sábado, 19 de octubre de 2013

Bestiario político argentino N° 15: Los panópticos (publicado el 15/10/13 en Diario Registrado)

La leyenda indica que el filósofo Michel Foucault, en una de las visitas que solía hacer a las cárceles, escuchó, por primera vez, de boca de uno de los reclusos, la historia de los panópticos. Se trata de seres con formato cilíndrico rodeados de una suerte de anillos en cuyo rostro no hay ni boca, ni nariz ni orejas: sólo un gran ojo sin párpados. Que el mito proviniese de uno de los pabellones protestantes del presidio existente en las afueras de la ciudad de New Bentham, hizo que el francés adjudicase el relato a un brote místico o, simplemente, a una representación colectiva de la mirada de Dios.
Pero lo más curioso es que, en la era digital, la leyenda reapareció y existen varios testigos que dicen haber interactuado con monstruos panópticos. La descripción que hacen de estos seres a veces los asemeja a un Ayudante de Office muñido de cámaras. Otros hablan de un ser esférico de color rojo cuyo cuerpo es un gran botón con la misteriosa inscripción “REC”. A diferencia de la visión analógica de este supuesto mito, los panópticos de la actualidad no sólo son capaces de observarlo todo sino también de registrarlo mediante grabaciones sin ningún tipo de límite de memoria. Sin embargo los panópticos del siglo XXI no sólo registran sino que también son capaces de editar la información que reciben y habrían surgido del descuido de unos científicos que trabajaban en el mejoramiento del software Irineo en el marco de una operación política que buscaba desacreditar a uno de los candidatos.
Naturalmente, la morada de estos pequeños seres son los diversos dispositivos electrónicos pues se alimentan de imágenes con una voracidad asombrosa. Resulta difícil de creer pero los más alarmistas dicen que muchos han sido adoptados como mascotas reemplazando a perros y gatos y que su existencia ha puesto en tela de juicio la división tajante entre lo público y lo privado. Pensándolo bien, puede que tengan razón, pues en una civilización de la soledad, el monstruo más preciado es aquel capaz de garantizar que nunca va a dejarnos solos.  

      

lunes, 14 de octubre de 2013

Van por la línea de sucesión (publicado el 10/10/13 en Veintitrés)

Puede que peque de alarmista pero quiero afirmar que, desde mi punto de vista, van por la línea de sucesión. No es nada nuevo, claro, pero la intervención quirúrgica a la que fue sometida CFK excita los espíritus de los que, incapaces de imponerse políticamente, aguardan un guiño de la biología. ¿Qué significa que van por la línea de sucesión? Que ante la eventualidad de una CFK que no esté en condiciones físicas para continuar al frente del ejecutivo, los poderes fácticos intentarán que el kirchnerismo abandone la casa Rosada lo antes posible. La razón es simple y no tiene que ver con lo que indique la Constitución. Se trata, simplemente, de la legitimidad social y política que se ha conseguido horadar en aquellos que debieran reemplazar a CFK en el cargo. El ejemplo más evidente es el de Amado Boudou, quien recibió una andanada de titulares desde el día 59 de asumido su cargo a pesar de que, hasta ahora, sólo hay imputaciones contra su persona (por citar un ejemplo, entre el 7 de febrero y el 31 de marzo de 2012 Clarín lo menciona críticamente en casi 30 tapas). Sin embargo, para parte de la dirigencia política y para todos los medios opositores Boudou no está en condiciones morales de asumir la presidencia. Nada dicen de Mauricio Macri que no está imputado sino procesado pero eso es otro asunto parece, porque lo que importa es la condena social y para la gran mayoría de la ciudadanía Boudou es culpable de algo por más que no se sepa bien de qué. A su vez, para ganarse estima social no lo ayuda su perfil descontracturado de guitarras y motos y sobre todo que los gobernadores oficialistas no vean con buenos ojos que el actual vicepresidente sea el hombre que esté al frente del ejecutivo hasta el 2015. En este contexto no hace falta demasiada inventiva para saber lo que podría suceder si la presidenta tuviera que abandonar de modo permanente el poder ejecutivo. Si usted no tiene mucha imaginación, en el programa de Jorge Lanata este último domingo, el consultor Jorge Giaccobe puede ayudarlo cuando indicó: “Yo no creo que la sociedad (…) permita [la asunción de Boudou]". "¿De qué manera podría evitarlo", preguntó Lanata. Y la respuesta fue "Plaza de Mayo. López Rega. Otras situaciones parecidas donde la sociedad no quiso que alguien la representara o estuviera en el poder".         
El espíritu golpista de esta declaración y la expresión de deseo disfrazada de diagnóstico no implica necesariamente que Giaccobe esté equivocado. Porque la asunción de Boudou supondría casi inmediatamente el armado de un enorme cacerolazo impulsado por una presión mediática insoportable. Que las razones de esa fuerte resistencia social no tengan que ver con acusaciones probadas en la justicia y que exista manipulación de la opinión pública no importa porque aquí no está en juego la verdad sino la creencia.
Por otra parte, con un casi desconocimiento total en la ciudadanía, la persona que sigue a Boudou en la línea sucesoria y que debiera hacerse cargo del poder si la presidenta y el vice no pudieran asumirlo es Beatriz Rojkés de Alperovich. La esposa del gobernador de Tucumán también ha sido atacada mediáticamente desde la misma usina operacional: el programa de Jorge Lanata. Allí se acusó a ella y a su familia de vínculos con asesinatos, trata de personas y por si esto no alcanzase, se hicieron circular fotos donde, con toques ciertos de frivolidad, la segunda en la línea de sucesión se deja ver en algunos destinos exóticos bien lejos del país. Una vez más, no importa la verdad. Importa la opinión pública pero, sin duda, es real que parece poco creíble que Beatriz Rojkés pudiera mantenerse al frente del gobierno dos años.
En esta línea, en la nota del último lunes publicada en el diario Clarín, Eduardo Van der Kooy, despojado de cualquier metáfora, indica que la esposa del gobernador “trepó sólo por su amistad y solidaridad con Cristina. Se trata de una mujer distante del sistema peronista. Y de todos los sistemas”. No conforme con esto agrega “¿Alguien podría imaginarse gobernando a Boudou la transición? ¿Alguien podría pensar que Rojkés lo haría sin hesitaciones?”
Donde sí encuentran alguien con sustento en la línea sucesoria es en el tercer lugar pues allí aparece Julián Domínguez, el presidente de la Cámara de diputados. Van der kooy reconoce la trayectoria del hombre que supo encauzar desde el Ministerio de Agricultura el conflicto con las patronales del campo y que proviene de un peronismo más clásico. Pero sin justificación alguna lo conmina a ser el que convoque al plenario del Congreso que debería designar al presunto reemplazante de Cristina (como lo hizo en su momento Eduardo Camaño en aquel final de 2001 que derivó en la elección de Eduardo Duhalde tras la aventura fallida de Adolfo Rodríguez Sáa). Eso sí, lo que Van der Kooy no dice es que hasta hace un par de semanas la oposición amenazaba con intentar arrebatarle la presidencia de la Cámara a Domínguez, esto es, al oficialismo. Tras el resultado de las elecciones y con el parte médico de CFK bajo el brazo, no debiera sorprender una nueva intentona a pesar de que el kirchnerismo puro seguirá siendo primera minoría holgadamente. Pero si la estrategia opositora triunfase, un Boudou sin legitimidad social y una Rojkés sin espaldas políticas deberían dejar paso a la figura que un reeditado “Grupo A” eligiese. Cuál sería el nombre designado lo desconozco y, en el fondo, creo, me resisto a pensarlo quizás porque siento que mi sistema nervioso no merece pasar momentos de zozobra.      
Pero si la oposición no lograra alzarse con la presidencia de la Cámara, lo que el editorialista estrella no menciona es al cuarto en la línea sucesoria: el Presidente de la Corte Suprema de Justicia Ricardo Lorenzetti. Por qué no se lo nombra puede ser explicado a partir de las reflexiones de Borges donde la clave de resolución del enigma está en aquel nombre que nunca aparece mencionado; o también en aquella canción de Jorge Fandermole cuyo estribillo repite “el que te ama no te nombra”. Por cierto, y siguiendo en el terreno de las especulaciones ¿no sería una gran plataforma de legitimidad social fallar contra la ley de medios en el contexto de una CFK convaleciente y un kirchnerismo que ha reducido a la mitad los votos de 2011? Al fin de cuentas, un Presidente de la Corte Suprema al frente del gobierno no haría más que formalizar que el verdadero poder en la Argentina no está en ninguno de los representantes elegidos a través del voto popular. 
Probablemente, todas estas elucubraciones se disipen con el regreso a la actividad de la presidenta, algo que todos los pronósticos dan casi por descontado. Pero hay que estar preparado para todo y darse cuenta que, como sucedió en Paraguay, los gobiernos democráticos no serán derrocados por golpes militares a la vieja usanza sino por golpes institucionales que guardan las formas y derivan en supuestos “gobiernos de transición”. A justificar esa transición en el formato que sea y a dirigirla hacia determinados objetivos que, casualmente, nunca favorecen a los sectores populares, se ocupará, como lo ha hecho históricamente, la prensa hegemónica.    

    

Eterno retorno de la biopolítica (publicado el 8/10/13 en Diario Registrado)

Hay algo más peligroso que los exabruptos de dirigentes y periodistas opositores en ocasión de la intervención quirúrgica a la que fue sometida la presidenta y se trata de la red conceptual que a falta de un nombre técnico llamaré “biopolítica”. Dejando de lado el sentido que tal término tiene en la academia, lo que aquí llamo “biopolítica” es un tipo de perspectiva en el que se establece una analogía entre la vida y la política. Más específicamente, se considera que la sociedad es un gran organismo y que el líder de esa sociedad encarna en su cuerpo individual las acciones políticas que impulsa. Dicho en buen criollo: un gobernante que aplica malas políticas sobre el cuerpo social lo enfermará y la prueba de ello quedará expresada en su propio cuerpo. No se trata de un castigo divino sino de una relación directa entre el cuerpo de la presidenta y el cuerpo de la sociedad. Tal relación descabellada se viene utilizando como un hallazgo teórico cada vez que el líder de un gobierno populista latinoamericano sufre algún deterioro en su salud. Cuando esto sucede se dice que el cuerpo del líder no pudo aguantar porque una política de confrontación y de odio hacia las clases dominantes es una alteración de la armonía natural que pronto termina atacando al propio cuerpo. Así, un líder liberal, como aplica buenas políticas, poseería una excelente salud pero aquel líder que considera que debe intervenir el Estado enfermará y, si persiste, morirá. Usted seguramente se está riendo ante este tipo de razonamientos ¿pero leyó las principales columnas de los editorialistas? Citaré sólo una para no agobiarlo. Me refiero a la de Joaquín Morales Solá el domingo 6 de octubre de 2013. Allí se puede leer: “Parece producirse una convergencia entre la decadencia política y la declinación física”; (…) un rasgo también kirchnerista y constante es la disposición por la confrontación. La guerra y el rencor son malos consejeros para la salud y la vida; (…) De todos modos, es un modo de gobernar muy parecido al de su esposo. Y es casi imposible que el cuerpo de un ser humano tolere que caigan sobre él todas las cuestiones, las grandes y las pequeñas, las importantes y las insignificantes, de un país. Así, o se paraliza el gobierno o le explota el cuerpo, solía decir un ministro de Néstor Kirchner cuando lo veía trajinar con los detalles de la administración” (las cursivas son mías).
Frente a argumentaciones como éstas bien cabe la mueca risueña, la pena o tal vez la indignación pero hay que ir un poco más allá y comprender que se está estableciendo, al fin de cuentas, una analogía entre un conjunto de acciones políticas y una enfermedad (de hecho, en otras ocasiones, importantes formadores de opinión se refirieron al kirchnerismo como a un cáncer). Por ello hay que estar atentos. Porque sabemos cómo se puede curar el cáncer y también sabemos que en la Argentina, en nombre de la salud de la nación y la patria, se ha producido y se ha intentado justificar la más vergonzosa de las quimioterapias sociales.   


viernes, 4 de octubre de 2013

La reelección conservadora (publicado el 3/10/13 en Veintitrés)

 Latinoamérica necesita un presidente conservador y alemán. Sí, sí, leyó bien. Esa será la conclusión de esta nota que intentará hacer un análisis sesudo y comparativo de algunas particulares interpretaciones de lo que sucede en nuestra región y en Europa. La ocasión no puede ser mejor porque lo que me interesa discutir es la posibilidad de reelección indefinida y los diferentes tipos de estándar con que se evalúa esta posibilidad. Hacerlo ahora, caída la posibilidad de una intentona reeleccionista por parte del kirchnerismo, puede ayudar a que la discusión se realice poniendo entre paréntesis, por un rato al menos, los intereses, las pasiones y las conveniencias de coyuntura. Porque ni las reformas ni cualquier modificación que implique de un modo u otro al mandato presidencial se hace en abstracto. Esto quiere decir que en 1994 no se discutía la reelección sino la reelección de Menem; y en 2013, la discusión que se instaló en los medios no era acerca de un sí o un no a la reelección sino un sí o un no a la continuidad de Cristina Kirchner.
Pero ahora que no hay fantasmas ni nombres propios ¿qué tal discutir un poquito en abstracto? Como disparador, comencemos por la siguiente pregunta: ¿por qué es un signo de continuidad institucional un tercer mandato de Angela Merkel al frente de Alemania pero cualquier atisbo reeleccionista de un presidente latinoamericano es visto como el germen de un dictador populista que busca la eternidad en el poder? Se dirá que son sistemas distintos: que en Alemania y buena parte de Europa existe un sistema parlamentarista y aquí hay un presidencialismo. Sin duda eso es así pero si bien en el modelo alemán el que gobierna es el parlamento considero que la pregunta que se le hace a los presidencialismos americanos es extrapolable a ese sistema pues sea bajo un modelo presidencialista, sea bajo un modelo parlamentarista, no sería deseable que una persona o un conjunto de ellas esté habilitada constitucionalmente para continuar indefinidamente en un cargo cuyo ejercicio supone, de por sí, una ventaja respecto de sus competidores. Al menos eso dice una importante parte de la biblioteca, ¿no?
Sin embargo, hay quienes afirman que más allá de la diferencia entre sistema parlamentario o presidencialista lo que hay que tomar en cuenta es que en Alemania existe lo que se conoce como “voto de censura constructivo”. Se trata de una instancia que puede imponer el parlamento y que permite remover de su cargo al primer ministro si y sólo si existe una mayoría parlamentaria capaz de consensuar un candidato que lo reemplace. La introducción de esta instancia se dio a raíz del aprendizaje que significó el haber padecido la inestabilidad de la República de Weimar y la posterior llegada al poder de Hitler.  
Gracias al voto de censura constructivo que existe en muy pocos países, los que intentan justificar diferencias entre el modelo alemán y los presidencialismos latinoamericanos afirman que si bien Merkel puede llegar a estar como mínimo 12 años al frente de los germanos, podría ser destituida en cualquier momento. Eso es efectivamente así. Lo curioso es que cuando refieren, por ejemplo, al sistema presidencialista de Venezuela, pasan por alto el artículo 72 de la Constitución impulsada por el chavismo que incluye la figura del mandato revocatorio. Este artículo afirma que  “transcurrida la mitad del período por el cual fue elegido el funcionario o funcionaria, un número no menor del 20 % de los electores o electoras inscritos en la correspondiente circunscripción podrá solicitar la convocatoria de un referendo para revocar su mandato”.
Sin embargo, claro está, los paladines del republicanismo liberal omiten esta figura que, por cierto, obligó al propio Chávez a someterse al referendo, y presentan al modelo de constitución chavista como la construcción jurídica a medida de un líder populista y megalómano. También pasan por alto que la figura del referendo revocatorio venezolano establece un mecanismo mucho más directo pues es el propio pueblo el que puede impulsar el fin del mandato del presidente. En Alemania, en cambio, es la transa y los acuerdos de cúpula entre partidos y representantes el que puede depositar en el gobierno a un candidato que el pueblo no votó. Por todo lo dicho, si alguien afirma que un canciller alemán puede ser destituido en cualquier momento debiéramos indicar que lo mismo le sucede a un presidente venezolano. Sin embargo, un canciller alemán no tiene ningún impedimento para estar al frente del gobierno 15, 20 o 30 años pero un presidente argentino no puede superar los 8 años. Extrañas paradojas ¿no?       
Por último, aquellos bien pensantes especialistas que critican los modelos latinoamericanos recurren, como quien recurre a un texto sagrado que tiene todas las respuestas, a la constitución estadounidense de 1787 comentada por Madison, Hamilton y Jay. En un sentido hacen bien en recurrir allí pues en ese texto encontrarán justificado el sistema de contrapesos, la división de poderes y el control de constitucionalidad en manos del poder judicial, entre otros aspectos. Pero hay un detalle que suelen pasar por alto pues “los padres fundadores” de nuestros sistemas consideraban que no debía ponerse límite a las reelecciones del presidente. Sí, es así. Es una herida narcisista en el republicanismo liberal y en sus defensores vernáculos pero los “padres fundadores” planteaban la necesidad de un gobierno centralizado, vigoroso y con la posibilidad latente de continuidad. Por si usted no lo cree, tome nota, pues Hamilton lo decía con estas palabras en el artículo LXXII de El Federalista: “a la duración fija y prolongada agrego la posibilidad de ser reelecto. La primera es necesaria para infundir al funcionario la inclinación y determinación de desempeñar satisfactoriamente su cometido, y para dar a la comunidad tiempo y reposo en que observar la tendencia de sus medidas y, sobre esa base, apreciar experimentalmente sus méritos. La segunda es indispensable a fin de permitir al pueblo que prolongue el mandato del referido funcionario, cuando encuentre motivos para aprobar su proceder, con el objeto de que sus talentos y sus virtudes sigan siendo útiles, y de asegurar al gobierno el beneficio de fijeza que caracteriza a un buen sistema administrativo”.
Dicho esto, los autores agregan que no permitir la reelección traería como consecuencia la desaparición de alicientes para realizar un buen gobierno, la tentación de “entregarse a finalidades mercenarias” saqueando al Estado, privaría a la comunidad de la utilidad que supone que un cargo esté ocupado por alguien con experiencia y generaría inestabilidad institucional entre otros perjuicios.
Tuvieron que pasar 160 años para que, gracias a una enmienda, los estadounidenses pusieran límite a la reelección indefinida. ¿Cuál fue la razón de este cambio? La aparición de un “populista” como Roosevelt que sacó a Estados Unidos de la crisis gracias a aplicar algunas políticas de índole keynesiana y que no se cansó de ganar elecciones hasta que falleció ocupando el cargo de presidente.

Lo dicho demuestra que mi interés por discutir en abstracto no tiene mucho sentido y que el problema no es la posibilidad de permitir o una la reelección. Lo que se juega es de qué signo político son los candidatos que potencialmente suelen ganarse la estima del electorado. Esto me hace intuir que el día que en Latinoamérica un candidato conservador logre obtener un apoyo suficiente como para poder ser reelegido indefinidamente, vendrán a intentar convencernos de lo importante que es la experiencia, la continuidad de políticas y el respeto por una decisión popular que no merece tener límites constitucionales.  

lunes, 30 de septiembre de 2013

Bestiario político argentino N° 14: Los cancerberos (publicado el 26/9/13 en Diario Registrado)

Cuando, siguiendo la línea de lo que había sucedido en la antigua ciudad de Ortigia, el alcalde decretó que nadie podía morir ni nacer en su jurisdicción, se dispusieron cancerberos en toda la frontera de la ciudad. La razón era simple: había que frenar la estampida que, desde el interior de la ciudad, protagonizarían las embarazadas que querían parir y, desde el exterior, realizarían los moribundos que ansiaban una sobrevida. Los cancerberos, con su cuerpo de perro y sus 3 cabezas, aunque algo faltos de timing tras el largo proceso de ausencia de actividad que le siguió a la demostración de que el inframundo era una simple farsa, destrozaron los cuerpos de las jóvenes que habían sobrepasado largamente las 9 lunas (algunas llegaban a 14 o 15 y se cuenta que hubo una que llevaba 32), y de aquellos moribundos que eran arrojados por sus familiares desde el límite de la frontera con la esperanza de caer en esta jurisdicción. Tras la matanza, cargaron también contra los habitantes más humildes de los arrabales de la ciudad y contra todos los jóvenes, seres que naturalmente mantienen un estrecho vínculo con el delito, y los arrojaron más allá de la frontera.
Sin ningún Hércules que pudiera capturarlos, la ciudad institucionalizó a los cancerberos y los destinó a la protección de la seguridad interior e incluso muchos ciudadanos de a pie han adquirido uno para proteger el hogar. En el día mundial de la propiedad privada, con el objeto de homenajearlos, el alcalde inauguró un monumento de hormigón en el centro del ex jardín botánico que había construido Carlos Thays.  Allí, los primeros domingos de cada mes se realiza un extraño ritual en homenaje a Hades y los curiosos arrojan una monedita de 10 centavos para que la suerte los proteja en la próxima adquisición.