martes, 12 de enero de 2016

Reflexiones a destiempo (publicado el 8/1/15 en Veintitrés)

Tanto en las columnas de esta revista, como en mis últimos libros, he venido trabajando el modo en que el poscapitalismo ha alterado nuestra temporalidad. En este sentido, no hace falta haber leído a los grandes pensadores ni ser estudiante de filosofía para notar que todo parece llevar más velocidad que la que llevaba antes. Así, al ritmo del vértigo del capital, llevamos vidas aceleradas en las que hacemos muchas cosas a la vez y en las que, encima, nos vamos a dormir con la sensación de que nos faltó tiempo. Es más, independientemente de la profesión o los intereses diversos que todos poseemos, tenemos el síndrome del “¿No me estaré perdiendo algo?” y, para combatir ello, tratamos de dar cuenta de todos los estímulos habidos y por haber en una sucesión infinita que, en tanto tal, lleva, naturalmente, a la angustia. El teórico de la comunicación Marshall McLuhan resume este fenómeno diciendo que hemos pasado de la “secuencialidad”, es decir, de hacer las actividades de a una por vez, a la “simultaneidad”, esto es, hacer todas las actividades juntas.  
Pero el autor poco conocido al que suelo citar cuando refiero a estos temas es Franco Berardi y su idea de semiocapitalismo. Con esta denominación, el filósofo italiano busca describir una nueva época en la que el eje ya no está puesto en el intercambio de bienes materiales y tangibles. Se trata, más bien, de una época en la que lo que se comercia son signos que, en tanto tales y a través de un ciberespacio que conecta a un mundo globalizado, generan rédito económico en la medida en que circulan a alta velocidad. Internet es, en esta línea, un emblema de estos nuevos tiempos en los que lo que importa es el consumo a velocidad y el periodismo, tema al que siempre suelo regresar, es funcional y se ha acomodado a esta nueva necesidad del capital. Hecha esta breve introducción, quisiera agregar elementos a esta reflexión a partir de la propuesta de un filósofo de origen coreano radicado en Alemania que viene ganando reconocimiento a nivel mundial por una serie de pequeños ensayos que la editorial Herder ha traducido al castellano. Me refiero a Byung-Chul Han y, en este caso, haré hincapié en su texto El aroma del tiempo.
Lo primero que el autor hace es rechazar la hipótesis de la aceleración del tiempo que venimos comentando. Dicho más claramente, habría aceleración del tiempo si existiese continuidad, linealidad y una meta. Pero eso ya no existe. El horizonte actual es el de la falta de sentido, el de la ausencia de un relato capaz de articular los hechos. En sus propias palabras: “El tiempo se precipita como una avalancha porque ya no cuenta con ningún sostén en su interior. Cada punto del presente, entre los cuales ya no existe ninguna fuerza de atracción temporal, hace que el tiempo se desboque, que los procesos se aceleren sin dirección alguna, y precisamente por no tener dirección alguna no se puede hablar de aceleración. La aceleración, en sentido estricto, presupone caminos unidireccionales”. Los dos ejemplos emblemáticos de esa falta de sentido y de direccionalidad son la lógica de la ya mencionada web y el zapping. ¿O acaso a usted no le sucede que al ingresar a Internet sabe por dónde comienza pero no sabe dónde termina ya que los links suelen depositarlo siempre en un terreno desconocido que está bastante alejado de la motivación inicial que tuvo al encender la computadora (si es que tal motivación alguna vez existió)? Y el zapping, el pasar de un canal a otro como forma de entretenimiento, ¿no es la mejor manera de ejemplificar la ausencia de motivación y de objetivo? Porque el zapping no es un medio para alcanzar un programa favorito y depositar nuestra atención allí. Todo lo contrario: el zapping es el fin en sí, pues es la distracción que necesitamos y el síntoma de la incapacidad de atención que cultivamos. Resumiendo: no vivimos acelerados y angustiados porque las cosas van más rápido sino porque no encontramos un sentido a lo que hacemos.
Comparemos, nos dice el autor, la situación actual con el tiempo mítico y el tiempo histórico. El tiempo mítico, vinculado a las presencias divinas, es un tiempo que desborda de significado. Es como una suerte de imagen estática en la que el cosmos es un todo ordenado que obedece a fuerzas divinas que dotan de sentido. El tiempo histórico también es un tiempo que dota de sentido pero se expresa como una línea que apunta a una meta. Todos los sucesos son parte de esa línea y tienen un significado en la medida en que forman parte de esa línea que se dirige a aquella meta. Esa meta puede ser la liberación del Hombre, la felicidad o lo que fuera pero lo que importa es que hay un fin que ordena y articula los hechos. ¿Qué sucede en la actualidad? Ni tiempo mítico ni tiempo histórico: mera acumulación de hechos que aparecen sin ninguna relación entre sí y sin ninguna conexión con el pasado ni proyección con el futuro. Puro presente, como el que los medios de comunicación nos presentan minuto a minuto. Lo que importa es que haya novedad, que una noticia rápidamente reemplace a otra y para que exista novedad tiene que haber ruptura temporal con el pasado. No se busca que la audiencia comprenda porque ese es un ejercicio complejo en el que interviene el sentido y la comparación. Se apunta a la información como mero estímulo cuantitativo a ser reemplazado por la inmediata novedad. Según Byung-Chul Han: “Esta ampliación temporal también distingue la comprensión de la información, que en cierto modo está vacía de tiempo, o es intemporal en sentido privativo. A partir de esta neutralidad temporal, la información se deja almacenar y emplear a voluntad. En relación a los recuerdos, estos se convierten en información o mercancías. La borradura de la memoria, del tiempo histórico, precede a la grabación de la información”
Lo que nos produce la sensación de aceleración es que la realidad se fragmenta en continuos presentes sin pasado y sin futuro que intentan ubicarse en una línea, uno al lado del otro, como si la mera contigüidad generara relaciones. Pero dado que esto no sucede se intenta llenar esos vacíos poniendo cada vez más átomos, más estímulos, más noticias que, vacías de significado, valen todas lo mismo. Nada es importante porque no hay posibilidad de comparar. Una selfie de una modelo con poca ropa es consumida como la noticia de tres prófugos siempre a punto de ser apresados, los estrenos del cine, un gobierno que, en nombre de la República, abusa de los decretos y el video de un gato que habla. Así lo explica Byung-Chul Han: “La expresión “átomos de sentido” también conduce a error, porque el sentido no es nuclear. De los átomos solo puede surgir una violencia sin sentido. La falta de gravitación provoca que las cosas se aíslen en átomos vacíos de sentido. Las cosas ya no siguen una trayectoria que las ligue a un contexto de sentido”.
Frente a este panorama, el autor llama a realzar el valor del sentido del olfato, los aromas de un tiempo con sentido ante una sociedad tan visual que anhela un lenguaje de simples imágenes creyendo que cada una de ellas podrá más que mil palabras, y a realzar la vida contemplativa frente a la vida activa que cree que lo que importa es ocupar el tiempo y olvida que el trabajo no puede ser un fin en sí mismo. Pero no se trata de una vida contemplativa entendida al modo monacal, esto es, como un masturbatorio “retiro del mundo” o absorbida por vaya a saber uno qué ideas eternas que andan por allí arriba. Es una vida contemplativa entendida como actividad, más precisamente como una actividad que, sea por el apuro, sea por la ausencia de sentido, aparece como a destiempo. Me refiero, claro está, a una actividad muy particular: la del pensar.       




10 comentarios:

Anónimo dijo...

Dante, excelente artículo, tengo una gran admiración por vos, y me estoy leyendo tu libro quinto poder que es muy didáctico.

En segundo lugar agregaría cómo aporte la avidez de novedades de Martin heidegger, que dice que uno salta de una cosa a la otra buscando novedades. Esa avidez provoca que sea difícil que alguien se concentre en algo.
Te saluda martín de berisso

Anónimo dijo...

Gran artículo dante, agregó lo que denominó heidegger la avidez de novedades, que uno salta de una cosa a la otra buscando novedades, esa avidez provoca que sea difícil que alguien se concentre en algo.
Saludos Dante, tengo una gran admiración por vos y éxitos siempre
Te saluda martín de berisso

Dante Augusto Palma dijo...

Gracias Martín!!!

Anónimo dijo...

Excelente Dante. Te he visto muchas veces en 678 pero luego de leer por primera vez dos artículos tuyo puedo asegurar que escribiendo "estás en tu salsa" ya que podes exponer con profundidad todo tu conocimiento y sapienza. En cambio la televisión utiliza otro tiempos que no son los tuyos. Slds. Raúl.

Anónimo dijo...

Muy bueno Dante, te extrañsmos,ojala pronto se revierta y haya libertad de expresion en los medios ahora captados por el neofascismo globudo.Te saluda Noemi de Glew.

analia dijo...

Muchas gracias Dante por compartir.

Denise dijo...

a este tambien lo voy a citar en la tesis! va lenta pero va. Un gran saludo desde Cordoba. Denise

Daniel Torri dijo...

Dante te admiró, mi nombre es daniel torri y vos fuiste mi profesor de filosofía en puan en el año 2010, desde ese entonces q sigo tus artículos leo tus libros y generaste en mi amor por el conocimiento y la reflexión como paradigmas de vida...

Dante Augusto Palma dijo...

Gracias Denise y abrazo grande para vos, Daniel querido!

federico nuñez dijo...

Muy buen texto Dante.