Con un balotaje tan cercano a la
fecha de asunción de las nuevas autoridades es natural que los análisis
recaigan sobre las señales que va brindando el nuevo gobierno. En este sentido,
no creo poder aportar mucha novedad ya que distintos comunicadores, por derecha
o por izquierda, han coincidido en el perfil corporativo de los ministros (en
su gran mayoría, ex CEOs de empresas multinacionales) y en la disparada de
precios que produjo el hecho de que el candidato que era favorito en las
encuestas, insólitamente, anunciara la magnitud de la devaluación que preparaba.
De lo que se ha hablado poco es
de cómo enfrentará el peronismo su condición de oposición frente a un gobierno
de derecha liberal no peronista. Esta novedad se da, a su vez, en medio de un
proceso (no novedoso) de derrota electoral muy importante (pues, a pesar del
49% obtenido, se perdió Nación y los distritos más grandes del país incluida la
Provincia de Buenos Aires) con el consecuente pase de facturas. A su vez, a
diferencia de 1983, el peronismo no tiene omnipresencia en los sindicatos y
hasta es de esperar que muchos sindicalistas, de esos que son más patrones que
trabajadores, cambien la remera de Perón por la de la “Revolución de la alegría”
amarilla.
Si bien al momento de escribir
estas líneas se sabe que en los próximos días habrá un encuentro entre los
gobernadores y la actual presidente, lo cierto es que el escenario resulta
enormemente complejo para el peronismo y existe un claro riesgo de
balcanización. Pues los gobernadores han aceptado la conducción de Cristina
hasta el 10 de diciembre pero entienden que hace falta una renovación. En ese
sentido, Scioli parece haber dado señales de pretender erigirse como el
conductor del PJ y el movimiento tras una campaña en la que, por momentos, se
lo vio batallando en extrema soledad y recibiendo un apoyo más autoconvocado
que orgánico, al menos, en los grandes centros urbanos. Sin embargo,
difícilmente Scioli pueda sostenerse allí para volver a ser el candidato dentro
de 4 años. Al interior de ese espacio algunos mencionan la posibilidad de
Urtubey aunque no creo que haya que descartar otras opciones y, mientras tanto,
parece haber acuerdo en que el decano Gioja sea el presidente del bloque en
Diputados. Por otra parte, Massa y De la Sota pretenderán disputar ese espacio
para abrir el juego a una suerte de panperonismo no kirchnerista pero veremos
hasta qué punto los que acompañaron al FPV serán capaces de tolerar que, en
particular, el “gallego”, haya sido quizás el artífice principal de la
diferencia que Macri le sacara a Scioli. Y por último, claro está, se encuentra
CFK cuya figura se agigantará en la medida en que las políticas de Macri
comiencen a traer conflictividad social, más allá de que se espera hacia su
persona una estrategia comunicacional de demonización y vergonzantes ataques
judiciales probablemente más grandes que los que ella sufriera ocupando la
presidencia.
Independientemente de esto, la
duda gira en torno a cuál es la actitud que CFK adoptará aunque es esperable
que se vuelva a exponer la tensión entre el peronismo clásico y un kirchnerismo
que se ha nutrido de elementos de las tradiciones progresistas liberales y de
izquierda. Incluso hasta en el plano discusivo la relación entre kirchnerismo y
peronismo fue fluctuante y atravesó momentos “evitistas” no “peronistas”,
molestias ante el canto de la marcha y rechazos (y luego abrazos) al PJ. A su
vez, frente a los que ansiosamente buscaban desvincular al kirchnerismo del
peronismo se le puede recordar aquella frase de Néstor Kirchner que indicaba: “Somos
peronistas. Nos dicen “kirchneristas”
para bajarnos el precio”. Dicho esto, resulta claro que CFK, a partir de la
muerte de su marido y de la irrupción del sujeto juvenil, intentó construir una
fuerza propia. Como muchas veces hemos mencionado aquí, esa audaz construcción
tuvo aciertos y errores, dirigentes a la altura de las circunstancias y
dirigentes mediocres, pero fue una decisión clara que generó controversias al
interior del movimiento que se invisibilizaban en la medida en que CFK sostenía
su poder al frente del gobierno. Sin embargo, llegado el 10 de diciembre, hay
militantes y dirigentes disconformes con lo que, juzgan, ha sido una enorme
discriminación hacia todos aquellos espacios que no fueran de La Cámpora. En
esta línea hay quienes señalan que CFK, en un determinado momento, decidió ser
la conductora de La Cámpora y no del peronismo. Independientemente de si ello
fue o no así, entiendo que, de ahora en más, si la idea de CFK es “volver con
los pibes” en 2019, por fuera del peronismo, el kirchnerismo será más o menos competitivo
en tanto ella tenga la voluntad de seguir al frente pero corre el riesgo de
transformarse, en pocos años, en una fuerza testimonial de centroizquierda con
el 10% de los votos. Asimismo, y en esto, por supuesto, no se trata de posar
las culpas sobre CFK, un kirchnerismo por fuera del peronismo puede acabar
empujando al movimiento fundado por Perón a transformarse en la fuerza de
centroderecha en la que había degenerado 25 años atrás o, incluso, a ser
fagocitado y desmembrado por el pragmatismo PRO que pretenderá transformarse en
un significante vacío capaz de funcionar como una desideologizada maquinaria de
poder.
Si en 2003 el kirchnerismo hizo
revivir al peronismo, en 2015 era el peronismo el que podía garantizar la
supervivencia del kirchnerismo como fuerza competitiva. La sensación es que de
cara a lo que viene la ecuación sigue siendo la misma de 2015 y que, para que
ello se produzca, CFK deberá tener una conducción más amplia capaz de incluir
referentes y sectores que en algunos casos, injustamente, fueron dejados a un
lado. Porque para volver en 2019 o 2023 se necesitará a los pibes. Pero también
se va a necesitar al peronismo.
2 comentarios:
Construir es un verbo, no una promesa. Veo un problema muy grande con este discurso alarmista y casi derrotista. La alarma deberia estar en el hecho de que se hayan bajado del gobierno a las horas de ganarlo los dos alfiles con que el macrismo juega su campaña visible (porque esta la campaña invisible tambien, la del cepo mediatico, la de infinitas manipulaciones). Esto hasta en el mas idiotizado de los estados hubiese generado una revuelta social. Es una gravisima burla a la institucion de la democracia.
CFK es la lider del peronismo, no porque el peronismo la acepte; lo es porque ella Es Lider y seguido va un punto. El negocio de la cola del diablo es el que iba a ser ya sea que ganaran o perdieran; bajarnos a -nosotros- la linea de que estamos fracturados y que hemos perdido impulso, convencer a un par de barones de que se anuncien como detractores del kirchnerismo como autentico movimiento peronista. Generar esa "grieta", de la que tanto hablan, que les fascina, que la construyeron ellos, porque eso es lo que ellos se dedican a construir.
Nosotros, nos dedicamos a construir paises.
Me parece un análisis político brillante, no creo que sea un discurso, por eso los adjetivos sobran. No discuto que Cristina sea una lider, de hecho es el mejor cuadro político actual, ahora dentro del pj eso poco importa los muchachos quieren conducir, ser protagonistas, que se cante la marchita, que se vuelva al dogmatismo y a citar al general cada tres oraciones. Quién será el conductor que emerga no lo se, cuántos serán los que no se dejen cooptar por la billetera oficial tampoco lo sé. De lo que estoy seguro es que si el pj no se reorganiza y frena la atomización tenemos, a menos que derrape solo, Macri por dos períodos
Publicar un comentario