jueves, 25 de octubre de 2012

La verdad relativa y la absoluta (publicado el 25/10/12 en Diario Registrado)


Esta última semana, Luis D´elía recibió una dura acusación desde el mascarón de proa del Grupo Clarín. Se lo señaló como estafador por ser el titular de una cooperativa que no habría otorgado las escrituras correspondientes y por poseer una casa con pileta. Además se lo señaló por ejercer una suerte de tráfico de influencias tras haber logrado que sus hijos trabajen en ANSES cobrando sumas exorbitantes. Tales hechos fueron desmentidos por la presentación de documentación que el propio D´elía realizó en 678 y a través del comunicado del ANSES que aclaró que los hijos del líder social cobran, como cualquier otro empleado de su jerarquía, entre 8700 y 11500 pesos.
Sin embargo no quisiera quedarme en este hecho puntual sino, en todo caso, utilizarlo como mero disparador para una reflexión general que podría iniciarse con esta pregunta: ¿Por qué muchos opositores al gobierno se empeñan en afirmar que los que apoyan a CFK lo hacen movidos por una conducta venal o una razón espuria? ¿Por qué pregunto esto? Porque creo que la acusación contra D´elía se apoya en ese mismo presupuesto que está a la base de afirmaciones tales como “los pobres la votan porque les da planes”; “los intelectuales la apoyan porque les da cargos”; “los jóvenes la siguen porque les da poder” o, simplemente, “vos la defendés porque estás comprado”.
¿Cómo se explica esto? Por una mirada que se dice dialoguista, abierta y plural y que, sin embargo, defiende un punto de vista acerca de la verdad completamente restringido. En otras palabras, aquellos opositores que entienden que todos los kirchneristas apoyan este modelo por ser, de una u otra forma, corruptos, consideran que la verdad es una sola y está de su lado. Así, consideran que dado que la verdad es incontrovertida, los kirchneristas son o bien ignorantes o bien sujetos que voluntariamente la tergiversan a cambio de un beneficio económico.
La consecuencia de esta mirada acerca de la verdad es dramática pues ¿qué diálogo se puede sostener cuando creemos que el otro está deslegitimado desde un principio? ¿Podemos aceptar como interlocutor válido a quienes consideramos ignorantes o actores de dudosa moralidad? La pregunta es retórica y de ella se sigue que muchos opositores consideren que a los ignorantes no hay que escucharlos sino arrearlos como manada, y que a los presuntos inmorales no vale la pena intentar convencerlos sino que, simplemente, hay que denunciarlos.          
¿Esto significa que no existe ningún corrupto en el gobierno o que no hay sujetos que se han acercado al kirchnerismo por conveniencia y cuando la veleta gire serán los primeros en arrojar la piedra? Claramente no. Conductas de este tipo suceden en este y en cualquier gobierno. Pero también es verdad que tanto en este como en cualquier otro gobierno existe una mayoría de ciudadanos que, pueden estar equivocados, pero están convencidos de apoyar un modelo. Lo hacen desinteresadamente, o, más bien, lo hacen porque les interesa el país y su bienestar individual, y consideran que su proyecto es mejor que otro. No hace falta revisar el papelerío a ver si se les encuentra alguna mancha pues la inmensa mayoría de los ciudadanos lo defiende de manera honesta.
Quizás, entonces, se trate de comprender que la mayoría de los kirchneristas simplemente siguen esa máxima de Néstor Kirchner que decía defender una verdad relativa que a través de la persuasión y la política busca sumar adhesiones. No es ni más ni menos que eso. Es gente que piensa de determinada manera por convencimiento y no por corrupción, como el resto de los argentinos e incluso, me atrevería decir, como el resto de los humanos. Así de simple. ¿Que los kirchneristas no pueden cambiar de opinión? Claro que pueden. Hay que escucharlos y ofrecerle otra verdad relativa. Una que se presente como tal y que deje espacio para el intercambio, algo que no sucede con las verdades absolutas.