martes, 7 de marzo de 2017

El error de buscar nuestro Lanata (editorial del 5/3/17 en No estoy solo)

Una de las grandes paradojas de sociedades que, como las nuestras, presumen de una apertura total de la información y la interacción es que resulta cada vez más difícil evitar los microclimas. Muchos kirchneristas consideran que el actual gobierno está a punto de irse en helicóptero y consumen aquellos medios y comunicadores que les dicen que Macri está a punto de irse en helicóptero. A su vez, muchos macristas creen que todos los males del universo obedecen a oscuros personajes K que bien merecen ser amenazados, perseguidos, encarcelados y vilipendiados tal como se observa en las campañas de los call centers pagados con el dinero de todos y los servicios de inteligencia que hoy alquilan más espacios televisivos que los evangelistas brasileños. Sin embargo, me temo que la realidad, que no está en el medio de estas posiciones ni de nada, es algo más compleja.
Macri no está a punto de irse en helicóptero porque la conflictividad aumenta exponencialmente, algunas denuncias de corrupción empiezan a horadar su imagen, el cinismo negador de sus apariciones no ayuda y el discurso de que lo mejor siempre está por venir, son una realidad pero eso no significa que estemos a un paso de una crisis de tal magnitud que pueda llevarse puesto a un gobierno que sigue gozando del apoyo de sectores del establishment. Es más, si bien el presente muestra que, probablemente, las conquistas de la última década le dificulten al actual gobierno avanzar con, todavía, mayor velocidad en las reformas estructurales que pretende, lo cierto es que la historia reciente muestra que los presidentes que no terminaron su mandato se fueron con escenarios de hiperinflación o con 50% de pobres, 20% de desocupación y los depósitos confiscados, escenarios que, objetivamente, no aparecen en el horizonte inmediato.
Ahora bien, más allá de las dificultades por las que atraviesa el propio gobierno, producto de políticas públicas que afectan a las mayorías y de ineptitudes varias, lo cierto es que el PRO debe enfrentar las próximas elecciones y no posee grandes candidatos para hacerlo en, prácticamente, ninguno de los distritos de peso. Es más, ni siquiera tiene candidato en el principal distrito, aquel donde se juega la elección: la provincia de Buenos Aires. Afirmo esto porque más que nunca, la próxima elección se juega en el terreno de lo simbólico puesto que es de prever que los resultados no arrojarán cambios abruptos en la composición de las cámaras. Esto significa que la lectura política será sobre aquello que suceda en la provincia de Buenos Aires y el carácter legislativo de la elección pasará a un segundo plano. De hecho, recordalo bien, estos comicios serán presentados  casi como una elección presidencial en la que todo quedará reducido a un mano a mano entre las principales espadas de cada uno de los frentes.
En cuanto al FPV la situación no es ni mejor ni más clara. CFK es la candidata que más mide pero allí se plantean varios interrogantes. Si ella es candidata debería sacar más del 40% pues menos de ello, aun ganando, sería visto como un fracaso no solo por los medios oficialistas sino, quizás, por ella misma; y si ella fuese candidata, si bien el peronismo suele encolumnarse detrás del que más mide, lo cierto es que probablemente su presencia determine el armado de las listas y eso profundice el cisma que puede dejar a la deriva a un sector del peronismo al que tampoco le interesa irse con Massa ni con el oficialismo. Recién comenzado marzo, mi intuición, la personalidad y algunos comentarios de la expresidente, me inducen a pensar que probablemente ella no sea la candidata pero lo mantenga en reserva hasta el último momento para poder digitar la lista y poner a sus soldados. Pero, claro está, puedo estar equivocado o pueden cambiar las condiciones. De modo que habrá que esperar.
El tercero en discordia desde hace tiempo es el Frente renovador. El espacio de Massa resistió estoicamente por la “avenida del medio” contra todos los pronósticos y contra la polarización que acaba manifestándose en prácticamente todas las elecciones del planeta, máxime cuando son elecciones que incluyen un balotaje y el voto útil está a la orden del día. Pero Massa no parece ser el conductor que su propio espacio pretendía y tras su acuerdo con Stolbizer probablemente haya dilapidado toda posibilidad de un acuerdo con sectores del peronismo. Es más, buena parte del peronismo que está en las filas de Massa pareciera tener muchas ganas de saltar el cerco apenas escampe la situación respecto al rol que ocupará CFK. Si CFK juega, esos sectores del Frente Renovador probablemente permanezcan allí pero si ella no jugara o se hiciera una gran interna, no descartaría sorpresas.      
En toda elección de medio término, el voto se dispersa. En ese sentido quien diga que el oficialismo ha fracasado porque no ha podido repetir su performance del 2015 tiene mala fe o no ha hecho los análisis comparativos correspondientes. Con todo, más allá de la dispersión natural, el oficialismo va a perder votos porque ha hecho las cosas mal y porque ha desilusionado a un sector de sus votantes. A su vez, muchos de los que lo apoyan lo siguen haciendo por el espanto de lo anterior. En este sentido, el FPV se equivoca si cree que el votante decepcionado con el actual gobierno va a volver a apoyar al proyecto nacional y popular. De hecho, el FPV también se equivoca cuando como estrategia frente a la opinión pública apunta “al denuncismo” como si se tratara de una carrera cuantitativa en la que se juega cuál de los dos frentes tiene más corruptos. Se equivoca el kirchnerismo porque aun cuando quedara en evidencia el carácter corrupto de este gobierno, la conclusión del electorado no será necesariamente un “volvamos a CFK” sino un “son todos lo mismo”. Por eso son ingenuos los que de repente celebran que algunos medios oficialistas comiencen a castigar acciones del macrismo. Son ingenuos porque no se dan cuenta que aun castigando al macrismo esos medios ganan porque el deshilachamiento de Cambiemos deviene antipolítica y no reivindicación de la experiencia de los gobiernos populares. Y si deviene antipolítica, lo que reemplace al macrismo no será ni nacional ni popular sino que estará a la derecha del macrismo si es que ese inasible lugar existe. De hecho, no olvidemos que en 2003, a dos años de la gran crisis del neoliberalismo, casi el 60% de la ciudadanía depositó su voto en Menem, López Murphy y Carrió.

Por todo esto, la expresidente no puede transformarse en una comentadora indignada de noticias por Twitter, y la militancia y la dirigencia del FPV deben dejar de buscar su propio Lanata porque entre Lanatas de un lado y del otro no va a ganar Macri, ni Massa ni CFK: va a ganar el “que se vayan todos”.            

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