Parto de la siguiente base: la causa por la
que Cristina está presa está llena de irregularidades y su condena tiene una
clara finalidad política. Segundo: aun asumiendo que esto que diré es
controversial y que puede, y probablemente deba, haber excepciones, soy de los
que prefiere que todo el que quiera presentarse a elecciones pueda hacerlo.
Esto incluye a CFK, a Bolsonaro y también incluía a Lula y a Trump, en el caso
de que los demócratas hubieran logrado su proscripción. Sí, al momento de la
legitimación democrática, soy de los que prefiere que elija la gente antes que
3, 4 o 10 tipos vestidos de jueces que, eventualmente, podrían perseguir otros
intereses que los de la Justicia.
Repito que discutir esto merecería un
artículo entero, pero lo menciono para poder centrarme en lo que ahora parece
más importante: la interna del peronismo.
Si bien no es nada nuevo, esta semana
parece haberse desatado la disputa más a cielo abierto que nunca, primero con el
discurso de Máximo, luego con cruces entre dirigentes en las redes y en la
legislatura bonaerense.
Desde el punto de vista electoral no está
claro que la interna suponga una merma de votos. Naturalmente uno tiende a
pensar que varias listas se quitan votos entre ellas, pero es un error o podría
llegar a serlo dependiendo del sistema y el calendario electoral. Para decirlo
más fácil: si hay o no PASO será clave. Dado que en general las PASO favorecen
a las oposiciones para dirimir sus diferencias, el gobierno tratará de, al
menos, suspenderlas. Hay distintos ejemplos, pero recordemos la manera en que
las PASO fortalecieron a Macri en 2015 contra la UCR y la Coalición Cívica. ¿Podrían
darse 3 o más listas del peronismo y que los que pierdan acompañen? Podría ser
e insistimos: la unidad no necesariamente garantiza más votos. Quizás incluso
lo contrario porque no permite que jugadores que están a los extremos jueguen
adentro y luego estén "obligados" a acompañar. De modo que esperemos
cómo decantan las cosas.
Ahora bien, si volvemos al caso de la
Coalición que llevó a Macri al poder, allí había diferencias ideológicas más o
menos marcadas (que luego se fueron diluyendo para devenir una masa amorfa de
republicanos espasmódicos) y partidos con estructuras, plataformas,
tradiciones, etc. En el caso de la interna que aflora en el peronismo, no hay
nada de eso. De hecho, la interna resulta absurda porque todavía nadie puede
entender qué es lo que están discutiendo. O algo peor: la interna indigna
porque todos nos damos cuenta que lo único que están discutiendo es narcisismo,
cargos y poder (en el sentido más de mierda que se pueda definir).
El cristinismo parece intentar profundizar
su proceso de troskismo autodestructivo que mencionábamos semanas atrás. El que
no obedece es traidor pero el que le haga caso a CFK y quiera tomar el bastón
de mariscal también, porque parece que para tomarlo hay que pedirle permiso a
ella. Es una encerrona trágica: el traidor es el otro y el otro siempre es
traidor. En esta dinámica la lealtad solo la garantiza un apellido y la
obsecuencia sacrificial infinita. Esto no es nada nuevo, como tampoco es nueva
la paradoja: en la medida que el kirchnerismo se va reduciendo hasta la
unanimidad del sí mismo, acaba apoyando los candidatos que más se alejan de
éste: Scioli, Alberto, Massa. Por este camino el próximo candidato del
kirchnerismo será Randazzo.
Permítanme una psicologización barata: más
que para sacar los votos que le faltan, estos candidatos parecen ser elegidos
solo para poder putearlos y, políticamente hablando, para eliminar adversarios
internos. Son la excusa perfecta para decir "nosotros no fuimos",
"nosotros lo hicimos por la patria, pero ellos nos traicionaron".
Claro que mientras la traición se evidencia, nadie renuncia a los cargos, pero
ese es otro tema. El kirchnerismo es siempre oposición: cuando está afuera y
cuando está adentro del gobierno. Es un producto de estos tiempos de
infantilización y victimismo donde nadie se quiere hacer cargo.
Por otra parte, escucho, "ideológicamente,
el cristinismo, tiene una propuesta alrededor de oponerse a la deuda
externa". Claro que tiene razón Máximo cuando se indica que esa deuda es
una carga insoportable y es el corsé que nos han legado los gobiernos que
decían preocuparse por el superávit. ¿Pero cuál es la propuesta? ¿No pagar la
deuda? Podría ser. Incluso se podría citar a Néstor diciendo "los muertos
no pagan" y tenía razón. Pero para repetir esa gesta la Argentina tiene
que volver a morir o a estar en terapia intensiva, con default mediante como
pos 2001. ¿Se tiene conciencia de lo que eso supondría para el país? ¿Somos
conscientes de lo que supondría un nuevo default? No me vengan con “no se puede
estar peor” porque siempre se puede estar peor. Las irresponsabilidades dejémoslas
para el troskismo que no es capaz de organizar un centro de estudiantes. Pero
el peronismo es un partido de poder. Eso implica responsabilidad. Y
aclarémoslo: ser responsable no es ser conservador ni volver al albertismo del “equilibrio
de fuerzas” y del “no puedo”, etc. Se puede ser responsablemente audaz o
entender que hay momentos donde la responsabilidad implica ser audaz, pero para
eso hay que tener un plan serio. Muchos países tienen deudas importantes y no
son defaulteadores seriales como la Argentina. Incluso con deudas, por
definición, impagables, lo que hacen es rolearlas, es decir, pedir nueva deuda
y patear para adelante. Como país, según el color del gobierno, no se puede
pasar intermitentemente de tomar deuda a defaultearla.
¿Por qué? Porque, para bien o para mal, hay
una continuidad del Estado argentino y las deudas son del Estado y no de los
Sturzenneger y Caputos de la vida. Me encantaría que la paguen ellos y no el
pueblo argentino, pero el mundo no funciona así tal como lo sabemos desde la
escuela secundaria. Una dirigencia responsable tiene que tener imaginación e
idoneidad para enfrentar ese desafío. Y si el plan es no pagar para que se
alegre la Bregman y te corra por izquierda igual, díganlo, pero, sobre todo,
digan qué van a hacer desde el día 1 del default. Quizás tienen una buena idea
y sostenible en el tiempo. Yo no la escuché.
¿Y Kicillof? Pareciera que ha decidido ser
el candidato por decantación, como si supiese que lo van a torpedear, pero al
final tendrán que ir a buscarlo. Así que se trata de no hacer olas, resistir
los ataques y listo. Si el cristinismo no muestra un plan, el caso de Kicillof
es todavía más exasperante. Uno entiende su intento de hacer equilibrio, pero
se ha visto esta semana que le tirarán con munición pesada, aun si no hace
nada. Hasta lo han acusado de no ir a la casa de Cristina a preguntarle a la
compañera cómo se siente.
Por cierto, ¿alguien conoce en qué se
diferencia Kicillof de Cristina? Si no es un programa político, ¿es su moral? No
es fácil animarse a decir eso incluso si fuese así. Pero, dicho mal y pronto:
¿por qué votarlo a él y no a CFK o a quien ella ponga? Lo cierto es que fue su
ministro, estuvo dentro del kirchnerismo todos estos años en lugares de gran
responsabilidad, y no tiene una autocrítica para hacer. Ya sabemos que La
Cámpora no la tiene, pero, ¿Kicillof tampoco? ¿Por qué se perdió en 2015? ¿Por
qué se hizo un gobierno de mierda entre 2019 y 2023? ¿No tiene nada para decir
ninguno? ¿El kirchnerismo tenía los votos y cargos por todos lados, pero la
debacle es responsabilidad de Alberto Fernández y Guzmán? ¿Kicillof hizo algo
mal? Si no fue él, ¿quién fue? Si lo sabe y no lo dice es un problema. Si no lo
dice porque no lo sabe, es peor.
Pero reformulemos la pregunta: ¿en qué se
diferencia Kicillof de La Cámpora? ¿En que no va a la casa de Cristina? ¿Acaso
en su forma de hacer política? ¿Cuál es esa forma? ¿Por qué no la dice? No hay
canciones nuevas, ni siquiera una estrofa. Son las que sabemos todos desde la
década ganada. Y si no es así, que diga por qué votarlo a él sería mejor que
votar al candidato de La Cámpora.
Mientras esperamos que se resuelva el
sistema electoral, el cristinismo parece haber iniciado un dispositivo de
extorsión sentimental: como CFK está presa injustamente, ese tiene que ser el
eje de campaña. Se le pide a la gente que no vote por sus intereses sino por
CFK. Error garrafal. Salvo el núcleo duro, la gente está podrida y espera que la
dirigencia la interpele y le resuelva problemas. De tanto identificar a CFK con
el pueblo, su espacio político parece haber reemplazado a éste por ella. De ahí
la perplejidad y la pérdida de votos.
Pero hay algo peor: desde el 2015 CFK tiene
suficientes votos para bloquear, pero no para ganar, es decir, tiene todos los
votos para garantizar una derrota. Cuando alguien quiere ocupar ese espacio,
sacan el comodín de CFK para bloquear. (si hasta amenazaron con candidatearla a
legisladora provincial, el próximo paso sería el de consejera escolar, porque
todo, y especialmente la escuela, es política). Pero el escenario deviene
directamente patético cuando impedida legalmente de participar, eligen volver a
usarla para taponar cualquier opción. El “Cristina eterna” se transformó en
“Cristina (candidata) eterna”. Así, deviene la perpetuidad de una amenaza
incumplible, pero amenaza al fin. Con todo, es comprensible: desde hace tiempo,
CFK no es candidata contra la oposición sino contra su propio espacio. Nadie
puede vencerla puertas adentro y con eso alcanza para controlar la interna.
Pero, claro, la interna no es con la gente adentro. Por eso es una
interna.
¿Se imaginan, cuando en un 2027 con una
eventual crisis económica y con la necesidad de resolver quiénes son los
candidatos del peronismo, el espacio plantee CFK candidata (aunque no pueda
serlo)? Tras perder 7 de las últimas 9 elecciones, ¿alguien puede pensar que
esta podría ser una buena idea?
En este nuevo escenario casi mágico de la
política, CFK es la candidata imposible, un nombre que su círculo cada vez más
endogámico recoge como bandera hacia una potencial nueva derrota. Puede haber
sorpresas, pero esto es lo que suele pasar cada vez que el nombre hecho bandera
es más importante que todo, incluso más importante que la victoria.
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