viernes, 8 de julio de 2016

La conducción y los empoderados (publicado el 7/7/16 en Veintitrés)

El último domingo, la expresidenta CFK brindó su primer reportaje tras la finalización de su administración en el gobierno. Lo hizo en el canal C5N, en el programa de Roberto Navarro, y con ello culminó una etapa de casi siete meses en los que las comunicaciones oficiales de la conductora del FPV se habían realizado a través de las redes sociales (con la excepción de aquel recordado acto de abril, bajo la lluvia, frente a Comodoro Py). En este caso fue una charla telefónica, lo cual no parece la mejor decisión comunicacionalmente hablando pues en la Televisión hace falta imagen y en política también. Que haya sido “en vivo” fue mejor que haya sido grabado pero la presencia de su figura, sus gestos y sus modos hubieran tenido un impacto enormemente mayor. Desconozco si fue una decisión propia o de sus asesores pero podría haber sido una buena oportunidad para mostrarse. De hecho, como se indicara en esta misma columna la semana pasada, el tipo de liderazgo que construyó CFK ameritaría una presencia mayor desde lo comunicacional y desde lo político. En otras palabras, la expresidente forjó un liderazgo fuertemente paternalista y totalizante comparable con los de grandes figuras de nuestra historia y, en ese sentido, es natural la sensación de orfandad y vacío que supone su decisión de “retiro” de la vida pública. De hecho el hashtag #VuelveCristina, más que una definición política, parece un ejercicio de porteñocentrismo pues ¿cuál es el sentido de este “Vuelve” si no se había ido a ningún lado? El “Vuelve” tenía sentido con un Perón proscripto y fuera del país pero CFK no se fue del país sino que, solamente, se fue de la Ciudad de Buenos Aires para dirigirse al lugar en el que vive desde hace décadas pero que, vale aclararlo, queda dentro de la Argentina. En todo caso el verdadero #VuelveCristina se daría en el momento en que la expresidente decidiera retomar activamente el rol de liderazgo de un espacio que recibe una persecución mediático-judicial sin antecedentes en tiempos de democracia.     
Durante la entrevista no hubo definiciones ni diagnósticos novedosos políticamente hablando. En todo caso, los “títulos” fueron el pedido de una auditoría sobre toda la obra pública, el duro golpe que resultó la “escena López”, la denuncia de una persecución judicial y política en su contra y las aclaraciones en torno a su relación con Báez.
Sin embargo, cuando se le preguntó respecto de su futuro político y de la idea de “ponerse al frente” de la oposición, CFK fue evasiva y continuó con su idea de “empoderamiento ciudadano” horizontal y alejado de cualquier tipo de liderazgo vanguardista.   
Dicho esto, la pregunta que sigue sobrevolando y que muchos esperábamos que fuera respondida en el reportaje, es cuál será el futuro político de CFK o al menos cuál es su plan para el corto y el mediano plazo. En este punto, considero que las hipótesis al respecto debieran basarse no solo en el clima de época y el vértigo del cambio en el escenario político sino en la trayectoria, llamemos, “ideológica” de la propia CFK.
En este sentido, bien cabe trazar algunas continuidades que en esta revista supimos delinear cuando en el acto antes mencionado la expresidente lanzó la idea del “Frente ciudadano”.
En aquel momento señalábamos que la categoría de “ciudadano” pertenecía más a una tradición socialdemócrata que a una tradición nacional y popular, lo cual, por cierto, a priori no tiene nada de malo. Incluso señalábamos que tal categoría estaba emparentada con la idea de “empoderamiento” que CFK comenzó a utilizar en su último año de mandato y que resuena mucho a la horizontalidad pregonada por el PODEMOS español.   
Y a su vez, indicábamos que sin renegar del peronismo, en CFK la impronta socialdemócrata y republicana aparece con fuerza también en su política de DDHH y en, mal que les pese a muchos, el carácter fuertemente institucionalista ganado, probablemente, en sus años de legisladora. Insisto con esto: más allá del “relato” liberal que reemplazó al fantasma comunista por el fantasma populista y lo representa como una suerte de monstruo antirepublicano y demagogo, CFK ha demostrado en varios aspectos una perspectiva mucho más institucionalista que la de Cambiemos y que la de muchos miembros de su propio frente. Por citar algunos ejemplos, frente a la pornográfica acumulación de vetos y al abuso de los decretos realizados por el PRO en Ciudad y en Nación, piénsese cómo el kirchnerismo llevó al Congreso la resolución 125 o la llamada “Ley de Medios”, y cómo esperó pacientemente que el poder judicial se expidiera sobre esta última a tal punto que el Grupo Clarín obtuvo el tiempo necesario para no acatarla nunca.                    
Para finalizar y suponiendo que el análisis aquí realizado es el correcto: ¿Cómo se compatibiliza un liderazgo fuerte y verticalista como el de CFK con el llamado a un empoderamiento ciudadano horizontal? ¿Este llamado supone una renuncia al tipo de construcción propio del peronismo? Y a su vez, ¿el empoderamiento es un momento superador en una especie de dialéctica de un proyecto nacional que solo necesita verticalismo y liderazgos hasta que el pueblo y los sujetos de forma individual alcancen la autonomía o es lo que impone la circunstancia en la coyuntura particular en la que la conductora, por diversas razones, no quiere ejercer esa conducción, no hay nadie capaz de reemplazarla y se espera la aparición de un nuevo liderazgo?
Lo siento, pero se trata de preguntas que, al menos hoy, no le puedo responder.