viernes, 9 de septiembre de 2016

El futuro siempre está abierto (publicado el 8/9/16 en Veintitrés)

Quien afirme que las marchas que se vienen sucediendo en las últimas semanas son simplemente “kichneristas” está pasando por alto un fenómeno tan interesante como complejo.
Tomemos, por ejemplo, las movilizaciones vinculadas al “eje Madres de Plaza de Mayo” (la que se realizara ante la posibilidad de que Hebe de Bonafini fuera presa, la que recordaba los “2000 jueves” y la “Marcha de la resistencia”). Allí podremos decir que se veía representado lo que denominaríamos el “kirchnerismo duro”. Sin embargo, la marcha de San Cayetano y la Marcha Federal liderada por las CTA mostraron otros sectores. De hecho, en la movilización en torno al patrono del trabajo, La Cámpora no participó y en la segunda sí lo hizo pero resulta claro que su rol estuvo lejos de ser el principal tal como se pudo observar en la lista de oradores y en el palco. Sin dudas, la gran mayoría de los asistentes y los espacios que convocaron a la Plaza de Mayo en estas últimas dos marchas, apoyaron al kirchnerismo y si Cristina decidiera presentarse a las elecciones la votarían sin miramientos pero su construcción es independiente del “paladar negro K”.
El fenómeno es incipiente y promete un sinfín de reconfiguraciones pero deja ver, al menos por el momento, que la apuesta “por los pibes”, esto es, el sujeto histórico “la juventud”, aquel por el que se apostó tras la muerte de Néstor Kirchner, no aparece como el sujeto histórico capaz de liderar el proyecto nacional. Para decirlo de otro modo, como vengo sosteniendo desde hace muchos años, el kirchnerismo entendió que con la irrupción de una juventud militante en el espacio público se daría el trasvasamiento generacional tantas veces prometido desde Perón a la fecha. A diferencia de la apelación a la novedad zonza que enarbola la bandera de “la nueva política” simplemente por ser nueva pero no por buena, se trataba de una juventud que tenía algo más que la virtud de haber nacido después puesto que reivindicaba una serie de ideales, aquellos sostenidos por la generación de sus padres aunque, claro, atravesados por el tamiz de haber crecido en el marco de instituciones democráticas. Depositar la confianza en una juventud con ideales democráticos, es decir, una juventud que intente llegar al poder con las convicciones que tenían sus padres pero sin utilizar los métodos propios de una época pasada, suponía un cambio respecto del sujeto de la transformación que pensó el peronismo: los trabajadores. Esto no implica necesariamente una incompatibilidad entre ambos sujetos ni que el kirchnerismo despreciara a los trabajadores más allá de que su relación con algunos gremios fue, especialmente al final de su mandato, ríspida.
En lo personal, más allá de la apuesta de CFK en favor de la juventud, considero que el kirchnerismo nunca logró erigir una única columna vertebral, tal como lo hizo el peronismo, sino que era una suerte de monstruo con una única cabeza y muchas columnas vertebrales que, naturalmente, tras perder una elección y tras los interrogantes que surgen en torno a cuál será el rol de la conductora, se disgregan y pasan factura pues también resulta claro que la conducción favorecía a una de las columnas vertebrales en detrimento de las otras. Tener una o múltiples columnas no es a priori ni bueno ni malo y habla más bien del equilibrio de fuerzas, del momento histórico, de la fase del capitalismo por la cual se atraviesa, del tipo de conducción y de una serie de variables imposibles de captar en su totalidad.
Pero lo cierto es que hoy, más que nunca, la idea de “con los pibes alcanza” no parece tener sustentabilidad, al menos en el corto plazo y máxime cuando se observa que la hipótesis de muchos de esos “pibes”, esto es, “si gana Macri, nosotros volvemos por la puerta grande en cuatro años”, se está dando de bruces con la realidad. En todo caso, quizás sea correcto suponer que un gobierno como el de Macri tendrá un desgaste enorme pero de ahí no se sigue que ese desgaste lo pueda capitalizar el kirchnerismo duro, máxime si no apunta a una construcción de mayor amplitud. La prueba está en que las movilizaciones más contundentes las han planteado sectores que trascienden lo estrictamente K y que tampoco pueden englobarse en ese inasible “Frente Ciudadano” que hasta ahora no hace carnadura, al menos hasta que CFK no se ponga decididamente al frente. Porque el conflicto por las tarifas tuvo a referentes kirchneristas a la cabeza pero sobre todo tuvo a ciudadanos de a pie (incluso votantes de Macri) y también a referentes de otros espacios. Lo mismo con las marchas antes mencionadas y, ni que hablar, si decidimos incluir entre los sectores opositores a una CGT unificada. Allí, abundan espacios “no k” o incluso “anti K” pero es probable que la presión de las bases, la situación objetiva de los trabajadores y el escenario electoral, los vaya empujando de a poco hacia posiciones de mayor confrontación con el gobierno nacional.                          
La campaña por las elecciones 2017 ya comenzó y los jugadores empiezan a mover las piezas. La oposición tiene en la actualidad los problemas que tuvo el antikirchnerismo incluso hasta el 2015, esto es, la falta de unidad, pues cabe recordar, no pudieron ponerse de acuerdo y llegaron a la elección en diversas opciones suponiendo que las PASO y el balotaje harían el trabajo, algo que, por cierto, sucedió. El año que viene, en cambio, por tratarse de elecciones legislativas de medio término es natural que el escenario sea de fragmentación pero sin dudas, el resultado será relevante de cara al 2019.
Probablemente, en momentos tan posmodernos resulte extemporáneo plantear la pregunta acerca del sujeto histórico porque proliferan identidades múltiples. En este sentido, más que pensar en términos de “sujeto” tendríamos que expresarlo, con Ernesto Laclau, en términos de quién será capaz de articular las demandas insatisfechas heterogéneas de la sociedad argentina. CFK logró generar esa articulación pero es un interrogante si podrá volver a hacerlo en el futuro. Asimismo, si no fuera ella, tendremos que agregar el interrogante acerca del sendero ideológico que un nuevo articulador podría darle a esas demandas insatisfechas pues no resulta obvio, ni mucho menos, que la alternativa electoralmente competitiva a Macri sea una alternativa de centroizquierda. Es más, podría decirse que el gran sueño de los poderosos es acabar con la experiencia de la última década para garantizarse que la alternancia sea siempre alternancia de lo mismo, máxime ahora que trabajan sobre una base distinta tras lograr un cambio de época en la región, sea a través de las urnas, sea a través de los golpes institucionales.

Con todo, dicen por allí que en política y en general, lo propio del futuro es que siempre está abierto.  

1 comentario:

Juan Gareca dijo...

La realidad es un poco distinta, los pibes no alcanzan, no porque no sean importantes sino porque aunque parezca mentira los "pibes" de hoy en su mayoría son de derecha. Hay un preconcepto y es que de joven sos socialista de mayor sos capitalista, eso se terminó. Hollywood se encargó de destruirlo, ya no hay mayo francés o el viejo sindicalista, o el tío contando historias de perón y evita. El "pibe" crece viendo películas violentas donde el protagonista se carga a una mafia entera solito y sin ayuda de nadie. El mensaje "solo es mejor, solo puedes cualquier cosa" es la mentira más nociva inoculada por el establishment.