martes, 5 de junio de 2018

Tierra de confusión (editorial del 3/6/18 en No estoy solo)


Los cada vez más fugaces debates que atraviesan la opinión pública en general solo aportan confusión y un poco de pasto a ese núcleo pequeño de opinadores que desde los medios tradicionales o las redes sociales creen ser más o menos representativos de la realidad. Porque solo puede haber confusión cuando en el contexto de un intento de límite al tarifazo, un gobierno y un presidente cada vez más desgastado y alejado del ciudadano común, toma el manual que le resultó efectivo hasta ahora y cree que por el solo hecho de afirmar que todo esto se trata de una “locura de Cristina”, una mayoría de los argentinos va a consentir. Como indicamos aquí hace ya unos meses, tras el triunfo en 2017, el macrismo salió fortalecido pero va a sufrir con el hecho de que ya no podrá utilizar el argumento de la pesada herencia o el fantasma de Cristina. En todo caso, puede funcionar en el núcleo duro pero para ganar una elección ya no alcanza.
Tampoco aporta demasiado a la clarificación de los temas que la ex presidenta responda el exabrupto del presidente trasladando el debate a una problemática de género, más allá de que pueda ser entretenido observar las discusiones de novatos filólogos y filólogas acerca de la etimología de “machirulo”.
Con todo, el peor barro se dio alrededor de las declaraciones de la gobernadora de la Provincia de Buenos Aires en torno a la presunta inequidad que suponía la creación de una importante cantidad de universidades nacionales en la provincia durante la administración anterior a pesar de que, finalmente, los pobres no accederían a las mismas.
Fueron muy pocos los que se propusieron dar un debate en serio pues, más bien, lo que hubo fue un montón de indignados respondiendo que varios premios Nobel salieron de la universidad pública y que tal caso concreto del ciudadano x que era hijo de obrero y había llegado a ser doctor, invalidaba los dichos de la gobernadora. El caso concreto que busca invalidar me recuerda a aquellos momentos en los que, durante el kirchnerismo, la pobreza bajaba y Jorge Lanata iba al monte a mostrar un desnutrido. Contra el caso concreto no se puede discutir nunca pero el problema es que a partir de él tampoco se puede legislar ni crear políticas públicas. Lo siento por los sensibleros periodistas y por los conmovedores mensajes de autosuperación de los twitteros de turno.   
Pero el argumento de la gobernadora fue un poco más complejo y, si lo que se busca es disputar con él, habría que desmenuzarlo porque María Eugenia Vidal indicó que no tenía sentido crear universidades públicas si el Estado ni siquiera podía garantizar la sala de tres años a los sectores más vulnerables. En este sentido, los pobres no llegan a la universidad porque el Estado no se hace cargo de ellos cuando son chicos, indicó la gobernadora. Y presentado así, y no en el extracto que circuló, enfrentar ese argumento supone un poco más de esfuerzo especialmente porque se apoya en algunos datos que son, al menos, parcialmente reales, esto es, que el Estado tiene enormes dificultades para garantizar un crecimiento digno de los más vulnerables y que las universidades públicas, a pesar de ser gratuitas, no desbordan de pobres, mal que les pese a algunas patrullas de izquierda que en su mundo ficcional hablan de “universidad de los trabajadores” pero solo los conocen a través de las fotocopias de los textos utilizados en los primeros años de las carreras. 
En todo caso, el argumento de Vidal es falaz y se apoya en algunos tópicos del pensamiento liberal con base católica que habla de “solidaridad” antes que de “redistribución” y que bajo el mantra de “gobernar es asignar prioridades” falsean el diagnóstico afirmando que hay crisis para luego, con el mohín adecuado y en nombre de los “derechitos de los pobrecitos”, utilizar recursos de un Estado cada vez más pequeño para contener a una mayoría creciente de desposeídos. Como también alguna vez indiqué en este mismo espacio, Vidal es de las que siempre te va a hablar de la pobreza pero nunca de la lucha por la redistribución de la riqueza. De aquí que haya que ser algo más dúctil al momento de la crítica. Porque no te dice que está en contra de la universidad pública. Te dice que no hay plata y que, si no hay plata, lo que hay que hacer es darle algo de lo poco que queda a los que no tienen nada y estos no son, precisamente, en general, los que acceden a la Universidad.     
Ahora bien, la gobernadora dice una media verdad incómoda, aunque también algo desactualizada, cuando afirma que no tiene sentido poblar de universidades la provincia para que nunca las pueda usufructuar un pobre. Digo que es una media verdad incómoda pero desactualizada porque es cierto que, en las últimas décadas, la gratuidad de la universidad pública no alcanzaba para que una cantidad significativa de hombres y mujeres con bajos recursos ingresara y culminara sus estudios. Pero es justamente bajo este diagnóstico que se crearon las universidades del conurbano y donde quedó demostrado que una de las claves para que los menos aventajados asistan a la universidad era la proximidad. Parece menor pero no lo es: tener la universidad cerca de la casa impulsó que miles de jóvenes, y no tan jóvenes, de bajos recursos, se animaran, lo cual queda de manifiesto cuando notamos que entre 2008 y 2015 la matrícula en universidades nacionales creció un 47% en el quintil más pobre del Conurbano, y un 95% en el quintil siguiente. Otro dato importante es que en una universidad como la Arturo Jauretche de Moreno, el 85% de estudiantes son primera generación de universitarios, y en la Universidad de Avellaneda el 72% de egresados también son los primeros de la familia que van a la universidad. Números similares, por cierto, se reproducen en el resto de las universidades del conurbano.   
En síntesis, si bien es verdad que sigue siendo difícil para un pobre acceder a la universidad, la creación de estas universidades en el conurbano ayudó muchísimo a que ese déficit no se agudizara. 
El debate público merece menos indignación fácil y más reflexión con matices. Incluso sería buena idea quitarse la responsabilidad de sentirse obligado a hablar de todo si es que de algo no se sabe. De no ser así, la Argentina será, más que esa “tierra de oportunidades” que el actual gobierno presentaba al exterior, una verdadera tierra de confusión.            

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