lunes, 25 de julio de 2011

Intersticios para un espacio.... (entrevista que me hiciera Conrado Yasenza para la Revista La Tecla Ñ http://lateclaene.blogspot.com)


- Para comenzar me interesa saber cuál es la función o rol del intelectual en la sociedad contemporánea y si hoy es posible generar prácticas capaces de intervenir en la realidad.

- Me parece que el rol del intelectual es siempre el de la crítica y el de una crítica al poder. El punto es que en las sociedades contemporáneas el poder no es el Estado o el Gobierno sino las corporaciones económicas que a través de la monopolización informativa constituyen hegemonía. En este sentido, el rol del intelectual es el de un deconstructor de los discursos. Quizás ahí esté, hoy, su principal forma de intervenir.

- ¿Acuerda Usted con la idea de que Argentina, en consonancia con otros países de la región, asiste a un cambio de paradigma político?

- Yo creo que, sin duda, en comparación con las políticas del Consenso de Washington que dominaron la región en la década del 90, estamos ante algo distinto.

- ¿Y cómo lo definiría?

- Es difícil. Hay lógicas que son particulares y tienen que ver mayoritariamente con una reacción al neoliberalismo de los 90. Este tipo de políticas, más allá de sus lineamientos generales, tuvieron su especificidad en cada región. Por ello, a veces resulta algo injusto hacer comparaciones aun con países vecinos pues no todos reaccionaron igual frente a las políticas neoliberales. Con todo, puede decirse que en líneas generales, los gobiernos progresistas de la región reivindican el rol activo del Estado y una suerte de nacionalismo latinoamericanista que mira con desconfianza las mieles de la globalización. Hay, en este sentido, un intento de reconstruir una historia con un sentido fuerte de soberanía anclado en la unidad de una identidad latinoamericana.

- ¿Qué importancia adquiere el lenguaje político, la palabra, en el contexto de la construcción de nuevos de paradigmas político-sociales?

- Me parece que es central porque la palabra hace mundo. No hay mundo independiente del lenguaje, y la realidad social es lenguaje. Nuestras categorías, aquellas con las que nos dirigimos al mundo, no responden a una ontología dada que espera ser nombrada. Es en el nombrar que construimos esa realidad. Por eso me parece esencial que la labor del intelectual se centre en el análisis de los discursos y en la denuncia de las naturalizaciones de ciertos discursos hegemónicos.

- ¿Qué opinión le merece la idea esgrimida por lo que podría definirse como la oposición, de que en el país impera una especie de restauración del odio social que puede traducirse en un clima de crispación política que derivaría en una suerte de totalitarismo parlamentario?

- Mi psicoanalista hablaría de “proyección”. Creo, profundamente, que los que verdaderamente están nerviosos, agresivos y rayanos en retóricas destituyentes son, en la mayoría de los casos, referentes de la oposición que se encuentran incómodos frente a un gobierno que sin proponer la reforma agraria ni la revolución maoísta, los interpela.

- ¿Cree usted que existe una suerte de fascinación irresponsable, digamos una actitud de negación de responsabilidades y culpas, en el hecho de regodearse cíclicamente en el apuntalamiento del fracaso de proyectos políticos?


- Si entendí bien la pregunta, creo que no hay un regodeo. Más bien lo que hay es una disputa acerca de la representatividad. En este sentido, lo que yo veo hoy día es que más que un enfrentamiento entre el gobierno y Clarín, hay una disputa entre discursos que reivindican la política como canal a través del cual representar los intereses ciudadanos, y discursos de la indignación que buscan otro tipo de referencias y ensalzan la espontaneidad de las acciones de la sociedad civil. Es esto lo que incomoda tanto al periodismo, pues eran los periodistas los que se habían erigido en representantes de la sociedad civil además de guardianes morales tras la gran crisis ético-política que tuvo su punto cúlmine en 2001. Ahora vemos que los periodistas tampoco pueden ocupar ese lugar, pues ellos son tan sospechados y corruptos como muchos políticos. Y a la vez, somos testigos de que es posible que desde el Estado, un gobierno avance con medidas profundas que la sociedad percibe como justas y necesarias.



- ¿Existiría en nuestra sociedad una inclinación a repetir ciclos o experiencias políticas y económicas que, ha quedado demostrado, dañaron profundamente el tejido social?


- Claro que sí. Sin ir más lejos, en 2003, a poco más de un año de la crisis, con la plata aún acorralada, el 85% de los votos se esparció entre Menem, Duhalde (en la figura de un desconocido Néstor Kirchner del cual se pensaba que era una simple marioneta), López Murphy, Rodríguez Sáa y Carrió. A mí me gusta creer que la gente no puede volver a equivocarse pero la historia suele darme varios cachetazos al respecto.


- ¿Cuál es, a su entender, la lógica de los mass-media en cuanto al tratamiento de la información?

- Espectacularidad, aun más que ideología. O si se quiere, una única ideología que es la de la espectacularidad.

- ¿Y qué relación existe en la actualidad entre periodismo, conocimiento y cultura?

- Una relación de extrañamiento.

- ¿Cómo observa el fenómeno de Internet y su relación con la difusión de ideas culturales? Tiene alguna posición tomada frente al auge de blogs y revistas digitales?

- El fenómeno de los blogs y las revistas digitales ha servido para que un montón de gente, en su mayoría jóvenes, pueda realizar importantes aportes en todo nivel. Asimismo sirvió para interpelar la atalaya desde la cual los periodistas consagrados legitimaban su impunidad y sus operaciones. Esto, por supuesto no implica desconocer que la gran mayoría de blogs brillan más por su egocentrismo que por su calidad y que la posibilidad del anonimato y de la interactividad da lugar a millones de comentarios violentos y pobres conceptualmente.

- Retomando la vieja idea de los medios como instrumentos manipuladores, ¿ qué es lo que ocurre con la capacidad de reelaborar el mensaje, de decodificarlo y reasignarle otra finalidad?


- Que los medios manipulan e influyen no es ninguna novedad, lo cual tampoco quiere decir que su determinación sea total. Quienes dicen que no influyen son, paradójicamente los que están más recelosos de resistir su lugar monopólico en la información y a su vez, quienes critican al gobierno de erigir una comunicación propagandística que influye en las masas desdentadas y analfabetas. Pero también es verdad que nunca la determinación es total. En ese sentido podemos pensar en la forma en que Foucault reelabora la cuestión del poder. Poder no es solamente el que viene “de arriba”. Hay resistencias y hay otros poderes que se disputan en la relación. Esos intersticios que se generan son aquellos en los cuales debemos introducirnos para salvaguardar un espacio de crítica y resistencia.

- ¿Cuál es su visión sobre la actualidad política del país y su proyección a futuro teniendo en cuenta los acontecimientos ocurridos en torno al conflicto campo-gobierno, la política económica y la crisis económica- financiera mundial?

- Sin ser un especialista en economía da la sensación de que en la medida en que nada raro ocurra en el mundo, es esperable que haya varios años, quizás décadas de bonanza y que el campo se beneficie con el precio internacional de los alimentos. En ese sentido, es de esperar que el conflicto con el gobierno disminuya tal como parece que se verá reflejado en varias ciudades donde hoy gana el gobierno y hace dos años se cortaban rutas reverenciando el grito desaforado de los de Angelis.

- ¿Está de acuerdo con la idea de que la política es conflicto y tensión? Y de ser así, cómo se resuelven estos conflictos o tensiones?



- Tema complejo. El paradigma de la idea de la política como tensión, tal como lo interpreto yo dirá que no hay reconciliación posible ni consenso pues la política es esencialmente tensión y disputa. Eso no quiere decir que se viva en la crispación, en la anarquía o en una guerra asesina entre bandos. Quizás, simplemente, debamos aceptar que se puede vivir en esa tensión.

- Arturo Jauretche decía que había que tratar de no irritar demasiado a las clases medias y tratar de sumarlas al movimiento popular. Cuál cree que es el rol de la clase media en una sociedad como la nuestra? Cuál sería su peso específico en la definición de procesos políticos?

- Creo que aún sigue siendo central el lugar de la clase media y más en un país como Argentina. De hecho, el futuro del kirchnerismo estará en su capacidad de acercarse a esa clase media y quebrar varios de los prejuicios que ésta tiene con todo aquello que huela a “popular”.

- ¿Cuál es su visión del progresismo y de la izquierda en la Argentina de hoy?

- El progresismo y la izquierda han sido generalmente irresponsables y no han sabido generar opciones de gobierno. Más bien se han presentado con propuestas testimoniales que tienen cierto crecimiento en los ciclos en que el bipartidismo está en crisis. A su vez está el caso particular de la Argentina en que éstos sectores están en esa suerte de relación de atracción y de repulsión frente a ese movimiento tan particular que es el peronismo.


- ¿Y cuál es hoy el rol que cumple lo que se denomina centroizquierda?


- El rol de recuperar el vacío económico, político y cultural que dejó el neoliberalismo.

- ¿Se puede pensar en una reactualización del concepto de lucha de clases?

- No creo. Los tiempos han cambiado, el capitalismo no es el de antes, las variables son otras y las identidades son plurales. Para bien o para mal, la disputa hoy debe pasar por otro lado.

- ¿Cuáles son los usos posibles de la memoria en la construcción política de una sociedad ?

- Si tomamos en cuenta que la memoria es central para determinar una identidad puesto que la continuidad identitaria depende de su proyección en el tiempo y el apoyo en mitos que, por definición, deben ser lo suficientemente lejanos para como para poder cumplir esa función, deberíamos decir que no hay política sin memoria.

- ¿Qué opinión le merece el tratamiento de la realidad por parte de los medios de comunicación?

- Es oscilante y va de la ingenuidad a la insidia. Que en 2011 alguien sostenga que los medios representan la realidad tal cual es, es algo que no puede salir de esas dos opciones.

- ¿Cuál es su reflexión sobre la participación de Betaríz Sarlo en 678?
¿Hubo debate o estuvo ausente?


- No creo que haya habido debate pues de hecho, la argumentación de Beatríz Sarlo fue bastante pobre. Más bien parecía que lo que se buscaba era simplemente aparecer como ganador.

- ¿Sirven estos debates televisivos para instalar otros, quizás anteriores como la relación de los intelectuales con la política? Es decir, partiendo de la participación de Sarlo en 678, ¿se pueden abordar y profundizar otros posibles debates de peso político y social?

- Sirven pero tampoco hay que exagerar. Ganar un debate simplemente demuestra que se tienen capacidades o técnicas retóricas para persuadir a un auditorio. No tiene nada que ver con la supuesta superioridad de un ideario sobre otro.

- ¿Es el Kirchnerismo una instancia superadora del peronismo o todavía no puede concebírselo fuera de la estructura del Partido Justicialista

- El kirchnerismo se está haciendo todavía y el kirchnerismo que viene, sin Kirchner será distinto del que vimos tanto como su fisonomía fue completamente distinta tras la derrota en el “conflicto con el campo”. Pero sin duda, lo que será el kirchnerismo no puede pensarse sin una fuerte impronta peronista que a su vez no lo agota. Si esa excedencia se transforma en una instancia superadora o distinta del peronismo es algo que hoy no podemos saber.

- Para finalizar, cómo visualiza el proceso político inaugurado en 2003 y vigente hasta nuestros días?

- Lo veo como un proceso de grandes transformaciones y por sobre todo como un proceso que ha interpelado a la sociedad toda, desnaturalizando prácticas, saberes y lugares de presunta legitimidad. La sensación de que todo puede ponerse en tela de juicio, más que temor hacia lo desconocido, genera una tentación y una sanísima incertidumbre de esas que movilizan y, casi, obligan a responsabilizarse y a comprometerse.

Dante Palma es Filósofo y columnista de la revista Veintitres