domingo, 22 de marzo de 2015

El radicalismo y una cita inevitable con el espejo (publicado el 19/3/15 en Veintitrés)

Ernesto Sanz, en un debate televisivo realizado en un canal opositor la semana pasada, le espetaba a Julio Cobos que el PRO y la UCR coincidieron, en el Congreso, en nueve de cada diez leyes. Como argumento parece demoledor si bien el retruco de Cobos resultó igualmente interesante cuando afirmó que ese número era cierto pero, justamente, esa disidencia que se daba en una de cada diez leyes, era una disidencia estructural y, por tal, quería decir, entiendo, “ideológica” y “fundamental”. Si bien lo dice un ex vicepresidente que ejerciendo el cargo se opuso a reformas estructurales de la coalición que lo había llevado a ese lugar, tanto los argumentos de Sanz como los suyos parecen atinados.
Sin embargo, cuando uno indaga en el voto a voto de las principales reformas estructurales que se realizaron en la última década, la afirmación de Cobos debe ser, como mínimo, matizada. En lo que respecta a la sanción de la “Ley de Medios”, veinticuatro diputados de la UCR (más cuatro cobistas) decidieron retirarse de la Cámara Baja antes que apoyar la ley. En el Senado fueron siete los representantes de la UCR que votaron en contra incluyendo nombres que hoy, tras la Convención realizada en Entre Ríos, parecen estar enfrentados. Me refiero a Gerardo Morales, el propio Sanz y Luis Naidenoff. 
En el caso de la recuperación de Aerolíneas, la UCR aportó parte de los setenta y nueve votos que rechazaban el proyecto oficial que finalmente recibiría la aprobación de ciento sesenta y siete diputados. Y en el senado, ni siquiera los denominados “radicales K” se quedaron en sus butacas pues prefirieron ausentarse. 
En cuanto a las AFJP, solo los radicales de la Concertación votaron a favor del proyecto oficialista en Cámara de diputados. La UCR como tal, en ambas cámaras, votó en contra.
Y a esto incluso podría sumársele un dato curioso: de los cuarenta legisladores nacionales que, a pesar de haber votado en contra tanto del fin de la estafa de las AFJP como de la ley de movilidad jubilatoria, votaron a favor del 82% móvil para los jubilados, doce pertenecían a la UCR. 
De aquí se sigue que la única reforma estructural que el radicalismo apoyó de manera mayoritaria fue la expropiación de YPF.  En este caso sí hubo disidencia con el PRO y la Coalición Cívica, esto es, con agrupamientos que, por cierto, siempre han sido coherentes: se opusieron a las reformas estructurales aquí mencionadas y se oponen a cualquier propuesta que surja del oficialismo, igual que lo ha hecho el radicalismo con la única excepción del caso YPF. 
Dicho esto, lo extraño era que la UCR, el PRO y la Coalición Cívica no hubiesen armado un Frente antes pues, de hecho, funcionaban casi como tal. En todo caso, aquello que los distanciaba no era un factor ideológico sino, simplemente, ambiciones personales de sus principales dirigentes. Se me dirá que estoy siendo injusto con los principios que constituyeron al radicalismo pero creo que se trata simplemente de lo que ha sucedido muchas veces en los dos grandes partidos de la Argentina. Hay, en su interior, un ala de derecha y un ala de izquierda y, en determinadas circunstancias, incluso por factores externos al partido, es una la que se impone por sobre la otra. El partido justicialista bien sabe de esto y todavía hoy tiene qué explicar cómo se pudo, desde allí, dar sustento a un programa neoliberal que, en la década del 90, vaciaba el país al son de la marcha peronista.  
Volviendo a la UCR, hace algunos días, justamente, observaba un archivo en el que discutían De la Rúa y Alfonsín como representantes de las dos alas en pugna al interior del radicalismo, con la mediación de Mariano Grondona y antes de que “chupete” asumiera la presidencia de la Nación. Qué ala triunfó sobre la otra es algo que la historia ha dejado en claro y cabe preguntarse cuántos de los errores de Alfonsín (los problemas en su propio gobierno y el pacto de Olivos que, gracias a un acuerdo con la, recién mencionada, más rancia derecha neoliberal arropada bajo el paraguas del justicialismo, sumió tanto a la UCR como al país en una enorme crisis de representatividad) influyeron para que sus adversarios al interior del partido lograran imponerse.  Con todo, entre De la Rúa y Alfonsín había diferencias. No parece lo mismo cuando la discusión se da entre Cobos y Sanz. En otras palabras, cuando la discusión se da entre estos interlocutores, lo que se pone en juego son dos opciones de la derecha del partido, y lo que hay es una disputa “biográfica” y  “personal” entre un conjunto de dirigentes cuyo alineamiento en un espacio u otro no tampoco obedece a razones ideológicas. El ala “izquierda” del radicalismo, que podría ser representada por Leopoldo Moreau, hoy está más afuera que adentro del partido. Quizás sea doloroso pero Moreau ocupa más el lugar de analista, de hombre que une experiencia y formación para comprender la política actual, que de referente orgánico de la UCR. Pues el histórico dirigente alfonsinista representa hoy a un sector muy minoritario del radicalismo.
Más allá de que siempre excita y genera conmoción decretar el fin del algo (máxime si ese algo es un partido político centenario) lo cierto es que parece apresurado hablar del acta de defunción del radicalismo como algunos lo han hecho. No va a ser así puesto que la renovación dirigencial un día llegará y la veleta deberá girar. Es más, de hecho, usted recordará, el PJ también parecía extinto y sin embargo resurgió de la mano de Néstor Kirchner aun cuando, en un principio, su apuesta parecía dirigida a una transversalidad superadora de las viejas estructuras partidarias y aun cuando, hasta hoy en día, la relación del kirchnerismo con “el partido” sea, por momentos, tirante. Sin embargo, aun cuando la experiencia de alianza con el macrismo y con Carrió resultara electoralmente victoriosa, lo que sobrevendrá es una enorme y profunda crisis de identidad al interior del radicalismo. Esa crisis no tiene que ver estrictamente con la decisión adoptada por la Convención. Más bien habría que decir que tal decisión fue, como se pudo observar a partir de algunas pequeñas muestras aquí expuestas, el corolario de una conducta bastante coherente del radicalismo durante, como mínimo, los 8 años de administración de Cristina Fernández. Pero ya llegará el momento en que, aun el ala derecha del radicalismo, se mire al espejo y se pregunte si la enorme cantidad de coincidencias con el macrismo habla de un cambio en Macri o habla de la deriva ideológica del radicalismo. Tal reflexión llegará antes si el resultado electoral es negativo y solo un poquito después si el resultado electoral es el deseado. Pero el espejo estará allí, paciente, imperturbable e inclemente porque podrá parecerse a una pantalla de TV pero, en realidad, es, simplemente, un espejo.