lunes, 3 de noviembre de 2014

La fábrica latinoamericana de opositores (publicado el 30/10/14 en Veintitrés)

Políticamente hablando hay un fenómeno que se replica prácticamente en todos los países de Latinoamérica. Pero no se trata del triunfo de los gobiernos que reciben el nombre de populares, progresistas o de centro izquierda. Con todo, sin dudas, estos gobiernos tienen características en común, comenzando por ser la respuesta que cada uno de los países dio a la década neoliberal. En este sentido, en general, podemos decir que se trató de gobiernos que recuperaron el rol del Estado y de la política, con proyectos económicos inclusivos y con un afán redistributivo. La consecuencia también fue bastante similar en cada uno de estos países pues el crecimiento del PBI fue enorme y millones de personas dejaron la pobreza y la indigencia para incluirse en las capas medias. Asimismo, también es real que varios de estos gobiernos dieron fuertes señales en pos de la construcción institucional de una Latinoamérica que solo en bloque podía hacer frente a los condicionamientos que impone el sistema financiero internacional. Pero es claro que cada uno de los procesos ha tenido sus particularidades. En este sentido, no parece razonable englobar las construcciones políticas y a sus líderes dentro de un mismo espacio sin más aclaraciones. Para decirlo más específicamente: ¿es comparable el Frente Amplio de Vázquez y Mujica con el chavismo venezolano? Es más, puede que buena parte del frenteamplismo uruguayo, desde un perfil más socialdemócrata, acuse de populista a la construcción bolivariana. En esta misma línea, ¿el socialismo chileno que volvió al triunfo con Bachelet es el mismo socialismo del que hablaba Chávez y continúa Maduro? Sin dudas que no y esto obedece a un sinfín de variables que comienzan por las características idiosincrásicas de cada una de las sociedades y por su historia política. En estos ejemplos, entonces, se ve la enorme complejidad de construcciones más movimientistas  en el marco de crisis representativas y construcciones más vinculadas a la continuidad institucional del sistema de partidos. Siguiendo con las diferencias, ¿podemos comparar el PT brasileño que acaba de garantizarse la continuidad durante cuatro años más con el indigenismo liderado por Morales? Tanto Lula como el líder boliviano fueron referentes de los trabajadores y provienen del sindicalismo pero la construcción del PT en Brasil es distinta a la del MAS en Bolivia, tanto como son distintos, en todo sentido, ambos países. Incluso la “revolución ciudadana” de Rafael Correa, fuertemente cargada de impronta indigenista, también tiene su propia lógica tanto como la tiene el kirchnerismo, hijo de la democracia argentina, es decir, del país donde se cometió el mayor genocidio de la región y donde existió un fenómeno tan particular como el peronismo.
Donde sí hay algo en común es en que todos han sido exitosos y salvo el interregno de Piñera en Chile, ninguna de las construcciones políticas mencionadas ha abandonado el poder desde que lo asumieron. Es más, todos han refrendado varias veces en las urnas sus administraciones y han salido victoriosos aun cuando eran muchos los que vaticinaban aires de cambio en la región. En esta línea, en 2013 ganaron Correa,  Maduro y Bachelet, y en 2014 hicieron lo propio Morales y Dilma, y todo da a entender que en segunda vuelta se impondrá Vázquez en Uruguay. Así, de todos los gobiernos que podríamos incluir en el campo “popular/progresista/centroizquierda”, el que debe refrendar su gobierno en lo inmediato es Argentina donde el kirchnerismo, al igual que el petismo en Brasil y el chavismo en Venezuela, irá por su cuarto mandato. Sobre este punto en particular, en aquellos países donde la construcción se hizo sobre un liderazgo fuerte (Venezuela, Ecuador, Bolivia), reformas constitucionales en línea de promover la posibilidad de la reelección, garantizaron la continuidad del modelo. En otros (Brasil y Uruguay) los “liderazgos pares” (Lula-Dilma; Vázquez-Mujica) fueron el modo en que se “eludieron” las limitaciones constitucionales. En Argentina, claro está, la temprana muerte de Néstor Kirchner dejó a Cristina Fernández como única referente de ese espacio y sin haber logrado posicionar con claridad un continuador como hizo, por ejemplo, Chávez con Maduro que, en vida, declaró públicamente que su ex canciller sería el hombre capaz de continuar con el proyecto.            
Ahora bien, comencé diciendo que hay un fenómeno que se replica en Latinoamérica y hasta ahora solo le he hablado mayoritariamente de las diferencias existentes entre aquellos gobiernos que se suelen englobar bajo una misma categoría. Pero hete aquí que poco se habla de las sorprendentes similitudes de las construcciones políticas y liderazgos que se han presentado como los principales opositores a estos gobiernos. En este sentido, es un fenómeno digno de estudio lo parecido que resultan los discursos, los slogans, el sector social, la franja etaria y el armado político de los candidatos que estuvieron más o menos cerca de vencer a las propuestas antes mencionadas. ¿Acaso no resultan como salidos de una misma casa matriz candidatos como Capriles, Neves, Piñera, Lacalle, Massa, Macri, Lasso y “Tuto” Quiroga entre otros? Más allá de que algunos puedan ser la referencia de partidos tradicionales más consolidados u otros emerjan sin base partidaria detrás, todos son varones de entre 45 y 55 años aproximadamente, simpáticos y/o “buenos mozos”, son empresarios exitosos y buscan representar una derecha moderna y popular. Resulta sorprendente, incluso, analizar sus discursos pues si no supiésemos quién habla sería imposible diferenciarlos. Hacen referencia a un país dividido porque más del 50% vota una opción diferente a la que ellos representan;  piden diálogo y exigen mirar hacia adelante porque en algunos casos formaron parte directa o indirectamente de los sectores vinculados a los golpes de Estado en la década de los 70; ante la evidencia de políticas que han sido bien recibidas por el pueblo, utilizan el latiguillo no siempre falso pero exagerado de “la corrupción estatal” sin hablar nunca de la corrupción privada; piden “volver al mundo” cuando quieren decir “volver a tener políticas neoliberales” y para ello tienen contacto directo con la Embajada estadounidense como ha revelado Wikileaks (no me refiero solo a Massa sino a Quiroga, Lasso y Capriles, entre otros); dicen que falta libertad de expresión en decenas de canales de televisión, en radios y diarios opositores y oficialistas; piden por las instituciones y la democracia a pesar de que muchos de ellos son fuertemente sospechados de promover la desestabilización de las instituciones y la democracia; promueven la “mano dura” como única solución a la problemática del delito desvinculándolo de la problemática social fuertemente determinada por aquellos modelos económicos que ellos defienden.         
En este contexto no parece casual que compartan muchos de sus asesores, quienes evidentemente consideran que una misma receta es válida para todo tiempo y espacio, casi lo mismo que suponen sus economistas de cabecera. Parecieran como salidos de una misma fábrica, casi construidos a imagen y semejanza de un modelo que ya gobernó cada uno de estos países y ahora se enmascara para exigir un “derecho al olvido”. Dicho esto, asoma una paradoja pues a pesar de las enormes diferencias existentes entre los gobiernos populares, todos tienen como principal oposición a candidatos salidos de la misma matriz, calcados y construidos por los ingenieros del marketing y la tele política. Eso sí: si bien se presentó como una fábrica de presidentes, hasta ahora, solo ha logrado construir circunstanciales y ululantes opositores.