jueves, 29 de mayo de 2008

El individuo y el Estado

Entre tanta coyuntura y repetición; entre tanto vedetismo y tanto grito, entre tanta amenaza y tanta escarapela, un humilde intento de abstracción que propone sumar algunas categorías para intentar entender el conflicto del Gobierno con el Campo. A mi parecer, existe un pequeño ensayo de Borges llamado “Nuestro pobre individualismo” que puede ayudar a comprender algo de lo que está pasando.
Si bien, sería insólito destacar a Borges por sus, no sólo conservadoras, sino pobres ideas políticas, el autor de Ficciones es citado aquí a partir de una afirmación simple y clara: el argentino no es ciudadano sino individuo. En otras palabras, no tiene un sentido de pertenencia a la República, no concibe su libertad al estilo clásico en el sentido de ser autónomo por participar de las decisiones de la polis; más bien, es el claro ejemplo de la libertad moderna que considera que se es libre en la medida en que nada se interpone en el camino. Derivada de esta última forma de entender la libertad, cierto liberalismo extremo, a veces llamado libertarismo, afirma que ese “nada” incluye al Estado. Es decir, la libertad del individuo florecerá en la medida en que el Estado sólo se ocupe de garantizar la propiedad privada y los derechos que me permitan elegir el ideal de buena vida que yo prefiera.
Desde este punto de vista, el Estado aparece como un otro, un algo ajeno, un enemigo. El individuo no se siente parte del Estado y cualquier clase de impuesto que suponga un extra (es decir, que se utilice para algo más allá de la protección de la propiedad privada) es considerado confiscatorio.
En la disputa Gobierno-Campo esta relación de ajenidad respecto del Estado es clara. Paradójicamente, a diferencia de los nacionalismos contra los que Borges discutía, esto es, aquellos que pregonaban por un “Estado más grande”, el nacionalismo de los dirigentes del campo es mucho más lábil, escurridizo. Parece liberal/libertario cuando se discuten ganancias extraordinarias y es socialista redistributivo cuando los precios internacionales bajan y hacen falta subsidios estatales. Hay algunos elementos más que en el ensayo de Borges pueden ayudarnos a pensar. Me refiero a las razones por la cual los argentinos sienten que son individuos enfrentados al Estado. Resulta interesante porque hay argumentos que son muy actuales. El primero es que, dado que los gobiernos argentinos siempre han sido un desastre y se emparenta gobierno con Estado, no queda otra que la salvación individual a-política; el segundo argumento, mucho más filosófico y con el que Borges juega socarronamente, es que el Estado es un artificio colectivo, un invento y que en tanto tal sería imposible que nos sintamos parte de algo que sólo existe como ficción. Sobre el primer argumento, los dirigentes del campo machacaron una y otra vez desde el momento en que el gobierno corrigió su error inicial de subir las retenciones sin discriminar entre grandes y pequeños y medianos. Se decía que no tenía sentido el aumento de los impuestos porque el gobierno se lo robaba o lo utilizaba para el tren bala; también se decía que los reintegros no servían porque “se quedaban en el camino” y nunca volvían a las manos de los productores. Decir que el gobierno roba me parece exagerado y propio del sentido común del porteño medio clarividente y engreído con aparente saber empírico surgido del mero transcurrir de años y de calles, que afirma “los políticos son todos ladrones”. No me parece que este sea un gobierno con una corrupción estructural como algunos afirman. Hay casos de corrupción, algunos más o menos probados y otros sospechados pero probables. Por otra parte, en esta línea, los paladines de la transparencia, los que viven de la compulsión a la denuncia, nunca caen en la cuenta, de que la crítica a la corrupción no es nunca una crítica sistémica. Son los mismos que afirman que el gran vicio del gobierno de Menem fue solamente su nivel alto de corrupción.
En cuanto al tren bala, no hay mucho que decir. Resulta una erogación insólita con la cual se podrían mejorar todas las líneas existentes o restablecer el sistema ferroviario nacional previo a los 90. También podría utilizarse para construir todas las redes de subte que hacen falta para que transitar la Capital sea menos agobiante. La lista puede seguir pero eso no es en lo único en que gasta el dinero el gobierno. Decir “no” a las retenciones porque con esto se paga el tren bala es tan parcial como afirmar “sí” a las retenciones porque ese dinero se utilizará sólo para redistribuir entre los que menos tienen a través de subsidios o de los aumentos existentes a jubilaciones y sueldos de empleados públicos.
En cuanto a que los reintegros no llegan, es verdad: no llegan porque para que lleguen hay que estar en blanco y pagar impuestos.
En lo que respecta al segundo argumento, este que afirmaba que no podíamos sentirnos parte de una ficción, resulta un puntapié interesante para pensar el conflicto actual en clave nacional. Dejando de lado la fantasía de una reedición del combate entre federales y unitarios, que algunos interesadamente quieren reflotar, cabe preguntarse qué elemento hace que regiones, intereses y tradiciones tan dispares puedan formar parte de un mismo territorio llamado Argentina. Pero eso es asunto de otro artículo.
Por último, una mención a una de las tantas cadenas de mails que andan pululando. Hoy me llega la de un muchacho que propone solidarizarse con el campo quitando los ahorros de los bancos, comprando moneda extranjera y retrasando los adelantos impositivos. Hay muchos pseudo guevaristas de cibercafé que ocupan su tiempo en tales revoluciones virtuales. Creo que esos mails ya llegan con un nombre que se va borrando, se va haciendo anónimo para transformarse en el del argentino medio: cree que afectar al Estado, es afectar al gobierno y cree que él no forma parte del Estado. Seguro que debe ser de aquellos que critican los modales de Moreno pero le recriminan que en tanto agente del Estado no controle los precios de los colegios privados; seguro que es de los que dice “yo le pago el sueldo” y se olvida que también le paga el sueldo a los obispos a pesar de formar parte de un Estado laico; seguro que debe ser de aquellos que rescatando el mero vinculo que promueve la continuidad de la cercanía espacial, antes que “ciudadano” prefiere que le llamen “vecino”.

lunes, 19 de mayo de 2008

Los auténticos

En la actualidad política argentina suelen oírse una serie de conceptos y terminología propia de aquella tradición romántica que surgió como respuesta al pensamiento iluminista del siglo XVIII.
El romanticismo resaltaba la fe y la religión por sobre la razón; lo espiritual por sobre lo material; lo cualitativo por sobre lo cuantitativo; lo emocional/pasional por sobre lo racional; el elogio de lo natural por sobre la maquinaria del progreso; lo particular como auténtico por sobre lo universal como artificio; el provincianismo por sobre el cosmopolitismo; la espontaneidad por sobre el cálculo racional y “economicista”, etc. Además, muchos autores románticos fueron antecedentes de los nacionalismos más beligerantes defendiendo la idea de “Espíritu nacional” como la esencia que hace a un pueblo ser lo que es. El espíritu nacional se transforma así en una entidad homogénea que subyace a los accidentes históricos y que funda una referencia que permite construir una historia nacional de mitos, epopeyas, santos y héroes que viene a manifestar ese espíritu. De este modo, algunos pensadores románticos, critican al Estado en tanto artificial y rescatan, en cambio, a la nación, esto es, las costumbres, la geografía, la tradición y el lenguaje como el elemento unificador constitutivo del pueblo.
La disputa entre románticos e iluministas llegó al territorio del Río de la Plata, de aquí que no resulte casual que la generación del 37 sea considerada romántica más allá de defender paralelamente muchos principios iluministas. Esta tensión, tan propia de estos lares, reaparece a lo largo de la historia argentina y puede ser útil para notar algunas paradojas de una actualidad en la que la palabra más mencionada es una muy poco romántica: “diálogo”.
El elogio inconsciente de los ideales románticos aparece en varios órdenes. Por un lado, se hipostasia a “el campo”, se le da entidad, voluntad y se lo hace un sujeto claramente delineable y homogéneo. Se lo dota de un espíritu y no se cae en la cuenta de que este espíritu que se presenta como preexistente es siempre construido a posteriori. A esto contribuyó el error de la medida indiferenciada que en un principio adoptó el gobierno, la ignorancia de la clase media porteña y unos vivos y unos idiotas útiles que forman parte de la Sociedad rural y la Federación agraria respectivamente. De este modo, la Argentina parece todo el tiempo disputarse una serie de ficciones esenciales románticas: “nosotros somos el campo”, “nosotros somos la gente”, “nosotros somos el pueblo”. La disputa, claro está, tiene que ver con quién es el representante de la ficción hipostasiada puesto que en tanto tal, la ficción se moverá al compás de quien se imponga como cabeza. Por eso es tan grande la puja y a su vez tan difícil de legitimar: dado que no existe sustento material que dé cuenta de estas construcciones cualquiera puede erigirse como cabeza y cualquiera puede poner en tela de juicio la legitimidad. Por ejemplo, en los últimos días todos dicen representar al pueblo: Moyano, cada una de las federaciones agrarias, los caceroleros de Belgrano y Cristina. De todos estos, el que tiene más legitimidad es ella pues ha sido votada hace muy poco por casi el 50 porciento de la gente. Que tenga legitimidad, claro está, no la acerca a las decisiones correctas ni a la verdad pero al menos, los gobiernos elegidos por el pueblo han sido sometidos en algún momento al escrutinio de todos los ciudadanos. Pero también es necesario decir, que la legitimidad formal, el hecho de haber sido elegido por las urnas, no garantiza a los gobiernos una legitimidad fáctica, en el sentido de que una serie de errores o medidas antipopulares puede generar un descontento que seguramente le quitará caudal político y margen de maniobra. En este sentido, la estrategia de desgastar al campo seguramente será efectiva pero a mi juicio ha tenido costos muy altos.
Como la legitimidad fáctica es difícil de medir, todos construyen sus sensaciones térmicas de manera arbitraria y a través de un movimiento sinecdótico: se designa a un todo tomando sólo una de sus partes. Así 100 manifestantes con cacerolas haciendo ruido en una esquina se transforman en el sentir popular “de todos” y los operadores de siempre hablan de “la gente”.
A la hipostatización de entidades inexistentes y al movimiento sinécdótico debemos agregarle cómo se resaltan otra serie de cualidades románticas. La más visible fue el elogio a la “espontaneidad” como aquello que rescata un perfil de pureza y bondad. El espontáneo es auténtico en franca oposición al calculador que parece seguir una lógica racional y autointeresada.
El exaltamiento de los valores románticos también se vio claramente la última semana en un ámbito que es muy proclive a este tipo de acciones: el fútbol. Un jugador de River tuvo la mala idea de decir que su hinchada no alienta lo suficiente y que en ese sentido es claramente superada por su rival, Boca. Hace algunos años ya, un episodio similar había tenido como protagonista a un jugador de Vélez que se quejó de su propia hinchada por haber sido superada en número y presencia ensordecedora en su propia cancha. Fue el mayor sacrilegio que se le pudo hacer a un hincha. Hubo manifestaciones y escándalos. Al jugador de River lo quieren echar del club, hinchas, dirigentes y periodistas hinchas. Se había tocado el “sentimiento inexplicable” y lo inexplicable, románticamente hablando, es un valor.
Ni que hablar, si de elementos románticos se trata, del acto del partido justicialista en el que asumió Kirchner. La liturgia peronista a pleno, con un presentador que parecía referirse a luchadores de catch antes que a autoridades de un partido político. Referencias a “el pueblo” por doquier en una presentación que no debe ser criticada por anacrónica sino por hacer referencia a una entidad inexistente. La misma falsa referencia es aquella a la que apuntó el campo cuando propuso utilizar las escarapelas arrogándose, como tantas otras veces a lo largo de la historia, el rol de ser “la argentina real y auténtica” frente al “clientelismo vil”. Así no resulta casual que el campo prepare un acto para el 25 de mayo, como también lo hace el gobierno y que empiece a circular ya la idea de “el país del bicentenario”. Parece que en la corta historia argentina los aniversarios seculares exacerban la discusión acerca del ser nacional. Que está discusión se diera en 1910 tenía algún sentido pero darla en 2010 es una repetición más cercana a la comedia.
Entre los intelectuales también hay una solapada discusión en términos de autenticidad romántica. Los que se oponen al gobierno se consideran objetivos, realistas y acusan a los otros de inauténticos, es decir, consideran que nadie puede defender políticas del oficialismo si no tiene intereses directos o indirectos. Es interesante porque no los acusan ni de tontos ni de errados sino de farsantes. La racionalidad es reconocida pero lo que no se les admite es la (supuesta) falta de autenticidad que hace que algunos cerebros cooptados por el dinero y la ideología estén al servicio del mal. Esto es muy interesante porque a aquellos que no están completamente en contra del gobierno ni siquiera se les da el beneficio del error. Se los acusa de venales y de defender oscuros intereses. De este modo, hay un grupo importante de intelectuales, periodistas y opinólogos que no pueden entender que exista otra gente tan respetable como ellos que defienda opiniones distintas. Eso no es posible: la capacidad argumentativa es de muchos pero la autenticidad es sólo de los opositores rabiosos. Al resto de los argentinos no rabiosos se nos adscribe impostura, inautenticidad y mentira.
En este punto me quiero detener. El valor de la autenticidad está en que no admite el error. Quien es auténtico cree no poder equivocarse. Que la pasión por un color sea un sentimiento inexplicable le da una gran mano al que lo exhibe porque no lo deja elegir. No hay argumentos racionales que puedan poner en tela de juicio la autenticidad inexplicable de su pasión puesto que si los hubiera se podría cambiar de camiseta y eso no lo admite el ideal de autenticidad. La autenticidad se presenta como aquello que nos permite contactarnos con la verdad y que sea inexplicable permite soportar mejor las decisiones porque no nos da lugar a ninguna pregunta. La autenticidad es primigenia, original, siempre lejana, lo suficiente como para no saber de dónde viene.
Y en el medio de esta orgía romántica, la gran paradoja es que la palabra más escuchada en las últimas semanas es “diálogo” y el diálogo es justamente muy poco romántico pues supone una racionalidad y una relación entre al menos dos personas que incluye una exteriorización y que no queda circunscripto al ámbito monológico de la espontaneidad auténtica. Esta relación entre hablantes, como ya observaba Sócrates, supone que aquellos que entablan el diálogo están abiertos a la posibilidad de reformular su punto de vista pues la verdad nunca se presenta de forma simple y clara. Hay que trabajarla, elaborarla. De aquí que Sócrates se inclinara por las posibilidades de modificación propias de la oralidad frente a la fijeza del texto escrito.
El gobierno ha cedido, sólo en parte, con los retornos y los subsidios diferenciados además de acuerdos por la carne, etc. El campo pide diálogo pero no ha cedido nunca. Entonces no hay diálogo, hay soliloquios amplificados por transmisiones “en cadena” desde una tarima de Gualeguaychú. Allí, la radicalidad es virtud y los gritos y las amenazas son perdonados, pues son “verdaderos”, son “auténticos”.

viernes, 2 de mayo de 2008

Destacado de la Política online

Amigos y amigas: el diario digital La politica on line http://www.lapoliticaonline.com/
destacó este blog en el área de política. Quiero agradecerle al diario y a los que entran a mi blog a leer y comentar. Saludos, besos, abrazos y a seguir debatiendo. Dante

domingo, 27 de abril de 2008

Los fusibles de todos

De la misma manera que con los directores técnicos de los equipos de fútbol, cuando hay una crisis política los fusibles son los ministros: a diferencia de lo que sucede en los regímenes parlamentaristas, el primer ministro/presidente no puede ser “removido” y es por eso que las crisis la pagan los miembros del gabinete.
Esto fue lo que ocurrió con Lousteau tras la crisis entre el gobierno y el campo. Es un fusible funcional a todos los intereses en juego: para el gobierno, es la forma de hacerse a un lado de los errores cometidos y recargar la culpa sobre el joven ahora ex ministro en lo que respecta a la decisión de imponer las retenciones móviles indiscriminadamente; para los dirigentes del campo, es una excusa para distender la tensión y lograr un acuerdo sin mostrar debilidad. En tanto, la oposición política y mediática hace varias interpretaciones: los más críticos, esos que antes defenestraban a Lousteau por su participación en el gabinete “cristinista”, ahora que se ha ido, no ahorran loas ante la joven promesa de la economía. De repente, Lousteau pasó a ser un muchacho inteligente que se dio cuenta que los modos de Moreno no son los adecuados y que le habría acercado a Cristina una serie de propuestas brillantes para bajar la inflación “enfriando” la economía. Se construye así una fantasía en la que habría en el gobierno dos bandos: los dialoguistas y razonables, liderados por Alberto Fernández, entre los que se encontraba Lousteau, y los rupturistas autoritarios, liderados por Kirchner y cuyos miembros más representativos son Moreno y Delía. Los buenos y los malos. Entre tanto, la imagen de Cristina, sin duda deteriorada, es presentada como de la mujer débil de su marido. Así, la segunda fase de la operación “doble comando” ha llegado. En un primer momento se trataba de imponer la idea de que el gobierno tenía dos cabezas lo cual, aparentemente sería malo. De esta manera se trataba de desgastar a los dos por el gobierno de ella ante el temor de un regreso de Kirchner en 2011. Ahora que la imagen de Cristina es la más baja desde su “explosión” como candidata, van por Kirchner. Lo que viene, será mostrar que ella, en realidad no gobierna, que es débil y que tiene problemas de crispación y bipolaridad. No hay entonces doble comando. Hay uno sólo que es el de Kirchner. En este sentido es sintomática la tapa del diario Perfil del sábado la cual, mostrando la foto de asunción de Carlos Fernández (hombre del ex presidente), tituló “Reasumió Kirchner” (SIC).
Párrafo aparte merece la particularidad de la elección de los ministros de Economía en los casi 5 años de gobierno kirchnerista. Sin duda se trata de personajes de perfil bajísimo, algo a lo que lamentablemente no estábamos acostumbrados. Salvo Lavagna, quien justamente fue desplazado cuando empezó a tener demasiado protagonismo, el resto de los ministros de economía del kirchnerismo apenas si le conocíamos la cara. Se dice, seguramente con razón, que este perfil no es arbitrario: se buscan personajes maleables porque, al fin de cuentas, el que toma las decisiones en materia de economía es Kirchner. Seguramente es así y me pregunto cuál sería el problema de que así fuese. Quienes rezongan ante la debilidad de los ministros de economía y la ubicuidad de Kirchner consideran que el problema de la economía es simplemente un asunto técnico y no de política. Grave y, a veces, poco inocente error. El rumbo y las decisiones de la política económica no pueden ni deben ser meramente técnicas. Son y deben ser decisiones políticas en las que cualquier presidente debe tener injerencia directa. Evaluemos en todo caso si la política económica es la correcta, cuáles son las decisiones políticas que hay detrás de ella y hacia dónde nos llevan. Preocupémonos cuando algún operador presenta, como si fuera un elogio, a un economista como “un técnico”. O en todo caso preocupémonos si es ese “técnico” el que toma las decisiones.
Pero volvamos a los fusibles: el próximo va a ser el secretario de Comercio Moreno. Aparentemente se le pediría un paso al costado el 25 de mayo cuando el gobierno intente relanzarse con un paquete de medidas. De este modo, el gobierno va a afirmar que la distorsión de los índices del INDEC fue obra de la discrecionalidad de este sujeto al cual se mantenía sólo porque era alguien que peleaba por el bolsillo de la gente pero que ya cumplió un ciclo. En tanto, la oposición, que parece tener una obsesión con el Secretario de Comercio, dejará de tenerla, y dirá que en realidad toda la culpa es de Kirchner y que Moreno era un sicario.
Es muy curioso lo que sucede con Moreno desde la oposición, pues las mismas personas lo culpan de hechos que se contradicen ente sí: por un lado, le endilgan modos mafiosos (los cuales, sin duda, tiene), para mantener los precios bajos y, con ello, afectar la rentabilidad de los empresarios; sin embargo, por otro lado, esos mismos críticos son los que afirman que la inflación está descontrolada. De esto se sigue que, o bien es falso que los aprietes de Moreno hacen que los precios no suban, o es falso que la inflación se descontroló. Dado que la inflación parece estar situada en un preocupante 20% (al menos en la canasta básica de alimentos), el Gobierno debería pedirle la renuncia a Moreno no por sus malos modales sino, en todo caso, por no poder cumplir bien su labor de detener los precios. Su salida es inminente pues, cumple, como el joven Lousteau, con los requisitos suficientes para ser el fusible funcional a los intereses de todos los actores.

sábado, 19 de abril de 2008

Humo

En momentos donde la Ciudad de Buenos Aires se torna irrespirable nada mejor que hablar del humo. Pero no me interesa aquí hablar ni de la sospechosa negligencia de algunos productores agropecuarios que quemaron pastizales fuera de época y en una cantidad y en una forma nunca antes vista. Tampoco apuntaré a la impericia del gobierno que espera que la danza de la lluvia de algún cacique apague el fuego. Ni siquiera me centraré en los medios que hablan de contaminación y pululan y ululan por hospitales y centros urbanos buscando algún niño afectado o algún mártir humeado.
Más bien me voy a referir a un fenómeno que me preocupa: la naturaleza parece literalizar las metáforas. En otras palabras, siempre se ha hablado de aquellos que “venden humo” (y de aquellos que “compran el humo”) pero nunca como en este momento asistimos al momento en que la Ciudad que compró el humo recibe el bien adquirido. Nunca había sucedido y espero que no dure toda la administración Macri porque a mí me falta el aire y me irrita.
Macri “vendió humo” y nos habló de eficiencia y de transformación y tras más de 100 días, como indiqué en otra nota, el gobierno del PRO es como un paso de baile: da un paso hacia adelante y da un paso hacia atrás. En otras palabras, el gran transformador se mueve todo el tiempo y sin embargo queda siempre en el mismo lugar.
¿Se acuerda usted del despido a los empleados y la intervención de la obra social de los municipales? Que sí, que no, que se interviene, que no, que se interviene pero no tanto, que se los echa pero sólo a algunos, que se los incorpora, que no, que algunos siguen, que otros no, que se contrata a otros, que no. ¿Y el censo para averiguar cuántos empleados tiene la ciudad? El censo se está haciendo pero ¿usted sabe lo que se pregunta? Por lo pronto no se les pregunta a los empleados qué función cumplen. Es decir, se utiliza el criterio digno del más torpe economista: se sabe sumar y restar, se averiguará cuántos empleados hay y se hará un recorte completamente arbitrario. No importa qué hacen ni si son útiles: importa el número. Habrá que echar un número x porque quien echa es eficiente.
¿Y los baches? ¿desaparecieron? ¿Y la bendita controversia respecto al traspaso de la policía? Parece que la ola de inseguridad se transformó en olita y mar calmo entonces la discusión por el traspaso dejó de ser tal. Se sigue sin hablar de qué tipo de policía queremos; parece que lo único que importa es que sea nuestra. ¿y el reemplazo de la guardia urbana por la policía de tránsito cuando había otra “ola” pero no de asaltos sino de accidentes? ¿Dónde está? ¿Son más efectivos que los inútiles guardias urbanos? Y ahora que de repente los adolescentes se volvieron violentos: qué pasó con las obras que prometió Narodowsky? ¿Qué va a pasar con las escuelas sin gas cuando venga el invierno? ¿Es posible que la única política educativa del ministro sea que hay que arreglar los techos y “hay que recuperar el respeto por el maestro”? ¿Es posible que no se piense en políticas sustantivas y que el proyecto educativo pase por el problema edilicio? La confusión entre una política educativa y un problema de infraestructura es todo lo que he oído de boca del ministro (sin olvidar el mayor control por el, efectivamente desproporcionado, abuso de las licencias docentes). ¿Y la insólita promesa de 40 KM nuevos de subte? Se dirá que el subte depende del gobierno nacional al igual que la policía, lo cual es cierto. Sin embargo, si eso sirve como excusa, no acusaremos al Gobierno de la Ciudad de faltar a las promesas pero sí lo acusaremos de inepto puesto que no logró quitarle al Gobierno Nacional nada de lo que corresponde a la Ciudad. ¿Y el contracarril en la avenida Rivadavia que iba a permitir a los colectivos no tener que atravesar varias veces la avenida por encontrarse cerrada Bartolomé Mitre desde hace ya más de 3 años? Aquí sí hay una respuesta: el contracarril fue utilizado durante media hora (SIC) y luego fue desechado porque los funcionarios del Gobierno de la Ciudad calcularon todo menos que los colectivos eran demasiado grandes y no podían girar. Una vez más se avanzó y luego se dio marcha atrás. Por otra parte, el Gobierno de la Ciudad tiene la posibilidad, en la medida en que ha pasado un tiempo prudencial, de encarar la cuestión del santuario de Cromañón. ¿Bartolomé Mitre va a estar cortada para siempre? Parece que los cortes de calle no siempre son puestos en tela de juicio.
Volvamos al paso del baile: hace unos días cuando pensaba la nota, había dos hechos que contradecían mi hipótesis de la quietud y la inutilidad del nuevo gobierno citadino. Por un lado no se había dado marcha atrás con la suba del ABL y tampoco con el cierre de la mitad de talleres que ofrecía la Ciudad. El aumento de ABL fue lo único en lo que el macrismo se mantuvo firme y ganó la pulseada. Pero me acabo de enterar que ni siquiera pudo ser firme para mantener el cierre de los talleres puesto que ciertos rumores indican que los volvería a abrir. Seguramente lo hará puesto que lo que cobran los docentes que dictan los seminarios es $140 por mes por una clase por semana de 3 horas.
Resulta interesante notar cómo tanto desde el macrismo como desde la oposición se aceptó una serie de prejuicios que favorece a la actual administración de la Ciudad. En este sentido, la disyuntiva parecía ser entre un empresario reaccionario pero exitoso y eficiente frente a un progresismo más preocupado por el cosmopolitismo, la vanguardia cultural y los derechos humanos. Es interesante que el debate hoy se sigue dando en esos términos y no se repara en el incumplimiento de la tan mentada eficiencia de la que se jactaba el macrismo. Para cierto progresismo, hablar de eficiencia (como de seguridad) resulta un sacrilegio pues se trata de un término propio del ideario liberal, pero no se repara en que encarando estas problemáticas se desnudaría la ineficiencia y la ineptitud del macrismo. De este modo, lo que va a quedar en evidencia entre tanto humo vendido y adquirido, es que la Ciudad está como con los anteriores gobiernos pero, por si esto fuera poco, ahora tiene vecinos en lugar de ciudadanos cosmopolitas, opulentos evangelistas reemplazando vanguardias culturales y “deberes ciudadanos” en vez de derechos humanos.