miércoles, 15 de febrero de 2017

Ni empoderados ni Macri gato (editorial de 11/2/17 en No estoy solo)

En días en que asistimos a una desmadrada guerra sucia de espías en connivencia con sectores de la justicia y un periodismo que sin ningún empacho es capaz de publicar ilegalmente escuchas tanto legales como ilegales, la problemática de la comunicación vuelve a estar en el centro de la agenda, como ha sucedido tantas veces desde el momento en que comenzó el conflicto entre el kirchnerismo y el grupo Clarín. Excede los límites de esta nota indagar en la política comunicacional del kirchnerismo y en las diversas etapas por las que ésta atravesó. Con todo, me quiero centrar en la importancia que tuvo la propia CFK en la comunicación de su espacio, algo que se expresaba en sus apariciones públicas, fueran o no a través de cadenas nacionales.  La expresidenta es, sin dudas, de las mejores oradoras que ha tenido este país. Los tonos, la terminología, los énfasis, la ironía y la formación cultural, la constituyen, te guste o no su gobierno, en lo que podría considerarse una estadista. Me parece que eso es inobjetable aun para el más acérrimo de los antikirchneristas. A su vez inauguró una nueva forma de comunicar que también ha sido utilizada por líderes carismáticos de la región que tuvieron enfrentamientos igualmente duros con la prensa del establishment, como Chávez o Correa. La razón es bastante simple: al poner en tela de juicio el pretendido rol de transparencia o de canal fidedigno de la prensa tradicional, la relación entre el líder y el pueblo debe ser directa. En este sentido, más allá de un uso por momentos abusivo, la utilización de las cadenas nacionales era la única manera de garantizar que el mensaje llegara a la ciudadanía sin el recorte sesgado del medio que lo reprodujera. También en esta línea, la utilización de las redes sociales, no solo por parte de la expresidenta sino, en general, por los famosos o personajes más o menos públicos con deseos de comunicar, se transformó en una herramienta a través de la cual el emisor puede expresarse sin la necesidad de que un medio le preste micrófono. En los primeros años de alcance masivo de las redes, 2009, 2010, 2011 aproximadamente, la militancia kirchnerista se apropió de ese espacio casi como un bálsamo en un contexto en que ya resultaba evidente la capacidad de invisibilización de agenda alternativa que tenían los medios dominantes. Tal apropiación se hizo desordenadamente, por prepotencia de trabajo individual y sin una línea clara, de modo que a partir del 2012, siempre aproximadamente, claro, la balanza se fue equilibrando para rápidamente desbalancearse a favor de un antikirchnerismo de call center con inteligentes estrategias comunicacionales y una retroalimentación con la agenda de los medios tradicionales. Eso no quiere decir que el control de esos espacios sea total ni que no pueda colarse en los intersticios una contraagenda, pero, en general, en esas batallas diarias que suelen darse por la imposición de los temas, gana el actual oficialismo porque en las redes gana el que confunde.
Tras su salida de la administración, la expresidenta, que, como decíamos antes y por buenas razones, por cierto, no fue amiga de los reportajes ni las conferencias de prensa, apenas si brindó alguna entrevista y sus apariciones públicas fueron en actos o a través de sus redes sociales. Misma línea sigue “la fuerza propia” de La Cámpora, con la excepción de Axel Kicillof y esporádicamente Andrés Larroque. Yo sigo siendo enemigo de someterse a los programas de debates donde siempre gana el periodista pues es el que aparece como moderado y neutral frente a dos posiciones antagónicas, pero resulta incomprensible la aversión a comunicar a través de los medios que tiene parte del kirchnerismo duro. Insisto en que no estoy proponiendo ser parte del circo pero la política en la actualidad es telepolítica también y quien quiera ser una figura de alcance nacional debe tener una estrategia respecto a cómo se maneja en los medios, estrategia que no puede ser simplemente “no aparecer”.
En este mismo sentido, creo que la expresidenta se equivoca y se desdibuja cuando se transforma en una comentarista de la realidad a través de las redes sociales compartiendo notas de diarios, haciendo denuncias en 140 caracteres o subiendo videos a Youtube. Desconozco si es una decisión propia o un mal asesoramiento pero su estatura de líder, el lugar que ya ocupa en la historia y los millones de argentinos que hoy pasan necesidades que no pasaban en 2015, ameritan otro tipo de posicionamiento.
Yo no tengo la clave ni sé cómo hacerlo pero lo cierto es que tampoco tengo la responsabilidad de saberlo. Con todo, me resisto a pensar que tras 12 años de kirchnerismo, no exista un aprendizaje en lo que a comunicación refiere. No solo en cuanto se apostó a empresarios que dejaron en la calle a decenas de trabajadores apenas algunos días después de asumido Macri, en un desenlace que era bastante predecible; sino que hoy en día no parece haber ninguna línea comunicacional clara, de modo que la militancia acaba haciendo lo mismo que hace el antikirchnerismo furioso: compartir notas en redes sociales que confirmen sus prejuicios. Asimismo, se celebra el periodismo denuncista, siempre y cuando denuncie a Macri, y se le otorga estatura de héroe a cualquier comunicador que putee al gobierno o pontifique como si la militancia kirchnerista estuviera buscando un “Lanata propio”. Por último, considero que Milagro Sala es una presa política pero también considero que si la única bandera del kirchnerismo va a ser “en la Argentina hay presos políticos”, lamentablemente, solo se podrá conmover a un sector minoritario de la sociedad: el espacio progresista urbano. Es doloroso afirmar esto en un país que ha sufrido la persecución política, la tortura y la desaparición pero el electorado argentino es más amplio que el público que, como yo, cree que Página 12 es el diario más respetable y el más interesante para leer.
Es injusto pedirle algo a alguien que, como Cristina, ha hecho tanto por el país. Pero al resto de los argentinos, a aquellos que compartimos un proyecto de país más inclusivo, la historia nos demanda una lectura crítica, incluso de los aciertos, y, por sobre todo, un rol menos pasivo. Pues si se quiere ganar una elección no alcanza con ser joven y portar una remera de Néstor. Y menos aún alcanza con afirmar, en Facebook, “¡Macri gato, el pueblo está empoderado!”.               


No hay comentarios: