lunes, 14 de julio de 2008

Escenarios

El videograph de C5N de ayer que afirmaba que “se viene el supermartes” generó en mí tal expectativa que despertó mi costado lúdico: el de las predicciones. Éstas, como todos sabemos, una vez escritas deberían ser el basamento para futuras risotadas, indignaciones y desacreditaciones que serían muchos más abundantes si los periodistas de medios escritos o los autorreferenciales programas que se presentan como noticieros de la propia TV, dejaran de lado el sesgo editorial del multimedio al que pertenecen.
Jugando con la multivocidad del término, podría decirse que está asegurado que el martes habrá dos escenarios (el “K” en la plaza Congreso y el de “el campo” en el monumento a los españoles) pero que pasada esa fecha no sabremos cuántos escenarios pueden darse:
-¿Ganará el proyecto oficial y, en un ejercicio envidiable de democracia, la marcha de los dueños de los campos volverá a sus lares, derrotados pero respetuosos de las instituciones?
-¿Ganará el proyecto oficial y la marcha de los dueños de los campos generará estruendosas réplicas verbales de sus dirigentes agitando el fantasma de las Banelcos? Dado esto, ¿irán hasta la Corte Suprema y en caso de volver a perder ante el funcionamiento de las instituciones afirmarán que esta Corte independiente también está cooptada por el poder ejecutivo del doble comando?
-¿Perderá el proyecto oficial, con lo cual se elogiaría la supuesta integridad y decencia de los senadores, y el gobierno vencido y con la cabeza gacha quedará a merced de las más descabelladas presiones de todos los lobbys?
-¿Perderá el proyecto oficial y el gobierno saldrá a redoblar la apuesta sabiendo que este no es un país que se gobierne de forma timorata?
La lista de escenarios pos martes (y miércoles) puede ser interminable y quizás lo que finalmente suceda no responda linealmente a ninguna de las opciones aquí dadas. Más allá de eso me quiero detener en algunos elementos que se encuentran a la base de los escenarios mencionados.
No hace falta tener mucha capacidad para darse cuenta que en este conflicto el tema económico pasó a segundo plano: con todas las concesiones que el gobierno realizó, el dinero recaudado ya no parece ser tan importante como para mantener semejante situación. Este dato también le juega en contra a los argumentos del campo pues si no es tanta plata la que está en juego, se desnuda claramente una intencionalidad política. Si a esto le sumamos que la “batalla comunicacional” fue ganada por los intereses cercanos al campo podríamos decir que en la medida en que el gobierno no entienda que la verdad sin persuasión es estéril, los tiempos que vienen serán difíciles. Tanto el gobierno como “el campo” han quedado presos de su propia tozudez si bien en esta igualación el que más pierde es CFK pues los dirigentes de la Mesa de Enlace tienen destino de fusible (Incluso, a esta altura, es casi seguro que el triunfo del gobierno sea pírrico). El escenario resulta complejo porque el Gobierno no puede retroceder en la desvirtuada (pero simbólica) resolución 125. Se le harán todas las modificaciones pertinentes pero deberá seguir llamándose 125 para mantener la idea de triunfo. Y los dirigentes de “el campo” necesitan la derogación de la resolución pues la aceptación de cualquier otro resultado dejaría abierta la pregunta que nos haríamos en la esquina del barrio: ¿tanto lío para esto? El Gobierno tuvo la posibilidad de bajar la 125 ante la renuncia de Lousteau. Era el momento de cargarle al poco experimentado ministro el error y barajar y dar de nuevo. Los dirigentes del campo tienen la posibilidad de “bajarse” cuando pierdan en senadores, demostrar una altura que no tienen, reconocer las concesiones recibidas y afirmar que, aun en desacuerdo, respetan el poder legislativo, ese que era tan requerido por ellos en la medida en que representaba “todas las voces”. Ahí se resolvería el conflicto. Pero seguramente no lo harán: hablarán de cooptación y de presión K. Los multimedios “escracharán” a los supuestos traidores que se habrían “dado vuelta” y hablarán confusamente de la ausencia de libertad de conciencia de los legisladores. Es este un tema muy complejo pero uno tiende a pensar que hay ciertas contradicciones entre defender una democracia de partidos y a su vez exigir que los legisladores voten lo que desean sin respetar los elementos programáticos de la plataforma que la gente eligió. Si nos rasgamos la vestidura cuando decimos que “la gente” no vota proyectos sino individuos carismáticos, deberíamos hacerlo también cuando los legisladores se corren del núcleo programático que los llevó a su banca. Y espero que se entienda bien: no abogo por un funcionamiento monolítico de los partidos en la Cámara, simplemente, señalo algunas inconsistencias en los rezongos de los comunicadores.
Pero volvamos al juego de las predicciones, predicciones que no tendrán la precisión de las metáforas obstétricas de los partos republicanos ni la furia de los enloquecidos aviones que sin radar chocarían una y otra vez en el aire. Creo que hay una urgencia razonable por resolver este conflicto. La incertidumbre, esté basada o no en la realidad, es palpable y cuantificable. Y sin embargo, no es este el momento de los grandes desenlaces. No habrá ni súper martes ni súpermiércoles. Habrá triunfo del proyecto oficial en Senadores y comenzará un largo camino de desgaste, con amenazas latentes, a veces efectivizadas, de conflicto. Veremos a los sectores más impresentables del peronismo generar la nueva oposición y esperar que el desgaste de CFK y NK genere, por decantación, la irrupción de algún candidato que condense la heterogeneidad antiK.
Ojalá los actores de la democracia, al fin de cuentas, todos nosotros, estemos a la altura de las circunstancias y entendamos que nos guste o no este gobierno debe cumplir su mandato. Sobre este punto, más que predicción, realizo una expresión de deseo. En cuanto a lo que viene, deberíamos dejar de pensar en súper martes y pensar más bien en tediosos, desgastantes y corrosivos lunes, martes, miércoles, jueves, viernes, sábados y domingos.