sido claro y encolumnó a las filas pues la fórmula logra la síntesis entre el peronismo más clásico representado por el PJ, los intendentes y los gobernadores (claramente alineados con Scioli) y el núcleo duro del kirchnerismo (representado por Zannini).
El que, claramente, se disgustó con la decisión, fue Randazzo y el disgusto es tan comprensible como injustificable pues la presidenta le dio, al Ministro del Interior y Transporte, “la caja” y “los fierros” para que se instalara como candidato y, sin embargo, las encuestas no le daban. De aquí que, desde mi perspectiva, CFK, evaluando los escenarios y, a días del cierre de las presentaciones, avanzó en la idea de ubicar a Zannini al lado de Scioli. Pues, ¿ustedes se imaginan el desgaste que hubiera significado, para el FPV, 6 semanas de ataques furiosos de Randazzo a Scioli, ataques que incluían llamarlo candidato de Clarín y del establishment para equipararlo con Macri? Por ello es que, entiendo, CFK imaginó que, en caso de mantenerse dos fórmulas para competir en las PASO, el lunes después de la elección en la que Scioli ganara la interna, tendría a la “izquierda kirchnerista” llamando a votar en blanco puesto que el vicepresidente de Kirchner y el dos veces gobernador de la Provincia finalmente sería “lo mismo que Mauricio Macri”, y a un FPV obteniendo más que la alianza PRO-UCR-CC pero con el detalle de que, candidato contra candidato, Macri obtendría más o los mismos votos que Scioli. Esto obedece a que Randazzo sumaría entre 10 y 15 puntos y Scioli estaría entre los 25 y los 30, número similar al que tendría un Macri compitiendo en una interna contra candidatos que, sumados, no llegan a los dos dígitos. Asimismo, se impondría la interpretación de que Randazzo era el “candidato puro” y que entre un 85 y un 90% del electorado se habría manifestado en las urnas contra el kirchnerismo de paladar negro. ¿Por qué iba CFK a exponerse a esto y jugarlo todo por un candidato como Randazzo que tampoco era del riñón y de su extrema confianza? Este punto no hay que olvidarlo porque en ciertos sectores filokirchneristas se había constituido una particular imagen de Randazzo. La culpa no fue enteramente del actual Ministro del Interior y Transporte sino del kirchnerismo antisciolista que, en tanto tal, hubiera erigido a cualquier alternativa a Scioli como el nuevo Che Guevara que venía bajando de Sierra Maestra al grito de “Soy el guardián del modelo”. Fue curioso porque algunos seguidores de Randazzo, junto a los operadores de la sempiterna derecha mediática, quisieron instalar una remake del cisma producido el día en que Perón llamó “imberbes” a los montoneros. Así, de repente, Randazzo era más kirchnerista que CFK y en las redes sociales, agora virtual si las hay y bien alejada de la simbología y la potencia de la ocupación del espacio público y el territorio, no faltaba alguno con ganas de cantar: “¿Qué pasa Cristina? Está lleno de gorilas el gobierno popular”. Son los mismos que, seguramente, no sabrán qué responder cuando se los interpele y se les pregunte: ¿Te parece que Scioli es igual a Macri? ¿Sí? ¿Eso quiere decir que te da lo mismo votar a uno o al otro más allá de que uno fue parte del proyecto durante 12 años? ¿Te da lo mismo votar a Zannini, que acompañó a Kirchner y a CFK durante 30 años, que a Michetti? ¿Te da lo mismo votar el programa económico de Axel Kicillof que el de Patricia Bullrich, ambos competidores a diputados nacionales por CABA? ¿Te da lo mismo, la historia, el presente y el futuro de Wado de Pedro que la historia, el presente y el futuro de Fernando Niembro? Las comparaciones podrían continuar cargo por cargo y es aquí donde se ve con mayor claridad la presencia de los hombres y mujeres más identificados con la presidenta. Porque los que suponían que no iba a comprometerse con la nueva etapa, que iba a jugar a perder, como Menem hizo con Duhalde, se equivocaron y observaron atónitos cómo las principales figuras del kirchnerismo se encuentran en las listas pues, a los ya mencionados, habría que agregar las fórmulas que disputan la provincia de Buenos Aires, Jorge Taiana, Agustín Rossi, Julio de Vido, Andrés Larroque, Diego Bossio, Teresa Parodi, Daniel Filmus, gobernadores que, sin posibilidad de ser reelectos cargos ejecutivos, buscan un lugar en el poder legislativo, etc. En otras palabras, en caso de ganar Scioli, la actual presidenta tendría a su mano derecha presidiendo un senado en el que se descuenta una mayoría oficialista y una cámara de diputados en la que será, como mínimo, una primera minoría al borde de la mitad más uno.       
Para concluir y evitar caer en una columna meramente explicativa déjeme plantear lo que, creo, son los dos grandes interrogantes que aparecen en el horizonte en caso de que el nuevo presidente sea Scioli: qué va a hacer la oposición, y con ello no me refiero a la dirigencia política opositora sino a los poderes fácticos que han enfrentado la política gubernamental desde el año 2003, y qué va a ocurrir con el oficialismo “puertas adentro”.
Respecto a la primera cuestión, la desazón y el odio que pululan en cada una de las líneas de los editorialistas portavoces de las grandes corporaciones daría a entender que está asumida la derrota en octubre. Por supuesto que todo puede pasar, que el escenario sigue abierto y que se intentará esmerilar al candidato oficial pero todos asumen que, hoy por hoy, Scioli lleva las de ganar. En ese sentido, la apuesta es a una fractura del oficialismo antes de cumplirse los 2 años de mandato de Scioli. Desde mi punto de vista, CFK atisba esa estrategia y por eso ha ubicado a sus principales espadas en lugares clave que incluyen la línea de sucesión, y apuesta, como decía antes, a obtener una cantidad de votos que le permita seguir controlando la cámara Baja pues se da por descontado ese escenario en la Alta. De ese modo, frente a lo que se auguraba hace un tiempo, esto es, un gobierno en minoría obligado a negociar con el parlamento, tenemos un escenario en el que la oposición no podrá tan fácilmente intentar seducir o presionar a Scioli, al menos, desde el ámbito legislativo.  

Respecto a la segunda cuestión, se trata de un panorama impredecible e inédito en el peronismo pues salvo en aquellas semanas en las que Cámpora estuvo al frente del Gobierno, nunca se dio el hecho de un presidente erigido desde el campo nacional y popular que deba convivir con una conductora del movimiento que no ocupa cargo alguno. Allí se abre un foco de tensión que seguramente irá in crescendo en la medida en que se acerquen las elecciones de 2017 pero es natural que cualquiera que asuma la presidencia y, en tanto tal, posea “la lapicera”, quiera rodearse de su propia gente e imponer sus condiciones. Dado que la experiencia y los manuales de teoría política siempre han remarcado la imposibilidad de una coexistencia pacífica entre dos reyes, restará observar el rol que asuma Scioli en caso de ganar pero, sobre todo, el que decida asumir CFK. Así, es probable que, desde 2016, buena parte de la política nacional gravite en torno a esa tensión.      

martes, 23 de junio de 2015

Hipótesis para leer con un fósforo encendido (publicado el 18/6/15 en Veintitrés)

En momentos donde internet se ha transformado en una suerte de “Supermemoria” que todo lo archiva y cada vez más se discute el “derecho al olvido”, exijo que destruya esta nota el lunes que viene. Efectivamente, si es posible, quémela y ni siquiera la utilice para envolver huevos porque la vida está llena de curiosos y amantes de las envolturas.
Escribo esta nota a sabiendas que solo tiene valor para un aquí y un ahora, asumiendo un riesgo grande pues entre el acto de escritura y la lectura que usted le está dando, pueden ya haber ocurrido una serie de hechos que la tornen obsoleta incluso antes del lunes. El resto de la revista vale la pena pero esta nota no, porque se monta en la ansiedad y la necesidad que tienen los medios de comunicación a una semana de resolverse las principales candidaturas y en un contexto político en el que la decisión la tiene una sola persona: la presidenta. Al fin de cuentas, nos guste o no, ella maneja como nadie algunos de los principios de la conducción política, a saber: el secreto y los tiempos de las decisiones. 
Entonces podemos jugar, como hacen algunos medios, y decir que la mayor encarnación del kirchnerismo es Randazzo pero, a la otra semana, decir que es Máximo; o podemos decir que el candidato es el proyecto pero luego decir que solamente alguien con apellido Kirchner puede llevarlo adelante, algo que contraria lo señalado tanto por la presidenta como por su hijo. También podríamos lanzar encuestas que, como los vasos de agua, no se le niegan a nadie, pero lo cierto es que quien decidirá las candidaturas acertadamente o no será la presidenta.
Y allí las hipótesis y variables son incontables pues, a días de la confirmación, prácticamente todas las precandidaturas, salvo la de Scioli, están abiertas. En este sentido, no se sabe si el actual gobernador competirá con Randazzo o le pedirán al Ministro que se “baje” y compita para la gobernación provincial o encabece la lista de diputados. De hecho, las chances de una fórmula única crecieron desde que se confirmó que Zanini será el vice de Scioli pues, como se dice, en los pasillos, “Zanini es Cristina con pelo corto”. Salvo que CFK decida ubicar como vice de Randazzo a otra de las figuras de su mesa chica, el mensaje parece ser claro y manifestaría la decisión de impulsar la candidatura de Scioli.
Asimismo, la elección de Zanini disipa alguna de las dudas que se venían barajando pues muestra que CFK ha decidido poner un hombre de su riñón para presidir el senado y es de esperar que juegue el resto de sus fichas a mantener el control de la cámara de Diputados. En todo caso, la incógnita será si la propia presidenta será candidata a diputada por la provincia de Buenos Aires o si se dará la aparición de su hijo, Máximo, quien a pesar de intervenciones públicas que pueden contarse con los dedos de una mano, posee el plafón del linaje y de conducir la agrupación juvenil más importante de los últimos años en Argentina.
Pero a su vez, la decisión acerca de quiénes encabezarán esa lista está íntimamente relacionada con la resolución de las precandidaturas a gobernador de la provincia de Buenos Aires, pues un rumor bastante instalado es que a diferencia de la insólita estrategia de dispersión de las PASO porteñas, la fórmula sería una sola. Aníbal Fernández es el más conocido en el electorado pero también el que tiene mayor imagen negativa, lo cual podría quitarle algunos puntos al candidato a Presidente. Se da así una situación paradójica: Aníbal Fernández mide más que Julián Domínguez pero el tándem Scioli presidente con Domínguez gobernador mide varios puntos más que el tándem Scioli presidente con Aníbal Fernández gobernador. Si la presidenta se inclinara por Domínguez, Fernando Espinoza sería el vice del actual presidente de la Cámara de Diputados para garantizar el voto matancero o, en su defecto, obtendría un lugar en la lista de diputados nacionales.
Por último, restaría saber si, negándose a liderar la lista de diputados nacionales de la Provincia, CFK prefiere el parlamento del MERCOSUR o, simplemente, mantenerse al margen de cualquier cargo para liderar el kirchnerismo “desde afuera”.
Estas son las definiciones cruciales que se darán en los próximos días y que llevarán a un segundo plano las siempre trasnochadas negociaciones, con biromes en mano que parecen sables, que determinarán los puestos de listas a diputados en distritos como los de Capital Federal donde se augura una fuerte presencia de La Cámpora.
Los nombres y el armado han sido siempre importantes pero hoy la sensación es que si el kirchnerismo no comete un error grosero en esas selecciones, se encaminará hacia un triunfo en primera o en segunda vuelta. Aun si el veleidoso Massa decidiera “bajar” a la provincia de Buenos Aires y fuera el candidato de Macri, algo altamente improbable a juzgar por la estrategia PRO, obtendría apenas unos puntos más que María Eugenia Vidal, a quien pocos conocen, pero se ve beneficiada por la sencilla razón de que el bonaerense no suele cortar boleta “arriba”, esto es, no separa presidente de gobernador.    
Asimismo, la esperanza del oficialismo no solo se basa en las encuestas sino en los resultados de las elecciones desdobladas pues, en general, obtuvo más votos de los esperados salvo en el caso de CABA. Pero Chaco y Salta han respondido mayoritariamente al kirchnerismo contra toda la oposición unida; en Mendoza se ha hecho una muy buena elección rondando los 40 puntos; en Santa Fe se alcanzó casi 30% y es razonable pensar que del otro 30% que obtuvieron los socialistas, una buena parte se inclinará hacia el candidato a presidente del FPV; en Río Negro, el FPV obtuvo 33% pero el candidato ganador “jugó solo” y no ha brillado, justamente, por hacer antikirchnerismo zonzo, a tal punto que declaró que no apoyará a ninguna fórmula presidencial. Incluso en CABA, donde el FPV obtuvo menos de los esperado, el PRO no la tiene fácil y en un eventual ballotage entre Rodríguez Larreta y Lousteau (tal como plantean hoy las encuestas), el final estaría abierto. Si bien resulta difícil, si se confirmara la derrota de Del Sel en Santa Fe, y una particular conjunción astral determinara que el PRO perdiera la Capital, el partido conservador liderado por Macri se quedaría sin distritos que gobernar y con su alma mater perdiendo la nacional. De suceder esto, el futuro del PRO sería, para ser benevolentes, una incógnita.              

Si llegó hasta acá y todavía no se dio cuenta que todas estas hipótesis serán falsadas casi de inmediato, como las hipótesis de todos aquellos que deben llenar carillas y espacios en radio y televisión, le doy la última oportunidad para deshacerse de estas páginas usando el mismo fósforo encendido con el que le pido que en estos días tan importantes para la Argentina, de paso y prosternándose, le prenda una vela a la política.   

jueves, 18 de junio de 2015

Zannini: un mensaje hacia adentro (publicado el 18/6/15 en Diario Registrado)

La elección del compañero de la fórmula presidencial siempre ha tenido en la Argentina un contenido simbólico relevante. Dicho en otras palabras, puesto que la función “vicepresidente”, más allá de presidir el senado, es, políticamente, algo difusa, los candidatos suelen utilizar tal designación para dar un mensaje. Generalmente se busca equilibrar: si el candidato a presidente representa el ala izquierda del partido se busca un vice conservador y viceversa; o si el binomio lo compone alguien de la provincia de Buenos Aires, el compañero debería ser del interior. Este intento de equilibrio es más claro aún cuando la fórmula es producto de una alianza o cuando hace falta garantizarse los votos de un determinado distrito que el candidato a presidente no representa. Estas son solo algunas razones que dan un marco desde el cual podríamos preguntarnos por qué Zannini será el candidato a vicepresidente de la única fórmula del FPV.

Y lo cierto es que, desde mi perspectiva, tal designación fue pensada como un mensaje “hacia adentro” del kirchnerismo. Porque, claro está, Zannini no trae votos, no interpela a antikirchneristas indecisos ni tampoco seduce a moderados. Sin embargo disipa una enorme cantidad de dudas pues, por lo pronto, muestra que CFK ha decidido comprometerse de lleno con el próximo gobierno. En este sentido, algunos dirán que Zannini está allí para cercar y otros dirán que está para acompañar pero lo cierto es que la presidenta no se ha desentendido de la suerte de Scioli. Se sigue de esto, claro está, que la idea de una CFK que “jugaría” a perder refugiándose en los “puros” no era más que una zoncera. Pero, lo más importante, con Zannini acompañando a Scioli, el kirchnerismo logra plasmar una fórmula que sintetiza un tiempo histórico porque el actual Gobernador de la provincia tenía el apoyo del PJ y los gobernadores pero generaba desconfianza en una porción importante de la dirigencia y el electorado kirchnerista progresista que, por oposición, se identificaba con Randazzo. Lo único que podría seducir a esos sectores era un gesto claro de CFK, una señal de garantía de continuidad encarnada en un nombre de peso identificado con el proyecto, y Zannini cumple claramente con esos requisitos. De hecho, apenas algunas horas después del anuncio, aquellos sectores más refractarios a la figura de Scioli fueron encolumnándose de modo tal que la decisión acabó teniendo un apoyo unánime. Los periodistas opositores no tardaron ni 24 horas en denominar “monje negro” a Zannini o preguntarse si ingresamos en la era del “maoísmo sciolista” (SIC) pero sus diatribas buscan agitar aquella fracción de la sociedad que hasta ahora no ha logrado erigir una oferta electoral capaz de constituirse en mayoría. Se trata, justamente y vaya paradoja, de aquella porción de la sociedad a la que no está dirigido el mensaje “Zannini vicepresidente”.