viernes, 23 de agosto de 2013

Por la bronca del día de ayer (publicado el 22/8/13 en Veintitrés)

Si bien resulta claro que nadie que haya obtenido el doble de votos que su rival puede ser considerado un perdedor, el Frente para la Victoria realizó una performance bastante por debajo de lo esperado en las PASO. Explicar este fenómeno multicausal supone tomar en cuenta variables  no dependientes del gobierno pero también errores propios y no forzados. Si bien será difícil ser original, a continuación, un intento de explicar lo sucedido.
 Comencemos por las variables externas, aquellas que no dependen del gobierno. La primera, de carácter formal, por decirlo de algún modo, es el hecho de enfrentarse a las primarias de una elección de medio término, esto es, elecciones que históricamente promueven una dispersión de los votos amparada en la idea de necesidad de limitar al poder ejecutivo de turno y en la libertad que conlleva la equivocada percepción de que en este tipo de elecciones “no se juega nada”.  Hacer esta aclaración muestra que es necesario comparar esta performance con la de las elecciones de 2009 y no con las de 2011, lo cual mostraría que el resultado sería casi calcado ya que el Frente para la Victoria no ha perforado su piso de alrededor de 30 puntos a nivel nacional. Asimismo, a diferencia de aquella elección, el kirchnerismo no ha jugado todas sus cartas pues, recuérdese, la lista testimonial de aquel año llevaba a Kirchner y a Scioli como líderes. Con todo, también cabe mencionar que aquella elección sucedía un año después del conflicto con el campo y con una crisis internacional que había paralizado el crecimiento. Y, también hay que recordar, aunque resulte menor ante semejantes avatares, Nuevo Encuentro (hoy decididamente dentro del gobierno), con Sabbatella a la cabeza, le había “robado” unos 6 puntos que en ese momento hubieran significado vencer a De Narváez si es que la ciencia política permitiera hacer aritmética rápida.
 Pero en 2013 la economía crece a casi el 5% y no ha habido ningún conflicto que siquiera se le parezca a aquel que tuvo en vilo al país en el año 2008. Esto obliga a buscar otras variables externas y creo que sin caer en una anacrónica lectura acerca del modo en que influyen los medios en la sociedad, es preciso afirmar que el cambio de estrategia del grupo Clarín esta vez sí afectó el caudal electoral del kirchnerismo. Insisto, con esto no quiero decir que el electorado sea presa pasiva de los dictados del marketing mediático pues, de hecho, las corporaciones periodísticas estuvieron contra el gobierno desde 2007 y en 2011 recibieron una paliza electoralmente hablando. Pero el factor Lanata ha sido decisivo en varios aspectos: en primer lugar, se dejó de lado la disputa entre periodismo militante y periodismo independiente para realizar un enfrentamiento abierto en el barro. Me refiero a que Lanata pocas veces reivindica su rol de periodista pulcro. Más bien, en sus raptos de honestidad, reconoce su carácter destructivo sin pretensión de asumir un escalón moral superior al resto. En esta línea, el discurso de Lanata no es el de alguien que busca reivindicar la profesión sino el de aquel que pretende que el discurso opuesto, el de la política, vuelva a caer en el descrédito. Claro que este “efecto Lanata” no podría entenderse sin el potencial reproductivo de las diferentes bocas de expendio de noticias del grupo Clarín, pues Lanata siempre ha hecho más o menos lo mismo: lo que ha cambiado es la maquinaria publicitaria que tiene detrás. Tal maquinaria también ha colonizado los medios alternativos que en un principio estaban en manos de la militancia kirchnerista como espacio contra-hegemónico. Me refiero a la redes sociales y considero que sin este tándem “Lanata mascarón de proa más control de tendencias en redes sociales” no podría explicarse la enorme capacidad de movilización que tuvieron algunos de los cacerolazos que se hicieron durante el último año.
 Como variables ajenas al gobierno y sobre las cuales resultaría difícil encontrar alguna responsabilidad yo agregaría el natural desgaste y una suerte de espantosa comprobación de la desmemoria selectiva de la naturaleza humana. Me refiero a que una buena cantidad de los votos perdidos se explica por una franja de la sociedad que hace 10 años no tenía trabajo y ahora vota a opositores porque cobra más de 10000 pesos y debe pagar ganancias.
 ¿Pero qué ha pasado con las variables dependientes del kirchnerismo,  o, mejor dicho, cuáles han sido los errores que cometió el gobierno para llegar a esta situación? Digamos que tales errores son más fáciles de reconocer con “el diario del lunes” y que no se encuentran en la lista de aquellas cosas que la oposición le pide al gobierno que cambie. No es ni la inflación, ni la inseguridad, dos aspectos indeseables que existen pero que ya existían cuando el gobierno obtuvo el 54%. En cuanto a la inflación, las paritarias siguen cerrándose por encima de los índices que dan los privados y durante el primer semestre el acuerdo de precios logró poner un freno coyuntural. Le queda al gobierno, claro está, intentar reducirla apuntando a los formadores de precios. El tema de la inseguridad, por su parte, no parece haberse agudizado más allá de que seguramente todos hemos sufrido o tenemos un conocido que directa o indirectamente ha sido víctima de algún atentado contra su propiedad.
 La restricción a la compra de dólares, en cambio, es una medida que no estaba presente en 2011 y que ha generado un mal humor desproporcionado en cierta clase media y que el gobierno no ha sabido resolver por torpezas logísticas y comunicacionales. En otras palabras, una medida económica de necesidad acaba siendo deslegitimada por un sistema que, en lo que refiere a la compra de moneda extranjera para viajar al exterior, por ejemplo, supone un maltrato injustificado: hasta una semana antes de viajar el contribuyente no sabe cuánto dinero se le dará y aun dentro de la semana en que le es permitido pedir el dinero a la AFIP el sistema deniega solicitudes sin explicación alguna, lo cual promueve la sensación de discrecionalidad. ¿El kirchnerismo ha perdido votos por ese pequeño porcentaje de clase media que quiere viajar al exterior? No, pero generar un mal humor gratuito no ayuda.           
 Otro elemento “novedoso” fue el accidente de Once, algo que golpeó de lleno al votante popular y que obligó al gobierno, en silencio, a revisar, quizás, el área en la que más problemas y errores cometió en 10 años: el transporte. Con la administración Randazzo las cosas parecen haber cambiado pero aquel accidente resuena todos los días en el espíritu de los miles que viajan en pésimas condiciones en la zona metropolitana. En cuanto a la ruptura con Moyano, otra novedad de los últimos años, considero que ha dañado mucho más al camionero que hoy junto a su hijo se transforman en una caricatura de sí mismos sentados en el diván de La Nación para hablar de “zurdos” y “montos”.
Después podría pensarse si Insaurralde ha sido el candidato adecuado para enfrentar a Massa. No se trata, claro está, de echar culpas, pero no deja de sorprender que para enfrentar a Massa se haya elegido alguien con un perfil similar al del intendente de Tigre, esto es, un intendente joven con un discurso proactivo y no confrontativo diferente al del kirchnerismo de paladar negro. Asimismo, la campaña pareció basarse en lo hecho sin especificar demasiado propuestas de futuro. Tal decisión puede estar justificada en que el kirchnerismo ya tiene bastantes credenciales como para que no le haga falta prometer nada. Sin embargo, también puede que la ciudadanía desee saber qué va a hacer el gobierno en estos próximos dos años.
Por último, algo que no se mencionó demasiado, han sido los errores en el armado territorial. Con esto no me refiero a las broncas que siempre quedan cada vez que se arma una lista, sino al modo en que la decisión de la postulación de Massa tomó por sorpresa a muchos intendentes al punto que varios votantes de la provincia de Buenos Aires cuyo vínculo con la política se realiza a través del referente barrial, creen que votar a Massa es votar al kirchnerismo.

Probablemente existan otros elementos que expliquen la pérdida de votos del Frente para la Victoria y todos los mencionados hayan aportado su granito de arena en mayor o menor medida pero el kirchnerismo debe asumir que la ciudadanía tiene hoy un alto grado de exigencia, algo que sólo puede ser explicado por las conquistas que impulsó y logró el propio kirchnerismo. Esto significa que al gobierno no le va a alcanzar con todo lo hecho porque lo logrado pasó a estar naturalizado y se ha internalizado como un derecho que, encima, en algunos casos, es visto como una conquista por mérito personal. Además, la advertencia de que esto puede cambiar y que hay quienes quieren un retroceso puede no ser suficiente porque hay nuevas generaciones para las que el 2001 es sólo un recuerdo de una foto en la escuela primaria. Es ingrato, pero es así: muchas veces el voto no se decide por el balance de una década sino por la bronca del día de ayer.