martes, 9 de mayo de 2017

2 por 1: el brote verde cultural (editorial del 7/5/2017 en No estoy solo)

Algunas semanas atrás, en este mismo espacio, les decía que, paradójicamente, el gobierno que pregonó por un “Pacto de La Moncloa Argentino”, había roto quizás el único acuerdo básico fundamental del último período democrático. Me refiero a la política de Memoria, Verdad y Justicia. Así, de repente, aparecieron negacionistas y todas las variantes de aggiornadas versiones de los dos demonios en tribunas afines y en boca incluso de funcionarios de alto rango a los que no se les pidió la renuncia tras esas expresiones. Lo que estuvo saldado por la justicia está nuevamente sometido a debate en una opinión pública que baila el ritmo de las redes sociales y del “opinionismo radical”.
El último fallo de la Corte, otorgando el 2 por 1 a un represor, no es obra del Poder Ejecutivo pero es un fallo que solo puede entenderse en un clima de época, más allá de que no resulta menor indicar que dos de los tres votos fueron de los Ministros de la Corte impulsados desde el Ejecutivo. Esto demuestra, además, hasta qué punto el Poder Judicial es un espacio muy poco neutral, independientemente de que se quiera presentar a algunos de sus miembros como superhéroes, y cómo el derecho es una disciplina en la que existen enormes márgenes de interpretación cada vez más expuestos a las presiones mediáticas cuando de temas sensibles se trata.
El repudiable fallo ha logrado el enérgico rechazo de sectores de izquierda, centro y centro izquierda de nuestro país, y existe una enorme tentación a suponer que tal rechazo es prácticamente unánime. Sin embargo, tomando en cuenta que la radicalización ideológica del macrismo quizás no sea simplemente producto del desgaste sino también una puerta abierta por sus estudios de focus group, cabe preguntarse si un gobierno empeñado en dar una batalla cultural desde el primer día, no está frente a su primer triunfo.
Lo diré de otra manera: ¿y si resultara que una porción cada vez más grande de la población está de acuerdo en olvidar el pasado desde una vacía noción de “reconociliación” y considera que el peronismo es el problema de este país, que los sindicalistas son todos ladrones, que los docentes no laburan, que hay que reprimir la protesta, tener mano dura con los delincuentes y que todo lo que sea estatal huele a prebendas y a clientelismo? Si efectivamente fuera así, habría que parafrasear a Alfonsín y afirmar que si la sociedad se estuviera derechizando, más que derechizarnos, lo que habría que hacer es prepararse para perder elecciones. Sin embargo, al menos por ahora, no creo que existan mayorías intensas en las que ese discurso pueda penetrar como tampoco creo que se puedan ganar elecciones con la agenda del paginadocesismo en la que se encuentran sumergidos ciertos sectores del progresismo kirchnerista. Con todo, como alguna vez indicara aquí, este gobierno ha sido muy eficaz para hacer aflorar un sentido común con perfume protofascista que el kirchnerismo había logrado aletargar pues si bien no lo había podido erradicar, al menos le hizo sentir algo de culpa y, por las dudas, lo arrinconó con el nuevo léxico progresista, léxico de lo políticamente correcto, de lo que podemos y de lo que no podemos decir.    
De modo que frente a este fallo cabe la indignación y cabe el repudio pero también hace falta asomar la nariz un poquito más allá del microclima. Porque este gobierno ha sido más exitoso en lo cultural que en lo económico. Es más, podría decirse que en lo económico ni siquiera ha podido cumplir con las metas de un proyecto liberal. Pero en lo cultural avanzó a pasos agigantados. No advertir eso y seguir pescando en la pecera puede ser un error político y comunicacional garrafal.     
Por todo esto, temo que nos hayan engañado y mientras seguimos con la atención puesta en la salida de la recesión y el crecimiento vertiginoso de la deuda, los brotes verdes que espera el gobierno se vean más temprano en su hegemonía cultural que en un exitoso plan económico.
      


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