jueves, 9 de mayo de 2013

El relato y la disemiNación (publicado el 9/5/13 en Veintitrés)


La cuestión de lo que la oposición denomina “relato nacional y popular” se ha convertido en un tópico central que salpica todo acercamiento a temas de la actualidad política argentina y en boca de los comunicadores antikirchneristas es el mantra que busca teñir de irrealidad o de mera construcción propagandística los logros indudables de una gestión que está próxima a cumplir 10 años. Hablar de relato en términos peyorativos es funcional a la acusación de un intento gubernamental de controlar los medios de comunicación pero, por sobre todo, ha sido la respuesta natural a esa corriente de pensamiento que desde los sectores de la izquierda nacional comenzaron a reflexionar acerca del significado del kirchnerismo especialmente en el contexto de la disputa con las patronales del campo y la discusión alrededor de la ley de medios. Así, mientras de un lado se hablaba de una política contenciosa que debía dar una batalla cultural, del otro lado, sin demasiadas luces ni novedades, se intentó empardar al kirchnerismo con las diversas formas autoritarias que a lo largo del siglo XX se desarrollaron especialmente en Europa.
Frente a la acusación de construir un relato, en el sentido de mera ficción, hay dos opciones: o bien negarse a aceptar la acusación amparándose en hechos supuestamente incontrovertibles, o bien redoblar la apuesta y afirmar que el kirchnerismo es un relato pero que toda visión política, social y cultural posee el propio. Si bien los dos tipos de respuestas se solapan, las discusiones más interesantes se han dado respecto de la segunda opción, porque afirmar que toda perspectiva supone un relato implica aceptar una serie de principios incómodos para cierto sentido común demasiado imbuido de una separación tajante entre lo verdadero y lo falso, y lo real y lo ficcional.
Si bien la acusación de utilizar un relato parece tener pretensiones totalizantes y referirse a todo aquello que el kirchnerismo toque, como una suerte de Rey Midas inverso, el hecho de que se haga tanto hincapié en lo nacional y popular nos lleva a preguntarnos por los modos en que las ideas de nación y de pueblo se han constituido. Para indagar en ello, teóricos y tradiciones sobran. Desde Ernest Renán preguntándose ¿qué es una nación?, pasando por las “Comunidades imaginadas” de Benedict Anderson, hasta llegar a Ernesto Laclau y su repaso de las diferentes concepciones de lo que se entiende por pueblo, tenemos diferentes concepciones acerca de dos términos centrales de la teoría política moderna. De aquí que acercándonos más en el tiempo y en la geografía podemos preguntar, ¿existe una única manera de entender a la nación y al pueblo? ¿Quiénes son los representantes del pueblo argentino? ¿Los cabecitas negras que metieron las patas en la fuente o los caceroleros que retoman los cánticos de liberación y se autoproclaman “pueblo” frente a una “dictadura de los votos”? ¿Y la nación argentina cuándo surgió? ¿Fue antes de la colonización o fue gracias a ella? ¿O es que acaso fue 1810 o, si se quiere, 1853? ¿O habrá sido en 1945? Elegir una de estas opciones en detrimento de las otras supone, sin duda, una decisión que tiene costos y que denota una cosmovisión, en principio, si se quiere, ni mejor ni peor. Pero aceptar una determinada fecha o adjudicar el carácter de representación popular a un determinado sector con particulares características implica una fuerte toma de posición y, por sobre todo, supone un relato. El énfasis en esta problemática del relato me hizo recordar un texto de un pensador de origen indio no muy conocido por estos lares: Homi Bhabha. En un libro llamado El lugar de la cultura, publicado en 1994, y que recoge algunos de los artículos escritos en los años previos, Bhabha construye, con una prosa muy compleja, una perspectiva capaz de dar cuenta del lugar de las minorías introduciendo elementos de autores como Deleuze, Derrida, la tradición poscolonialista, la posmodernista y el psicoanálisis de Freud y Lacan. De los diferentes artículos que allí aparecen hay uno que creo que puede, en parte, hacer un aporte a la problemática del relato. Me refiero al que lleva por título “DisemiNación. El tiempo, el relato y los márgenes de la nación moderna”. Aunque parezca un error de tipeo, la palabra “DisemiNación” lleva una N mayúscula en el medio porque intenta mostrar que no existe una única manera de entender a la nación sino que ésta es la consecuencia de relatos en pugna. Hay, entonces, si se quiere, relatos diseminados acerca de la nación y también acerca de lo que consideramos, dentro de la nación, el referente “pueblo”.
Pero, además, Bhabha introduce algunas otras verdades incómodas: por sobre todo la idea de que no sólo hay una pugna de relatos sino que los relatos suelen caer en una trampa esencialista que los lleva a considerar que es posible identificar con claridad qué es la nación, qué es el pueblo, etc. Para aportar algo de claridad, pensemos en las maneras que nos dirigimos a otras culturas. Lo hacemos generalizando y afirmando que los x son así o asá como si fuera posible encontrar características inconmovibles para todo un grupo. Decir, entonces, que los argentinos tienen tal característica, o que para los mapuches el mundo se entiende de un determinado modo es no comprender las diferencias internas que existen al interior de cualquier colectivo humano. Lo mismo sucedería cuando hablamos de lo que el espíritu nacional es o lo que el pueblo quiere, porque no está claro a qué refieren esos términos y porque incluso, si fuese posible determinarlo, no podrían reconocerse, finalmente, los matices y las diferencias individuales intragrupales.
Por todo esto es que Bhabha habla de entender a la nación como una narrativa, es decir, como un relato que se desarrolla en el tiempo y que supone narradores ni objetivos ni trascendentes. No hay ni nación ni pueblo preexistente sino un relato que los constituye pero también tenemos, en el mismo momento, relatos en discordia que, entonces, se presentan como temporalidades diferentes producto de narrativas y narradores diversos. Así es que, para Bhabha, convive un relato que intenta, desde el presente, legitimar una línea atávica de continuidad entre una nación/pueblo tradicional autogenerada que tiene en la actualidad representantes fácilmente identificables en las clases poderosas, con otro relato que denuncia esa lógica y se arroga una representación popular desde el presente. Entre ambos relatos, a su vez, se constituyen, en lo que le interesa a Bhabha, los “otros” relatos, (los de las minorías, los de los pueblos rivales y los de los marginados), alterando esa tensión binaria y rompiendo la unidad y la supuesta transparencia de cada una de las posiciones.
Independientemente de si esta mirada de Bhabha puede entenderse como representativa  de lo que sucede en la Argentina, lo más interesante de su propuesta es la idea de que la nación y el pueblo son constituidos por relatos en pugna, contenciosos, conflictivos y siempre abiertos a reinterpretaciones. Tal perspectiva permite desembarazarse del totalitarismo de suponer que mi adversario es el único que relata, que ficcionaliza, y se transforma en una interesante advertencia para aquellos que consideran que existe la posibilidad de un acceso al mundo liberado de narraciones, sesgos y perspectivas.                         

1 comentario:

ADRIAN CASAS dijo...

TODO ES UN RELATO Q SE ENFRENTA A OTRO RELATO. EJ.: 1*CIVILIZACIÓN O BARBARIE??? O. 2*BRADEN O PERON???? O. 3*PATRIA O CORORACIONES????