lunes, 27 de octubre de 2014

Banco Central: ¿independiente de qué? (publicado el 23/10/14 en Veintitrés)

La semana anterior, el grupo económico del candidato a presidente Sergio Massa dio a conocer su receta para eliminar las restricciones a la compra de dólares. A diferencia de su estrategia electoral en 2013, esta vez, su Frente Renovador no jugó a las escondidas sino que mostró todas sus cartas. Las razones de este cambio de estrategia pueden ser múltiples pero pareciera que la amplitud zigzagueante con la que Massa ha construido su carrera política (incluyendo haber sido Jefe de Gabinete del oficialismo) lo obligan a dar señales claras y precisas a lo más rancio del establishment, obligación que no cuenta para Macri quien, por sus credenciales, puede darse el gusto de decir que no reprivatizaría YPF ni los fondos jubilatorios.
Si se evalúa la propuesta específicamente podría decirse que ésta no pasará a la historia por su originalidad pues indica que hay que “volver” a los organismos internacionales de crédito como el FMI, liberar la posibilidad de que las multinacionales giren a sus casas matrices irrestrictamente sus dividendos y reformar la Carta Orgánica del BCRA.
Quisiera detenerme sobre este último punto pues, por si no lo recuerda, la pretensión del gobierno nacional de reformar la Carta Orgánica del BCRA fue el eje del conflicto que eyectó al ahora massista Martín Redrado de la presidencia de dicho organismo allá por enero de 2010.
El “Chicago boy”, fiel a su escuela, afirmaba que el BCRA debe ser independiente, es decir, manejarse con autonomía respecto a las políticas económicas del gobierno de turno. El latiguillo es que el BCRA está para “preservar el valor de la moneda” y lo que oculta esa idea es que los gobiernos populares con políticas económicas expansivas, redistributivas y de fomento del mercado interno lo que hacen es, justamente, debilitar la moneda. Así, por alguna extraña razón más esotérica que científica, la Escuela neoliberal de Chicago trata de explicarnos por qué el hecho de que muchos tengan más afectaría a la moneda pero que pocos tengan mucho la fortalecería.
Durante el “episodio Redrado” utilicé la figura del BCRA como un Vaticano, es decir, una suerte de Estado dentro del Estado, gobernado por una casta de técnicos que jamás se someten a las urnas y están al servicio de los intereses del capitalismo financiero. Pero esa definición sería sutilmente corregida por un pensador argentino bastante invisibilizado: Raúl Scalabrini Ortiz. Porque en el conjunto de textos reunidos bajo el título Bases para la reconstrucción nacional, que incluye artículos del segundo lustro de la década del 50, es capaz de decir lo siguiente:
“Para dar una idea aproximada de su poder se ha dicho que el Banco Central es un Estado dentro del Estado. La frase peca, no por ampulosidad, sino por deficiencia. Desde el punto de vista de la economía y de las finanzas con excepción de los valores inmateriales, constituye toda la vida del país. El Banco Central, en su estructura de 1939, es mucho más poderoso que el Estado argentino. Obedeciendo a razones que desconocemos, el embajador norteamericano, Mr. William Beaulac, nos lo ha recordado sorpresivamente hace poco, al decir: “Los problemas económicos no se resuelven con votos”. Ya lo sabemos. Los resuelve el Banco Central, que está por arriba de la política”.
Hay que recordar que el BCRA se crea en 1935, en el contexto de salida de la enorme crisis financiera que llevó a la quiebra a grandes bancos. En ese año, claro está, no había un gobierno democrático en Argentina y el encargado del proyecto para la creación de la entidad sería uno de los directores del Banco de Inglaterra: Otto Niemeyer.
Al servicio de los intereses del capital de su país, Niemeyer propuso un BCRA con clara preminencia de privados y extranjeros. Asimismo, como el propio Scalabrini nos recuerda, la lista de los designados como cuadros técnicos para lograr el correcto funcionamiento del Banco era bastante particular: “Contador fue designado Carlos Beckmann, dinamarqués. Jefe del Departamento del Tesoro, Aníbal Muschietti, suizo. Jefe del Departamento de Crédito, Silva, español. Del de Cambios, Grumbach, belga. De títulos, Korler, cuñado de Grumbach y Aris, español. Encargado del Estudio de los Tratados de comercio, Rey Álvarez, uruguayo, de larga residencia en Bélgica donde era asesor de B.R.U.F.I.N.A…y así sucesivamente. ¡Lo que se llama un elenco de primer orden! Los únicos heroicos argentinos eran los doctores Rául Prebisch y Edmundo Gagneux. ¡Qué honor!”
Lo cierto es que con la llegada al poder del peronismo, en 1946, una de las principales medidas fue la nacionalización del BCRA, que mantenía su autarquía pero en el que prevalecerían los bancos nacionales y se hallarían representados de forma más equilibrada los intereses del capital y del trabajo en el marco de un proyecto de desarrollo nacional. Sin embargo, en 1949, el BCRA pasó a depender directamente del ejecutivo puesto que el Presidente de la entidad, en tanto ministro de finanzas, sería designado por el presidente.
Como no podía ser de otra manera, tras el golpe de Estado contra Perón, hubo modificaciones en 1957 que luego fueron vueltas a retocar con el regreso del líder justicialista en 1973. Pero donde se ve un cambio claro es justamente en 1976. En ese año, se elimina la representación de los diversos sectores económicos y de los trabajadores y se incluyen tecnócratas de la monetarista ya mencionada Escuela de Chicago pregonando la apertura irrestricta al libre mercado.
Ya en la década del noventa hubo nuevas reformas que profundizaron el espíritu de la realizada por Martínez de Hoz y se impuso una normativa acorde a las necesidades del plan de convertibilidad. En un documento de trabajo del Centro de Economía y Finanzas para el desarrollo de la Argentina titulado “La regulación de la banca en Argentina (1810-2010)”, Guillermo Wierzba y Rodrigo López lo explican del siguiente modo:   
“[Con la reforma de 1992] (…) la llamada independencia del banco, no sólo fue expresada de forma literal, sino que fue asegurada por medio de otros artículos que tenían como resultado la escisión de la injerencia gubernamental en la política monetaria y crediticia: “En la formulación y ejecución de la política monetaria y financiera el Banco Central no estará sujeto a órdenes, indicaciones o instrucciones del Poder Ejecutivo Nacional””.

A su vez para que no quedaran dudas del sesgo monetarista pro libre mercado, la reforma en la Carta Orgánica incluyó un artículo, el tercero, en el que se indicaba que “es misión primaria y fundamental del Banco Central de la República Argentina preservar el valor de la moneda”.

Ahora bien, la pregunta es hasta qué punto el BCRA con perfil neoliberal es independiente o en todo caso habría que preguntarse independiente de qué. Pues el principal problema no parece el depender de algo sino la injerencia del Estado. En palabras de Wierzba y López: “Según la ley, el Banco debía desarrollar una política monetaria y financiera dirigida a salvaguardar las funciones del dinero como reserva de valor, unidad de cuenta e instrumento de pago para cancelar obligaciones monetarias, pero en los hechos, la moneda argentina cedió tales atributos al dólar norteamericano. La experiencia llevó al país a una de sus crisis económicas y políticas más profundas de su historia: el colapso de diciembre de 2001”.


Independencia de los gobiernos y de los Estados. No del capitalismo financiero ni de los grandes centros económicos. Esa parece ser la particular independencia de la que nos hablan. Y frente a ello no cabe más que recordar aquella aleccionadora frase de Perón: “La economía nunca ha sido libre: o la controla el Estado en beneficio del pueblo o lo hacen los grandes consorcios en perjuicio de éste”.