martes, 28 de febrero de 2017

El voluntario y el militante (editorial del 25/2/17 en No estoy solo)

Como viene sucediendo los últimos años, a punto de comenzar el mes de marzo, los gobiernos deben enfrentar la paritaria más difícil. Me refiero a la paritaria de los maestros y, en particular, la de los maestros de la Provincia de Buenos Aires. Ahora bien, más allá de que el número de la inflación ofrecido por las estadísticas oficiales durante el kirchnerismo no fueron creíbles desde que se intervino el INDEC, lo cierto es que aun los análisis privados reconocen que las paritarias nunca perdieron contra la inflación y que, en el peor de los casos, algunos años la empataron. Pero en 2017 la situación es dramáticamente distinta porque se comienza a negociar con el antecedente de un año en el que los trabajadores formales perdieron alrededor del 10% del poder adquisitivo. En este sentido, resulta curioso el enorme retroceso porque el gobierno presenta, en el mejor de los casos y como un gesto de generosidad, una cláusula gatillo que automáticamente actualice según la inflación. Esto significa que el mejor arreglo posible es el que iguale a la inflación lo cual es una forma elegante de afirmar que estamos en el techo de la redistribución del ingreso y que debemos celebrar que, por ser año eleccionario, nuestros sueldos no mejorarán pero al menos no volverán a retrasarse como el año pasado.
Más allá de esta introducción, quisiera hacer foco en una particular campaña ocurrida entre el jueves y el viernes de la última semana a partir de la decisión, de los gremios de los maestros, de realizar una huelga los días 6 y 7 de marzo. Se trata de un elemento que resulta sintomático de la disputa cultural por el sentido. Como no me canso de repetir, si bien el kichnerismo hizo de la “batalla cultural” una bandera, es el actual gobierno el que parece decidido a brindarla a pasos agigantados y con enorme éxito pues logró desempolvar ese sentido común liberal y conservador que el kirchnerismo había logrado al menos sosegar por una década. Así, uno de los capítulos más interesantes se dio cuando en las redes sociales, gracias a una estrategia comunicacional de lo que suele conocerse como el “Troll center” de Marcos Peña, esto es, un grupo de twitteros pagos que coordinadamente se ocupan de instalar agendas y, por qué no, también infamias, la categoría más mencionada fue #VoluntarioDocenteNoAlParo
Todo habría comenzado con un señor que se ofrecía a dar clases gratuitas para que, a pesar de la ausencia de maestros, los chicos puedan ir a la escuela. Más allá de que luego se comprobó que ese señor no era un señor cualquiera sino un militante PRO que dio charlas en locales partidarios y que fue parte del Batallón 601 de inteligencia del Ejército, la conjunción de acción coordenada más la ingenuidad de algunas almas bellas hizo que, como suele ocurrir con estas operaciones, los medios tradicionales replicaran y así se diera la retroalimentación perfecta en la cual un montón de zonzos opinan y así logran lo que los instaladores de agenda pretenden, esto es, que, aun para criticar, se hable del tema.  
Se podría hacer un comentario sobre los “rompehuelgas”, aquellos denominados “carneros”, o incluso seguir machacando en el modo en que se instalan determinadas agendas, pero me interesa volver sobre el término “voluntario” porque es un término central en la ideología PRO. Desde mi punto de vista, es tan esencial que es el elegido para disputar sentido contra el término militante. Sin caer en etimologías, la decisión de hacer énfasis en un presunto voluntariado busca trazar límites claros respecto a la experiencia kirchnerista. ¿Por qué? Porque el voluntario es presentado como un ente individual que expresa una racionalidad que guía su voluntad; un hombre libre que elige sin bandería política y desinteresadamente; un ciudadano (del mundo) capaz de suspender el goce de su esfera privada para otorgarle a la comunidad, una ayuda que, por definición, es siempre acotada. Y por sobre todo, el voluntario es blanquito y de clase media y media alta dispuesto a ofrecer su voluntad al necesitado que es morocho y pobre. Presentado así el voluntario es la antítesis del militante expresado, claro, desde el punto de vista de aquellos que desprecian la militancia. Desde esta perspectiva, el militante no tiene voluntad porque su individualidad ha sido absorbida por la ideología o, lo que es peor, por un liderazgo carismático; el militante no es un hombre libre porque tiene una obediencia debida para con su líder y se entrega por completo a su causa algo que, por resultarle inaudito al voluntario, es siempre sospechado de de acto ignorante o prebendario. En este sentido, no se dice que el militante tiene Unidad Básica porque necesita pensarse territorialmente sino que se lo acusa de establecer relaciones clientelares al tiempo que ensalza al voluntario, esto es, aquel que no tiene espacio físico y solo cede a cuenta gotas algo de su tiempo en el territorio de los “otros”, los no voluntarios o aquellos cuya voluntad habría sido cooptada por los que lucran con su necesidad.

Sin embargo, lo que esta presentación grosera y viciada con todos los prejuicios que hemos sabido conseguir omite, es que el contraste para nada sutil entre unos y otros radica en que el militante busca transformar y en esa transformación expone la tensión de un equilibrio de fuerzas que el voluntario no problematiza. De aquí que este último no busque transformar sino mantener lo que hay. Lo digo de otra manera: no pretendo hacer aquí una defensa cerrada de la militancia y quienes siguen mis columnas sabrán que he llamado la atención respecto de verticalismos, burocracias, vicios, posiciones acríticas y un déficit formativo alarmante incluso en los espacios con los que me siento más identificado; menos aún estas palabras pretender ofender a quien voluntariamente y de buena fe ayuda a un desvalido, pero incluso aun cuando muchas veces la acción de unos y otros puede solaparse, debemos poder identificar la diferencia entre quien lleva ropa a los pobres y es solidario con ellos y el que lleva ropa a los pobres, es solidario y además se pregunta por qué son pobres y qué hacer para que dejen de serlo.