sábado 31 de mayo de 2008

10.000 entradas

Amigos y amigas: el blog ha llegado a las 10.000 entradas, lo cual, sin dudas, no sería posible si ustedes no tuvieran la deferencia de entrar, leer y comentar. Les agradezco a todos y espero seguir recibiéndolos. Dante

jueves 29 de mayo de 2008

El individuo y el Estado

Entre tanta coyuntura y repetición; entre tanto vedetismo y tanto grito, entre tanta amenaza y tanta escarapela, un humilde intento de abstracción que propone sumar algunas categorías para intentar entender el conflicto del Gobierno con el Campo. A mi parecer, existe un pequeño ensayo de Borges llamado “Nuestro pobre individualismo” que puede ayudar a comprender algo de lo que está pasando.
Si bien, sería insólito destacar a Borges por sus, no sólo conservadoras, sino pobres ideas políticas, el autor de Ficciones es citado aquí a partir de una afirmación simple y clara: el argentino no es ciudadano sino individuo. En otras palabras, no tiene un sentido de pertenencia a la República, no concibe su libertad al estilo clásico en el sentido de ser autónomo por participar de las decisiones de la polis; más bien, es el claro ejemplo de la libertad moderna que considera que se es libre en la medida en que nada se interpone en el camino. Derivada de esta última forma de entender la libertad, cierto liberalismo extremo, a veces llamado libertarismo, afirma que ese “nada” incluye al Estado. Es decir, la libertad del individuo florecerá en la medida en que el Estado sólo se ocupe de garantizar la propiedad privada y los derechos que me permitan elegir el ideal de buena vida que yo prefiera.
Desde este punto de vista, el Estado aparece como un otro, un algo ajeno, un enemigo. El individuo no se siente parte del Estado y cualquier clase de impuesto que suponga un extra (es decir, que se utilice para algo más allá de la protección de la propiedad privada) es considerado confiscatorio.
En la disputa Gobierno-Campo esta relación de ajenidad respecto del Estado es clara. Paradójicamente, a diferencia de los nacionalismos contra los que Borges discutía, esto es, aquellos que pregonaban por un “Estado más grande”, el nacionalismo de los dirigentes del campo es mucho más lábil, escurridizo. Parece liberal/libertario cuando se discuten ganancias extraordinarias y es socialista redistributivo cuando los precios internacionales bajan y hacen falta subsidios estatales. Hay algunos elementos más que en el ensayo de Borges pueden ayudarnos a pensar. Me refiero a las razones por la cual los argentinos sienten que son individuos enfrentados al Estado. Resulta interesante porque hay argumentos que son muy actuales. El primero es que, dado que los gobiernos argentinos siempre han sido un desastre y se emparenta gobierno con Estado, no queda otra que la salvación individual a-política; el segundo argumento, mucho más filosófico y con el que Borges juega socarronamente, es que el Estado es un artificio colectivo, un invento y que en tanto tal sería imposible que nos sintamos parte de algo que sólo existe como ficción. Sobre el primer argumento, los dirigentes del campo machacaron una y otra vez desde el momento en que el gobierno corrigió su error inicial de subir las retenciones sin discriminar entre grandes y pequeños y medianos. Se decía que no tenía sentido el aumento de los impuestos porque el gobierno se lo robaba o lo utilizaba para el tren bala; también se decía que los reintegros no servían porque “se quedaban en el camino” y nunca volvían a las manos de los productores. Decir que el gobierno roba me parece exagerado y propio del sentido común del porteño medio clarividente y engreído con aparente saber empírico surgido del mero transcurrir de años y de calles, que afirma “los políticos son todos ladrones”. No me parece que este sea un gobierno con una corrupción estructural como algunos afirman. Hay casos de corrupción, algunos más o menos probados y otros sospechados pero probables. Por otra parte, en esta línea, los paladines de la transparencia, los que viven de la compulsión a la denuncia, nunca caen en la cuenta, de que la crítica a la corrupción no es nunca una crítica sistémica. Son los mismos que afirman que el gran vicio del gobierno de Menem fue solamente su nivel alto de corrupción.
En cuanto al tren bala, no hay mucho que decir. Resulta una erogación insólita con la cual se podrían mejorar todas las líneas existentes o restablecer el sistema ferroviario nacional previo a los 90. También podría utilizarse para construir todas las redes de subte que hacen falta para que transitar la Capital sea menos agobiante. La lista puede seguir pero eso no es en lo único en que gasta el dinero el gobierno. Decir “no” a las retenciones porque con esto se paga el tren bala es tan parcial como afirmar “sí” a las retenciones porque ese dinero se utilizará sólo para redistribuir entre los que menos tienen a través de subsidios o de los aumentos existentes a jubilaciones y sueldos de empleados públicos.
En cuanto a que los reintegros no llegan, es verdad: no llegan porque para que lleguen hay que estar en blanco y pagar impuestos.
En lo que respecta al segundo argumento, este que afirmaba que no podíamos sentirnos parte de una ficción, resulta un puntapié interesante para pensar el conflicto actual en clave nacional. Dejando de lado la fantasía de una reedición del combate entre federales y unitarios, que algunos interesadamente quieren reflotar, cabe preguntarse qué elemento hace que regiones, intereses y tradiciones tan dispares puedan formar parte de un mismo territorio llamado Argentina. Pero eso es asunto de otro artículo.
Por último, una mención a una de las tantas cadenas de mails que andan pululando. Hoy me llega la de un muchacho que propone solidarizarse con el campo quitando los ahorros de los bancos, comprando moneda extranjera y retrasando los adelantos impositivos. Hay muchos pseudo guevaristas de cibercafé que ocupan su tiempo en tales revoluciones virtuales. Creo que esos mails ya llegan con un nombre que se va borrando, se va haciendo anónimo para transformarse en el del argentino medio: cree que afectar al Estado, es afectar al gobierno y cree que él no forma parte del Estado. Seguro que debe ser de aquellos que critican los modales de Moreno pero le recriminan que en tanto agente del Estado no controle los precios de los colegios privados; seguro que es de los que dice “yo le pago el sueldo” y se olvida que también le paga el sueldo a los obispos a pesar de formar parte de un Estado laico; seguro que debe ser de aquellos que rescatando el mero vinculo que promueve la continuidad de la cercanía espacial, antes que “ciudadano” prefiere que le llamen “vecino”.

lunes 19 de mayo de 2008

Los auténticos

En la actualidad política argentina suelen oírse una serie de conceptos y terminología propia de aquella tradición romántica que surgió como respuesta al pensamiento iluminista del siglo XVIII.
El romanticismo resaltaba la fe y la religión por sobre la razón; lo espiritual por sobre lo material; lo cualitativo por sobre lo cuantitativo; lo emocional/pasional por sobre lo racional; el elogio de lo natural por sobre la maquinaria del progreso; lo particular como auténtico por sobre lo universal como artificio; el provincianismo por sobre el cosmopolitismo; la espontaneidad por sobre el cálculo racional y “economicista”, etc. Además, muchos autores románticos fueron antecedentes de los nacionalismos más beligerantes defendiendo la idea de “Espíritu nacional” como la esencia que hace a un pueblo ser lo que es. El espíritu nacional se transforma así en una entidad homogénea que subyace a los accidentes históricos y que funda una referencia que permite construir una historia nacional de mitos, epopeyas, santos y héroes que viene a manifestar ese espíritu. De este modo, algunos pensadores románticos, critican al Estado en tanto artificial y rescatan, en cambio, a la nación, esto es, las costumbres, la geografía, la tradición y el lenguaje como el elemento unificador constitutivo del pueblo.
La disputa entre románticos e iluministas llegó al territorio del Río de la Plata, de aquí que no resulte casual que la generación del 37 sea considerada romántica más allá de defender paralelamente muchos principios iluministas. Esta tensión, tan propia de estos lares, reaparece a lo largo de la historia argentina y puede ser útil para notar algunas paradojas de una actualidad en la que la palabra más mencionada es una muy poco romántica: “diálogo”.
El elogio inconsciente de los ideales románticos aparece en varios órdenes. Por un lado, se hipostasia a “el campo”, se le da entidad, voluntad y se lo hace un sujeto claramente delineable y homogéneo. Se lo dota de un espíritu y no se cae en la cuenta de que este espíritu que se presenta como preexistente es siempre construido a posteriori. A esto contribuyó el error de la medida indiferenciada que en un principio adoptó el gobierno, la ignorancia de la clase media porteña y unos vivos y unos idiotas útiles que forman parte de la Sociedad rural y la Federación agraria respectivamente. De este modo, la Argentina parece todo el tiempo disputarse una serie de ficciones esenciales románticas: “nosotros somos el campo”, “nosotros somos la gente”, “nosotros somos el pueblo”. La disputa, claro está, tiene que ver con quién es el representante de la ficción hipostasiada puesto que en tanto tal, la ficción se moverá al compás de quien se imponga como cabeza. Por eso es tan grande la puja y a su vez tan difícil de legitimar: dado que no existe sustento material que dé cuenta de estas construcciones cualquiera puede erigirse como cabeza y cualquiera puede poner en tela de juicio la legitimidad. Por ejemplo, en los últimos días todos dicen representar al pueblo: Moyano, cada una de las federaciones agrarias, los caceroleros de Belgrano y Cristina. De todos estos, el que tiene más legitimidad es ella pues ha sido votada hace muy poco por casi el 50 porciento de la gente. Que tenga legitimidad, claro está, no la acerca a las decisiones correctas ni a la verdad pero al menos, los gobiernos elegidos por el pueblo han sido sometidos en algún momento al escrutinio de todos los ciudadanos. Pero también es necesario decir, que la legitimidad formal, el hecho de haber sido elegido por las urnas, no garantiza a los gobiernos una legitimidad fáctica, en el sentido de que una serie de errores o medidas antipopulares puede generar un descontento que seguramente le quitará caudal político y margen de maniobra. En este sentido, la estrategia de desgastar al campo seguramente será efectiva pero a mi juicio ha tenido costos muy altos.
Como la legitimidad fáctica es difícil de medir, todos construyen sus sensaciones térmicas de manera arbitraria y a través de un movimiento sinecdótico: se designa a un todo tomando sólo una de sus partes. Así 100 manifestantes con cacerolas haciendo ruido en una esquina se transforman en el sentir popular “de todos” y los operadores de siempre hablan de “la gente”.
A la hipostatización de entidades inexistentes y al movimiento sinécdótico debemos agregarle cómo se resaltan otra serie de cualidades románticas. La más visible fue el elogio a la “espontaneidad” como aquello que rescata un perfil de pureza y bondad. El espontáneo es auténtico en franca oposición al calculador que parece seguir una lógica racional y autointeresada.
El exaltamiento de los valores románticos también se vio claramente la última semana en un ámbito que es muy proclive a este tipo de acciones: el fútbol. Un jugador de River tuvo la mala idea de decir que su hinchada no alienta lo suficiente y que en ese sentido es claramente superada por su rival, Boca. Hace algunos años ya, un episodio similar había tenido como protagonista a un jugador de Vélez que se quejó de su propia hinchada por haber sido superada en número y presencia ensordecedora en su propia cancha. Fue el mayor sacrilegio que se le pudo hacer a un hincha. Hubo manifestaciones y escándalos. Al jugador de River lo quieren echar del club, hinchas, dirigentes y periodistas hinchas. Se había tocado el “sentimiento inexplicable” y lo inexplicable, románticamente hablando, es un valor.
Ni que hablar, si de elementos románticos se trata, del acto del partido justicialista en el que asumió Kirchner. La liturgia peronista a pleno, con un presentador que parecía referirse a luchadores de catch antes que a autoridades de un partido político. Referencias a “el pueblo” por doquier en una presentación que no debe ser criticada por anacrónica sino por hacer referencia a una entidad inexistente. La misma falsa referencia es aquella a la que apuntó el campo cuando propuso utilizar las escarapelas arrogándose, como tantas otras veces a lo largo de la historia, el rol de ser “la argentina real y auténtica” frente al “clientelismo vil”. Así no resulta casual que el campo prepare un acto para el 25 de mayo, como también lo hace el gobierno y que empiece a circular ya la idea de “el país del bicentenario”. Parece que en la corta historia argentina los aniversarios seculares exacerban la discusión acerca del ser nacional. Que está discusión se diera en 1910 tenía algún sentido pero darla en 2010 es una repetición más cercana a la comedia.
Entre los intelectuales también hay una solapada discusión en términos de autenticidad romántica. Los que se oponen al gobierno se consideran objetivos, realistas y acusan a los otros de inauténticos, es decir, consideran que nadie puede defender políticas del oficialismo si no tiene intereses directos o indirectos. Es interesante porque no los acusan ni de tontos ni de errados sino de farsantes. La racionalidad es reconocida pero lo que no se les admite es la (supuesta) falta de autenticidad que hace que algunos cerebros cooptados por el dinero y la ideología estén al servicio del mal. Esto es muy interesante porque a aquellos que no están completamente en contra del gobierno ni siquiera se les da el beneficio del error. Se los acusa de venales y de defender oscuros intereses. De este modo, hay un grupo importante de intelectuales, periodistas y opinólogos que no pueden entender que exista otra gente tan respetable como ellos que defienda opiniones distintas. Eso no es posible: la capacidad argumentativa es de muchos pero la autenticidad es sólo de los opositores rabiosos. Al resto de los argentinos no rabiosos se nos adscribe impostura, inautenticidad y mentira.
En este punto me quiero detener. El valor de la autenticidad está en que no admite el error. Quien es auténtico cree no poder equivocarse. Que la pasión por un color sea un sentimiento inexplicable le da una gran mano al que lo exhibe porque no lo deja elegir. No hay argumentos racionales que puedan poner en tela de juicio la autenticidad inexplicable de su pasión puesto que si los hubiera se podría cambiar de camiseta y eso no lo admite el ideal de autenticidad. La autenticidad se presenta como aquello que nos permite contactarnos con la verdad y que sea inexplicable permite soportar mejor las decisiones porque no nos da lugar a ninguna pregunta. La autenticidad es primigenia, original, siempre lejana, lo suficiente como para no saber de dónde viene.
Y en el medio de esta orgía romántica, la gran paradoja es que la palabra más escuchada en las últimas semanas es “diálogo” y el diálogo es justamente muy poco romántico pues supone una racionalidad y una relación entre al menos dos personas que incluye una exteriorización y que no queda circunscripto al ámbito monológico de la espontaneidad auténtica. Esta relación entre hablantes, como ya observaba Sócrates, supone que aquellos que entablan el diálogo están abiertos a la posibilidad de reformular su punto de vista pues la verdad nunca se presenta de forma simple y clara. Hay que trabajarla, elaborarla. De aquí que Sócrates se inclinara por las posibilidades de modificación propias de la oralidad frente a la fijeza del texto escrito.
El gobierno ha cedido, sólo en parte, con los retornos y los subsidios diferenciados además de acuerdos por la carne, etc. El campo pide diálogo pero no ha cedido nunca. Entonces no hay diálogo, hay soliloquios amplificados por transmisiones “en cadena” desde una tarima de Gualeguaychú. Allí, la radicalidad es virtud y los gritos y las amenazas son perdonados, pues son “verdaderos”, son “auténticos”.

jueves 8 de mayo de 2008

El presente absoluto de los medios

En momentos donde el gobierno entabla un debate político (no económico) con las Federaciones del campo y un debate económico (y político) con algunos multimedios, parece necesario intentar un análisis que trascienda, en la medida de lo posible, la coyuntura.
El presente enfoque tiene como base un diagnóstico que posee toda la arbitrariedad de una cuota demasiado grande de subjetividad. Me refiero a la sensación de opresión, desgaste y límite que se me genera al observar las coberturas de radios, televisión o diarios. Para decirlo en otras palabras, basta tener acceso a alguno de los medios mencionados como para poder sentir que, por diversas razones, la Argentina parece atravesar un momento de agitación insoportable que devendrá explosivo. Sin duda se trata, en parte, de los coletazos de la disputa entre gobierno y multimedios pero reducirlo a eso sería insuficiente. En este sentido, creo que para entender la sensación de pesadez y hartazgo que se nos presenta cada vez que intentamos informarnos, es necesario tomar en cuenta que esto puede ser también la consecuencia de una lógica que es propia de los medios más allá de sus inclinaciones ideológicas, berrinches histéricos de coyuntura o intereses económicos.
El agobio y el hartazgo, más allá de las condiciones “objetivas” de algunos hechos agobiantes y hartantes, es producto de la exacerbación del presente que producen los medios. En esta línea tomo prestado el concepto acuñado por Tomás Abraham y que da título a su último libro El presente absoluto. La lógica mediática es una lógica en la que todo es presente: el pasado se reduce a la última noticia, la urgente, la que aparece como primicia. El pasado es cada vez más cercano pues la búsqueda de la primicia y la aparente necesidad de enterarnos en el instante, nos lo acerca cada vez más al punto de ser (casi) presente. Por su parte, el futuro es siempre un desastre inminente por venir. Viene el humo, vienen las cenizas, viene (venían) los veedores del FMI, va a aumentar el Riesgo país, está por caer granizo, “estamos dejando pasar una oportunidad histórica”, De Angeli va a cortar todas las rutas y en poco tiempo no tendremos que comer, D elía va a hacer un piquete universal, Riquelme se va a ir de Boca y Pagani y Radio Mitre tendrán que inventar nuevos Gagos y Banegas, etc.
Las alarmas son más alarmantes si se acercan, de aquí que a nadie le importe si se afirma que desaparecerá la vida sobre la Tierra cuando en millones y millones de años se apague el sol (aunque bien podríamos decir, que deberíamos aprovechar la luz solar porque “estamos perdiendo una oportunidad histórica”). Por esto Carrió y Piñeiro son mediáticos: pues son funcionales a la lógica del apocalipsis cercano. Se los invita y ya se sabe que se viene algún vaticinio de desastre próximo. Pero eso es lo que importa: que el futuro (oscuro) sea próximo, sea (casi) presente. Tal como yo entiendo la idea de presente absoluto se trata, entonces, de un presente que se corre hacia el pasado y el futuro próximo y los transforma en un bloque presente de límites grises pero límites al fin.
Dado que el pasado ha desaparecido, como dice Abraham, el presente absoluto no tiene memoria pues es puro instante repetido. A esto agregaría que es justamente esta ausencia de pasado la que permite la eterna repetición que, dicho en términos platónicos, reproduce infinitamente las imágenes cada vez más degradadas. De esa manera, el hecho de que pululen canales de noticias y que las radios insólitamente crean necesario repetir las mismas noticias cada media hora, no sólo nos sumerge en un agobiante instante sino, además, en un instante cuya información se va degradando en cada repetición.
La gran paradoja es que el presente absoluto se caracteriza por su velocidad. Todo es vértigo y aceleración y sin embargo nunca deja de ser presente. Es una velocidad estática, una velocidad que no nos lleva al futuro sino que nos deja quietos en el presente. Es casi como la paradoja de Zenón y lo peor es que todos creemos ser Aquiles y mientras tanto se nos escapa la tortuga.

viernes 2 de mayo de 2008

Destacado de la Política online

Amigos y amigas: el diario digital La politica on line http://www.lapoliticaonline.com/
destacó este blog en el área de política. Quiero agradecerle al diario y a los que entran a mi blog a leer y comentar. Saludos, besos, abrazos y a seguir debatiendo. Dante