jueves, 2 de julio de 2009

El enemigo en casa (publicado originalmente el 2/7/09 en www.lapoliticaonline.com)

Tanto se ha escrito respecto de lo ocurrido en las elecciones que resultará difícil afirmar algo novedoso. Más allá de ello, y de forma resumida, podría decirse que dado que el gobierno perdió en los principales distritos, no hubo fraude. Es decir, de repente, de una elección a otra, hemos madurado como sociedad, se acabaron el voto cadena y la compra de voluntades y los barones que jugaron jánicamente a Kirchner y De Narváez sólo hacen fraude si favorecen al primero. Debemos alegrarnos por este cambio de conducta y también hay razones para festejar por la suspensión, ante la evidencia de un gobierno “desarmado”, del “cacerolazo preventivo” que ululaba por internet y sms para el domingo a la noche.
Donde las cosas no han cambiado es en la recepción que el gobierno hace de los reveses políticos. En este sentido el discurso de Cristina del día lunes se asimiló al del momento de mayor tozudez durante el conflicto con el campo, aun a pesar de que muchas de sus afirmaciones eran verdaderas, empezando por la más elocuente: el kirchnerismo fue la fuerza que más votos obtuvo a nivel nacional lo que tiene como consecuencia que sea la primera minoría en ambas cámaras. Sin embargo resulta claro que la derrota es simbólica más allá de que, en la Provincia, haya sido “por poquito”. (Seguir leyendo esta nota aquí)