martes, 17 de julio de 2018

La crisis de Macri (que puede beneficiar a Macri) [editorial del 15/7/18 en No estoy solo]


Tras la consolidación en las elecciones del año 2017 resultaba inimaginable que nueve meses después el gobierno atravesara una crisis económica y política como la que padece. Y si bien nadie está en condiciones de afirmar que tal crisis sea terminal o asegure una derrota en 2019, lo cierto es que la administración de Cambiemos está en esos momentos en los que la distancia con la realidad social parece enorme y cada acción, cada intervención pública del presidente o de algunos de sus referentes, resulta dañina para el propio gobierno. No hay una medida objetiva para determinar cuántos errores o qué tiene que ocurrir para que a un gobierno blindado, como se dice en la jerga, comiencen a “entrarle las balas”, pero hay distintos factores que alteran el humor social, eso que el gobierno llamaría la “confianza” y, de la mano de ella, las expectativas.
No tiene sentido hacer un resumen exhaustivo pero en algo más de 200 días el gobierno tuvo miles y miles de personas manifestándose contra el índice que modificaba los aumentos a jubilados, una devaluación de la moneda del 50%, un crecimiento exponencial de la deuda y la renuncia de varios ministros. A su vez el debate sobre el aborto generó una enorme grieta en su propio bando, tiene en su aliada, Elisa Carrió, a una bomba de tiempo que no sabemos si hace más daño cuando es coherente o cuando raya la inimputabilidad, y la “bola de nieve” de las lebacs la está resolviendo de la peor manera, es decir, intercambiando deuda en pesos por deuda en dólares. Esto marca la recta final de un proceso que se advertía inexorable pero que evidentemente se aceleró de manera vertiginosa y solo gracias a la decisión política del centro del poder financiero del mundo se mantiene en pie. El problema es que ese apoyo no es eterno y la Argentina lo sabe.
Sin embargo, quisiera advertir un efecto paradójico de la situación actual. Me refiero a que esta crisis que evidentemente afecta las aspiraciones de reelección de la actual administración también puede favorecer electoralmente al gobierno. Más precisamente, después de octubre de 2017, la oposición pareció tomar nota de que la única manera de plantear una opción competitiva era con una propuesta de unidad. Si eso se va a lograr es otro asunto pero todos coincidían en que probablemente Cambiemos gobernaría hasta 2023 y que solo con un peronismo unido había alguna remota posibilidad de incomodar una marcha que parecía firme. En cambio ahora, con un gobierno debilitado y con encuestas que ya afirman que es muy difícil que pueda imponerse en primera vuelta, esos fragmentos de oposición que comprendían que debían unirse ante el espanto, sacan cuentas y especulan con la posibilidad de jugar su suerte por separado. Es la tentación del balotaje y la experiencia más cercana la tuvimos cuando el macrismo demostró que su estrategia de no aliarse a Massa, contra todas las presiones del establishment vernáculo, fue la correcta.
Es el FPV quien más parece abrazarse a esta opción aunque nunca pareció tener una estrategia distinta, ni siquiera en los mejores momentos del macrismo. En otras palabras, el kirchnerismo especuló con que manteniendo los votos propios se garantizaba ser la oposición más votada. No le alcanzaba para conformar una mayoría pero con esa minoría intensa resguardaba una cuota de poder a la espera de que el tornado amarillo que todo lo arrasaba devenga, como dirían en Palermo, “suave brisa de brotes verdes sobre colchón de desocupados”.
Si bien el kirchnerismo no se ha caracterizado por su eficiencia en los diagnósticos y, menos aún, en sus construcciones electorales al menos durante las dos administraciones de CFK, con un Macri desgastado encontrará muy pocas razones para abrirse a un gran acuerdo panperonista porque esos votos, se supone, claro, en un balotaje frente a Macri, acabarían yendo hacia CFK. Aclaro el “se supone” porque tanto en 2015 como en el 2017, los votantes de la ancha avenida del medio tuvieron mayoritariamente la luz de giro hacia la derecha.
Pero en todo caso, ese eventual balotaje sería un gran juego del desgaste y una pelea, ya no por la seducción positiva, sino por la suavización de la imagen negativa de Macri y CFK. ¿Quién estará más desgastado? ¿El Macri de una pobrísima gestión o la CFK que cargará sobre sí con el desgaste de su gobierno (curiosamente presente al día de hoy en los comentarios de referentes oficialistas en el gobierno y en los medios), y la violentísima campaña que se espera en la medida en que se agigante la posibilidad de su regreso al gobierno?
Por otra parte, aunque en este panorama resulte remoto, incluso el peronismo no K, que parecía obligado a tener que jugar una interna dentro del peronismo y ser vencido por el kirchnerismo o jugar solo y ser funcional al macrismo, encuentra en esta debilidad del gobierno una esperanza. El desafío que tienen, claro está, es inverso al que tiene CFK pues lo más difícil para el peronismo de Massa, Urtubey, Pichetto y algunos gobernadores, es llegar a segunda a vuelta. Eso sí: de llegar a esa segunda vuelta contra Macri, es prácticamente seguro que con cualquier candidato vencerían a Cambiemos por la sencilla razón de que todos los votos del kirchnerismo irían allí aun cuando muchos electores lo hagan tapándose la nariz. Para muestra de ello está el balotaje de la ciudad entre Rodríguez Larreta y Lousteau en el que prácticamente la totalidad de los votos que había obtenido el candidato K fueron al ex ministro de economía incluso cuando el propio candidato K, Mariano Recalde, había manifestado que votaría en blanco.            
Para el gobierno se trata de llegar, como se pueda, y que enfrente esté una CFK con alta imagen negativa. Para el kirchnerismo, mantener el núcleo duro para llegar a segunda vuelta y especular con que la ancha avenida del medio vote más con el bolsillo que con la ideología; y para el peronismo no k, se trata de llegar a segunda vuelta contra el gobierno, pues en esa instancia el triunfo estaría casi asegurado, aunque, claro, les va a resultar difícil llegar allí.
Si lo dicho aquí es correcto, el escenario que viene será bastante curioso pues cuanto más débil esté Macri más difícil será que el peronismo pueda alcanzar la unidad. Así, paradójicamente, la crisis de Macri puede terminar beneficiando a una sola persona. Ni más ni menos que al propio Macri.  
 


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