jueves, 17 de septiembre de 2009

El fin justifica los miedos

Los debates previos a la media sanción a la nueva ley de comunicación audiovisual han exagerado aún más la histeria, las operaciones de prensa burdas y la remisión a fantasmas dignos de algunas décadas atrás. Los argumentos han ido de los menos a los más triviales pero en las horas previas a haberse votado la ley en diputados todos estos argumentos confluyeron en una sincronía tumultuosa. Desde que los representantes no eran legítimos, pasando por la idea de que esta ley atentaba contra la libertad de expresión, para terminar en un humilde pataleo ante la falta de tiempo para leer las modificaciones. Mayor pobreza intelectual tuvieron aún los periodistas que en “A dos voces” recurrieron a una serie insólita de amenazas sesgadas, tergiversaciones hechas con mala voluntad y, por último, pedidos de clemencia. Así, parecido a lo que ocurrió con el fútbol, primero se apeló al amedrentamiento bajo la idea de que llegarían juicios multimillonarios; luego se buscó instalar un grupo de slogans que en este caso indicaban que TN no iba a poder llegar más a todo el territorio y que Clarín iba a ser cerrado por el único pecado de ser exitoso. Por último, aunque vinculado a esto, se intentó hallar piedad afirmando que muchas personas se quedarían sin trabajo. Contrariando el viejo adagio debería decirse que no sólo la inteligencia sino también la estupidez es limitada. De aquí que sea difícil no ver esto como una demostración del vergonzante intento por defender los intereses del Multimedio. Claro que dentro de los multimedios hay diferentes actitudes, algunas, por supuesto más decorosas. Por eso es que sin llegar a exigir la inmolación por una causa justa, al menos podría implorarse no hacer las veces de idiotas útiles ni sobreactuar obsecuentemente calculando potenciales réditos. A tal punto llegó en algunos casos este nivel delirante de defensa que no pocos de los más importantes periodistas del grupo Clarín salieron a dar un debate semántico y etimológico con la intención de mostrar que en sentido estricto esto no era un monopolio, sino, en todo caso, un oligopolio con un grupo que, específicamente, concentra buena parte del espectro audiovisual y gráfico. Asimismo, en algo que un buen psicoanalista probablemente defina como “proyección”, las principales plumas abrumaron con frases tales como “los K enloquecieron; se desbocaron; están contra las cuerdas, echan espuma por la boca, etc”.
En el medio de este delirio de una cadena nacional privada con una cámara fija en buen parte de los debates y agitando el demonio neomacartista del chavismo, el Gobierno hizo algunas cosas bien. Por lo pronto, se dio cuenta que debía logar un consenso amplio y que la transversalidad perdida podía reeditarse coyunturalmente en el Congreso. Esto fue posible, claro, por una centroizquierda razonable que sabe que la política es una especie de gran pista circular donde correr demasiado por izquierda acaba haciendo que uno llegue por derecha. Es por eso que el Gobierno, vedando el ingreso de las telefónicas y reformulando la composición del organismo de control, logró incluso el apoyo de los que fueron socios del ARI: los socialistas.
Guste o no, el parlamento argentino está demostrando una madurez insospechada. Lejos de ser una escribanía, fue el espacio donde se discutió sin piedad la 125 y donde se siguen discutiendo leyes que suponen cambios estructurales como la eliminación de las AFJP y la ley de Medios.
Por último, aun a riesgo de desdecirme, quizás haya que matizar en parte aquella frase de algunos párrafos atrás que indicaba que muchos de los argumentos de la oposición no pueden ser fruto de la estupidez. Quizás ni siquiera sea sólo por venalidad. Probablemente sea también por un miedo natural, casi un instinto de supervivencia. Por ello, permitiéndome cerrar jugando con los sonidos de las palabras y con la polisemia de la palabra “fin” que funciona como término/límite, pero también como horizonte deseado, quizás debiéramos decir que la mejor frase para explicar tanta verborragia inútil sea “El fin justifica los miedos”.

3 comentarios:

Lili :o) dijo...

Me gusta mucho tu nota Dante. No la leí en publicación original. Si me permitis vincularé tu sitio en mi FB. Sino avisame! un beso
Lili :o)

Gonzalo Nogueira dijo...

excelente Dante... briiillante... para sumar, mi indignación crece aún más al escuchar y leer a los llamados "abogados constitucionalistas" que con su "opinión profesionalizada" ya se animan de "tachar de inconstitucional" esta ley sin ninguna argumentación JURÍDICA!!! Favaloro tenía razón?? (es un chiste, no te asustes!). Es lamentable... pero concuerdo con vos en que creo que estamos dando muchos pasos adelante... el congreso esta dando señales de gran madurez, eso me da pequeñas esperanzas de que la discusión política se robustice. Será finalmente que la mayor virtud de este gobierno fue la de habernos "devuelto" la política?... entre otras cosas que no quiero enumerar porque sino me acusan de oficialista... y qué?.
abrazo dantesco.

AyD dijo...

Muy bueno Dante..la verdad, es lamentable la actitud de los periodistas funcionales al monopolio de clarín. Resulta indignante el bajo nivel argumentativo mediante el cual intentan demostrar lo restrictivo de la Ley..peor es aún el hecho de que ésta gente es formadora de opinión, de manera tal que si uno no tiene cierta formación crítica asiente ante estos genuflexos "profesionales". Abrazo

Damián