jueves, 7 de junio de 2012

Una Argentina sin "panic attack" (publicado el 7/6/12 en Veintitrés)


Reconozco que podría hablarles del submundo de la ilegalidad que algunos llaman “dólar blue” o de los cacerolazos de una turba histérica que culminó dando patadas a periodistas del programa 678. Pero les quiero hablar de otra cosa porque me interesa mostrar que detrás de una cobertura mediática asfixiante que repite su mantra de panic attack, existe un sinfín de espacios donde la viveza de algunos, en frasco de angustia amplificada y violencia minoritaria, es dejada de lado para discutir modelos de país y políticas de largo plazo.
En este sentido, el último fin de semana fui invitado por el Instituto de Estudios y Formación política GESTAR a participar de su Segundo Encuentro Nacional realizado en la Ciudad de Resistencia. GESTAR fue creado en junio de 2010 a partir de una idea de Néstor Kirchner que se concretó apenas unos meses antes de su fallecimiento. Asimismo, si bien pertenece al Partido Justicialista, el Instituto tiene una mirada amplia y plural que permite convocar  estudiantes/dirigentes sub 35 pertenecientes a diferentes agrupaciones y con un sentido profundamente federal. Hecha esta aclaración, aun un antikirchnerista furioso, reconocerá que la iniciativa debe celebrarse porque deja en claro que existe una conciencia en la dirigencia de nuestro país respecto a que el recambio generacional no sólo tiene que traer menos canas sino, por sobre todo, una mejor formación. La Unión Cívica Radical en la historia reciente de nuestra democracia formó sus principales cuadros en las universidades públicas, en particular, en la UBA. Sin embargo, la universidad más importante del país siempre resultó un lugar hostil para el peronismo y esa dificultad en la formación de cuadros debe suplirse, sea a través de las nuevas universidades públicas del conurbano, sea a partir de institutos promovidos por el mismo partido.    
Del encuentro participaron los diputados Rosana Bertone, Eric Calcagno y Pablo Kosiner; el intendente de San Luis Enrique Ponce, economistas de la Gran MaKro y secretarios de áreas clave en los diferentes gobiernos provinciales, entre otros. Asimismo, también estuvieron presentes brindando discursos de comienzo y cierre los gobernadores Jorge Capitanich y Francisco Pérez, además del Titular de ANSES y Director de GESTAR, Diego Bossio, y el Presidente de la Cámara de Diputados  Julián Domínguez.  
El panel al que fui invitado se abocó a un tema que pocas veces es parte de los debates públicos: la relación entre ciencia básica, ciencia aplicada, sector productivo y poder político. Y allí disertaron, junto a mí, el diputado nacional Omar Perotti, el Subsecretario de políticas en Ciencia, Tecnología e Innovación productiva del Ministerio de Ciencia y Tecnología creado en 2007, Fernando Peirano, y el Ingeniero agrónomo José Ruchesi.
 Empezaré por la intervención del subsecretario porque tiene algunos datos que me sorprendieron. Por ejemplo, entre 2003 y 2008 se triplicaron las exportaciones en biotecnología, equipamiento médico y nuclear, maquinaria agrícola, microelectrónica y software, entre otras “rarezas”. Asimismo, se espera que para 2020 este tipo de exportaciones alcancen el 20% de las exportaciones totales que realiza el país. Segundo aspecto a tener en cuenta: ¿sabe usted cuánto invierte Argentina en Investigación y Desarrollo? Si lo tomamos en relación al PBI y de forma comparativa encontramos que nuestro país invierte apenas un 0,6, esto es, aproximadamente la mitad de lo que invierten Brasil, Rusia, China, Reino Unido y España, un cuarto de lo que lo hace Estados Unidos y Alemania y apenas un 20% de lo que invierten Corea del Sur y Japón. Sin embargo, estos datos incluyen la sumatoria de la inversión pública y privada, algo que, en caso de desagregarse generará un dato curioso: la inversión pública del Estado Argentino está por encima de China, y es casi similar a la de Japón, Brasil, España y Reino Unido. Esto significa que lo que está faltando en Argentina es la inversión privada que esos países poseen, algo que no tiene que ver con el latiguillo de la seguridad jurídica sino con razones bastante más complejas en el que juegan un papel importante los aspectos culturales de la burguesía argentina.
 Vinculado con esto, la intervención del diputado Perotti, con conocimiento de los emprendimientos  productivos en Santa Fe, arrojó una dificultad práctica, esto es, cómo hacer para articular las políticas de un Estado activo con los sectores productivos y el conocimiento de las universidades. Se trata justamente de las tres patas del triángulo y a partir de allí se pudo ver con claridad toda una serie de problemáticas más que interesantes. Me refiero a la importancia que cobran los municipios en el arte de articular unidades productivas de pequeños emprendedores con las fuentes de conocimiento local y el financiamiento a proyectos innovadores que brinda el Estado Nacional a través del Ministerio de Ciencia y Tecnológica. En este sentido, un Estado que recupere la fuerza no está necesariamente reñido con una descentralización, aunque, claro está, ella debe ser distinta que aquella de matriz neoliberal que  en nombre de la eficiencia sólo buscaba el desguace. Un ejemplo de las posibilidades de transformación que se están dando en la actualidad lo dio justamente Juan Ruchesi cuando mostró el modo en que lo que era un pequeño laboratorio de estudios de plantas y flores se transformó, a través de la aplicación de técnicas biogenéticas, en un espacio que modificó sustancialmente la vida y la producción de buena parte de los agricultores del Chaco.
 Por último, antes de mi intervención apareció un aspecto que venía sobrevolando la charla. Me refiero a la relación entre tecnología y peronismo, y una respuesta a modo de hipótesis que considero plausible es que la tecnología aparece como eje central en la política de la primera presidencia de Perón porque lo que se está jugando es un modelo de país con una matriz productiva encargada de dar valor agregado, esto es, un modelo completamente diferente al que se planteaba desde el punto de vista agroexportador que regía en la Argentina del centenario. Por otra parte, yendo ya específicamente a la exposición, un primer asunto del cual me ocupé es el relacionado con el deber del científico respecto al Estado, tema al cual llegué a partir del disparador de una conferencia de Einstein, en 1950, en la que llama al científico a “rebelarse” contra el poder político. Más allá de las buenas intenciones, ese consejo parece guiado por una visión decimonónica y positivista que entiende al científico como alguien que trabaja completamente desvinculado de los intereses y necesidades de la sociedad y que persigue el conocimiento movido por una suerte de sentimiento universal que sólo puede derivar en el bien para toda la humanidad. Esa búsqueda desinteresada se refleja en el simbólico delantal blanco que denota autoridad pero, por sobre todo, neutralidad y asepsia. Desde esta representación, en algo que ya fue trabajado por el célebre Max Weber, el científico aparece como opuesto al político en tanto este último persigue siempre un interés particular y faccioso y es a partir de esta supuesta diferencia esencial que muchos científicos le cargan al poder político la responsabilidad por las consecuencias de las investigaciones científicas. Se supone así que el hombre de ciencia siempre busca el bien, pero el político no y usa ese conocimiento para el mal o a los fines de su partido.
 Dicho esto, mi intervención apuntó a romper con esa cosmovisión. Hoy tenemos un Estado con una política activa en materia de ciencia y tecnología, con gran suba de los sueldos de docentes e investigadores, una política de becas a través del CONICET que ha permitido un crecimiento enorme de egresos en los doctorados y un programa de repatriación de científicos que ya ha logrado que más de 900 de ellos regresen al país. Sin dudas, a este Estado le resta seguir aceitando la comunicación y los modos de poder llegar a cada rincón del país, a cada pequeño emprendimiento, y seguir siendo el articulador principal de los diferentes sectores, pero a los empresarios, al menos a una importante cantidad de ellos, les resta dejar de creer que “Estado” es sinónimo de “ineficiencia” y corroborar que sólo a partir de ese punto de vista general que éste brinda es posible optimizar y maximizar los beneficios. Por último, este país necesita de científicos comprometidos que entiendan que existe una obligación moral de devolverle al país algo de lo que les ha dado, en algunos casos a través de toda una vida, desde jardín de infantes hasta los estudios de posgrado, en el marco de una Educación pública gratuita y de excelencia. Ya muchos lo están haciendo, pero en el marco de un proyecto de país que está apostando a una revitalización de la ciencia, hace falta que ese delantal blanco se tiña de innumerables colores, los colores de las necesidades complejas de una sociedad plural como la nuestra. ¿Vieron? Hay una Argentina posible detrás del pánico y la hojarasca histérica.