sábado, 29 de junio de 2013

La nueva masa del Golem (publicada el 27/6/13 en Veintitrés)

Finalmente, Sergio Massa decidió encabezar la lista de diputados de su Frente Renovador y el impacto electoral que esto pueda tener comenzará a tomar forma en las próximas semanas. Con todo, me permito adelantar, aun a riesgo de exponerme al ridículo el día posterior a las elecciones, que parece haber una sobrestimación de la performance electoral del intendente de Tigre y su posicionamiento hacia el futuro. Todo puede ocurrir pero, los que lo ubican como un presidenciable para 2015 quizás estén bloqueando su capacidad de análisis con una enorme autoinoculación de deseo. En este sentido, si a Massa le fuese muy bien en estas elecciones, seguramente podrá aspirar a la gobernación de la provincia, aunque ni siquiera para ello tendrá un camino limpio de obstáculos.
¿Pero por qué Massa surge como la nueva esperanza blanca? ¿Por qué no acudir a los opositores de siempre, los De Narváez, los Macri? ¿Acaso será que Massa no es un opositor? Empezaré tratando de responder a este último interrogante con algunos datos de los senderos políticos que transitó Massa en los últimos años: director del Anses puesto por Duhalde y refrendado por Néstor Kirchner; parte de la lista “testimonial”, detrás de Scioli y Nacha Guevara,  que en 2009 acompañó al marido de la presidenta enfrentando, y perdiendo, frente a De Narávez; Jefe de Gabinete en la primera presidencia de CFK.
Sin embargo, esta cercanía al kirchnerismo, contrasta con su decisión de armar una lista por fuera del FPV, y con dos anécdotas sintomáticas de su relación con el gobierno: por un lado, las que surgen de las revelaciones de Wikileaks y muestran al actual intendente de Tigre afirmando, en la Embajada estadounidense, que Néstor Kirchner era un “psicópata”, un “monstruo” y un “perverso”, entre otras cosas. Por el otro, la que se menciona en la biografía autorizada que Sandra Russo escribiera de la presidenta y que detalla el momento en que Boudou le lleva a CFK su propuesta de recuperar para el Estado los fondos previsionales. Allí la presidenta recuerda a un Massa con una risa “histérica” (SIC) nervioso ante la propuesta, del actual vicepresidente, que generó uno de los cambios estructurales más importantes de la Argentina.
Esta última anécdota lo pinta, al menos, como un timorato, algo coherente con su accionar de las últimas semanas en la que su indecisión y su silencio nos hacía recordar al mejor Reutemann.  Sin embargo, hay otras buenas fuentes y otras tantas acciones que muestran a Massa como un joven emprendedor, ambicioso y, sin dudas, exitoso en su municipio. En esta línea, al menos por el tratamiento que se le ha dado en las últimas semanas, las corporaciones económico-mediáticas parecen haber puesto en valor su arrojo frente a esa mezcla de incapacidades y tibiezas que han encontrado en ex esperanzas como Cobos, Binner, De Narváez, Macri y hasta el mismísimo Scioli.
En esta línea podría decirse que el lugar preponderante que se le ha dado a Massa desde la tapa de los principales diarios obedece más a un escenario desesperado en el que la merma en la intención de voto que tiene el oficialismo no redunda en el fortalecimiento de una opción opositora. De hecho, tener que acudir a Massa puede verse como la demostración del fracaso de la línea política que las corporaciones mediáticas han dictado a la dirigencia opositora antikirchnerista. Pues, hasta ahora, seguramente más por conveniencia que por convicción, Massa no ha salido a practicar antikirchnerismo zonzo. En este sentido Massa sí parece haber entendido la lección venezolana, esa que llevó adelante Capriles y que buscó diferenciarse de Chávez reconociendo como piso algunas conquistas del modelo bolivariano. Esto lo diferencia, al menos en el plano discursivo, de los principales candidatos opositores de la Argentina y de las usinas ideológicas que, en forma de editoriales, fundamentan esa posición con más bilis que razonabilidad.
El punto es que la necesidad de exposición pública, naturalmente, tiende a desbalancear el equilibrio cómodo de la ambigüedad y a Massa se le exigirá tomar partido. Por ello, no le alcanzará con frases insólitamente vacías como “vamos a apoyar lo que se hizo bien y a criticar lo que se hizo mal”, como si existiera algún ser vivo en el universo que pudiera afirmar lo contrario. En este sentido, Massa, hasta ahora, sólo ha sido tajante respecto de su rechazo a una modificación constitucional que permita una nueva reelección. En temas como ley de medios y reforma judicial ha eludido pronunciarse o ha caído en otras ambigüedades como “lo que hace falta es estar cerca de la gente”. En síntesis: nada. Esa nada, claro está, intentará surfear para traccionar votos kirchneristas y antikirchneristas pero la polarización existente en la Argentina actual obligará a tomar partido en un contexto en el que no hay mucho lugar para los tibios. Qué será de Massa, electoralmente hablando, cuando, seguramente, comience a profundizar sus críticas al kirchnerismo, es algo que no se puede saber con certeza pero que preocupa más a De Narváez que al kirchnerismo. En cuanto a las grandes corporaciones, la salida al ruedo de Massa supone, de por sí, un triunfo porque, especulan, como mínimo, logrará robarle algún voto al kirchnerismo y debilitarlo.
Por ello, no debiera sorprender que en las próximas semanas se agudice la construcción mediática de Massa como la última esperanza blanca, más allá de que ese transitar no estará exento de acusaciones varias como la de ser un “presente griego K” en tierras bonaerenses o la nueva mutación de un PJ no kirchnerista que buscará mantener una forma de poder que eriza la pelambre del arco ideológico antiperonista.     
En todo caso, sucederá algo parecido a la historia del Golem. Para el que no lo recuerda, se cuenta que el rabino de Praga, allá por el siglo XVI creó, a partir de un cúmulo de materia informe, a una criatura que pudiera defender la sinagoga de los ataques antisemitas. Para darle vida le inscribió en la frente la palabra EMET que significa “Verdad”. Pero lamentablemente, este ser, una suerte de autómata, humanoide, se caracterizaba por ser bastante torpe, no poder hablar y ni siquiera ser capaz de terminar actividades básicas como barrer el piso. De aquí que el rabino decidiera acabar con su creación y, siguiendo la lógica de la Cábala judía, lo hizo a través del valor de las palabras. Así, se acercó hasta la frente del Golem y le quitó la primera “E” transformando la palabra “EMET” en “MET”, esto es, “muerte”.

Como se puede observar, es bastante parecido a lo que sucede con los candidatos empujados por los medios. Acceden a la vida a través de una decisión de sus creadores pero en la medida en que no sean útiles y no cumplan con el cometido para que el que fueron creados, son invisibilizados y, en algunos casos, castigados con saña. Este parece ser el caso de Cobos, Macri, De Narváez, Binner y Scioli, candidatos a los que se les quitó la “E” de “Elegidos” de la frente. Podrán revivir y ser nuevos Golem pero los creadores, parece que, por ahora, han decidido dedicarse a moldear una nueva masa informe.