domingo, 20 de octubre de 2013

Un kirchnerista defensor del periodismo militante (publicado el 16/10/13 en Veintitrés)

Adivina, adivinador: ¿a quién pertenece este fragmento?
“Hablar de la prensa es hablar de la política, del gobierno, de la vida misma de la República, pues la prensa es su expresión, su agente, su órgano. Si la prensa es un poder público, la causa de la libertad se interesa en que ese poder sea contrapesado por sí mismo. Toda dictadura, todo despotismo, aunque sea el de la prensa, son aciagos a la prosperidad de la República”.
Alguien que diga que puede haber una dictadura de la prensa debe ser contemporáneo y, en caso de ser argentino, seguramente, es un kirchnerista fundamentalista pues ha vinculado la prensa a la política. Le daré otro fragmento mientras imagina de quién se trata:
“¿Se ocuparía hoy la prensa de lo mismo que se ocupó durante los últimos quince años? No ciertamente: eso sería ir contra el país, y contra el interés nuevo y actual del país. El escritor liberal que repitiese hoy el tono, los medios, los tópicos que empleaba (…) se llevaría chasco, quedaría aislado y sólo escribiría para no ser leído”.
Evidentemente es un kirchnerista de paladar negro, alguien que quiere “un diario de Yrigoyen” y no se da cuenta de la importancia que tienen los medios independientes si es que deseamos vivir en una democracia armónica que incluya todas las miradas. Por cierto, además, está preso de una retórica anacrónica, setentista, diría yo, que todavía divide al mundo en derechas e izquierdas, o, liberales y populares. Con algunos fragmentos más se develará el misterio:
“Desgraciadamente, la tiranía que hizo necesaria una prensa de guerra ha durado tanto que ha tenido tiempo de formar una educación entera en sus sostenedores y en sus enemigos. Los que han peleado por diez o quince años han acabado por no saber hacer otra cosa que pelear” (…) “El soldado licenciado de la vieja prensa vuelve con dolor su vista a los tiempos de la gloriosa guerra. La posibilidad de su renovación es un dorado ensueño. De buena gana repondría diez veces al enemigo caído, para tener gusto de reportar otras diez glorias en destruirlo. Pelear, destruir, no es trabajo en él; es hábito, es placer, es gloria. Es además oficio que da de vivir como otro; es devoción fiel al antiguo oficio; es vocación invencible otras veces: es toda una educación finalmente”.
Sin dudas es alguien que tiene una mirada muy crítica sobre el periodismo, lo cual, necesariamente lleva a pensar que no debe publicar en medios tradicionales. Menos aún lo imagino como un referente o alguien frecuentemente citado como podría ser un prócer o un hombre determinante en la formación institucional de nuestro país. Pues tiene el desparpajo paranoide de suponer que el periodismo inventa enemigos cuando eso es propiedad de la política que divide a los argentinos. Seguramente, entonces, se debe tratar de un outsider de esos que tienen espacio en blogs o en medios paraoficiales solventados con el dinero de todos. Además parece hablar con una soberbia típica de esos chicos de La Cámpora cuando parece posicionarse en el futuro para afirmar que los periodistas que han peleado siempre no saben hacer otra cosa que pelear. Como si se ubicase más allá del 2015 en un país donde no sabemos qué pasará mañana y lo mejor que podemos hacer es aguardar escondidos debajo de la cama. Seguramente con algunos párrafos más todo quedará aclarado:
“La prensa que subleva a las poblaciones argentinas contra su autoridad de ayer, haciéndoles creer que es posible acabar en un día con esa entidad indefinible y pretende que con sólo destruir a este o aquel jefe es posible realizar la República representativa desde el día de su caída, es una prensa de mentira, de ignorancia y de mala fe: prensa del vandalaje y de desquicio, a pesar de sus colores y sus nombres de civilización” (…) “¿Qué piensa hacer la vieja prensa en ese tiempo? ¿Piensa emplear las mismas armas (…)? ¿Piensa siempre llamar “venal”, “corrompido”, “servil” al escritor o al orador que por desgracia no vea las cosas como las ve el antiguo combatiente (…)?
Se va armando un perfil claro me parece: kirchnerista de paladar negro, anacrónico, outsider, quizás bloggero a sueldo, camporista y probablemente periodista de 678 ofendido porque le dicen “venal” ante la insólita defensa de lo indefendible a las que nos tienen acostumbrados. Es demasiado lineal para ser verdad pero créame que no es un invento mío y que esta nota no terminará con usted sumido en el engaño mientras le confieso que los fragmentos son apócrifos. Le doy una oportunidad más.
“En las edades y países de caudillaje, hay caudillos en todos los terrenos. Los tiene la prensa lo mismo que la política. La tiranía, es decir, la violencia está en todos, porque en todos falta el hábito de someterse a la regla” (…) “La prensa, como elemento y poder político, engendra aspiraciones lo mismo que la espada; pero en nuestras poblaciones incultas, automáticas y destituidas de desarrollo intelectual, la prensa que todo lo prepara, nada realiza en provecho de sus hombres, y sólo allana el triunfo de la espada”.
Entramos en el terreno de lo inaudito. Esto parece ya una diatriba contra el diario La Nación. O aún peor, parece escrito por Guillermo Moreno. Falta que diga que el diario Clarín y sus periodistas defensores tienen las manos manchadas con sangre. ¿La pluma justificando la espada? A lo sumo puede haber ocurrido en otro país pero lo dudo. Finalmente el periodismo será crítico del poder o sólo será propaganda. Ahora sí, aunque no sé si vale la pena seguir leyendo a este caballero, le agrego los últimos fragmentos.
“Tenemos la costumbre de mirar la prensa como terreno primitivo de la libertad y a menudo es refugio de las mayores  tiranías, campo de indisciplina, de violencia  y de asaltos  vandálicos contra todas las leyes del deber. La prensa, como espejo que refleja la sociedad de que es expresión, presenta todos los defectos políticos de sus hombres”. (…) “[El periodista] Predica el europeísmo y hace de él un arma de guerra contra los caudillos de espada; pero no toma para sí el tono y las costumbres europeas del Times o el Diario de Debates parisiense en la impugnación y el ataque. Defiende las garantías privadas contra los ataques del sable, pero olvida que el hogar puede ser violado por la pluma. Estigmatiza al gaucho que hace maneas con la piel del hombre, y él saca pellejo a su rival político con pretexto de criticarlo”.       
Lo que faltaba: criticar por cipayo al periodista que lo único que hace es denunciar al poder, y enojarse indirectamente con la sociedad civil afirmando que la prensa es su espejo. Si todavía no sabemos de quién se trata sí se puede inferir que esto debe estar escrito por un kirchnerista enojado después de las PASO y muestra la reacción de quien le da la espalda a la sociedad y la culpa por no darse cuenta de a quién vota.   
En fin, se acaba el espacio y usted está ansioso. Observo el título del libro del que fueron extraídos estos fragmentos y dice Cartas Quillotanas. Publicado en 1853. ¿Su autor? Un kirchnerista defensor del periodismo militante llamado Juan Bautista Alberdi.