viernes, 14 de agosto de 2015

Prolegómenos de un viaje hacia octubre (publicado el 13/8/15 en Veintitrés)

Todo el palabrerío que circunda en los meses, semanas y días previos a una elección se enfrenta a la cruda realidad en el preciso momento en que se abren las urnas y se cuentan los votos. Claro que, por suerte, para aquellos que somos parte del palabrerío y vivimos de eso, ningún resultado habla por sí mismo ni tiene una lectura unívoca de modo que el círculo del palabrerío vuelve a comenzar.
¿Quién es el gran ganador y el gran perdedor de la elección? ¿El resultado plantea un nuevo escenario? ¿Hubo sorpresas? ¿Las encuestas siguen siendo operaciones de quien las paga o son representativas de la voluntad ciudadana? Las preguntas podrían continuar pero me contentaría con tomar como eje las aquí mencionadas aunque, quizás, de manera entremezclada. Porque, por ejemplo, hay una conexión entre la pregunta acerca de los grandes ganadores y perdedores de la elección y las sorpresas, o dicho de otra manera, el carácter de gran victoria o gran derrota muchas veces no obedece a los números duros sino a su adecuación a las expectativas. Y a su vez, decretar un nuevo escenario está relacionado también con los diagnósticos y las lecturas previas.
En este sentido se podría decir que el FPV obtuvo lo que las encuestas auguraban alcanzando una diferencia del orden de los 8,5%. La distancia con su inmediato competidor no es definitiva pero es importante especialmente si se toma en cuenta que, candidato contra candidato, esto es, Scioli versus Macri, la diferencia supera los 14%. Asimismo, el oficialismo ganó en 20 de los 24 distritos obteniendo incluso un gran triunfo en Santa Fe y, en 2 de los 4 en los que resultó perdidoso, San Luis y Córdoba, es de esperar que el escenario cambie pues De la Sota no va a competir y se desconoce si Adolfo Rodríguez Saá  continuará como candidato para ayudar a que su hermano se alce con la gobernación o acordará con el gobierno nacional un apoyo a Scioli.     
Con todo, el escenario ideal para el oficialismo hubiera sido superar la barrera de los 40 (quedó a 1,5% de ese umbral) y aventajar por más de 10% a la principal alianza adversaria (objetivo para el que, también, como se indicaba antes, quedó a 1,5%).
Comentario aparte merece la elección interna del FPV en la provincia de Buenos Aires, elección que se fue ensuciando desde un principio con incomprobables acusaciones cruzadas, chicanas y encuestas truchas. Y por si esto no alcanzara, el domingo anterior a la elección, el principal espacio opositor de la Argentina, el grupo Clarín, montó una obscena operación en la que una diputada nacional prestó su casa para que desde allí se le diera voz y legitimidad a condenados por asesinato y narcotráfico que, tras varios años y ni una sola mención en el juicio, embistieron contra la figura del actual Jefe de Gabinete. Sin embargo, aun estando enormemente floja de papeles, paradójicamente la operación enardeció las ya de por sí enardecidas diferencias que se venían dando “hacia adentro” entre una fórmula que era presentada como representativa del ala progresista del kirchnerismo y una fórmula presentada como representativa del peronismo más clásico. La intuición de quien escribe estas líneas es que la acusación de Clarín contra Fernández no le quitó votos sino que le permitió “fidelizar” los que ya poseía e hizo salir de la “neutralidad” al núcleo duro del kirchnerismo que en la última semana decidió tomar partido claramente por la fórmula que incluye al Presidente del AFSCA Martín Sabbatella.    
Aun así, frente a todos los pronósticos, la diferencia fue de un escaso 2% y sumando las dos fórmulas, el FPV arañó los 40 puntos, número que, en la provincia, está por debajo de lo esperado.   
Y si hablamos de Buenos Aires hay que destacar la buena elección de María Eugenia Vidal, aunque, para ser más preciso y con todo respeto por la señora, cabría decir que la buena elección la hizo Macri pues los votos de Vidal son, en realidad, votos de quienes desean que el expresidente de Boca llegue a la presidencia y votarían cualquier delegado que éste sugiriera. Si bien es un contrafáctico, los votos que pudiera tener Vidal si no estuviese “colgada” de la boleta de Macri serían, sin dudas, muchos menos. La buena elección en provincia de Buenos Aires (cerca del 10% por debajo de Scioli) fue determinante para que la distancia a nivel nacional no fuera lo suficientemente amplia y que con los votos de Ciudad de Buenos Aires, Macri pudiera mantenerse con expectativa de alcanzar la presidencia, más allá de que el candidato del PRO obtuvo 41,66% en su distrito, esto es, algunos puntos menos que los que supo obtener su delfín, Rodríguez Larreta, en la primera vuelta de la elección a Jefe de Gobierno.      
Por otra parte, Massa resistió la polarización y en la sumatoria con De la Sota alcanzó una aceptable performance de 20% que lo deja “en cancha”. Será difícil que resista la polarización que vendrá pero lo cierto es que parece que cerca de un 15% de la sociedad está dispuesta a depositar la confianza en el exjefe de gabinete de CFK que dice proponer la “vía del medio”.
Con los resultados, naturalmente y con bastante poca sensatez, no hay periodista opositor que se prive de sugerirle a Massa y a Macri que se unan, algo que “técnicamente” es imposible y que políticamente no sería aceptable por ninguno de ellos. Pues Macri logró posicionarse como la alternativa al kirchnerismo que más votos obtuvo y, con ello, especula que el voto antikirchnerista que en las primarias se dispersó, se reoriente hacia él. Su cálculo es que el 30% obtenido es el piso y que al oficialismo le costará alcanzar el 45% en primera vuelta, lo cual llevaría a un ballotage que, según el ingeniero, acrecentaría sus chances de vencer. De modo tal no necesitaría de ningún acuerdo con Massa porque acordar sería ceder algo a su adversario con un objetivo que puede ser conseguido sin ceder nada. En cuanto al tigrense, su construcción es a largo plazo y tras el error de no dedicarse a hacer pie en su provincia, la idea es lograr instalarse como candidato nacional de cara a 2019. A su vez, diputados, senadores e intendentes dependen de la suerte del actual diputado de modo tal que pretender “bajarlo” es una verdadera utopía.     
En el oficialismo, por su parte, se especula con que el objetivo de los 40% con diferencia de 10 está cerca y que el natural reacomodamiento del voto que se produce entre las PASO y las elecciones generales hacen que las 4 decenas sean el piso y no el techo de Scioli. Asimismo, el 38,5% obtenido por Scioli es un voto “puro” mientras que Macri tendrá que convencer a los votantes de Carrió y Sanz para que ahora lo voten a él. Si bien entre ambos suman apenas 6% y el puñado de votantes de Carrió probablemente se incline por el ingeniero, no parece tan claro que el voto radical se dirija hacia allí sin más, pues Sanz puso en alquiler el partido y logró que el radicalismo vaya sin candidato propio a cambio de “colgarse” de un candidato competitivo que acabe fortaleciendo las estructuras locales, pero eso no significa que el votante radical se sienta representado por Macri. En este sentido, la beneficiada indirectamente podría ser una Margarita Stolbizer que con 3,5% de los votos demostró que hoy la ciudadanía no cree posible un discurso progresista por fuera del kirchnerismo.           
Para finalizar, cabe decir que, sin dudas, los ataques al oficialismo estarán dirigidos a Aníbal Fernández, quien sería, presumiblemente, el futuro gobernador de la provincia de Buenos Aires. Tales ataques, probablemente, no alcancen para que el jefe de Gabinete pierda su elección (recuerde que en Provincia de Buenos Aires no hay ballotage y se gana, simplemente, obteniendo un voto más que el adversario) pero será la forma velada de atacar a Scioli para que éste no logre los puntos que le permitan alzarse con la victoria.




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