miércoles, 28 de febrero de 2007

El número y la sensación

Algunos días atrás, el gobierno impulsó y efectivizó la destitución de la directora del INDEC Graciela Bevacqua. Llamativamente, esto desencadenó un sinfín de comentarios, expectativas, marchas y contramarchas que ocuparon grandes espacios en medios gráficos, televisivos y radiales. Allí se especuló sobre qué pretendía el gobierno con esta acción, e, impulsado por el macrismo y por el lavagnismo, se puso en tela de juicio la credibilidad del INDEC, especialmente, en lo que respecta al número de la inflación.
A mí no me interesa indagar, como afirman algunos, si esto es parte o no de un maquiavélico plan de un gobierno que coopta voluntades y que no admite disidencias, o si se trata de una medida que fue capitalizada por una oposición que parece no tener demasiados resquicios donde asomar ni plantea una alternativa programática seria.
Lo que me interesa es retomar un tópico que he venido observando en estos últimos tiempos y que se ve claramente en esta controversia: la pasión por el número y su relación con las sensaciones. Para ser más precisos, lo ocurrido en el INDEC manifestó una vez más la compleja relación que los medios y “la gente” expresan a través de determinados números. En este caso, como pocas veces vi en mi vida, la mayoría de los medios estuvo pendiente de cuál era el número de la inflación de enero. Para eso decenas de noteros transmitieron, en vivo, el momento en que debía darse a conocer el índice y desesperaron ante la demora (sospechosa según ellos) de dos horas que finalmente arrojó el número de 1,05% para el mes de enero.
A mi juicio, impulsados por medios que entre la ausencia de noticias (algo propio del verano) y ciertos comentarios que comienzan a tener tufillos de campaña electoral, la opinión pública, aparentemente, tuvo que empezar a preocuparse por “El número de la inflación de enero”.
En ese momento comenzó a generarse lo que suele exponerse como “sensación”. La gente empieza a “tener la sensación” de inflación, de la misma manera que cuando se publicitan dos o tres hechos de violencia vuelve “la sensación” de inseguridad y se empieza a hablar de “ola de.....” .
Parecería que siempre nos hace falta un número: acabada la tontería del “Riesgo país” (por si usted no lo recuerda, los informativos radiales, cada 30 minutos junto al servicio meteorológico y al estado del tránsito, informaban acerca del puntaje con que una empresa privada extranjera calificaba el riesgo de invertir en determinados países) y planchado el dólar, debemos estar pendientes de cualquier numerito que pueda cuantificarnos las sensaciones. Así, “número” y “sensación” funcionan como complementos que se confirman el uno al otro como profecías autocumplidas y, en un circulo que poco tiene de virtuoso, nos hacen perder de vista si el número genera la sensación o la sensación genera el número.
En este sentido la única manera de resolver este asunto que tal como se encuentra expuesto tiene mucho del eterno dilema del “huevo y la gallina” sea tratar de eliminar al número y a la sensación como guías privilegiadas de nuestro acceso a lo real recordando que las estadísticas no son un dato en sí ajeno a cualquier tipo de hermenéutica y que apelar a las sensaciones para legislar o exigir acciones de nuestros representantes es, muchas veces, lisa y llanamente apología de la irracionalidad.

5 comentarios:

Juan dijo...

Una vez más, absolutamente de acuerdo.
Es inherente a nosotros medirnos, cuantificarnos y reconocernos en relación con otros entes. Esto es producto de que no hay acceso a lo propio, así que hay buscarlo afuera -en otros órdenes, es lo mismo que pasa con la mirada del otro-.
Lo del Gobierno en este caso fue temeroso; no salgo del asombro ni de la tristeza.
Una vez más, felicitaciones

Viviana dijo...

Sí, tal vez el noticiero pueda decirnos cómo nos va ya que no podemos percibirnos. Es lo de siempre, la realidad te la define el afuera, la culpa la tienen otros. El gobierno hace su juego, la oposición no sabe a qué jugar. El papel de los medios es patético. ¿Y la autocrítica para cuándo?

Kantabrigian KNTRO dijo...

Todavía recuerdo cuando, a bombos y platillos, anunciaban que el índice de desempleo alcanzó una sola cifra, después de trece años , dándole una importancia que, a fin de cuentas, resulta tan abstracta como inútil. ¿8,7% después de trece años? ¿Acaso un 8,5% en doce años iba a tener más repercusión? Mmm, no sé, me parece que gran parte de los habitantes de esta bendita nación no puede entender la complejidad del porcentaje debido a sus estudios parciales (¿acaso esta última oración no tiene más fuerza que simples números y símbolos?).

Pero, para desgracia de Descartes, los números están de moda en el siglo XXI; y es claro que no me refiero sólo a los algoritmos: desde otros lugares más banales podemos decir que las organizaciones con fines de lucros triplican siempre la cantidad de espectadores de tal o cual show; es casi una constante.

También, y para finalizar, puedo decir que tanto Dante como algunos de estos siniestros comentadores, se fijan, en cada visita, cuántas veces fueron vistas las páginas de este blog. Tal vez 308 clicks sean indicador de algo. ¿De qué? No lo sé; siempre me llevé matemática a marzo...

Felicitaciones, Dante, por el espacio. Se merecía algo así desde hace rato. Espero, al menos, una actualización semanal. La venganza será terrible....

Anónimo dijo...

Dante, sos un ladri man...
Me presento en la web como "Tota" he recorrido todos los flogs, y ahora me he iniciado en los blogs.

Metete tu título en la nalga derecha y este blog en la izquierda.
Puto!!!!!!!!!!!!!!!

Dejá de robar $$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$
justificando saber filosofía. No dejás de ser un facho de mierda de la franja morada.

Besitos
Tota

Mauro dijo...

Aplausos a ANoNimO....sos un grande.....y voS dANTE.....LA TENES DEMASIADO CHIQUITA....PERDON..SOs demasiaDo chico...empezando por tu cerebro claro...