viernes, 26 de junio de 2026

Cristina (candidata) eterna [editorial de No estoy solo del 27.6.26]

 

Parto de la siguiente base: la causa por la que Cristina está presa está llena de irregularidades y su condena tiene una clara finalidad política. Segundo: aun asumiendo que esto que diré es controversial y que puede, y probablemente deba, haber excepciones, soy de los que prefiere que todo el que quiera presentarse a elecciones pueda hacerlo. Esto incluye a CFK, a Bolsonaro y también incluía a Lula y a Trump, en el caso de que los demócratas hubieran logrado su proscripción. Sí, al momento de la legitimación democrática, soy de los que prefiere que elija la gente antes que 3, 4 o 10 tipos vestidos de jueces que, eventualmente, podrían perseguir otros intereses que los de la Justicia.

 

Repito que discutir esto merecería un artículo entero, pero lo menciono para poder centrarme en lo que ahora parece más importante: la interna del peronismo. 

 

Si bien no es nada nuevo, esta semana parece haberse desatado la disputa más a cielo abierto que nunca, primero con el discurso de Máximo, luego con cruces entre dirigentes en las redes y en la legislatura bonaerense. 

 

Desde el punto de vista electoral no está claro que la interna suponga una merma de votos. Naturalmente uno tiende a pensar que varias listas se quitan votos entre ellas, pero es un error o podría llegar a serlo dependiendo del sistema y el calendario electoral. Para decirlo más fácil: si hay o no PASO será clave. Dado que en general las PASO favorecen a las oposiciones para dirimir sus diferencias, el gobierno tratará de, al menos, suspenderlas. Hay distintos ejemplos, pero recordemos la manera en que las PASO fortalecieron a Macri en 2015 contra la UCR y la Coalición Cívica. ¿Podrían darse 3 o más listas del peronismo y que los que pierdan acompañen? Podría ser e insistimos: la unidad no necesariamente garantiza más votos. Quizás incluso lo contrario porque no permite que jugadores que están a los extremos jueguen adentro y luego estén "obligados" a acompañar. De modo que esperemos cómo decantan las cosas.

 

Ahora bien, si volvemos al caso de la Coalición que llevó a Macri al poder, allí había diferencias ideológicas más o menos marcadas (que luego se fueron diluyendo para devenir una masa amorfa de republicanos espasmódicos) y partidos con estructuras, plataformas, tradiciones, etc. En el caso de la interna que aflora en el peronismo, no hay nada de eso. De hecho, la interna resulta absurda porque todavía nadie puede entender qué es lo que están discutiendo. O algo peor: la interna indigna porque todos nos damos cuenta que lo único que están discutiendo es narcisismo, cargos y poder (en el sentido más de mierda que se pueda definir).

 

El cristinismo parece intentar profundizar su proceso de troskismo autodestructivo que mencionábamos semanas atrás. El que no obedece es traidor pero el que le haga caso a CFK y quiera tomar el bastón de mariscal también, porque parece que para tomarlo hay que pedirle permiso a ella. Es una encerrona trágica: el traidor es el otro y el otro siempre es traidor. En esta dinámica la lealtad solo la garantiza un apellido y la obsecuencia sacrificial infinita. Esto no es nada nuevo, como tampoco es nueva la paradoja: en la medida que el kirchnerismo se va reduciendo hasta la unanimidad del sí mismo, acaba apoyando los candidatos que más se alejan de éste: Scioli, Alberto, Massa. Por este camino el próximo candidato del kirchnerismo será Randazzo.

 

Permítanme una psicologización barata: más que para sacar los votos que le faltan, estos candidatos parecen ser elegidos solo para poder putearlos y, políticamente hablando, para eliminar adversarios internos. Son la excusa perfecta para decir "nosotros no fuimos", "nosotros lo hicimos por la patria, pero ellos nos traicionaron". Claro que mientras la traición se evidencia, nadie renuncia a los cargos, pero ese es otro tema. El kirchnerismo es siempre oposición: cuando está afuera y cuando está adentro del gobierno. Es un producto de estos tiempos de infantilización y victimismo donde nadie se quiere hacer cargo.

 

Por otra parte, escucho, "ideológicamente, el cristinismo, tiene una propuesta alrededor de oponerse a la deuda externa". Claro que tiene razón Máximo cuando se indica que esa deuda es una carga insoportable y es el corsé que nos han legado los gobiernos que decían preocuparse por el superávit. ¿Pero cuál es la propuesta? ¿No pagar la deuda? Podría ser. Incluso se podría citar a Néstor diciendo "los muertos no pagan" y tenía razón. Pero para repetir esa gesta la Argentina tiene que volver a morir o a estar en terapia intensiva, con default mediante como pos 2001. ¿Se tiene conciencia de lo que eso supondría para el país? ¿Somos conscientes de lo que supondría un nuevo default? No me vengan con “no se puede estar peor” porque siempre se puede estar peor. Las irresponsabilidades dejémoslas para el troskismo que no es capaz de organizar un centro de estudiantes. Pero el peronismo es un partido de poder. Eso implica responsabilidad. Y aclarémoslo: ser responsable no es ser conservador ni volver al albertismo del “equilibrio de fuerzas” y del “no puedo”, etc. Se puede ser responsablemente audaz o entender que hay momentos donde la responsabilidad implica ser audaz, pero para eso hay que tener un plan serio. Muchos países tienen deudas importantes y no son defaulteadores seriales como la Argentina. Incluso con deudas, por definición, impagables, lo que hacen es rolearlas, es decir, pedir nueva deuda y patear para adelante. Como país, según el color del gobierno, no se puede pasar intermitentemente de tomar deuda a defaultearla.

 

¿Por qué? Porque, para bien o para mal, hay una continuidad del Estado argentino y las deudas son del Estado y no de los Sturzenneger y Caputos de la vida. Me encantaría que la paguen ellos y no el pueblo argentino, pero el mundo no funciona así tal como lo sabemos desde la escuela secundaria. Una dirigencia responsable tiene que tener imaginación e idoneidad para enfrentar ese desafío. Y si el plan es no pagar para que se alegre la Bregman y te corra por izquierda igual, díganlo, pero, sobre todo, digan qué van a hacer desde el día 1 del default. Quizás tienen una buena idea y sostenible en el tiempo. Yo no la escuché.

 

¿Y Kicillof? Pareciera que ha decidido ser el candidato por decantación, como si supiese que lo van a torpedear, pero al final tendrán que ir a buscarlo. Así que se trata de no hacer olas, resistir los ataques y listo. Si el cristinismo no muestra un plan, el caso de Kicillof es todavía más exasperante. Uno entiende su intento de hacer equilibrio, pero se ha visto esta semana que le tirarán con munición pesada, aun si no hace nada. Hasta lo han acusado de no ir a la casa de Cristina a preguntarle a la compañera cómo se siente.  

 

Por cierto, ¿alguien conoce en qué se diferencia Kicillof de Cristina? Si no es un programa político, ¿es su moral? No es fácil animarse a decir eso incluso si fuese así. Pero, dicho mal y pronto: ¿por qué votarlo a él y no a CFK o a quien ella ponga? Lo cierto es que fue su ministro, estuvo dentro del kirchnerismo todos estos años en lugares de gran responsabilidad, y no tiene una autocrítica para hacer. Ya sabemos que La Cámpora no la tiene, pero, ¿Kicillof tampoco? ¿Por qué se perdió en 2015? ¿Por qué se hizo un gobierno de mierda entre 2019 y 2023? ¿No tiene nada para decir ninguno? ¿El kirchnerismo tenía los votos y cargos por todos lados, pero la debacle es responsabilidad de Alberto Fernández y Guzmán? ¿Kicillof hizo algo mal? Si no fue él, ¿quién fue? Si lo sabe y no lo dice es un problema. Si no lo dice porque no lo sabe, es peor.

 

Pero reformulemos la pregunta: ¿en qué se diferencia Kicillof de La Cámpora? ¿En que no va a la casa de Cristina? ¿Acaso en su forma de hacer política? ¿Cuál es esa forma? ¿Por qué no la dice? No hay canciones nuevas, ni siquiera una estrofa. Son las que sabemos todos desde la década ganada. Y si no es así, que diga por qué votarlo a él sería mejor que votar al candidato de La Cámpora. 

 

Mientras esperamos que se resuelva el sistema electoral, el cristinismo parece haber iniciado un dispositivo de extorsión sentimental: como CFK está presa injustamente, ese tiene que ser el eje de campaña. Se le pide a la gente que no vote por sus intereses sino por CFK. Error garrafal. Salvo el núcleo duro, la gente está podrida y espera que la dirigencia la interpele y le resuelva problemas. De tanto identificar a CFK con el pueblo, su espacio político parece haber reemplazado a éste por ella. De ahí la perplejidad y la pérdida de votos.  

 

Pero hay algo peor: desde el 2015 CFK tiene suficientes votos para bloquear, pero no para ganar, es decir, tiene todos los votos para garantizar una derrota. Cuando alguien quiere ocupar ese espacio, sacan el comodín de CFK para bloquear. (si hasta amenazaron con candidatearla a legisladora provincial, el próximo paso sería el de consejera escolar, porque todo, y especialmente la escuela, es política). Pero el escenario deviene directamente patético cuando impedida legalmente de participar, eligen volver a usarla para taponar cualquier opción. El “Cristina eterna” se transformó en “Cristina (candidata) eterna”. Así, deviene la perpetuidad de una amenaza incumplible, pero amenaza al fin. Con todo, es comprensible: desde hace tiempo, CFK no es candidata contra la oposición sino contra su propio espacio. Nadie puede vencerla puertas adentro y con eso alcanza para controlar la interna. Pero, claro, la interna no es con la gente adentro. Por eso es una interna. 

 

¿Se imaginan, cuando en un 2027 con una eventual crisis económica y con la necesidad de resolver quiénes son los candidatos del peronismo, el espacio plantee CFK candidata (aunque no pueda serlo)? Tras perder 7 de las últimas 9 elecciones, ¿alguien puede pensar que esta podría ser una buena idea?

 

En este nuevo escenario casi mágico de la política, CFK es la candidata imposible, un nombre que su círculo cada vez más endogámico recoge como bandera hacia una potencial nueva derrota. Puede haber sorpresas, pero esto es lo que suele pasar cada vez que el nombre hecho bandera es más importante que todo, incluso más importante que la victoria. 

 

 

No hay comentarios: