miércoles, 7 de junio de 2017

¡Emprendedores del mundo, desuníos! (editorial del 4/6/17 en No estoy solo)

El portal oficialista INFOBAE indicaba que en el primer día de la EXPO “Empleo Joven 2017”, inaugurada por el mismísimo presidente, habían asistido 175000 jóvenes de entre 18 y 29 años para intentar ocupar alguno de los 10000 puestos de trabajo que ofrecían las principales empresas del país. Como un pretendido atenuante aclaraban que solo el 12% estaba desempleado y que el 70% estaba allí para cambiar de empleo. El gobierno y los organizadores lo presentaron como un éxito más allá de que en redes sociales arreciaban los comentarios de asistentes desilusionados que fueron a buscar trabajo y solo se llevaron folletería de la mano de chicas lindas con descuentos para cursos de capacitación. Incluso el propio diario Clarín informó que quienes se acercaron hasta La Rural tuvieron que hacer seis cuadras de cola para ingresar.
Dejando de lado al que fue allí desempleado, el dato más sorprendente es que si el 70% quiere cambiar de trabajo, eso significa que el 70% de los jóvenes que asistieron están disconformes con sus empleos. Pero además, el hecho de que 175000 personas disputen los 10000 lugares le permite al empleador imponer sus condiciones, pues todos sabemos que la falta de trabajo y la precarización del mismo producen un efecto disciplinador.  
Hasta aquí lo que está más o menos en la superficie. Lo que no sobresale tanto es el hecho de que este episodio se da en el marco de la ideología “emprendedorista” que impulsa este gobierno en particular y la cultura neoliberal en general.
Desde mi punto de vista, el término “emprendedorista” reemplaza al “empresario” porque este último goza de cierta mala prensa, al menos en Argentina. Ser empresario en Argentina es siempre ser un pez gordo y ser, como dirían en el barrio, un garca. Es injusta la generalización pero está instalada en el sentido común. El emprendedorista, en cambio, más allá de que probablemente a la larga, en un sentido, no difiera de un empresario, apunta más a lo “micro”, a aquel que quedó afuera del sistema pero también al profesional que tiene un título y no logra superar los 15000 pesos de sueldo. Emprendedorista es, entonces, desde un periodista freelance, hasta un ingeniero en sistemas que crea una aplicación desde su casa, pasando por un chofer de Uber y quien vende vianda con comidas vegetarianas en Palermo. Más allá de que el emprendimiento puede derivar en puestos de trabajo, la ideología emprendedorista piensa más en términos individualistas tal como se sigue de los ejemplos antes indicados. Y por sobre todo, es el emergente de una sociedad en la que las relaciones de trabajo están cada vez más desreguladas. Te dicen que con tu emprendimiento sos tu propio jefe pero lo que no te dicen es que sos tu propio jefe en una jungla en la que no vas a tener seguridad social, ni aguinaldo, ni vacaciones, ni licencias, ni derecho alguno ni Estado que medie. Salís y entrás del sistema, y no serás empleado sino, en el mejor de los casos, un contratado, esto es, un individuo que circunstancialmente y por un tiempo específico establece una relación con una empresa que no tendrá ninguna obligación para con vos. En este sentido, y este es el punto más interesante, el emprendedor, más que reemplazar al “empresario” viene a reemplazar a los trabajadores para cumplir así el gran ideal del poscapitalismo, esto es, un capitalismo con capital pero sin trabajadores o, al menos, con trabajadores que no asuman que lo son. No hay más asalariados sino individuos-empresa, no hay más sindicatos porque cada uno administra su fuerza de trabajo y no hace falta Estado porque toda intermediación es nociva. Asimismo, el emprendedorista es totalmente responsable de su destino y esto se justifica en términos meritocráticos. Es difícil oponerse a la meritocracia, siempre y cuando ésta sea verdadera, esto es, siempre y cuando todos comencemos la carrera del mérito desde el mismo lugar. Esto es tan viejo como el capitalismo. El punto es que cuando uno ingresa a la carrera, algunos corredores están muy adelantados y una gran mayoría se encuentran enormemente rezagados. Eso significa que no todos corren en pie de igualdad y es allí donde los Estados de Bienestar intervienen de modo tal que los competidores se emparejen un poco al menos.

Frente a esto, los que corren con ventaja han pretendido instalar en los rezagados que el lugar que ocupan es el lugar que les corresponde en base a su mérito y que ni las políticas públicas, ni el capitalismo ni la explotación de los empleadores son culpables de este escenario. Si hace dos años estaban bien, los rezagados te decían que era porque se rompían el culo trabajando. Hoy se siguen rompiendo el culo trabajando y sin embargo están peor pero lo explican autoculpándose por haber participado de una presunta fiesta del despilfarro, una fiesta de consumo a la que no se podía ingresar. Esa culpa que recae sobre el sí mismo cierra el círculo perfecto de la ideología emprendedorista y es una de las razones por la que quienes están viviendo peor que antes, todavía apoyan al actual gobierno.

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