martes, 29 de mayo de 2018

¿Hay 2019? (editorial del 27/5/18 en No estoy solo)


La abrupta devaluación sufrida durante mayo ha sido un problema para el gobierno y se equivocan quienes hablan de una crisis autoinfligida. Suponer eso daría cuento de un gobierno omnipotente, con una astuta razón capaz de controlar todas las variables, incluso las que en principio parecen ir contra su propio proyecto. ¿Esto quiere decir que el gobierno se siente incómodo con el FMI? Por supuesto que no, pero eso no significa que la corrida y la presión sobre el dólar hayan sido coordinadas desde la administración. En todo caso, Macri es culpable por convicción o por impericia de exponer nuestra economía a una extrema vulnerabilidad y se puede beneficiar con un dólar a 25 pesos que le da competitividad a las exportaciones, le hace rendir más los dólares que pide prestado, se transforma en un impuesto de hecho ante el masivo éxodo de turistas, y reduce, medido en dólares, el sueldo promedio de los trabajadores, pero todo esto no significa que este escenario haya sido propiciado por su gobierno. Sin embargo, alguien podría decir que esto es funcional a la aceleración del ajuste y no cabe duda de que así es pero Macri hubiera preferido avanzar en ese sentido una vez comenzado un eventual segundo mandato y no a poco más de un año de las elecciones. La razón de esto es simple: comienza a percibirse que el gobierno es incapaz de controlar la economía y las proyecciones sobre el futuro son poco alentadoras. Y si Cambiemos pierde el monopolio de la expectativa, que hasta ahora fue su gran virtud, el horizonte se complejiza y lo que parecía un camino fácil hacia la reelección hoy puede presentar algunas piedras en el camino.   
Sin embargo, las objetivas dificultades económicas de un gobierno que devaluó 150% la moneda y tiene una inflación acumulada de casi el 100% en los primeros 30 meses de mandato, presentan desafíos para la oposición también. En ese punto hay varias cosas para decir, algunas bastante incómodas. Por lo pronto, cabría indicar que, aun cuando el gobierno se ha mostrado enormemente hábil en la negociación política y en las transformaciones culturales, el presunto gradualismo no es una decisión gubernamental sino el resultado de un equilibrio de fuerzas, las condiciones de posibilidad en un escenario en el que la oposición se encuentra completamente disgregada pero tiene focos de resistencia que la voracidad y las torpezas del gobierno muchas veces logran reunificar. Sin embargo, dicho esto, tampoco se puede dejar de soslayo que los principales problemas del gobierno le vienen menos por la “resistencia popular” que por la impaciencia de una clase media que votó con la ideología antes que con el bolsillo pero que ahora empieza a incomodarse; y por una corrida cambiaria que no es otra cosa que una transferencia de ingresos y fuga de capitales propiciada por los mismísimos socios del gobierno. Entiendo que desde la izquierda y en parte del campo nacional y popular se plantee una épica de la resistencia que condiciona al gobierno pero la realidad es algo más compleja y no se reduce a Twitter, ni a un Centro de estudiantes que pueda amedrentar a pusilánimes funcionarios de alguna institución. Ni siquiera es la toma de “la calle” lo que principalmente le pone límites al gobierno. Eso juega, desde ya, pero el mayor problema del gobierno hoy es el “fuego amigo”, esto es, un sector de sus votantes desencantados y la voracidad de sus socios.     
Por otra parte, la crisis económica es también un desafío para la oposición porque, como intentamos argumentar aquí, si bien no se trató de una crisis autoinfligida, lo cierto es que el gobierno intentará capitalizarla para hacer una salida “por derecha”. De hecho, hoy en día no hay otra tema en agenda que el de la “reducción del gasto público” como remedio a la falta de dólares y a la inflación, lo cual traslada el terreno de la discusión a la de una economía bajo el paradigma liberal. Y si bien está claro que no hay que ser liberal para sostener que es deseable hacer más eficiente el gasto y bajar la inflación, hay que ingresar a esa discusión con una cosmovisión alternativa y no solamente con la “listita de verdulero” pugnando por evitar un recorte de aquí o uno de allá.
Los tiempos se aceleran y el gobierno parece está minando su propio bloque de sustentación. Aun estando fragmentada y sin salida a la vista, el “hay 2019” que la oposición lanzó hace unos meses como expresión de deseo antes que como realidad, parece devenir una profecía autocumplida.
 

lunes, 21 de mayo de 2018

Cuáles son los fundamentos de la discriminación positiva (publicado el 17/5/18 en www.disidentia.com)


Desde hace algunas décadas, distintas tradiciones que confluyen de una manera u otra en su crítica a un statu quo que podría denominarse “liberal-moderno-occidental”, han hecho hincapié en que la igualdad ante el derecho no es real sino meramente formal. Esto quiere decir que, en la práctica, por razones étnicas, socioeconómicas, culturales, religiosas, de género o de orientación sexual, muchos individuos reciben un trato desigual en relación a aquellos que pertenecen al “patrón de normalidad” que, en Occidente, se sintetizaría en el “varón blanco heterosexual y socioeconómicamente integrado”.
  Con ese diagnóstico de fondo, viene avanzando en las últimas décadas la idea de establecer políticas públicas de lo que se conoce como “affirmative action” o también “discriminación positiva”, esto es, identificar al grupo que por alguna razón está siendo postergado y establecer desde el Estado, una política que, de forma temporal, permita que, en un lapso razonable, sus miembros logren que la igualdad formal sea una experiencia concreta.      
Para indicar algunos ejemplos, restringiéndome solo a Latinoamérica, en los últimos años este tipo de políticas derivó en derechos especiales de representación legislativa por género en Argentina, Bolivia, Brasil y Ecuador, entre otros; derechos especiales de representación legislativa por etnia en Venezuela, Colombia y Perú; derecho colectivo sobre la propiedad de la tierra en Venezuela, Argentina y Ecuador; derechos vinculados a la orientación sexual en Argentina, Brasil, Uruguay, Colombia y Ciudad de México, y derechos lingüísticos en Venezuela, Brasil, Argentina y Bolivia, entre otros.  
Si bien la efectivización de estos derechos ha tenido resultados diversos y cumplimientos disímiles en cada uno de los países, hay cierto consenso en que, sin dudas, ha logrado que los grupos en cuestión tuvieran mayor participación en los debates públicos y lograran una mayor integración cultural como ser el caso de, por ejemplo, lo que en Argentina fue el matrimonio gay, rebautizado “matrimonio igualitario”. 
Sin embargo, claro está, el otorgamiento de estos derechos especiales genera, como mínimo, tensiones con principios caros a la tradición occidental. Me refiero a una concepción individualista de los derechos y a la meritocracia.  Respecto de la primera, hay enormes dificultades en torno de la problemática de la titularidad del derecho pues la idea de que solo pueden ser titulares del derecho los individuos parece poner límites claros a los intentos de avasallamientos de otro individuo o de un Estado, pero el asunto deviene más difuso cuando se trata de derechos colectivos. ¿Quién es el titular de un derecho colectivo de la tierra que, por definición, es indivisible? ¿Qué sucedería con la propiedad de algún miembro que deseara abandonar la comunidad? No este es el espacio para profundizar en esta discusión pero téngase en cuenta que hay distintos autores que tratan de diferenciar entre derechos colectivos cuya titularidad es colectiva y derechos de grupos cuya titularidad es individual, aunque se pueden ejercer solo como parte de ese grupo. Más complejo aún deviene todo cuando, como una pendiente resbaladiza, quienes hablan de derechos diferenciados para grupos también exigen derechos para animales no humanos, o casos como los de la Constitución de Ecuador y Bolivia en los que se establece que existen los derechos de una entidad como “la naturaleza”.
Respecto de la segunda, los liberales más consecuentes afirman que las acciones de discriminación positiva atentan contra el mérito porque, por ejemplo, una ley de cupo que estipule que un porcentaje de los cargos legislativos, de los ingresos a una universidad, o de las becas que el sistema científico brinda, se distribuya entre mujeres, afroamericanos o individuos residentes en regiones alejadas de las grandes urbes respectivamente, supone un trato desigual e injusto para todo aquel que viva en una gran urbe, y no sea ni afroamericano ni mujer. Incluso algunos afirman que la identificación de grupos “desaventajados” para que reciban ayuda, acaba eternizando la estigmatización bajo una lógica paternalista.
Los liberales, entonces, advierten que para remediar una injusticia se está cometiendo otra y que de una discriminación positiva deviene una discriminación negativa no solo hacia individuos sino también hacia otros grupos. En este sentido muchos se preguntan, por ejemplo, por qué se otorga un cupo de representación a las mujeres y no a los gays. O por qué hay asientos reservados para representantes de etnias y no para representantes de gente pobre. Y si se les diera ese beneficio a los pobres por qué no dárselo a un grupo determinado generacionalmente y castigado en todo Occidente como los ancianos. Claro que si se les diera a los ancianos habría buenas razones para brindarles ese beneficio a los discapacitados...
La lista puede seguir al infinito y quienes defienden priorizar un grupo sobre otros utilizan distintas argumentaciones que incluso se puede remontar a alguna injusticia cometida siglos atrás. Pero hurgando en lo profundo se cae en la cuenta que lo que está ahí en juego es una concepción casi metafísica de la constitución de la comunidad en cuestión del cual surgiría un criterio para determinar qué es un grupo y cuál de éstos resulta postergado. Si desde mi punto de vista considero que la etnia es el elemento constitutivo de mi comunidad, postergaré a las mujeres, a los gays, a los discapacitados y a los pobres porque el parteaguas de mi comunidad es étnico. Pero también podría creer que el elemento constitutivo de mi sociedad es el hecho de haber nacido varón o mujer, o la desigualdad generada por el capital, y allí deberían privilegiarse otro tipo de políticas. El hecho de que no surja un criterio “universal” u “objetivo” hace que quienes se oponen a este tipo de políticas puedan esgrimir que, finalmente, lo que hace que en algunas sociedades se decida favorecer a un grupo en detrimento de otro tiene que ver con razones muy poco neutrales, pues la explicación no radica en otra cosa que la capacidad de lobby y las fluctuaciones de la cultura de cada época. 
Como se pudo ver, estas líneas buscaron exponer brevemente cierto estado de la cuestión en lo que refiere a políticas de discriminación positiva. Se trata de un mínimo aporte para clarificar los ejes de una discusión que hoy en día está adoptando carriles inusitados de violencia. Tengo bien presente que la historia de la adquisición de derechos no es una historia solemne de diálogos y acuerdos sino de disputas y conquistas pero cierta ingenua conciencia ilustrada todavía me hace pensar que si se comprende de lo que se trata y se dejan a un lado los sentimentalismos casquivanos, la más que atendible reivindicación de derechos podrá transcurrir por senderos que permitan mensurar las urgencias pero también las complejidades y las arbitrariedades que se pueden cometer en nombre de las buenas intenciones.    

martes, 1 de mayo de 2018

¿El tercer gobierno de Cristina? (editorial del 29/4/18 en No estoy solo)


Desde este espacio vengo insistiendo en que la mayor fortaleza del gobierno ha sido sostener el monopolio de la expectativa. Efectivamente, apoyado en la instalación de la idea de una “pesada herencia”, siendo la administración presente, Cambiemos ha logrado aparecer como una solución a futuro, una especie de promesa perpetua que se renueva de manera constante. Todos los problemas del presente no son del presente sino una extensión del pasado y esa extensión del pasado se soluciona en un futuro que nunca llega pero del cual se han apropiado los que gobiernan el presente.    
Incluso indagando en algunos relatos de funcionarios y periodistas oficialistas, la sensación que a uno le queda es que Cambiemos no ha asumido la presidencia aún. Así, desde fines de 2015 está Macri en el gobierno pero en realidad se trata de un espacio de transición, un estadio límbico, en el que los editorialistas siguen hablando del gobierno anterior, y la administración actual solo está para solucionar las consecuencias de las presidencias kirchneristas. Las buenas noticias son vistas como indicios de lo bueno que será el futuro y las malas son, en realidad, los estertores del gobierno anterior. Desde este punto de vista, antes que el primer gobierno de Cambiemos, el oficialismo dice administrar lo que sería una suerte de tercer gobierno de Cristina. Y para que quede escrito en abril de 2018, estoy tentado a pensar que en la campaña para 2019, es probable que el gobierno avance en la idea de que la próxima será la verdadera presidencia de Macri, aquella en la que Macri será Macri, y que entre 2015 y 2019 solo se trató de “enderezar el barco” ante las dificultades que tenía el país “y que no supimos comunicar a la sociedad”.
Ahora bien, desde diciembre del año pasado, tras la ley que perjudicó, entre otros, a los jubilados, empieza a ver un resquebrajamiento en el apoyo a Cambiemos, ciudadanos de a pie que se arrepienten y que, eventualmente, podrían cambiar su voto en 2019. Estos ciudadanos hoy quieren cambiar a Cambiemos pero, claro, tampoco tienen en claro a quién votar porque siguen resistiendo al kirchnerismo. Visto así, la situación es bastante particular porque de a poco el oficialismo comienza a perder ese monopolio de la expectativa por sus errores no forzados o, quizás habría que decir, por los aciertos que solo favorecen a unos pocos, pero no hay otra figura o espacio capaz de disputar esa expectativa que es central no solo en economía sino en política. Porque aun cuando fuese una puesta en escena o una vil mentira, hay que generar en el ciudadano una expectativa. Y la oposición no la genera salvo en su núcleo duro. Entonces, la caída en la confianza del gobierno no deviene auge de una figura opositora. En este sentido, puedo equivocarme, desde ya, pero, aun con la grieta a flor de piel, del retroceso del macrismo no se sigue el regreso del kirchnerismo, sino más bien vacío, resignación, antipolítica y fragmentación. Ese escenario puede favorecer al kirchnerismo que en su foro interno entiende que en 2019 no es mala idea seguir el ejemplo de Cambiemos en 2015, esto es, tratar de llegar al balotaje y allí beneficiarse con el descontento hacia el oficialismo. Pero no es tan fácil: no se olviden que el resultado de la crisis de los 90 y 2001 fue una elección que, en 2003, dio ganador a Menem en primera vuelta y a López Murphy tercero rasguñando el segundo puesto. Es decir, la respuesta ciudadana a la crisis de la derecha neoliberal fue una derecha neoliberal más radicalizada. Nada de gobierno popular ni de izquierdas. 
Yo no tengo la fórmula, pero el kirchnerismo, si desea ganar, deberá encontrar el modo de presentarse como una superación, es decir, tendrá que encontrar el modo de que se lo asocie con el futuro y no con un retorno de lo pasado. Porque el “vamos a volver” puede servir como épica interna pero no logrará seducir a los indecisos, del mismo modo que habrá que entender que la noción de “resistencia” no tiene para el ciudadano medio la potencia que tiene para la historia militante. Esto no significa ni abandonar banderas ni un “aggiornarse” a vaya saber qué posmodernos tiempos, pero implica, como mínimo, algo de inventiva y una mayor claridad en los diagnósticos para, entre otras cosas, evitar los vaivenes ideológicos, aquellos que van desde el liberalismo político hasta una trosko agenda que más que ampliar el espectro no hace más que desfigurar la ya de por sí múltiple identidad del espacio kirchnerista.
Por último, para asociarse con el futuro y que quede claro que Macri no está al frente del “tercer gobierno de Cristina”, el cambio en el modo de comunicar es imperioso para el kirchnerismo. En este sentido, si lo que se busca es emular el esmerilamiento que generó la prensa opositora hasta el 2015 pero lo que se ofrece es el voluntarismo de una “comunicación popular”, pseudo periodistas indignados que gritan e insultan al votante de Cambiemos, y “panqueques” que encuentran en la radicalización un sustento material y psíquico, se logrará que mucha gente diga “qué barbaridad” y “Macri la puta que te parió” pero no se volverán a ganar las elecciones aun cuando ya nadie crea las promesas de Macri y la ciudadanía se dé cuenta que este no es el tercer gobierno de Cristina sino el primero de Cambiemos.            

      

jueves, 26 de abril de 2018

Algunas razones equivocadas para despenalizar el aborto (editorial del 22/4/18 en no estoy solo)


 “Te despertás en la mañana y de espaldas a vos se encuentra en la cama un violinista inconsciente. Un famoso violinista inconsciente. Se ha comprobado que él tiene una enfermedad renal grave, y la Sociedad de Amantes de la Música sondeó todos los registros médicos disponibles y encontró que solo vos tenés el tipo de sangre para ayudarlo. Por ello, te han secuestrado y anoche han conectado el sistema circulatorio del violinista al tuyo, así tus riñones podrán ser usados para extraer el veneno de la sangre de él, así como el de los tuyos. El director del hospital, ahora te dice: “Mire, nosotros sentimos que la Sociedad de Amantes de la Música haya hecho esto  –si lo hubiésemos sabido nunca lo hubiésemos permitido. Pero aún así, lo hicieron, y el violinista está ahora conectado a usted. Desenchufarlo sería matarlo. Pero no importa, es solo por nueve meses. Para entonces, ya se habrá recuperado de su enfermedad y con seguridad podrá ser desconectado de usted”. ¿Es moralmente vinculante para vos acceder a esta situación? No cabe duda de que sería muy amable de tu parte si lo hicieras, una gran bondad. ¿Pero tenés la obligación de acceder a ella?”

El párrafo anterior pertenece a la filósofa estadounidense Judith Jarvis Thomson, fue publicado en 1971 y se ha transformado en un clásico de la literatura sobre despenalización del aborto. Si bien su argumentación no estuvo exenta de críticas, lo que la autora intenta señalar es que del derecho a la vida (de un embrión o un feto) no se sigue que exista un derecho a utilizar el cuerpo de otra persona ni tampoco una obligación moral de la dueña de ese cuerpo para con esa vida. Es decir, si te parece razonable que nadie puede exigirte que estés atado a un violinista durante nueve meses aun cuando desconectarte supusiera la muerte de él, encontrarías allí una analogía para justificar que, aun reconociendo que se debe proteger la vida de un embrión, nadie podría obligarte a que sacrifiques tu cuerpo en pos de ello.
Traigo a colación este texto porque en estas semanas en las que se produce el debate en comisiones del Congreso y en el que escuchamos las posiciones a favor y en contra del proyecto de despenalización del aborto, tengo la sensación de que más temprano que tarde se transformará en ley pero los argumentos que se esgrimen para defenderlo no son los mejores.
De hecho, uno de los que más se utiliza para defender la despenalización podría entenderse como una variante de la “Falacia naturalista”, aquella que del “ser” deriva un “deber ser”. Me refiero al que indica que dado que los abortos se realizan igual, de manera clandestina y con el consabido riesgo que para la madre conlleva, entonces, habría que legalizarlos. No hay ninguna duda de que la ilegalidad de la práctica de la interrupción del embarazo no ha hecho que las mujeres dejen de realizarla pero el mismo argumento podría utilizarse para quitar las multas de quienes pasan los semáforos en rojo. Es decir, a nadie se le ocurre afirmar que dado que, a pesar de las multas existentes, los automovilistas siguen pasando en rojo, entonces, habría que dejar de multarlos. En todo caso, este tipo de argumento funciona para los casos en que hay nuevas costumbres inocuas que hacen a las leyes obsoletas o, creo que este podría ser el caso, ante la suposición de que lo que se está cercenando es un derecho. El punto es que hay sectores de la sociedad que consideran que el derecho del embrión está por encima del de la mujer.
Asimismo, primo hermano de este argumento es aquel que afirma que despenalizando el aborto acabaríamos con el negocio millonario de las clínicas que realizan abortos clandestinos y de los laboratorios que aumentan los precios de las pastillas que producen los abortos. Sin dudas es así, pero, por ejemplo, a nadie se le ocurriría despenalizar el tráfico de animales en riesgo de extinción para acabar con el negocio clandestino de la compra y venta de los mismos. Si bien podría pensarse que el argumento obedece a razones pragmáticas y no a una valoración moral sobre aquello que se despenaliza, no es el pragmatismo el que podría distinguir entre los casos del aborto clandestino y el tráfico de animales en riesgo de extinción, sino la suposición de que detrás del aborto hay un derecho de las mujeres lo cual hace que el pragmatismo, entonces, se transforme en secundario.  
Pero hay un segundo argumento muy utilizado en favor de la despenalización y es el que hace hincapié en la protección de la vida de la madre. Efectivamente, si bien la estadística varía, es evidente que existen muertes de mujeres, en su mayoría pobres, por abortos realizados en condiciones inapropiadas y que la despenalización evitaría esas muertes. Sin embargo, el error de esta argumentación es que hace foco en la problemática de “la vida” ya que ese eje es justamente el que utiliza el adversario. En otras palabras, si quienes buscan la despenalización afirman que alrededor de cincuenta mujeres mueren por año en la Argentina por complicaciones vinculadas a abortos realizados de manera clandestina, los grupos denominados “pro vida” argumentarán, naturalmente, que, entonces, cada año mueren, en Argentina, quinientos mil seres humanos “inocentes” por abortos.
Además, dar el debate en términos de “vida” corre el riesgo de olvidar que para los sectores que buscan la despenalización lo central es instalar la distinción entre “vida” y “persona” entendida como sujeto de derecho. Que hay vida desde la concepción nadie lo duda. Lo que se discute es cuándo esa vida se transforma en sujeto de derecho. Y es allí donde, como sucede en buena parte del mundo, aparece la posibilidad de justificar el hecho de que se puedan realizar legalmente abortos hasta las doce o catorce semanas del embarazo.                
Para concluir, creo que la mejor manera de defender robustamente el proyecto es evitar la variante de la falacia que supone que lo que se repite en los hechos debería transformarse en derecho y correr el eje de la discusión quitándolo del terreno de la “defensa de la vida (de la mujer)” y la salud pública. Para ser más claro: probablemente estas razones sean las que más conmuevan a la sociedad y las que acaben siendo más persuasivas pero, sinceramente, no creo que sean las más potentes. En este sentido, si bien, por supuesto, no está exento de controversias, los que abogan por la despenalización quizás encontrarían un terreno argumentativo más sólido si trasladaran el debate al terreno de un derecho que lo que busca es reguardar el valor de la autonomía de las personas.   
De hecho, si retomamos el fragmento de Thomson, una lectura posible de ello es la de la reivindicación del derecho de, en este caso, las mujeres, a disponer libremente de su cuerpo y a proyectar un plan de vida, características que, claramente, un embrión, como tal, no posee. Esto, a su vez, dejaría a los adversarios del debate prendidos de argumentos bastante débiles y arcaicos en torno a las supuestas potencialidades de esa vida.
Enfocarse en la autonomía es un argumento liberal y quizás sea por eso que los sectores de izquierda y del progresismo “nac and pop”, que hoy son los principales impulsores del proyecto, se sientan incómodos y prefieran esgrimir otras razones. Porque está claro que incomoda mucho a estos sectores aceptar que están defendiendo un argumento liberal y que en muchos casos llevan como banderas reivindicaciones que son liberales. Pero la incomodidad, las tensiones y los complejos al interior de movimientos, partidos o corrientes ideológicas, no parecen razones suficientes para despreciar un argumento sólido, provenga de la tradición que provenga.       


lunes, 23 de abril de 2018

Wikipedia: una manipulación oculta y silenciosa (publicado el 19/4/18 en www.disidentia.com)


Un productor de TV le pregunta a otro cómo presentar al próximo entrevistado. Lo más sensato hubiera sido que esa consulta se le hiciera al propio invitado, fuera de aire. Sin embargo el tiempo apremia y el productor interrogado sugiere que se lo presente tal como aparece en Wikipedia.
Este nimio episodio grafica la enorme incidencia que está teniendo sobre los personajes públicos pero también sobre hechos históricos, debates, conceptos, etc., esta enciclopedia construida de modo colaborativa por los usuarios de las redes y que, en virtud de su facilidad de acceso, ha reemplazado a las tradicionales enciclopedias en papel.  
Todos los que utilizamos computadoras consultamos con relativa asiduidad Wikipedia pero las generaciones más jóvenes han perdido la conciencia de las posibles manipulaciones que puede sufrir esta enciclopedia. Frente a ello, con los años, sus administradores intentaron establecer una serie de criterios para garantizar que la información que allí se vierte es fidedigna. Desde la fantasía de que a mayor cantidad de ediciones sobre un mismo tema existirá una tendencia hacia el equilibrio y la neutralidad, (como si ambas estuvieran en la mitad de posiciones radicalizadas y tergiversadoras), pasando por claudicaciones como suponer que un enlace (link) externo respaldatorio de la información sería garantía de credibilidad, y la contratación de “editores” que vendrían a zanjar las “diferencias de opinión”. Hablo de “claudicaciones” porque estuvieron años tratando de convencernos de lo maravilloso que era la colaboración desinteresada sin fines de lucro realizada por gente común y, de repente, los problemas surgidos de ese modelo se resuelven de la manera más ortodoxa y vertical, esto es, recurriendo a “editores” que ocupan el lugar de “sabios decisores” poseedores del conocimiento y a enlaces de notas publicadas en medios de comunicación tradicionales. Este último punto es por demás curioso porque, a contramano de lo que se busca instalar, la causa de la proliferación de la posverdad y de que cualquier fuente anónima en internet sea tomada como “fuente”, no son las redes sociales sino el descrédito en el que han caído medios tradicionales que hoy se han transformado en maquinarias de publicidad, espectáculo banal y operaciones políticas.
Poco importan ya las advertencias de que, como circulara hace algunos años, la gran mayoría de los artículos de Wikipedia sobre temas de salud, por ejemplo, contuvieran errores, o que, como publicara El país en 2016, hasta 4,7 millones de las ediciones que se hacen en la enciclopedia virtual las realicen los denominados “bots”, esto es, robots, o programas informáticos que incorporan las empresas para, entre otras cosas, hacer publicidad.          
A su vez, si dejamos de lado las automatizaciones, Wikipedia es enormemente vulnerable a usuarios particulares que por razones económicas, políticas o simplemente personales, manipulan un contenido que luego será replicado y consumido como verdadero por hordas de ingenuos que desconocen “la cocina” de estas publicaciones.
Por ejemplo, Ryan Holiday, en su libro Confía en mí, estoy mintiendo. Confesiones de un manipulador de los medios, explica las distintas estrategias que alguien como él, dedicado al marketing empresarial, ha utilizado para favorecer a las empresas que lo contrataban o perjudicar a rivales a través de manipulaciones, difamaciones personales y hasta extorsiones. Esto incluye propagar información falsa a través de Twitter, ofrecer presuntas primicias a portales web de baja calidad que suelen ser replicados por portales consagrados deseosos de actualización constante y poca afección al chequeo de las fuentes, y, por supuesto, la manipulación de Wikipedia a través de los enlaces a sitios pretendidamente serios.  
Entre las páginas 76 y 77 de la edición en español de Editorial Empresa activa, Holiday lo expone así: [Los periodistas que trabajan en portales online] están a merced de Wikipedia, porque ahí es donde hacen sus investigaciones. Lástima que personas como yo también manipulen. Nada ilustra esto mejor que la historia de un hombre que, por bromear, cambió en Wikipedia el nombre de la madre del cómico y actor Russell Brand, de Barbara a Juliet. Cuando poco después, Brand llevó a su madre como acompañante a la gala de los Premios de la Academia, Los Angeles Times publicó este titular online encima de su foto: Russell Brand y su madre Juliet (…) A veces he dado instrucciones a un cliente para que dijera algo en una entrevista, sabiendo que, una vez publicado, podremos insertarlo en Wikipedia y se convertirá en parte del relato estándar en los medios sobre él. Buscamos entrevistas para avanzar ciertos “hechos”, y luego hacemos que sean doblemente reales citándolos en Wikipedia”. 
Más allá de burlas o manipulaciones tendientes a promocionar una marca o a un artista, Holiday también explica cómo Wikipedia se utiliza para difamar y cómo son cada vez más frecuentes las “guerras de ediciones” en las que, en un breve lapso de tiempo, centenares de usuarios disputan el enfoque de un hecho o el perfil de un personaje generando que el artículo en cuestión quede “bloqueado” a nuevas ediciones. Con este truco, Wikipedia es, además de una enciclopedia virtual de libre disponibilidad, el terreno en el que operan grupos de presión interesados en dañar una marca, presentar su interpretación de un hecho determinado como la “versión oficial”, o dañar a un personaje público gracias a una difamación cuyo enlace remite a lo que pudiera haber publicado algún medio tradicional en el que el mismo grupo de presión logró instalar la difamación.           
 Entre las páginas 197 y 202 lo expresa del siguiente modo:
“Uno de mis primeros contratos importantes fue un acuerdo de USS 10.000 para ocuparme de un grupo de trolls que habían estado destrozando la página de una compañía en Wikipedia  llenándola de mentiras y rumores. Luego, estos “hechos” aparecían en los principales periódicos y en [portales] ansiosos de cualquier chisme que pudieran encontrar sobre la empresa (…) [Y una vez llegado a los medios tradicionales] “Es posible que” se convierte en “es”, el cual a su vez se convierte en “ha sido”, digo a mis clientes. Es decir, el hecho de que, en el primer sitio, “es posible que” alguien esté haciendo algo, al final de la ronda se ha convertido en que “está” haciendo algo. La próxima vez que mencionan tu nombre, miran atrás y añaden el pasado de tu última afirmación, tanto si fue eso lo que sucedió como si no”.
Como proyecto y como realidad, Wikipedia resulta ambicioso e insólitamente efectivo pues no parece haber nada de lo existente que no tenga allí un usuario que al menos le dedicara unas líneas. Sin embargo, el embelesamiento ante la ingenua pretensión de hallarnos en camino hacia la enciclopedia totalizante del conocimiento humano no debe hacernos perder de vista lo mencionado aquí. Porque como puede ilustrarnos y sacarnos del apuro para desasnarnos, en lo que respecta a la instalación del rumor como verdad, esto es, como indica Holiday, en el paso del “es posible que” al “es” y luego a la presunta confirmación del “ha sido” gracias a la cantidad de repeticiones, Wikipedia tiene un rol fundamental por el modo acrítico con que, en general, se toma la información allí vertida. Advertir sobre ello resulta hoy tan necesario como urgente.