viernes, 18 de abril de 2014

Laclau: citas y tergiversaciones (publicado el 17/4/14 en Veintitrés)

A los 78 años falleció el profesor argentino Ernesto Laclau, referente de la teoría política a nivel mundial. Residía en Inglaterra desde 1969 y poco después se transformó en docente e investigador de la Universidad de Essex. En los últimos años, sus viajes a la Argentina se hicieron asiduos con la finalidad de dictar conferencias y cursos, y fue nombrado director honorario del Centro de Estudios del Discurso y las Identidades Sociopolíticas en la Universidad San Martín, espacio en el que pudieron desarrollarse varios de sus discípulos.
Pero no es mi intención hacer un obituario pues habrá muchos y muy buenos, ni tampoco una suerte de resumen de su trayectoria intelectual o del desarrollo de sus principales categorías. Esto también abundará y, en buenas manos, resultará una invitación a adentrarse en un pensamiento complejo que no es de fácil acceso.
Lo que quisiera es detenerme en el último de sus libros importantes, publicado en 2005: La razón populista. El motivo es que en este texto, Laclau realiza la temeraria tarea de indagar el sentido del siempre vilipendiado “populismo” para arribar a conclusiones que se alejan enormemente del sentido tradicional del término. El éxito en tal tarea y el optimismo con que el académico abrazó las causas de los gobiernos populares latinoamericanos en estos últimos años, defendiendo, incluso, la sacrílega idea de reelección indefinida que tanto escozor genera en algunos circuitos, hizo que se transformara en, quizás, el intelectual más citado y más tergiversado entre políticos y medios opositores. Incluso se llegó a decir que los Kirchner estructuraron su política después de leer a Laclau y que éste era de consulta permanente en la Casa Rosada, algo indudablemente falso.
Laclau definió al populismo como un modo de construcción de lo político y con esto se alejó de la interpretación estándar que se hace de este término en las discusiones públicas donde el término populista siempre tiene connotaciones negativas. Tales connotaciones se apoyan en la idea de que un gobierno populista sería aquel que demagógicamente trata de granjearse el apoyo popular dándole al pueblo lo que el pueblo quiere aun cuando la satisfacción de este deseo sea, a la larga, perjudicial para sí mismo.
En ejemplos cotidianos, muchos han llamado populista a la decisión de la administración kirchnerista de avanzar con diferentes planes sociales pues se dice que el gobierno favorece a sectores populares sólo para mantener con ellos una relación clientelar que en el mediano y largo plazo será perjudicial para los hoy beneficiarios.
Ahora bien, la visión estándar del populismo incluye también la idea de que un gobierno populista se estructura a partir de un liderazgo carismático que los críticos no tardan en denominar “autoritario”. ¿Qué genera ese carisma? Que el vínculo entre el líder y las masas se aleje de los cánones de la supuesta racionalidad para entrar en un terreno mítico y pasional en el que el pueblo sigue, en una suerte de danza hipnótica, todos los caprichos de aquella figura.
Estas son solo algunas de las ideas que circulan alrededor de la definición más divulgada de populismo que tiene, por supuesto, una enorme tradición que puede remontarse a las miradas aristocratizantes que pensadores como Platón tenían respecto del gobierno de Pericles y su vínculo con los sofistas. De aquí que, en La razón populista, Laclau dedique los primeros capítulos a analizar lo que él considera las visiones erradas acerca del populismo para proponer un enfoque alternativo. ¿Qué entiende Laclau, entonces, por populismo? Algo bastante alejado a lo aquí expuesto. Por lo pronto, si seguimos la etimología, debe referir a algo vinculado con el pueblo pero, ¿qué entendemos por “pueblo”? Aquí se dejan ver una enorme cantidad de influencias que han hecho que Laclau sea reconocido como parte de una corriente pos marxista o de izquierda lacanina que hace fuerte énfasis en la importancia del lenguaje al momento de comprender la constitución de las identidades. El pueblo no es algo dado, ni una base objetiva, espiritual, subyacente e inmóvil que se encuentra allí esperando ser despertada por el hombre que sepa interpretarlo. El pueblo es aquello que surge en relación, algo que se constituye en oposición a otra cosa. Para poder identificar al pueblo hace falta entender que existe un espacio que pertenece al “no pueblo”, una exterioridad. Pero si el pueblo no se corresponde con ninguna clase social objetiva ¿cómo se forma y quiénes lo forman? Comencemos por el primer punto y remitámonos al momento “previo” de la constitución del pueblo. Según Laclau, hay que partir de lo que él llama “demandas insatisfechas”. Un particular o un grupo tiene una demanda insatisfecha, sea comida, trabajo o seguridad. Si es demanda y es insatisfecha supone la existencia de un otro al que se le demanda. Ese otro sería el poder. Las demandas insatisfechas pueden ser profundamente heterogéneas pero su condición de insatisfacción, de falta de respuesta, es capaz de promover la solidaridad entre los demandantes en un momento determinado. Cuando esto se da se forma lo que Laclau llama una “cadena equivalencial” de demandas que sumado al hecho de que éstas tienen como “antagónico” u “opuesto” al poder, empiezan a conformar un pueblo cuya pretensión es siempre hegemónica esto es, presenta a los intereses de una parte como representativos del todo. Dicho más fácil, hay demandas insatisfechas heterogéneas y hasta contradictorias pero éstas confluyen frente a ese poder que no las satisface. En palabras del propio Laclau, las tres dimensiones que permiten una primera aproximación al populismo serían “la unificación de una pluralidad de demandas en una cadena equivalencial; la constitución de una frontera interna que divide a la sociedad en dos campos; la consolidación de una cadena equivalencial mediante la construcción de una identidad popular que es cualitativamente algo más que la simple suma de los lazos equivalenciales”.
Claro que estas demandas insatisfechas no alcanzan lazos solidarios por generación espontánea sino que para que eso suceda es necesaria la aparición de un liderazgo que permita el agrupamiento y Laclau reconoce que en la relación con ese liderazgo existe, por supuesto, una dimensión afectiva, solo que la supuesta irracionalidad que conlleva ese vínculo es constitutiva de la acción política.
En este punto cabe agregar un punto muy interesante vinculados al “quiénes” son el pueblo pues Laclau hace mucho énfasis en el rol de determinados significantes como podrían ser “la nación”, “los poderosos”, “las clases dominantes”, “la gente”, etc. Según el profesor de Essex, estos significantes pueden ser rellenados con un contenido, llamemos, de “izquierda” o un contenido de “derecha”. Piénsese que en una manifestación popular contra la oligarquía o los poderes fácticos se hace énfasis en “la nación” como equivalente a “pueblo”, “patria sublevada” o “Argentina profunda” pero en una manifestación en contra de la resolución 125 en el Rosedal los asistentes también se consideraban pueblo y se autopercibían como la cabal representación de la nación, el pueblo y la gente. En esta misma línea, los sectores más afines al gobierno entienden que el poder al que el pueblo se enfrenta son las corporaciones y los grupos económicos, mientras que los opositores al gobierno consideran que el poder al que el pueblo se enfrenta es el de la clase política corrupta y prebendaria.
Si usted ha llegado hasta aquí habrá notado que la mirada de Laclau es complejísima, y yo le agregaría que lo expuesto en esta nota no es más que una imprecisa y vaga presentación. Lamentablemente hay quienes no lo han leído e irresponsablemente hasta llegan a vincular el pensamiento de Laclau con la mirada de un controvertido jurista alemán que tuvo una relación, al menos polémica, con el nazismo como Carl Schmitt. Pero la coincidencia con este autor no pasa de una crítica feroz a ciertos presupuestos del liberalismo. Para indagar sobre este último punto y sobre lo desarrollado en esta nota no hace falta más que armarse de paciencia, esforzarse mucho e intentar leer a Laclau, primero, quizás, a través de comentadores y luego, directamente desde la fuente. Tal lectura tiene un valor en sí mismo pero también es capaz de aportar categorías para discutir fenómenos que, como se pudo observar, son de gran actualidad.                      

     

3 comentarios:

Veritas dijo...

Hola, me gustaría mucho que mi blog este entre sus favoritos!! Veritas Vos Liberabit!

http://actanonverba1810.blogspot.com.ar/

Gonzalo Martinez dijo...

Dante, me diste ganas de leer a Laclau.
Como siempre interesantes tus artículos.

Dante Augusto Palma dijo...

Gracias Gonzalo! Y voy a ver de qué se trata su blog señor Veritas. Saludos a ambos