viernes, 14 de octubre de 2016

Lo que no se nombra (publicado el 13/10/16 en Veintitrés)

Con gesto adusto, un conductor de TV mira a la cámara y afirma no saber si está en condiciones de hacer el programa ante la evidencia de que casi un tercio de los argentinos está bajo la línea de pobreza según la medición que realiza el INDEC. Acto seguido, afirma que tales índices son una deuda de la democracia y de la política, en particular, de la dirigencia política.
Una audiencia desprevenida, incluso sin ser de derecha, podría suscribir tales palabras, las cuales, por cierto, no son propiedad de un conductor en particular sino el lugar común de la gran mayoría de los comunicadores e incluso de muchos dirigentes políticos. Podría decirse que es una moralina políticamente correcta, que hace que quien está del otro lado, con dejo de indignación, exclame ¡qué bárbaridad!, para luego seguir degustando su milanesa.
Ahora bien, ¿usted no nota que en ese razonamiento falta algo o que, en todo caso, pareciera que hay algunas categorías que están siendo utilizadas de manera impropia?
Siendo más específico: ¿no resulta sorprendente que en tales razonamientos esté ausente la palabra “capitalismo”? Efectivamente, el capitalismo es lo que no se nombra. Esta ausencia es importante pues no hace desaparecer la responsabilidad sino que la traslada. Y esto es preocupante pues de tanto repetir que hay una responsabilidad de la democracia en los índices de pobreza, alguien puede empezar a creer que lo que hay que hacer es abandonar la democracia. Sin ir más lejos, hoy parece haber una opinión más o menos generalizada respecto a que las repúblicas democráticas con sistema representativo son el mejor sistema de gobierno pero no siempre ha sido así. De hecho, recién en la segunda mitad del siglo XX, Occidente aceptó casi unánimemente que “democracia” no era el término peyorativo que designaba al gobierno de las mayorías entendido como gobierno de los pobres y los ignorantes. Pero en el mientras tanto,  Occidente hizo algunas trampitas pues promovió una cultura de la antipolítica que hizo que la cosa pública se transformara en un asunto delegado a administradores elegidos cada cierta cantidad de años; luego, mientras la modernidad ya se había ocupado de desterrar la democracia directa, se nos convenció de que la verdadera democracia era aquella en la que los representantes eran elegidos a través de los partidos políticos y, paralelamente, se nos indicó que la salud democrática está en la alternancia de esos partidos en el poder. Claro que esta alternancia en el poder será virtuosa si y solo si los partidos que ocupan ese espacio no ponen en cuestión el sistema económico. Pero eso nunca nos lo dicen. Es lo que no se nombra.  
La democracia hoy es mucho más que un sistema de legitimación de los gobernantes pero independientemente de la acepción que elijamos, no es nunca la causa de la desigualdad. ¿O acaso le podemos endilgar al derecho de elegir a nuestros representantes, el hecho de que, en la Argentina, el 50% más rico se apropie del 80% de la riqueza? Si salimos de la Argentina podemos preguntar: ¿es culpa de la democracia o del capitalismo que 62 multimillonarios de distintos lugares de la Tierra tengan tanto como el 50% de la población mundial? ¿Es culpa de la democracia o del capitalismo que el 1% de la población mundial tenga tanta riqueza como el restante 99%?
Sin embargo, la palabra “capitalismo” no es nombrada y si no le echan la culpa a la democracia se la echan a la política y a su dirigencia. Por cierto, ¿ustedes creen que la desigualdad en el mundo se explica por la corrupción de la política? Una vez más, nadie afirmaría que debamos pasar por alto tal corrupción, que parece endémica, pero el proceso de concentración de riqueza y de transferencia de recursos de los que menos tienen a los que más tienen, no es un problema de falta de transparencia. De hecho, lo más dramático es que en la mayoría de los casos se hace de manera bien transparente a la vista de todos y apoyado por una mayoría de la población.
Ahora bien, alguien podría indicar con acierto que es la dirigencia política la que elige un sistema económico en detrimento de otro. Sin embargo, salvo los momentos de dictaduras, ha sido la población la que ha dado su veredicto y la que ha elegido, en muchos casos, a sus propios verdugos, lo cual prueba que es falsa esa afirmación voluntarista y casi mística de que los pueblos nunca se suicidan.    
Esta simple reflexión no debe leerse como el rezongo anticapitalista del trotskismo que considera que todo lo que no es trotskismo es derecha explotadora al tiempo que sigue sin explicar por qué la derecha neoliberal invierte tanta energía en acabar con los gobiernos populares. Se trata simplemente de una advertencia respecto a la naturalización de un sistema económico pues la naturalización es el último paso y el más profundo, de una imposición. Es el paso que oculta todos los demás y que pese a haber sido siempre la imposición de un otro se presenta como propio y consustancial a cada uno de nosotros. Es por eso que no lo vemos y de esa manera cumple con otra de las características del poder que es, justamente, la de ver sin ser visto; es por eso que es lo que no se nombra.
 En una sociedad tan psicoanalizada como la nuestra, curiosamente no se suele reparar en que lo que no se nombra es lo reprimido, lo que “no existe”, y que sabemos de él a través de un chiste, un acto fallido, un lapsus, un síntoma o nuestro sueños. Pero aquí no hay nada de qué reírse; no hay acto fallido sino actos conscientes; y no hay lapsus sino una larga permanencia. Lo que pulula, en cambio, son síntomas por doquier y, sobre todo, algo enormemente dañino: el hecho de aceptar acríticamente que la utopía capitalista sea parte de nuestros sueños.  
               


6 comentarios:

Anónimo dijo...

El capitalismo también logro absorber movimientos que lo cuestionaron , es decir figuras como la del "che" Guevara, se la trasformó en una pieza de consumo.

Pienso además lo que decía Adorno cuando hablaba de la industria cultural , que en el capitalismo lo que no se puede elegir es no consumir ,la libertad es solo una apariencia ...
Como decís siempre , vienen por tu subjetividad y el neo-liberalismo produce una subjetividad.
Me gustó la idea de lo no expresado , la palabra capitalismo ,porque justamente siempre se asocia a la pobreza como una deuda de la democracia y nunca como una injusta desigualdad del sistema capitalista...
Escribir geniales árticulos es una costumbre tuya ...
Por eso tengo una gran admiración por todos tus ensayos ...
Te saluda Martin de Berisso

Dante Augusto Palma dijo...

¡Mil gracias por tu lectura, Martín querido!

Juan Trepatt dijo...

Puede que la explicación de que los troskos jamás expliquen porque los gobiernos de derecha buscan destruir a los movimientos populares esté en que deberían admitirle alguna bondad, viabilidad si se quiere, al sistema económico. Pensar al sistema económico como bueno o malo en términos morales no da un punto de partida ni parece ser un crítica que empuje a accionar para el cambio en un sentido definido, el hecho de que no hayamos conocido otro sistema mejor de asignación de recursos (y lo digo así porque este sistema es el que se mantiene vigente) puede que explique su naturalización en la discusión política. Es evidente que los resultados del capitalismo son atroces en un sentido, pero sumamente beneficiosos en otros y a mí, particularmente, me da la impresión de que el sistema en sí tiene más bondades que mezquindades, de hecho, la experiencia argentina de los últimos 12 años me hizo mutar hacia este modo de ver las cosas. Creo que lo que no funciona es la política, como dijiste, por el trabajito de despolitizar que se tomaron los sectores del poder económico desde la constitución de los estados modernos, más su participación mayoritaria en la administración. Ahora, dos cosas, primero creo que los resultados atroces vienen por deformidades del sistema y que tales deformidades necesariamente fueron instauradas desde la política; segundo, resulta absolutamente necesario para los sectores de poder económico mantener vigentes esas deformidades -eso explica la lucha contra los gobiernos populares-. Pensemos en un par de factores que definen, más o menos, el estado actual de las cosas. Número 1: El sistema monetario. Bretton woods y el acta de la FED de 1913. Primera regla del capitalismo -sano-: que no haya monopolios (según el propio Smith estos eran más de temer que la intervención del estado) como se puede apelar a una sana asignación de recursos cuando el bien con más peso en la economía está en manos de un solo banco (conjunto de bancos, o el concepto que se quiera). De hecho, muchos de los desórdenes que hoy se ven fueron predichos por el mismísimo Keynes en su informe para la conferencia de BW.
Número dos: la absoluta permisividad de los estados ante los avances del mercado financiero. Se supone que el mercado financiero era una herramienta para facilitar el tráfico de la economía real, hoy más del 50 por ciento de los activos a nivel mundial son financieros (y me quedo corto).
tres: la incapacidad de los estados de hacerse con el manejo de sus recursos naturales. El capitalismo se trata de la explotación de los recursos y el manejo de los medios de producción (entendiendo a estos como el Cap. Físico más la mano de obra) no de la entera apropiación de los recursos que por naturaleza corresponden al estado.
Estas tres cuestiones son deformidades, cosas que no deberían ser así y su existencia se debe a la política (que esto no se entienda como un desdén, todo lo contrario). Partiendo de eso ¿la pobreza del país es una deuda de la democracia? claramente, sin lugar a dudas, de la política, como lo es la vigencia de las deformidades del capitalismo. Culpa de los sectores de económicos concentrados no es (en sentido estricto) sino de quienes a través de los poderes del estado permitieron hacer realidad las condiciones necesarias para que revienten a las clases trabajadoras y saqueen a los estados.
Si una moderada (pequeña escribí en principio) redistribución de recursos logró estos lo que últimos doce años, imaginemos cuales serían los resultados de:
una reforma agraria más la completa explotación y distribución de los recursos energéticos por parte del estado.
Controles sobre los mercados financieros y medidas de protección a la mano de obra local (mal llamado proteccionismo)
La apertura de un nuevo mercado de divisas (puede que la moneda china lo sea).
El capitalismo, definitivamente funcionaria. El problema es político, lo bueno es que desde ahí podemos repararlo.

Juan Trepatt dijo...

Venía subidísimo y ni te dije lo mucho que te admiro. Muy bueno el artículo, voy a andar seguido por acá. Saludos

Dante Augusto Palma dijo...

Gracias Juan. De lujo tu comentario. Abrazo grande

Eduardo Antisionista dijo...

Hoy no estamos viviendo en el capitalismo sino más bien en una especie de neo feudalismo, ya que la riqueza mundial esta en manos de una elite que representa el 1% de la población. Y de ese porcentaje casi un 90% esta integrado por verdaderas dinastías bancarias como los Rothchilds, los Morgan, los Goldman Sach o los Warburg que controlan desde 1913 los 12 bancos que forman parte de la Fed y por ende el sistema financiero mundial. Esta lacra israelí-sionista es la que detenta un sistema de poder privado transnacional que ahoga desde hace tiempo la evolución del verdadero concepto del capitalismo que tiene que ver con la producción y el desarrollo y no de la actividad parasitaria de esta mafia cabalista que condena a los países a la prisión de la deuda eterna.