Pasó la muerte del indio, como
tanta otra tristeza a la que te acostumbrás, y en el breve interregno que
separa el dolor de miles de personas y el reemplazo del mundo por la pelota que
más nos gusta, vuelve Adorni al centro jodiendo a todo Cristo y más. Lo hace con
una presentación de declaración jurada digna del General Alais, acogiéndose al
régimen simplificado surgido de la ley de inocencia fiscal que el propio
oficialismo impulsó, y esbozando una explicación pública que hizo sentir boludo
al más boludo. Venía rápido y se le soltó el patín al que era rey de esta
jungla. Fin.
Adorni no hizo su fortuna de
nuevo rico transando Vulcan rojas en portuñol. Sus tugurios no son de frontera
territorial sino de frontera moral: un negocio tan dulce y simple como el de la
función pública. Los que vienen a romper al Estado, están enamorados de lo que
intentan destruir.
Lo cierto es que, de repente,
aparecieron unos bitcoins modelo 2018 que había olvidado declarar equivalentes
a 500.000 USD y ese billete que pide a grito que lo gaste comenzó a gastarse
justo cuando se hizo funcionario. Veneno paciente y bellos milagros; un negocio
difícil de explicar y fácil de enseñar.
El caprichoso sostenimiento de
Adorni cuando es evidente que su explicación no cierra, permite, con razón,
todo tipo de especulaciones. El vago de mil caravanas que hace 3 meses está a
punto de quedar a pie, continúa a pesar de que había salidas elegantes: el
propio Milei fingiendo ética afirmando que Manu es inocente pero un gobierno
moral debe sobreactuar y apartar a todo funcionario sospechado hasta que se
aclare. O el propio Adorni afirmando ser inocente, pero apartándose porque lo
que importa es el rumbo del gobierno y no los hombres. Puertas adentro, asusta
un poco ver los cambios de Adorni y, salvo la pareja presidencial, nadie pone
las manos en el fuego por él. Un par de promesas imprudentes habrían bastado
para convencer a Milei pero no a Patricia, el mejor testigo que se puede
contradecir.
Ahora bien, ¿por qué hace
particular daño el caso Adorni al gobierno? Para entenderlo necesitamos algunas
sutilezas. Por supuesto que Milei llega al gobierno por una promesa de
mejoramiento económico pero el eje central fue una construcción moral en torno
a la casta. Nosotros versus ellos y ellos son la casta, la política, el Estado.
Paquete completo. El propio Adorni con del Río afirma que ahorró en negro como
todos los argentinos para escapar a la política, cuando debía decir del Estado
y de la ley. No podía esperarse una mejor argumentación ni un mejor curso de
vida para quien nunca fue un listo de pesos, siempre un listo de centavos.
Pero hay más: en su delirio
mesiánico, (sí, mi amor, la libertad es fanática), Milei dobla la apuesta y
pretende erigirse como un líder moral porque el capitalismo mismo sería el
sistema de la moralidad. (¿Estará pensando el presidente en reemplazar la Constitución
por la Torá?) Aquí, gracias a Dios, uno no cree en lo que oye, pero no me hago
ilusiones porque evidentemente habrá una tribuna que escucha, con
extrañamiento, pero algo escuchará, quizás en uno de esos usuales trips to
Gringolandia.
Sin embargo, hay un efecto
indeseado de este tipo de construcción y es que dirige la mirada a la
coherencia antes que a los resultados. En otras palabras, si el gobierno se
bajase de su atalaya de superioridad moral, podría jugar a Juan Domingo Perdón,
al líder posmo falible que se equivoca porque es como uno, pero mostrar
resultados, por ejemplo, la baja de la inflación: “no podemos garantizar la
ausencia de corrupción, porque nuestra superioridad estética nos hace más
lindos que prudentes, pero conceptualmente el sistema es el correcto y da sus
frutos”.
Pero cuando el eje es la
superioridad moral, importan menos los resultados que la coherencia entre
palaras y actos. Es más, el sostenimiento del apoyo a Milei se basa, en buena
parte, en gente que no ha visto resultados, pero cree en el gobierno, en su
eficacia y en su coherencia. Solo así se puede entender el apoyo mayoritario a
un gobierno que ganó prometiendo ajuste y que en su primera declaración dijo
“No hay plata”.
La hipocresía deja entonces de
ser un defecto secundario y se convierte en una refutación del propio relato.
El viejo artilugio, también inspirado en la religión, de sacrificio hoy para
recompensa futura, fue el anzuelo que se mordió una vez más, pero los
resultados no llegan o al menos no se distribuyen en la magnitud esperada. El
hígado crece, el cerebro envejece y hay algo muy raro en mi plato, es la
sensación de muchos de los votantes que ya no esperan o que esperan con menos
paciencia.
Los escándalos de corrupción que
se suceden, entonces, minan ese relato pretendidamente diferenciador que
funcionó como exculpatorio al menos los primeros dos años: no tienen
experiencia, se equivocan, pero son buena gente, especialmente comparados con
“los otros”, los Orkos. Si dejan de ser “buena gente” solo serán evaluados por
los resultados. ¿Acaso Adorni cree que puede lograr identificación con su
votante cuando le dice que ahorró en negro como él pero que el resultado de ese
ahorro fue de 500.000 usd que omitió declarar para no pagar impuestos?
Todo lo contrario, la sensación
será de indignación y la preocupante percepción de que quizás hayamos sufrido
cosas mejores que estas; que lo anterior, al fin de cuentas, no estaba tan mal;
o que el mismo día que este tipo nos mea en todas partes sin hacer espuma,
porque está en el gobierno, CFK cumple un año presa en una causa repleta de
irregularidades. Hasta un gorila mínimamente racional podría ver ahí una doble
vara y recordar el mantra K de Violencia es mentir. Si tomando como eje la
superioridad moral, el gobierno viene perdiendo adhesión sistemáticamente en
los últimos meses, es porque tampoco está ofreciendo la alternativa de una
administración que muestra resultados para grandes mayorías. Y sí, claro, un
corazón, en este caso el del votante mileísta, no se endurece porque sí.
La administración Milei se parece
demasiado a Milei, algo presumible en quien no ha sido capaz de comprender la
diferencia entre la persona y la investidura. El mejor ejemplo, fue el silencio
ante el evento de la muerte del Indio Solari. Es cierto que no hizo ninguna
declaración miserable como los Majul, los Trebuq o los Márquez de la vida,
caricaturas ya de sí mismos, pero como presidente, unas mínimas palabras
(aunque sean hipócritas o formales) para acompañar a una importante cantidad de
argentinos que se conmovieron por el suceso, hubieran demostrado un presidente
capaz de salirse de sí para asumir el cargo que ostenta. Quizás el presidente
considere que lo mejor de su piel es que no lo deja huir. Me permito dudar al
respecto.
Para concluir, si el gobierno
persiste caprichosamente en el sostenimiento de Adorni y se suceden los
escándalos de corrupción o, como mínimo, las evidentes contradicciones éticas
de funcionarios que aborrecen del Estado pero se aprovechan de él para obtener
todo tipo de prebendas, solo le quedará mostrar resultados. Paradójicamente,
caerá en eso que siempre le han criticado al peronismo cuando lo reducen a una
maquinaria administrativa que se sostiene solo en el “roban pero hacen”.
El punto es que allí se derrumbará
el edificio de la diferenciación con todas las experiencias que le precedieron.
Ya no habrá un somos distintos, somos mejores, venimos a refundar; más bien habrá
que contentarse con un somos iguales pero bajamos la inflación. Veremos si alcanza,
pero sin duda quedará expuesto esto de que todos somos gentes del pasado y la
alucineta es que nadie quiere volver a ser como antes.
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