domingo, 20 de enero de 2008

Los enemigos del pueblo

En esta nota quisiera seguir un poco la moda algo ansiosa de evaluar el primer mes de las principales nuevas gestiones del país. Pero dado que la gestión de Cristina Fernández parece seguir la línea de Kirchner y no aportar demasiada novedad, me centraré solamente en algunas de las polémicas decisiones del gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Si bien resulta apresurado, los primeros meses de cualquier gobierno se encuentran plagados de decisiones, gestos y actitudes que en principio se suponen distintivos de la identidad de la nueva administración. Más allá de que a lo largo de 4 años hay marchas y contramarchas, y cambios varios, los primeros pasos pueden servir al menos para empezar a delinear el camino por venir. Por otra parte, todos los gobiernos saben que “las batallas más grandes”, si no se dan en los primeros 3 meses, no se dan más.
En términos generales y tal vez con cierta ingenuidad, tras el triunfo de Macri me preguntaba qué tipo de estrategia llevaría adelante el ex presidente de Boca: ¿una política conciliadora y de centro que busque matizar los prejuicios de cierta tradición progresista de la Capital o más bien una política más virulenta y de derecha que se apoye en el caudal de votos que supo obtener aun a riesgo de agigantar la brecha que separa a los que lo apoyan de sus detractores? Había algunas razones para sospechar que podía inclinarse por la primera opción: un contexto pos 2001 en el que el rol del Estado dista mucho de aquel de los 90, una política económica menos ortodoxa, la recuperación del poder de negociación sindical, etc. Por otra parte también podía pensarse que las pretensiones de Macri para el 2011 podían presentar a un líder más ambiguo y de centro que evite ser catalogado como el “nuevo Menem”. Sin embargo, nada de esto ha sucedido. En este primer mes, Macri ha llevado una política confrontativa que ha tenido como blanco a los ciudadanos extranjeros y de la provincia de Buenos Aires, los empleados estatales, los sindicalistas y los piqueteros. Se trata de los enemigos históricos del pueblo de la Capital. Es, al fin de cuentas, una estrategia inteligente pues un manual básico de marketing político, de esos que toman a figuras como Maquiavelo y le hacen decir cualquier cosa, afirmaría “ataca a aquellos que más desprestigiados estén y obtendrás el apoyo mayoritario del pueblo”.
Los primeros atacados fueron aquellos ciudadanos no porteños que usan los hospitales de la Ciudad. Se habló, entonces, de darle prioridad a “los vecinos” por sobre aquellos que se aprovechan de la calidad y la gratuidad del servicio. La disputa entre Capital y provincia respecto a que “ellos” usan lo que pagamos “nosotros” parece erigirse en varios ámbitos pero en la salud es evidente. Así se generó una gran polémica de la que surgieron voces a favor y muchas otras en contra que resaltaron como rasgo identitario el carácter solidario del sistema de salud como así también la inconstitucionalidad de la medida. Como indiqué en una nota pasada, yo agregaría a esto, las dificultades que este tipo de acciones le traería a los porteños fuera de la Ciudad si las provincias universalizaran esta máxima.
También fueron atacados los empleados estatales: frente a ellos hay un prejuicio bien fundado en cuanto a que existe una gran cantidad de cargos políticos que hacen que muchos de ellos reciban un sueldo cuantioso sin ni siquiera pisar el lugar de trabajo. Los famosos ñoquis están y lamentablemente estarán si bien se sabe que donde menos ñoquis hay es entre los contratados. En este sentido hubo otra inteligente estrategia de prensa que convirtió la disputa entre los contratados y Macri en una controversia entre los defensores de las prebendas políticas y sindicalistas versus el administrador que viene a poner orden. Con el correr de los días desde varios sectores de la administración del Gobierno de la Ciudad se reconoció que no todos los dados de baja eran ñoquis. Sin embargo parece que no habrá marcha atrás con la medida. Igualmente, se sabe que en política para llevarse algo hay que doblar la apuesta. Así, Macri intervino la obra social de los municipales de manera tal que los gremios deben negociar ahora por dos cosas. Como es de esperar, ganarán y perderán algo. Tenían dos cosas, ahora tendrán una. Es muy simple.
Pero faltaba atacar a uno de los colectivos más desprestigiados: los piqueteros. Aquí más que nunca, resultó notorio que la medida del juez de impedir cualquier corte sumado a la obligación del pedido de permiso para realizar manifestaciones, es simplemente una provocación. Los piqueteros no son hoy un problema y se encuentran en retirada gracias a una política inteligente del gobierno nacional de no represión a lo que debemos agregarle, por supuesto, la baja en la desocupación.
Ahora bien, ni la prioridad a los porteños en los hospitales, ni el despido de los 2300 contratados, ni la intervención de la obra social ni la garantía del libre tránsito resultaban grandes exigencias de la sociedad capitalina. De hecho, no son cambios de fondo como tampoco lo es el traspaso de la policía. Los porteños no exigen una policía propia sino mayor seguridad. Que sea capitalina o que sea federal lo mismo da. Hay una distorsión perversa del mensaje que presenta la discusión por el traspaso como la discusión por una policía mejor. Huelga decir que no hay una relación necesaria entre traspaso y mejoría y me pregunto con incertidumbre si los porteños tolerarán una idea que Macri dejó entrever en los últimos reportajes: si no traspasan los fondos, será la propia Ciudad con la contribución de sus ciudadanos la que se hará cargo de los costos de la nueva policía. Por cierto, ¿cuánto aumentarán nuestros impuestos para poder llegar a los $900.000.000 necesarios para la nueva policía? Y si no se aumentan los impuestos, ¿qué sector recibirá recortes presupuestarios?
Pero si bien no son temas de fondo, todos los frentes abiertos por Macri apuntaron a exacerbar los costados más sensibles de sus votantes. La actitud frente al “cabecita” de la provincia, el desprecio por lo público y sus trabajadores y representantes, como así también por los movimientos de desocupados sumado a la paranoia de la inseguridad, resultan distintivos de la clase media y alta de la capital. Estas medidas de “shock sensiblero” resultan muy efectistas a corto plazo pero no a futuro. De hecho muy poco podrá hacerse: la prioridad en los hospitales será muy difícil de llevar adelante operativamente; si se consigue echar a los contratados el ahorro será ínfimo; la minoría de piqueteros seguirá cortando alguna que otra calle sin represión y la inseguridad seguirá un poco más o un poco menos dependiendo del nivel de empleo y la distribución de la riqueza. Por todo lo dicho, estas medidas no generan soluciones y persiguen más bien la victimización de la administración PRO. Se va a decir que los gremios apoyados por el gobierno y la justicia le ponen trabas al gobierno de la ciudad para alcanzar el equilibrio fiscal; también se va a decir que la inseguridad y los cortes de calle siguen porque el gobierno nacional no ha traspasado la policía con los recursos. Pero aun si fuera verdad que Macri sea víctima de un gobierno nacional que, efectivamente, no lo va a ayudar, difícilmente la gente vote a alguien que diga “quise pero no pude”. Lo que sí parece claro es que la política de Macri se apoyará sin matices en los prejuicios más recalcitrantemente ortodoxos que la “porteñidad media” tiene para con “los enemigos del pueblo”. Eso hasta ahora ha hecho olvidar el impuestazo, el nombramiento de funcionarios procesados y el veto a la ley que permitía al gobierno de la Ciudad fabricar medicamentos genéricos. Las medidas efectistas y el apoyo en el núcleo duro de la ideología del votante macrista pueden alcanzar para gobernar con buena adhesión durante un tiempo la Capital. Lo que me parece más difícil es que alcance para ganar una elección nacional en 2011. Al fin de cuentas, las víctimas no ganan elecciones.

viernes, 18 de enero de 2008

Moderación de los comentarios

Amigos y amigas: a partir de la aparición de comentarios anónimos de violencia desmedida hacia mi persona, decidí moderar los comentarios. Se aceptará, entonces, la total discrepancia con mis ideas pero no falacias ad hominem.
La idea de este blog fue generar un canal donde poder escribir y que la gente lea lo que hago. Asimismo, los comentarios me sirven para intercambiar opiniones y muchas veces revisar mis puntos de vista. También me permite contactarme con gente valiosa de la cual puedo y me interesa aprender. Lo que no deseo es fomentar espacios donde gente con tiempo que perder y con la impunidad del anonimato descarga todas sus frustraciones. Si los blogs se transforman en un ámbito de visibilidad para sujetos de capacidad dudosa, con odio visceral, paranoia y dificultades sexuales, internet será simplemente un amplificador de las peores miserias humanas. Desde este humilde espacio haré lo posible para que sea más difícil que eso suceda.

sábado, 12 de enero de 2008

La selva gris

En los últimos días uno de los temas excluyentes en la agenda de los medios fue la situación de los secuestrados por las FARC en Colombia. Finalmente Consuelo González, Clara Rojas y su hijo Emmanuel fueron liberados. Y como suele suceder, de pronto, todo comunicador se transforma en experto de lo que ocurre en Colombia. Se habla con liviandad de Uribe, del narcotráfico, de la guerrilla de las FARC y de lo que tendría que pasar. Asimismo, muchos quieren sacar rédito político de la cuestión. De este modo, tras la postergación de la liberación de los rehenes, no fueron pocos los que se apresuraron a denominar con manifiesta intencionalidad “Operación Fracaso” al intento mediador propiciado por Chávez y que tenía como garantes a representantes de muchos países del mundo pero por sobre todo, a miembros de los gobiernos sudamericanos que tienen una mayor cercanía con el presidente bolivariano.
En síntesis, mucho se ha dicho sobre Colombia pero llamativamente hubo varias cuestiones que apenas si fueron mencionadas. Aun a riesgo de equivocarme resultó interesante observar cómo en la medida en que el primer intento de liberación se frustraba y ante la sugerentemente rápida conferencia de prensa de Uribe en la que éste dudó acerca del paradero de Emmanuel, el hijo de Clara Rojas, el plan de la liberación pasó inmediatamente a llamarse: “Operación Emmanuel”. Así, la liberación de los 3 secuestrados pasó a llevar el nombre de uno sólo de ellos. Esto resulta sugestivo por varias razones: por un lado porque apunta a excitar el ámbito de sensibilidad más arraigado de nuestra sociedad, el que tiene que ver con la sacralidad de los niños y la maternidad; por otro lado, tras la comprobación de que Emmanuel ya había sido liberado, el depositar el eje en él era prueba de que las FARC habían mentido y de que Chávez y algunos garantes habían sido cuando menos ingenuos.
Una segunda cuestión ligada al imaginario que ocupan los niños y las madres aparecía en el insistente hincapié en el hecho de que Emmanuel había nacido en cautiverio. Sin embargo, apenas se comentó algo que el sentido común debió haber captado antes: Clara Rojas estuvo secuestrada alrededor de 6 años y su hijo tiene aproximadamente 3. Es decir, Clara Rojas no fue secuestrada con el embarazo a cuestas sino que éste fue fruto de una relación (que luego se confirmó consentida) con un soldado de la guerrilla en medio de la selva.
La última cuestión que me llamó la atención fueron las imágenes del encuentro entre las liberadas y los miembros de la Cruz Roja, antes de subir al helicóptero. Allí, las dos recién liberadas intercambiaban amablemente diálogos, besos y abrazos especialmente con las guerrilleras de las FARC. No puede dejar de llamar la atención esa relación con quienes privaron de la libertad a una persona durante 6 años.
Esto, a mi juicio, deja, al menos, una gran lección y tiene que ver con la complejidad de la cuestión, algo que estuvo muy poco presente en los análisis. Lo que sí hubo fue la necesidad maniquea de encontrar los buenos y los malos. Así es como funciona el análisis político en la Argentina: algunos chismes amparados en la impunidad del off al estilo del periodismo de espectáculos y dos rivales (uno bueno y uno malo) y un resultado al estilo del periodismo deportivo. Así rápidamente hay que designar ganadores y perdedores. Perdió Chávez; perdió Kirchner; ganó Uribe; ganó Bush; las FARC son la guerrilla del narcotráfico y está compuesta por gente vil; Chávez también es vil; Kirchner es amigo de Chávez y por ello es tan vil como éste y como las FARC. Así de fácil, blancos y negros y un poco de propiedad transitiva parece alcanzar para cubrirlo todo. Sin embargo, el análisis requiere matices. No siempre hay ganadores y perdedores claros ni hay ni tan buenos ni tan malos. En el medio, hay secuestradas que tienen relaciones sexuales consentidas con uno de sus secuestradores y que se abrazan con lágrimas de emoción a muchos de ellos al momento de la liberación (algo que no puede explicarse como una simple derivación de lo que se conoce como “Síndrome de Estocolmo”). Los matices de un fenómeno como éste indican que la selva, más que blanca o negra, es una zona donde cualquier clasificación en los extremos parece apresurada y donde la reflexión propia de un asunto complejo nos muestra que se trata de una zona gris cuyo análisis requiere, ante todo, prudencia.

viernes, 28 de diciembre de 2007

Gestos y sobreactuaciones

Resulta una obviedad decir que la política está llena de gestos y sobreactuaciones. Algunos gestos tienen muchas veces, para bien o para mal, un carácter simbólico, sirven para delinear líneas de gobierno y suelen perdurar en el tiempo. Las sobreactuaciones son exageraciones generalmente insustanciales y con una existencia breve si bien en los últimos tiempos gozan de la amplificación de medios deseosos de escándalos políticos. Gracias a ellas es posible hallar informativos con moralejas, lecciones y dedos acusadores tanto como señoras inseguras que consideran que todo lo malo que ocurre sobre la Tierra es obra de una casta especial de seres diabólicos surgidos por generación espontánea llamados “políticos”.
Más allá de mi definición imprecisa y tan poco técnica de los gestos y las sobreactuaciones y las frecuentes y razonables confusiones hermenéuticas que podemos hallar frente a determinados hechos para clasificarlos en un lugar o en otro, podemos decir que en los últimos días hubo muchos gestos y muchas sobreactuaciones. Seguramente una explicación de esto tiene que ver con la asunción de nuevas autoridades a todo nivel. Generalmente, los recién asumidos aprovechan sus primeros momentos para dar golpes de efecto y sentar las bases de la nueva administración. Las administraciones más cuestionadas aunque por diferentes razones fueron las de la presidenta y la del jefe de gobierno de la Ciudad. La primera pagó el precio de presentarse como continuidad del gobierno de su marido y no pudo gozar del beneficio del idilio que todo recién asumido tiene especialmente con los medios. Los grupos de lobby quisieron cargarse a Moreno y a Garré pero aún no han podido hacerlo y la interna entre De Vido y Fernández no ha sumado nuevas víctimas a Miceli y Picolotti. La muerte de Febres dio espacio a críticas por derecha y por izquierda, la causa por la valija del venezolano con ciudadanía norteamericana pareció tomar nuevo vigor y la interna sindical corta las calles y suma muertos. Para 15 días parece mucho. En cuanto al jefe del PRO, las lamentables designaciones de funcionarios procesados muchos de los cuales poseen un perfil manifiestamente reaccionario, sumado a los importantes cargos en los que ha designado a amigos de colegio de dudosa idoneidad, le costaron feroces críticas de sectores progresistas que se encuentran agazapados y que seguramente hallarán en lo que respecta al manejo de la cultura, un espacio donde acentuar las diferencias con el ex presidente de Boca. La mayoría de los hombres y mujeres de cultura de la ciudad tienen el prejuicio bien fundado de que la gestión en cultura será un retroceso. Aunque también existen hombres y mujeres de cultura que apoyan la gestión si bien en muchos casos se trata de gente que busca trabajo en algunos de los eventos que organizará la Ciudad.
Ahora bien quisiera detenerme en lo que considero los hechos más relevantes de las últimas semanas algunos de los cuales ya fueron mencionados. En primer lugar, se trata del caso Febres. En este sentido debería decirse que el gobierno de Cristina Fernández parece tener la suficiente decisión política como para promover los juicios a los represores. Esto se vio claro en la mención a las Madres realizada por la presidente en el discurso de asunción y seguramente se irá profundizando en la medida en que más represores sigan siendo condenados. El gobierno de Kirchner y ahora el de Fernández podrán ser criticados desde mucho ángulos pero si hay algo que los destaca es su política sobre los derechos humanos. Los gestos en ese sentido han sobrado y hasta hubo espacio para alguna sobreactuación pero parece uno de los elementos más positivos del último gobierno. En este sentido, las críticas por la desaparición de López o la muerte de Febres resultan bastante injustas y suelen provenir mayoritariamente desde sectores de ultraizquierda impotentes ante un gobierno que parece haberles quitado una de sus banderas más importantes o una derecha minoritaria y reaccionaria que tergiversa maliciosamente hasta la vacuidad al concepto de lesa humanidad y se encubre en los eufemismos de “reconciliación” y el “hay que mirar hacia adelante”.
Un segundo gesto ha sido el de Cristina Fernández hacia la Iglesia. En este sentido, aún antes de asumir, la ahora presidente dejó bien en claro que intentaría un acercamiento hacia la Iglesia. De allí que no debería sorprendernos su declaración en contra de la despenalización del aborto, su audiencia con Bergoglio y los obispos y la designación de Ocaña en Salud. Está última, ligada a ciertos sectores de la Iglesia declaró de modo poco feliz que “el aborto no es un tema de política sanitaria sino de política criminal” (Página 12, 26/12/07). Sería lamentable que esta designación derribe los auspiciosos pasos que se habían conseguido con Ginés González García al mismo tiempo que obturen ciertos debates que la sociedad argentina se merece.
El tercer gesto fue también de la presidente, en este caso frente a los nuevos implicados que tuviera la causa de la valija con espías, dobles agentes y, como si faltara algo para transformase en un capítulo de una serie televisiva de los años ochenta, el contexto de Miami. Cristina Fernández reaccionó y tuvo un gesto, tal vez una sobreactuación, no lo sé, en la que acusó al gobierno norteamericano de atacar la autonomía de los países y en este caso puntual el eje Mercosur-Chávez. No resulta descabellado pensar que algún sector del ámbito gubernamental y/o judicial de Estados Unidos intente generar un escándalo que vincule a Chávez si bien también es verdad que la valija existió. Ahora bien, inferir a partir de la existencia de esa valija que este es un gobierno corrupto, con una estructura mafiosa similar o peor a la de Menem, certificar como verdaderas en las tapas de los diarios las afirmaciones de esos oscuros personajes que son indagados en Miami, enviar corresponsales especialmente a cubrir las indagatorias y que dirigentes de la oposición anden paseando por allí “para seguir de cerca las novedades”, parece una exageración, una sobreactuación. Este tipo de casos, como en las series a las que hice mención antes, alimentan el ansia de sospecha constitutiva de nuestra sociedad que se manifiesta en el discurso paranoide de intelectuales, egresados universitarios y taxistas por igual.
Por último, un párrafo aparte para la medida que adoptaría Macri respecto a dar prioridad a los porteños en los hospitales de la Ciudad. Aquí otra vez se mezclan los gestos y las sobreactuaciones en una medida que no sé precisar. Es un gesto, por un lado, porque está dirigido al votante medio de Macri que realiza un razonamiento como el que sigue: “Es el dinero de los contribuyentes de la Ciudad el que solventa los servicios que brindan los hospitales de la Ciudad; deben utilizar los servicios sólo aquellas personas que pagan por ellos; los ciudadanos de la provincia de Buenos Aires o de países limítrofes no pagan por esos servicios; por lo tanto no deberían usarlos (o no deberían tener prioridad)”. Pero también es una sobreactuación en la medida en que el otorgamiento de prioridad parece técnicamente muy difícil de llevar adelante y seguramente no generará ningún cambio sustancial en lo que a mejora de servicio refiere.
He escuchado varias críticas hacia la medida impulsada por Macri. Por lo pronto, el gobierno de la provincia con buen tino recordó que la Ciudad deposita su basura contaminante por toneladas en forma diaria en el territorio que ahora gobierna Scioli y no paga por ello. Pero desde muchos otros sectores, incluyendo columnas de opinión o hasta declaraciones del ahora senador Filmus, se hizo hincapié en que la medida vulneraba el principio de solidaridad, principio que, al fin de cuentas, se observa en varias áreas de nuestra sociedad como por ejemplo el régimen de reparto. Creo que sin duda es una medida poco solidaria pero me pregunto si la solidaridad es algo exigible. En todo caso cuando alguien es solidario se lo agradecemos pero no podemos exigir que lo sea. Es casi tan absurdo como cuando los presidentes de un país les piden a los empresarios que sean solidarios. No resulta casual, entonces que resulte difícil exigirle solidaridad a un gobernante que cree poder manejar un país como un aséptico gerenciador. Es por eso que considero que la crítica debe ir por otro carril, el carril que opera en muchos de los porteños y que tiene que ver una lógica autointeresada, egoísta (no lo digo en términos peyorativos) y que en un sentido podría pensarse casi como la fórmula del imperativo kantiano. Desde este punto de vista los porteños se darían cuenta que esta actitud de Macri, a la larga va a desfavorecer a los habitantes de la Ciudad. Un porteño, entonces, antes de evaluar la medida debería preguntarse lo siguiente: ¿querría yo estar con un problema de salud en una provincia argentina y que por ser porteño se me postergara la atención? Haciendo una analogía con otras posibles medidas de prioridad: ¿querría yo que tras recibir un robo en una provincia argentina y tras hacer la consecuente denuncia a la policía de esa provincia, el oficial me dijese “lo lamento mucho pero el tratamiento hacia los robos a nuestros coprovincianos tienen prioridad”? Por último, ¿querría yo estar paseando con mi auto por una provincia y que los semáforos estuvieran programados para darle prioridad a los vehículos cuya patente es originaria de esa provincia? Los ejemplos podrían seguir pero temo abrumar con tantas preguntas retóricas.
Para concluir, entonces, debería decir, como usted seguramente lo está pensando, que el límite entre los gestos y las sobreactuaciones es profundamente controvertido y por sobre todo muy poco objetivo. Asimismo, también debe tenerse en cuenta que la perdurabilidad de los gestos y la transitoriedad de las sobreactuaciones es algo que resulta difícil de evaluar en el tiempo presente. Sin embargo, hacer el ejercicio de poder discernir en qué categoría calificamos cada hecho para darle su verdadera magnitud puede permitirnos comprender un poco más eso que está allá afuera y que llamamos realidad.

martes, 11 de diciembre de 2007

Del café literario a la unidad básica

Cuando hace algunos días se le consultó al ahora ex presidente Néstor Kirchner a qué se iba a dedicar tras 20 años ininterrumpidos de gestión ejecutiva, con la ironía que lo caracteriza ante el periodismo respondió: “me iré a un café literario”. Más allá de la broma, todos saben que Kirchner tendrá un rol central en la gestión de su esposa si bien seguramente mantendrá el perfil bajo en la medida en que las circunstancias no demanden otra visibilidad.
El off the record, esto es, aquel eufemismo por el cual los periodistas políticos chismosean como periodistas de espectáculos y adquieren la impunidad de la fuente indemostrable, afirma que Kirchner se encargará principalmente de “re-organizar” el partido justicialista. Parece razonable que sea así puesto que todos sabemos que el PJ sea lo que fuere hoy en día, para bien o para mal, es el único partido que parece garantizar gobernabilidad. Cristina no podrá gobernar sin una mayoría importante del partido y será su marido quien deba domesticar la tropa.
En este sentido, la búsqueda de consenso con otras fuerzas en esto que se dio en llamar Concertación plural puede resultar importante pero insuficiente a la hora de la gobernabilidad. De hecho, seguramente el candidato opositor al Frente para la victoria en 2011 seguramente provendrá del interior del propio PJ. El propio Macri, aún haciendo una gran administración en la Ciudad sabe que tendrá que ir a buscar al peronismo disidente si quieren llegar con posibilidades ciertas a disputar la presidencia dentro de 4 años.
Me detengo aquí en un punto: hay quienes afirman que la concertación plural no es otra cosa que una transversalidad aggiornada que se nutrió de una nueva terminología para seguir el manual de la sobrevalorada disciplina del marketing político. No me parece que sea este el caso. La transversalidad suponía una comunión ideológica no necesariamente vinculada a actores de poder. Más bien se trataba de construir por fuera de las estructuras del PJ un movimiento de centro izquierda que tuviera un proyecto y la capacidad de llevarlo a cabo. Allí se incluía actores que ocupaban cargos electivos y otros que simplemente acompañaban el proceso. La transversalidad puede ser un poco más o un poco menos abarcativa pero se define por sobre todo por un pensamiento llamemos “progresista” en el sentido vulgar del término. El eje de la concertación plural, en cambio, es la gobernabilidad. El pacto es entre estructuras de poder cuya cara visible son los gobernadores. Antes que la transversalidad, lo que se encuentra emparentado con la idea de Concertación plural es la idea de Pacto Social sobre el cual tanto machacó Cristina. Allí sí se ve a las claras, que se trata de la gobernabilidad: sindicatos, empresarios y Estado sentados en la mesa de negociación para garantizar paz social y equilibrio.
Este viraje de lo ideológico a lo pragmático puede ser visto como una claudicación o una pendiente propia de los tiempos políticos por los que atraviesa el mundo. Quizás sea parte de ambas. Pero es un hecho que la transversalidad como movimiento fracasó y que el 22% de los votos con que Kirchner llegó al poder de un Estado en quiebra exigía una base de sustento en los actores de la política. En ese sentido la habilidad política de Kirchner estuvo en domar el aparato peronista de la provincia de Buenos Aires dejando a la transversalidad circunscripta a las alianzas contra Macri en la Ciudad.
La alianza con el aparato bonaerense de caudillos y punteros, incluyendo personajes altamente execrables resulta, sin duda, pasible de crítica pero cabría preguntarse si existía otra opción y si Cristina está hoy en mejores condiciones para impulsar un cambio que acabe con la lógica prebendaría y mafiosa de muchos íconos de Buenos Aires. Qué hubiera pasado de no haber habido apoyo del aparato bonaerense es un contrafáctico que en tanto tal no tiene respuesta si bien la historia reciente, al menos desde el regreso de la democracia, parece darnos algunas pistas. En todo caso, lo que resta saber es si Kirchner intentará liderar el partido a partir de la simple obediencia que genera quien detenta el poder en un partido cuya característica central es el verticalismo o si por el contrario, aún a riesgo de profundizar las divisiones en el partido, intentará darle ese tinte ideológico que caracterizó a la búsqueda de transversalidad y que puede cooptar a parte del movimiento. De darse esto último, ideología y gobernabilidad pragmática quizás puedan acercarse bastante más.