jueves, 22 de agosto de 2013

Bestiario político argentino N° 10: Los íncubos (publicado el 16/8/13 en Diario Registrado)

En los tratados de demonología europeos durante la Edad Media se mencionaba a unos espíritus que tenían capacidad de adoptar formas femeninas y/o masculinas para aprovecharse de los seres humanos mientras dormían. Si bien casi siempre se los vinculaba a actividades sexuales, también eran acusados de robar el aliento y generar opresión en el pecho. Cuando estos espíritus se interesaban por un varón adoptaban el cuerpo de una hermosa doncella y se los denominaba súcubos; cuando, en cambio, intentaban poseer a una mujer, estos espíritus se masculinizaban y se los llamaba íncubos. Es más, algunos investigadores afirmaban que cuando estos espíritus deseaban embarazar a una mujer primero adoptaban una forma femenina para copular con un varón y extraer el semen que luego utilizarían, ya en forma de íncubo, con la elegida. Eso sí: dado que solía pasar un lapso importante de tiempo entre su copulación en tanto súcubo y su copulación en tanto íncubo, era fácil reconocerlos pues su pene y su semen eran fríos.
Con la universalización del voto estos espíritus fueron utilizados por partidos y corporaciones no sólo para explicar manchas en sábanas y poluciones nocturnas sino para robar voluntades cerca de cada elección posándose en el pecho de la víctima durante los momentos de sueño profundo. Si bien eran algo toscos al principio y su accionar dejaba una sensación de angustia, molestia toráxica, sed y nudos en la garganta, con los siglos su accionar se ha perfeccionado hasta transformarlos en imperceptibles y se dice que varios presidentes en Argentina han tenido  íncubos de su lado. Por qué estos seres actúan sobre algunas personas y no sobre otras se desconoce pero está claro que su patrón de belleza debe ser amplio y que no discriminan por clase social ni formación, lo cual echa por tierra el mito de que estos espíritus atacan sólo a los pobres y los analfabetos. Con todo, se sabe que los atrae la luz y tienen cierta predilección por aquellas personas que duermen con la televisión prendida.