miércoles, 28 de julio de 2021

Una desmacrización acelerada (editorial del 24/7/21 en No estoy solo)

 

Es probable que las listas que se anuncien en algunas horas confirmen que Juntos por el Cambio comenzó el proceso de desmacrización antes de lo pensado. Nunca hay que dar por muerto políticamente a nadie en la Argentina pero sí está a la vista que, al menos en CABA y Provincia, el sector más radicalizado que acompañaba a Macri ha sido corrido de los primeros lugares. De esta manera se estaría dando una primera diferencia respecto del proceso que atravesó CFK estando en la oposición. Efectivamente, hasta aquí Macri parecía funcionar en espejo y buena parte de su supervivencia política estaba, justamente, en lograr aquello que había logrado CFK, esto es, condicionar a cualquiera que estuviera en la oposición a que se sentara con ella a negociar o ser ella misma la que eligiera al candidato. En otras palabras, la mayor aspiración de Macri hoy era que la oposición crea que “Con Macri solo no alcanza pero sin Macri no se puede”. Sin embargo, pareciera que sin Macri, vaya curiosidad, “Sí, se puede”. E incluso alguien podría dar un paso más y decir “Sin Macri es la única manera de que se pueda”.

Rodríguez Larreta está jugando en 2021 su candidatura 2023. Por eso apostó fuerte y asumió el riesgo. Entendió que si va a ser el candidato tiene que jugar ahora. Así impuso a María Eugenia Vidal en CABA cuando todo mostraba que si ella jugaba en Provincia la interna se ordenaba. Pero, claro, quedaba un vacío sucesorio en CABA que iban a capitalizar Bullrich o Lousteau, y Vidal iba a volver a perder en Provincia. Entonces Rodríguez Larreta se garantiza un triunfo holgado en su distrito y se garantiza también que, salvo un cataclismo, María Eugenia Vidal sería la próxima Jefa de Gobierno en 2023. En paralelo manda a Santilli, su hombre de confianza, a que haga pie en Provincia para ser el candidato en 2023. La elección en 2021 es casi seguro que la pierde pero si la ventaja no es enorme aparecerá como el candidato natural a la gobernación en 2023. Claro que antes deberá enfrentar a la incógnita Manes. Aquí también se observa la caída de Macri. Es que ya no hay un único liderazgo y el radicalismo entiende que la única manera de negociar mayor peso en un eventual gobierno en 2023 es haciéndose fuerte en la provincia. Es decir, el radicalismo tiene su estructura en las provincias pero no tiene un candidato fuerte a nivel nacional. Ese problema lo tiene desde hace tiempo y por eso en cada elección parece más una inmobiliaria que alquila aparatos antes que un partido. Le alquiló el aparato a Macri con buen resultado y ahora trata de ver si se puede subir el precio alquilándoselo a un personaje mediático que mezcla slogans políticamente correctos con marketing motivacional y libros de neurociencia para leer en la playa. Es más, resultaría bastante paradójico que el radicalismo aparezca como resurgiendo a nivel nacional entregando, como se dice al menos hasta esta hora, los tres primeros lugares de la lista a un extrapartidario mediático como Manes, a una exradical que despotricó contra el partido infinidad de veces como Stolbizer, y a Emilio Monzó, el hombre que, celebrando la rosca, rosqueó para la UCedé, para el peronismo, para el Pro…, etc. Y más paradójico será cuando veamos el modo en que Manes y el radicalismo intenten aparecer como una novedad que nada tuvo que ver con el gobierno de Macri. ¿Macri? ¿Qué Macri? Aquí no conocemos a nadie llamado “Macri”. Todo el mérito de Manes estará en no tener pasado político. “No seré bueno pero al menos no he demostrado ser malo” podría ser el slogan de campaña.

Para colmo, Manes, a pesar de su narcisismo, no es hoy el candidato que puede disputarle a Rodríguez Larreta la candidatura a nivel nacional en 2023, pero si llegara a ganar la interna, debería ser el candidato a gobernador de la Provincia dentro de dos años. Salvo que también gane la elección 2021, pero, una vez más, el triunfo del gobierno en Provincia parece asegurado. En todo caso se discute por cuánto y ese número no será indiferente porque ganar por un dígito hará que los números totales a nivel nacional se emparejen bastante si tomamos en cuenta que CABA, Córdoba y Mendoza tendrán un resultado abrumador en contra del Gobierno y Entre Ríos y Santa Fe también podrían dar un veredicto “antioficialismo nacional” como factura por las restricciones de la pandemia.

Las candidaturas del FDT difícilmente muevan el amperímetro. Es que ninguno de los nombres en danza tiene la capacidad por sí mismo ni de traer votos ni de perder demasiados. Algunos candidatos estarán allí por mérito propio pero se buscará un equilibrio entre las fuerzas que forman el Frente, lo cual muchas veces va en detrimento del mérito. De hecho, algunos de los nombres que suenan muestran que hay candidaturas que están allí por otras razones. Sin embargo, como se vota el sello vaya quien vaya, no se notará demasiado y se dirá que el candidato es el proyecto como se dice cada vez que no es CFK la candidata. Quedará para otra elección profundizar en las características del proyecto que el día de la elección general estará cerca de cumplir dos años. La pandemia es un atenuante pero hasta ahora el proyecto es un Frente que no debe partirse para ser competitivo. Es más un proyecto electoral y de sostenimiento en la administración que de gobierno. Para ganarle a Macri hoy le alcanza porque se necesita un poco de memoria y vacunas. Pero con memoria y vacunas, en 2023, no va a alcanzar.          

Como indicamos aquí varias veces ya, es probable que el oficialismo gane la elección general, lo cual es relevante al momento de contar las bancas. Sin embargo, en paralelo, aun cuando pierda en la sumatoria final, la oposición puede dar golpes simbólicos que la pongan en una situación expectante de cara al 2023, pues una cosa son los votos concretos y otra es la interpretación que se va a hacer sobre ellos. Rodríguez Larreta se juega una parada riesgosa en la provincia pero ganando la interna y sin hacer un papelón en la general, correría a Macri del escenario, especialmente porque los votos de la oposición no son del ingeniero sino de cualquiera que enfrente al gobierno con posibilidades de triunfo. Por supuesto, una derrota en la interna de la provincia catapultaría al radicalismo a disputarle a Rodríguez Larreta su lugar de “número puesto” en 2023. En cualquier caso, Macri miraría de afuera esperando un “operativo clamor” que no sería el popular sino el de los grupos concentrados nacionales e internacionales que sostuvieron su campaña y su gobierno. No se sabe qué pasará pero las malas lenguas dicen que Macri tiene que ir preparando la reposera porque es posible que deba esperar sentado.       

 

 

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