martes, 17 de septiembre de 2013

Bestiario político argentino N° 13: Los Catoblepas (publicado el 13/9/13 en Diario Registrado)

“Tú, rey, no serás más rey, porque no podrás mirar, como no pudo mirar el Catoblepas” reza una irregular e incompleta sentencia anónima escrita en la pared sagrada donde sólo se le permitía escribir al rey. Se trata de la pared de la que habría sido la primera unidad administrativa en territorio etíope en épocas remotas y, por las características del mensaje, los arqueólogos entienden que debe haber sido una suerte de paleo-graffiti desafiante efectuado en el marco de una revuelta contra alguno de los sucesores de Menelik I. Complementando las leyendas populares con la información del Kebra Nagast, el Libro de la Gloria de los Reyes de Etiopía, se pudo reconstruir que el Catoblepas tenía una cabeza desproporcionadamente pesada para el tamaño de su cuerpo, característica que llevaba a la criatura a no poder levantar la mirada del piso. De aspecto semejante al ñu y al búfalo, se afirma que la imposibilidad de levantar la cabeza fue la consecuencia de una maldición impuesta por los dioses. La razón sería simple: los catoblepas, aprovechando el gran poder de su mirada, habían convencido a las deidades para que delegaran en ellos la representación en los asuntos concernientes a la organización social en la tierra. Persuadidos por esas penetrantes miradas, los dioses aceptaron pero pronto se vieron defraudados ya que los catoblepas se autonomizaron y constituyeron sistemas de gobierno funcionales a sus propios intereses. La ira de los dioses no se hizo esperar ya que se vieron engañados y, frente a la promesa incumplida, le quitaron fortaleza al cuerpo del Catoblepas de manera tal que éstos no tuvieran fuerza para alzar la cabeza. El objetivo de tal acción era evidente: los Catoblepas no podrían mirar a los ojos a nadie y, por lo tanto, les resultaría imposible ejercer la política, actividad que, ya desde la antigüedad, ha demostrado no ser otra cosa más que un arte de la persuasión.