miércoles, 20 de septiembre de 2017

Mito y sobrevaloración de la entrevista (editorial del 17/9/17)

La inmensa lista de zonzos que afirmaba que CFK no brindaría entrevistas a periodistas y medios antikirchneristas para evitar preguntas incómodas, debieron hacer silencio ante una nueva confirmación de que, en lo que respecta a capacidad oratoria, es muy difícil doblegar a la expresidente. El marco fue el portal oficialista Infobae y el periodista a cargo fue Luis Novaresio quien realizó la entrevista con la agenda del establishment mediático, supo repreguntar y discrepó aunque dejando hablar y sin hacer de la entrevista un debate. En tiempos de “periodismo de guerra” no es poco.
CFK respondió holgadamente a todas las preguntas, pero más allá del contenido de las respuestas, que la entrevista haya sido el acontecimiento político de la semana, tiene que ver con dos cosas. Por un lado, que no se recuerda a CFK sentada frente a un periodista con una ideología poco afín y, por otro lado, que, en los últimos años, la corporación periodística le dio a los debates, las entrevistas y a las conferencias de prensa una importancia desmedida.
En este sentido, siempre sostuve que no puede ser dañino que un mandatario se someta periódicamente a la interacción con periodistas o referentes de otras fuerzas y que la decisión de no exponerse a esa puesta en escena, aunque bien fundamentado, acababa siendo funcional a quienes buscaban identificar al kirchnerismo con una secta hermética. Sin embargo de aquí no se sigue que este tipo de intervenciones públicas seas esenciales para las instituciones, la república y la democracia. No solo porque en pleno siglo XXI un gobernante posee modos diversos y muchos más directos para comunicar sino, sobre todo, porque es falso que la pregunta del periodista sea representativa de las necesidades de la población. En este sentido, la entrevista de Nicolás Repetto encapuchado frente a un referente mapuche que los medios presentan alternativamente como el Belcebú que amenaza la integridad territorial y espiritual de la nación, o como un flogger, es menos patética por la capucha que por el hecho de que Repetto se haya presentado como referente capaz de percibir cómo siente y ve “la gente”.    
Sabemos que en la tradición occidental, desde la época de Sócrates, el diálogo interpelante apareció como vehículo natural del surgimiento de la verdad y ese esquema lo ha adoptado, sin más, el periodismo. Así se nos quiere hacer creer que las preguntas del periodista son el canal hacia el esclarecimiento de una sociedad que necesita del periodista en tanto médium entre la ignorancia y la verdad. Pero hay que estar atentos a esos mitos de origen creados por la propia corporación periodística para erigirse en un lugar de legitimidad. De hecho, recuerdo haber escrito algunas líneas hace ya unos años tras el famoso “queremos preguntar” organizado por Lanata y sus adláteres para señalar que, a diferencia del preguntar socrático que se hacía desde la ignorancia, el preguntar del periodismo en la actualidad se hace desde la sentencia, desde la expresión de una línea editorial que se quiere hacer pasar por aséptica.  No se busca llegar a la verdad sino obtener un título, esto es, una mercancía y, eventualmente, sacar rédito político de una pregunta hecha con mala fe. Si a Sócrates le decían “el tábano” porque con sus preguntas “picaba” y molestaba como lo hacen esos insectos, la figura adecuada para buena parte del periodismo de hoy es la mosca, más por el hábitat en el que se siente a gusto que por su capacidad de incomodar.
Asimismo, ya que de griegos hablamos, otro elemento que cierto periodismo enarbola es el de la parresía, entendiendo por tal el coraje de decir la verdad poniendo la vida en riesgo. Porque decirle la verdad a un débil es fácil. Lo que es difícil es decirle la verdad en la cara a un poderoso pues allí se pone en juego la continuidad de nuestras existencias. Tiene buena prensa escenificar una presunta heroicidad del periodismo pero lo cierto es que quienes más pretenden erigirse como parresiastas son aquellos que en general trabajan desde y al servicio de los poderes fácticos. Así, todavía espero que los que querían preguntar les pregunten a los dueños de los medios para los que trabajan. Seguramente no lo harán encapuchados ni tampoco se animen a hacerlo con un guante blanco.
Con todo, es justo decir que la sobrevaloración de las entrevistas, los debates y las conferencias de prensa no solo es atribuible a los periodistas sino también a los propios políticos que tienen el prejuicio iluminista de creer que a través de la palabra, en un estudio de TV o en un atril, en medio de chicanas y cruces con mala fe, es posible construir mayorías electorales. Sencillamente se equivocan porque los debates o los intercambios entre adversarios políticos expresan para la audiencia una suerte de ring en el que ya se ha tomado partido por uno de los contrincantes previamente y difícilmente algo de lo que allí se diga logre cambiar esa toma de posición previa.      

Por todo esto es que es altamente improbable que CFK gane votos por mostrarse más abierta a responder a este tipo de entrevistas. También, claro está, es altamente improbable que esta apertura le quite votos. De hecho, en un sentido, esta apertura puede comprenderse como una continuidad de la campaña pasteurizada y bastante desideologizada de las PASO que no le acercó ni le restó votos pero, en todo caso, parecería revelar que CFK entiende que alguno de los modos de ella como del kirchnerismo en general pudieron haber hecho que ciertos votantes se alejaran. Y, es más, estoy tentado a pensar que, contrariamente a lo que se supone, la entrevista sea más importante para los propios que para los ajenos en tanto genera mística verla a ella al frente de la campaña y dando muestras de elocuencia ante las preguntas que el kirchnerismo, decían, no quería responder. El veredicto lo dará la elección de octubre pero lo que allí suceda no dependerá de una entrevista más o una entrevista menos.  

miércoles, 13 de septiembre de 2017

Cucarachas (editorial del 10/9/17 en No estoy solo)

Los llaman “cucarachas”. Todos les dicen “cucarachas” porque se ven como tales. Las fuerzas de seguridad enfrentan estos verdaderos insectos, casi como un cáncer social, pero también lo hacen los pobres, aquellos que imploran al ejército que intervenga y detenga estas alimañas que saquean y roban todo lo que encuentran a su paso. El ejército habla un idioma distinto que el de los pobres pero las cucarachas como enemigo común, y algunos decodificadores, les permite unirse en el objetivo. 
Todavía recuerdo las palabras de una oficial del ejército: “La mierda en su sangre las hace así. La enfermedad que portan, que ignora el valor de la vida o el dolor de quien más va a sufrir. No detuvimos a las cucarachas durante 5, 10 o 20 años. Siguen naciendo niños así y luego se reproducen. Por cada cucaracha que usted salva hoy condena, Dios sabe, a cuánta gente a la futura desesperación y pena. No puede usted seguir viéndolas como humanos. Hay que eliminarlas (…)”.
Minutos después de escuchar ese relato, un oficial del ejército acribillaba a una cucaracha al igual que lo hacía en los entrenamientos y luego acuchillaba a otra con la pasión del odio tras una larga pelea en la que el insecto enfermo atacó a quien vela por nuestra seguridad. Consultado por un superior al respecto, el oficial dijo sentir algo de euforia y, luego, un enorme alivio además de ningún remordimiento.  
Estoy seguro que si me hubieran mostrado el diario del día posterior el título hubiera sido: “en un nuevo enfrentamiento cae una cucaracha subversiva”. 
Más allá de eso, un buen resumen del fenómeno se da en el diálogo entre ese mismo oficial y una cucaracha que, sinceramente, parecía “normal” como vos y yo. Ella le pregunta: “¿Ve una cucaracha en mí?” Y él responde: “No, las cucarachas están enfermas. Además las cucarachas no hablan”. Ella lo interrumpe y le dice: “No es que no hablamos. Es que no nos oyen”.  
A partir de allí empecé a entender todo. Es que los oficiales del ejército parecen tener una suerte de microchip instalado que les hace ver como enemigos a quienes no lo son, como cucarachas a quienes son personas como cualquiera. Ese microchip es como una máscara que les distorsiona la realidad y que el oficial ha aceptado voluntariamente, como acepta voluntariamente cualquiera de nosotros escuchar las bajadas de línea de un formador de opinión.
Ahora bien, esto que a falta de un término correcto, llamo “microchip”, está implantado en las fuerzas del orden desde hace mucho tiempo y solo busca hacer más eficiente el exterminio. Porque han logrado, a través de la radio, la TV y las computadoras, después de lo que ellos llaman “guerra”, que el hombre común también odie a las cucarachas. Pero no han logrado todavía que ese hombre común se anime a matar. En todo caso, repudia a las cucarachas, las persigue, les cierra la puerta, las insulta y las echa de cualquier lugar en el que puedan tener cobijo, pero no da el paso siguiente hacia el aniquilamiento. Porque son cucarachas pero parecería que algo de humano tienen. Recuerdo cómo hacia el final, el oficial que había asesinado a las cucarachas se da cuenta que éstas son, en realidad, tan humanas como él, y su superior le dice: “[Claro que] son como nosotros. (…) Por eso son tan peligrosas. (…) Los humanos somos una especie empática por naturaleza. En realidad no queremos matarnos entre nosotros…hasta que nuestro futuro depende de matar al enemigo”.
Tras esta afirmación, al capítulo 5 de la tercera temporada de la serie inglesa Black Mirror que acabo de transcribirles, le quedan unos minutos más que no adelantaré para que lo puedas ver en tu casa sacando tus propias conclusiones y haciendo tus propias analogías. En todo caso, sí te puedo decir que en esta serie se hace mucho hincapié en las consecuencias sociales que se siguen del uso de las nuevas tecnologías, ya no en futuros lejanos, sino en el aquí y en el ahora más próximo, y que siempre que hay opresión hay resistencias. En este caso puntual, las cucarachas crearon un dispositivo capaz de anular momentáneamente esos microchips o máscaras que distorsionan la realidad y deshumanizan al adversario político. Esa anulación le permite a los ciudadanos de a pie ver las cosas tal cual son y eso supone un enorme dilema pues el precio de aceptar que existe una realidad distinta a la que uno creía, genera rechazo y la enorme responsabilidad de no haber sabido ver lo que en realidad ocurría y hasta, quién te dice, haber sido cómplice directa o indirectamente de algún hecho aberrante. ¿Qué harías si te dieran a elegir? ¿Preferirías ver la realidad tal cual es, asumiendo tus errores y el peso de la injusticia, o preferirías vivir felizmente una irrealidad? 
Mientras tanto, leo y escucho en diarios y televisión que unas cucarachas que gobernaron el país, y cuya denominación es intercambiable con otras tales como “Kakas”, “corruptos”, “mapuches”, “mercenarios”, “ladrones”, “peronistas”, “zurdos”, “terroristas”, iraníes”; “kurdos” o “chavistas”, han declarado una guerra contra la República y la Democracia. Y entonces vuelvo a ver el capítulo de Black Mirror, comienzo a pensar estas líneas y recuerdo a un filósofo alemán, más citado que leído, cuando advertía que si uno de los bandos de la disputa afirmaba luchar en nombre de la humanidad, cualquiera que se enfrentara a éste quedaría reducido a una entidad cuyo único destino es el exterminio físico.
La divisoria entre normales y cucarachas tiene varios capítulos en nuestra historia y tiene hoy su reescritura novedosa. Pero el círculo perfecto se cierra cuando suceden dos cosas: en primer lugar, cuando aparecen las cucarachas de las cucarachas, esto es, un subgrupo de cucarachas identificadas como tales por otro subgrupo de cucarachas que dice ser mejor cucaracha; y en segundo lugar, cuando de tanto que te dicen cucaracha, un día mirándote en el espejo te ves con antenas, un montón de patas y revolviendo en la basura.



miércoles, 6 de septiembre de 2017

10 consideraciones sobre el caso Maldonado (editorial del 3/9/17 en No estoy solo)

1)      Una desaparición forzada supone la intervención de fuerzas del Estado y no necesariamente un plan sistemático como el de la dictadura. Que exista una desaparición forzada es ya de por sí enormemente grave. No se necesita decir que es el desaparecido 30001 como para hacerlo más grave aún. Equiparar ansiosamente situaciones actuales con las de la dictadura, más que darle gravedad a un hecho presente, puede acabar relativizando la magnitud de lo que significa un genocidio  
2)      Igualar una desaparición a secas con una desaparición forzada es fruto, o bien de la ignorancia, o bien de la mala fe, pues en el primer caso se trata de un asunto policial y, en el segundo, se trata de un asunto político. Que la funcionaria responsable no pueda identificar la diferencia es, de por sí, una buena razón para alarmarse y exigir que dé un paso al costado
3)      No hace falta decir que la víctima es un ángel. La violencia institucional debe repudiarse siempre independientemente de la calidad moral de las personas, esto es, independientemente de si es un ángel o un demonio.
4)      Exigir la aparición con vida de Maldonado es un objetivo y un bien en sí mismo. Tal exigencia, entonces, no te compromete necesariamente con la reivindicación mapuche y menos aún con algunas de las acciones violentas de grupos minoritarios
5)      Que el pedido de aparición con vida de Maldonado se haya transformado en una bandera del kirchnerismo y la izquierda no lo transforma en una bandera partidaria o facciosa
6)      Que el pedido de aparición con vida de Maldonado sea una reivindicación no facciosa supone repudiar esta suerte de contabilidad de muertos/desaparecidos que pertenecerían a cada uno de los bandos. No aceptes, entonces, que, en una discusión, se hable de Julio López, Arruga y/o Nisman, o, en todo caso, pedí que se esclarezcan las razones de sus muertes independientemente de qué intereses pudieran verse afectados.   
7)      Ser de derecha no te obliga a defender al gobierno ni a la gendarmería. Ser antikirchnerista tampoco. Ni el gobierno ni la gendarmería suelen pedir tanto ni a los ciudadanos que como idiotas útiles salen en su defensa ni a los periodistas que por convicción, estupidez o venalidad pretenden confundirlo todo
8)      Tu odio al kichnerismo no merece que te tomen el pelo. Por ello, si un periodista, antes de investigar la desaparición forzada de  Maldonado, te habla de unos supuestos terroristas mapuches que mantienen reuniones cotidianas con La Cámpora y la Universidad de las Madres, además de recibir apoyo logístico y financiamiento de parte de las FARC colombianas y de extremistas kurdos, demostrale que no sos un imbécil. Explicale que podés estar en contra del kirchnerismo y no creer semejantes estupideces solo comparables con el comando venezolano iraní con adiestramiento en Cuba que, según otro periodista del mismo Grupo, habría estado implicado en la muerte de Nisman. Si tras esa aclaración el periodista embiste nuevamente y te dice que la reivindicación por territorios ancestrales es similar a la reivindicación que realiza ISIS, reíte y, si vas a seguir consumiéndolo como periodista, hacelo irónicamente
9)      Si la gravedad de los hechos y la presión social logra instalar el tema en agenda y unas horas después estás discutiendo sobre la conveniencia de hablar del caso en las escuelas, el supuesto regreso de la violencia política y las más disparatadas hipótesis, habrás comprobado que los medios no determinan qué vas a decir pero sí influyen en el tema sobre el que crees que es necesario opinar

10)   Es inverosímil, o a lo sumo prematuro, afirmar que Macri o P. Bullrich hayan creado un plan para desaparecer a Maldonado. No obstante son responsables en dos sentidos, uno más directo y legal, en tanto responsables del gobierno y la seguridad, y otro más indirecto y cultural en tanto responsables de un clima de época en el que las fuerzas represivas sienten tener vía libre para actuar

martes, 29 de agosto de 2017

El algoritmo de Yrigoyen (editorial del 27/8/17 en No estoy solo)

El aislamiento que producen los microclimas bien puede sintetizarse en aquella figura de un presidente siendo persuadido por las buenas noticias de un diario apócrifo ideado por sus hombres más cercanos. Tal descripción corresponde a la leyenda del “Diario de Yrigoyen” y más allá de que, hasta el día de hoy, no existe prueba de que tal diario haya existido alguna vez, lo cierto es que la figura del “Diario de Yrigoyen” funciona como metáfora de la desinformación y el alejamiento de la realidad que puede tener quien, desde la soledad del poder, debe tomar decisiones. Rodeados de asesores, ajenos a las obligaciones familiares por el desborde que insume la función pública y, en muchos casos, provenientes de clases sociales para las que subirse al transporte público resulta una aventura antropológica, es muy difícil codearse con las necesidades cotidianas de las mayorías. En este sentido, no hay timbreo ni utilización de redes sociales que ayude demasiado.      
¿Pero qué sucede con el ciudadano de a pie? Las elaboraciones en torno a los medios de comunicación, especialmente en los años 60 y 70, e incluso antes también, nos ofrecían la imagen de una audiencia completamente a merced de los mensajes explícitos e implícitos de los medios. Sin embargo, la teoría clásica de la comunicación como una aguja hipodérmica que determinaba la conducta de las audiencias fue cediendo lugar gracias a los estudios que mostraban que la recepción de los mensajes nunca es enteramente pasiva. Este brevísimo e inexacto resumen de las reflexiones en torno a la comunicación podría culminar con las variables que introduce la irrupción de internet, los portales de noticias y generaciones enteras que se informan a través de lo que sus amigos comparten en redes sociales. Y allí pareciera haber un regreso a concepciones perimidas pues incluso los más optimistas, aquellos que ven en internet un paso decisivo hacia una ciudadanía capaz de acceder a un conocimiento abierto, ahora descubren la posverdad y la posibilidad de las “Fake News”. Así, pasan a repetir las mismas elaboraciones que antes repudiaron pues de repente, la ciudadanía ilustrada y libre es capaz de votar a Trump, presuntamente, por la campaña de desinformación iniciada por una serie de portales de noticias. Vale aclarar que en, lo personal, no creo que Trump haya ganado por las Fake News pero el progresismo liberal así lo interpreta y con ello adquiere la dosis suficiente de consuelo e indignación.  
Dicho esto, enfrentamos un fenómeno paradójico: si un diario de Yrigoyen era posible solo en el aislamiento producido por la soledad del poder, en la actualidad es posible crear diarios de Yrigoyen en la completa interacción, no solo para los gobernantes sino para la gente común. Efectivamente, el diario con las noticias que vos quieras leer lo tendrás estando intercomunicado con todo el mundo y no te lo escribirán unos asesores sino unos algoritmos.
Como alguna vez comentamos aquí, el término “algoritmo” proviene de la matemática y refiere a una serie de pasos o reglas que permiten llevar a cabo una actividad y obtener un resultado. A su vez, los algoritmos son esenciales para comprender cómo accedemos a la información en internet pues estamos en un momento del desarrollo de la red en la que existe la posibilidad de individualizarla cada vez más en pos de la rapidez, nuestro interés y perfil de consumo. No es casual, entonces, que las publicidades que aparecen cuando navegas en un sitio refieran a lo que hace un ratito estabas buscando ni tampoco es casual qué sitios decide jerarquizar Google cuando realizas una búsqueda. Menos aún resultan casuales las publicaciones de amigos en las redes sociales que la red decide mostrarte. Esto significa que internet avanza hacia una red hecha a medida de cada uno de nosotros, lo cual no sería tan problemático si tuviéramos plena conciencia de ello. Pero, claro está, ese no es el caso. Creemos estar abiertos al mundo y tener referencias objetivas del funcionamiento del afuera, pero estamos cada vez más inmersos en el entorno. La situación llega a tal extremo que en breve leeremos noticias hechas solo para cada uno de nosotros. Así, gracias a los algoritmos, podremos gozar de nuestro personal “Diario de Yrigoyen”. Tal predicción la realiza Evgeny Morozov, en un libro muy interesante llamado La locura del solucionismo tecnológico y publicado en castellano en 2016. Les citaré un párrafo alusivo de la página 189: “Tal vez comienza con aparente inocencia: personalizar los títulos y por qué no los párrafos introductorios para reflejar lo que el sitio sabe (…) sobre el lector. Pero más temprano que tarde (…) es probable que este tipo de prácticas también se extiendan hasta personalizar el texto mismo de los artículos. Por ejemplo, el lenguaje podría reflejar lo que el sitio es capaz de deducir sobre el nivel educativo del lector (…) O tal vez un artículo sobre Angelina Jolie podría finalizar con una referencia a su película sobre Bosnia (si el lector se interesa por las noticias internacionales) o algún chisme sobre su vida con Brad Pitt (si al lector le interesan los asuntos de Hollywood). Muchas firmas (…) ya utilizan algoritmos para producir historias de manera automática. El siguiente paso lógico –y, posiblemente, muy lucrativo- será dirigir esas historias a lectores individuales, lo cual nos dará, en esencia, una nueva generación de granjas de contenido que pueden producir historias por pedido, adaptadas a usuarios particulares”.
Todos leyendo lo que queremos leer; todos leyendo para confirmar lo que ya sabemos suponiendo inocentemente que en una sociedad abierta y conectada los flujos de información circulan y pueden hacernos revisar nuestras posiciones; todos reforzando las convicciones pero también los errores y los prejuicios que nos permiten vivir confortablemente bajo la suposición de que mi entorno representa a las mayorías y a la realidad.          



martes, 15 de agosto de 2017

Cambiemos y un día (casi) perfecto (publicado el 14/8/17 en www.elpaisdigital.com.ar)

Electoralmente el gobierno hizo todo bien, salvo una cosa: la escandalosa, caprichosa e insólita manipulación de la carga de datos en la Provincia de Buenos Aires que demuestra que Cambiemos está más pendiente del Prime Time que de la realidad. Efectivamente, llevando la lógica de la telepolítica al extremo, el macrismo quiso que la ciudadanía se vaya a dormir creyendo que CFK había sido derrotada por uno de los peores candidatos posibles, y, cuando el resultado se daba vuelta, sorprendentemente decidió parar el conteo definitivo. En el gobierno de los CEO, el dueño de la pelota, a punto de sufrir una derrota simbólica, se la lleva a su casa y no se juega más. Pero lo más insólito es que como ardid comunicacional lo único que ha hecho es poner bajo sospecha el resultado de la elección y devolverle al kirchnerismo una épica, en este caso, la de la remontada.
Ahora bien dejando de lado este aspecto, y analizando en frio, podemos decir que Cambiemos fue el gran ganador de la elección: logró hacer pie en todos los distritos a pesar de que la mayoría le sigue siendo esquivo y continúa en manos de los liderazgos locales, pero hizo su mejor elección legislativa en CABA; ganó en Córdoba con candidato propio; le dio una paliza electoral al kirchnerizado Alberto Rodríguez Sáa en San Luis como nunca había ocurrido desde el regreso de la democracia y derrotó al MPN en Neuquén; triunfó holgadamente en una Santa Cruz en crisis, alcanzó la victoria en Entre Ríos, confirmó en Corrientes, Mendoza y Jujuy, y, aún perdiendo, en el segundo escándalo relacionado con el conteo de votos, terminó cabeza a cabeza con el peronismo en Santa Fe, donde el socialismo realizó una performance vergonzante. Por último, como indicábamos anteriormente, “empató” en la elección de la provincia de Buenos Aires.
El panperonismo, por su parte, confirmó varios de sus liderazgos locales y si bien cada caso resulta particular y merecería un análisis pormenorizado, podría decirse que en Formosa, Catamarca, Tucumán, Chaco, La Rioja, San Juan, Río Negro, Chubut, Tierra del Fuego, Santa Fe, Misiones y Salta, distintos tipos de peronismos, en un par de casos, claramente kirchneristas y, en algunos casos, incluso compitiendo contra listas representativas del kirchnerismo, sostuvieron su supremacía. Si sumamos a esa lista a Santiago del Estero, con el triunfo de un Frente que fue aliado de la administración de CFK, llegamos a la conclusión de que la mayoría de los distritos le siguen siendo esquivos al gobierno pero que Cambiemos se ha alzado o ha logrado “empatar” en los más populosos.
Si hablamos específicamente del kirchnerismo podría decirse que, salvo la sorpresa en Santa Fe, quedó reducido a la figura de Cristina con fuerte epicentro en la tercera sección electoral, la única de las siete en la que pudo imponerse. Sobre ello hay dos grandes lecturas contrapuestas pero plausibles ambas: la más benevolente hacia el kirchnerismo podría indicar que con una parte de la justicia persiguiendo, el poder económico nacional e internacional apoyando, los “fierros mediáticos”, los servicios de inteligencia y las principales cajas del Estado, el establishment no pudo vencer a CFK después de años de desgaste. La segunda lectura es que frente a un gobierno que tuvo una de las peores gestiones que se recuerden, con devaluación salvaje, tarifazos, aumento de la pobreza, inflación acumulada del 65%, crecimiento de la desocupación, escándalos vinculados a la violencia institucional, etc., el kirchnerismo, con su mejor y tal vez, única carta, apenas pudo empatarle a un candidato al que cualquiera elegiría para ganarle. Se dirá que el ataque contra la expresidenta fue furioso y que Bullrich no fue “el candidato” sino que la disputa fue contra Vidal, pero lo cierto es que, Cristina, aun si se confirmara el triunfo, apenas pudo igualar la performance de Aníbal Fernández como candidato a Gobernador en 2015. No es justo comparar elecciones para cargos ejecutivos con elecciones para cargos legislativos pero el voto kirchnerista parece estar afincado en un núcleo duro para el cual resulta indiferente de qué tipo de elección se trata. Es más, es tan duro ese núcleo de votos, con ese piso y ese techo que resultan casi similares, que la estrategia duranbarbizada y pasteurizada de Unidad Ciudadana tampoco funcionó. Dicho más crudamente: con escenario 360°, discursos desideologizados o socialdemocratizados en torno a la condición ciudadana, apuestas a las pequeñas historias de gente común, ocultamiento de La Cámpora y de los referentes “piantavotos”, etc., CFK obtuvo lo mismo que su candidato más demonizado. Y por cierto, el responsable de la merma en los votos no parece ser Randazzo más allá de que parte de la militancia de paladar negro, traidorómetro en mano, quiera encontrar un consuelo allí pues el ex ministro le ha quitado más votos a Massa que a la expresidenta. Si bien no es lineal, cabe observar que el 15% de Massa obtenido ayer más el 5% de Randazzo suman exactamente los 20 puntos que había obtenido el exIntendente de Tigre en las PASO 2015.
De cara al futuro cabe distinguir entre lo inmediato y lo mediato. En este sentido, octubre es lo inmediato y allí no es de esperar que existan grandes virajes en las tendencias de los votos. En todo caso, especialmente en la elección de la Provincia de Buenos Aires, aquella donde volverán a posarse todos los ojos, es posible que haya una tendencia hacia una “balotajización” que termine afectando a Randazzo y a Massa. De ser así, entiendo que el gobierno puede recibir algunos votos más que los que podría recibir CFK, más allá de que balotajización no significa balotaje y es posible que ni Randazzo ni Massa pierdan demasiados votos.
En cuanto a lo mediato, el horizonte del peronismo resulta aún más complejo que ayer. De hecho, podría decirse que el resultado de ayer fue el peor de los resultados posibles. ¿Por qué? Porque el resultado de CFK la dejó en una situación límbica: si hubiera perdido por 7 u 8 puntos era, probablemente, el fin del kirchnerismo; si ganaba por 7 u 8 puntos, hubiera encolumnado a todos los peronistas, incluso los más díscolos. Pero no sucedió ni una cosa ni la otra y nadie puede razonablemente desestimar a una candidata que obtiene 35% de los votos contra toda la estructura del poder fáctico, pero, a su vez, hasta ahora su techo sigue siendo insuficiente para una elección ejecutiva. Por lo tanto: hoy es la mejor candidata pero no alcanza para ganar y obtura cualquier tipo de renovación, máxime cuando la pretendida renovación es un Massa que desde el 2013 no hace más que perder votos, y un Randazzo que no pudo alcanzar los dos dígitos que pretendía.  
En este sentido, de confirmarse este resultado en octubre, el gobierno, sin ser una mayoría apabullante ni mucho menos, consolidará su carácter de primera minoría en las cámaras, tendrá proyección para alzarse con los principales distritos gracias a candidatos propios, instalará que tiene la legitimidad para avanzar con su plan económico y tendrá enfrente a un peronismo más atomizado que nunca. Si el “mundo financiero” continuara apoyando, el peronismo siguiese “trabado”, la voracidad del plan económico de ajuste se moderara y el revanchismo y el triunfo de su ala menos dialoguista y más salvaje se atemperara, es posible que haya Cambiemos para rato con o sin Macri. Pero tratándose de política, hay allí demasiados condicionales.