lunes, 13 de agosto de 2007

La ciudad autónoma y la policía. Acerca de la relación entre derecho, moral y política

A lo largo de toda la campaña para la elección de Jefe de gobierno porteño y legisladores de la Ciudad de Buenos Aires, uno de los puntos salientes de la agenda era la necesidad de derogar la ley Cafiero y hacer que la policía pase a manos de la Ciudad. Se decía, seguramente con razón, que una ciudad, para ser efectivamente autónoma, tiene que disponer un poder de policía propio. Todos los candidatos exigían al gobierno nacional este traspaso (incluso el candidato del gobierno nacional, Daniel Filmus) y hasta el jefe de gobierno en ejercicio, Jorge Telerman, había propuesto un referéndum no vinculante a realizarse el mismo día del ballotage.
Creo estar en condiciones de afirmar que no existía ni existe un clamor popular de la ciudadanía a favor del traspaso de la policía. Sin embargo, todos los gobiernos que habían gobernado la ciudad, es decir, tanto de De la Rúa como Ibarra, habían hecho, con mayor o menor énfasis, está reivindicación. Ibarra llegó incluso a crear una suerte de órgano paralelo llamado “Guardia Urbana” que nunca tuvo en claro cuáles eran ni sus atribuciones ni sus límites. Así la Guardia Urbana fue sólo un conjunto de muchachos voluntariosos que se paraban en las esquinas del centro de la ciudad para sugerirle a la gente que cruce por la senda peatonal.
Pero tras años de desaires y evasivas de los gobiernos nacionales respecto a las exigencias de los Jefes de gobierno de la Ciudad, Kirchner asumió durante la campaña y refrendó algunos días después en una reunión con un Macri ya electo, la decisión política de otorgarle la policía a la Ciudad. Claro está que resta definir un detalle no menor, esto es, ¿se traslada la policía con o sin el presupuesto? El PRO cree que constitucionalmente lo correcto sería el traspaso de la policía con el presupuesto pero representantes de las provincias argentinas (especialmente los oficialistas) no están dispuestos a ello ya que afirman que de este modo éstas estarían subsidiando un gasto que es de la Ciudad de Buenos Aires.
Sin embargo, estos episodios desvían la atención hacia la que, considero, es una pregunta anterior que se debe hacer. Esta es: ¿para qué sirve que la policía pase a manos de la Ciudad? Está claro que el requerimiento tiene que ver con la autonomía y con la idea de que ésta es al menos insuficiente si el poder coercitivo se encuentra comandado por el gobierno nacional sea del partido que sea. Pero más allá de esta atendible razón, ¿debemos suponer que cuando, de repente, la policía con o sin presupuesto, pase a manos de la ciudad, se transformará en una buena policía? ¿Disminuirán los delitos? ¿Será una policía menos corrupta? En síntesis, ¿el problema de la policía es jurisdiccional? Honestamente creo que no y quizás, esta vez, el sentido común y el escepticismo de la gente haya acertado al suponer que difícilmente las cosas cambien porque la policía federal pase a llamarse “De la ciudad”. En este sentido, si Macri decide llamar a un plebiscito como forma de presión o convocar una marcha, como ha amenazado, creo que el resultado va a ser como mínimo la apatía y el desinterés.
Pero el hecho de hablar en términos jurisdiccionales y plantear la pregunta acerca de qué tipos de cambio pueden darse en la policía, nos deja abierto el camino para tematizar el vínculo entre el derecho y la política.
Tomaré un ejemplo para ganar en claridad: en los últimos años una de las frases más repetida por la clase política es “las leyes ya están, sólo hay que hacerlas respetar”. Generalmente es un eslogan de candidatos de derecha pero podemos hacerlo extensivo a la gran mayoría de la clase política. Tanto se ha generalizado esta idea que incluso candidatos a legisladores la repiten y la hacen eje de campaña desconociendo que si así fuese no tendría sentido votarlos porque no habría razón para formar parte de un cuerpo legislativo con dotes divinos que ya ha sancionado “todas las leyes necesarias”.
Seguramente hay leyes que están y otras que se irán creando conforme las necesidades de la ciudadanía. De cumplir las leyes que ya están se ocupan los jueces tomando decisiones que nunca se encuentran desvinculadas del poder político de una u otra forma. Con esta afirmación no quiero decir que el sistema judicial argentino está cooptado por el gobierno de Kirchner sino que hay un elemento inherente a las decisiones judiciales en cualquier sistema jurídico del mundo vinculado a la moral y a la política. De este modo las leyes están pero algunos jueces las interpretan según su canon de moralidad (pensemos cuando un juez impidió que una retrasada mental violada se hiciera un aborto); y las leyes están pero la decisión política del gobierno de turno las impulsa o las archiva en un cajón (pensemos en la decisión de este gobierno de avanzar contra la ley de punto final y contra el indulto)
Existe una vasta bibliografía académica que da cuenta de este debate pero por lo pronto diremos que parece difícil defender una postura estrictamente positivista que desvincule absolutamente al derecho de la moral y la política.
Sobre este punto quiero detenerme porque uno de los políticos que más ha repetido la frase “las leyes ya están, sólo hay que hacerlas respetar” es el futuro secretario de seguridad de la Ciudad de Buenos Aires, el macrista Eugenio Burzaco. Éste no se cansó de repetir esta frase ante la insistencia de periodistas que necesitaban saber qué iba a hacer el gobierno frente a los piqueteros. “¿Qué va a hacer el gobierno de la Ciudad frente los piqueteros?”, preguntaban los incisivos periodistas. “Respetar la ley existente” repetía Burzaco.
La pregunta que yo haría entonces es ¿cuál de las leyes existentes se va a respetar? ¿La que garantiza a los ciudadanos el libre tránsito o la que garantiza el derecho a la protesta y la manifestación?
Una vez que reconozcamos que la respuesta a este tipo de preguntas excede los límites del Derecho, y se resuelve también desde la moral pero, especialmente, desde el poder político, podemos encontrar alguna buena razón para discutir cuán beneficioso será y cuáles serán las consecuencias que traerá el traslado de la policía a la Ciudad.

domingo, 29 de julio de 2007

Los problemas de los argentinos

En los últimos meses los argentinos nos estamos familiarizando con nuevos problemas. Estos nuevos problemas salpican al gobierno de Kirchner y quisiera hacer un análisis de ellos.
El primer problema es la “crisis energética”. Es interesante todo lo que rodea a este fenómeno. Por un lado hay un debate simbólico en torno de la idea de “crisis”. La oposición trata de hacernos olvidar del adjetivo “energética” y busca instalar la percepción de que el país está en “crisis”. El gobierno, consciente de que opera un corrimiento semántico por el cual la crisis específica, la energética, derivará en una percepción de crisis (general), sale a negar la crisis energética. Interesante para los que se ocupan del lenguaje en los medios.
Siguiendo con el tema, aparentemente deberíamos estar todos muy preocupados por la crisis energética. Es algo muy pero muy importante y no hubo previsión. Pues claro, ¿alguien se imaginó que el país podía crecer sostenidamente al 8 % anual durante 5 años?
Desaparecido el riesgo país, hemos perdido el termómetro cuantificador de cómo nos va a los argentinos. Nos falta el numerito corroborador de las percepciones. Y de repente aparece él: el numerito que mide algo así como los megavatios. Ahora, mientras Santo Biasatti habla en Telenoche, debajo de la pantalla existe un termómetro que nos dice cuánto nos estamos acercando a los 18000 megavatios de capacidad energética. Todos expectantes esperamos los 18000 que no llegan nunca, los despidos masivos, los cortes generales en los hogares, la anarquía, pero el gobierno tiene suerte, la nieve se queda un solo día y la ola de frío se va. Bonelli y Van der Kooy los periodistas del manual de crítica “sí pero“ necesitan otro numerito pero la crisis energética, el único numerito que da, es que la industria creció mucho pero un poco menos el último mes. De esto se sigue que a ciertos críticos de derecha les ha salido el tiro por la culata: la crisis energética permite que el país crezca y paralelamente ahuyenta los riesgos de inflación porque enfría un poco la economía.
Sigamos con los numeritos a la hora de hablar de otro nuevo problema: el aumento del dólar. De 3, 12 llegó a 3, 20. Justo había levantado la temperatura y el riesgo del estallido de los megavatios se había disipado. Por suerte apareció otro numerito. El dólar aumentó un 2% y parecíamos estar frente a una inminente conmoción, la hiperinflación alfonsinista parecía despertarse del largo letargo. De repente, nos interesamos por los bonos argentinos, algo que todos conocemos con precisión y la gente llama a la radio para opinar. Pero para fortuna de todos, el dólar volvió a bajar y quedó en 3, 16 el viernes. Las fieras se agazapan y laten.
El tercer problema de los argentinos es estético y femenino. Tenemos candidata oficialista que usa colágeno y le gusta utilizar su dinero para comprar ropa cara. No importa qué diga Cristina o qué proyecto tenga, lo que importa es el colágeno y que es mujer. La crítica es difusa pero a la mitad de la gente Cristina no le gusta. Aparentemente resulta una locura que una ciudadana se arregle y disponga de su dinero para comprar ropa de marca. Los hombres que lo hacen son distinguidos; las mujeres frívolas.
Para colmo de males fue elegida a dedo como Lavagna fue elegido por su propio dedo, como Macri fue elegido por su propio dedo, como López Murphy, como Blumberg, como Carrió, como Patricia Walsh, etc. Todos los candidatos fueron elegidos a dedo (en su mayoría por sus propios dedos) salvo el candidato a senador por el radicalismo porteño Gil Lavedra. Siendo la selección a dedo un elemento que crispa los ánimos de la ciudadanía republicana de la Ciudad de Buenos Aires, se augura una performance arrasadora del señor Gil Lavedra en los próximos comicios.
Veamos un cuarto problema nuevo: el autoritarismo del presidente. No se sabe bien a qué nos referimos cuando decimos que el presidente es autoritario pero hemos logrado que se instale. Se dice que el presidente es autoritario porque toma decisiones sin consultar a sus ministros y gobierna con decretos. Sin embargo como los gobiernos de Menem, Alfonsín y De la Rúa también gobernaron con decretos y no fueron acusados de autoritarios, no debe ser ésta la razón.
¿Será que no hay libertad de prensa? Yo escucho mucha radio, leo diarios y miro televisión y noto que el gobierno es criticado a veces ferozmente y sin embargo los programas siguen al aire aunque a veces, eso digámoslo con todas las letras, con poco rating.
Tal vez sea que no da conferencias de prensa. Debe ser eso. Por suerte, como pensaba Kant, tenemos una opinión pública crítica y un periodismo sagaz que desnudaría las falencias de cualquier gobierno ineficaz y corrupto como ocurrió con el resto de nuestros gobiernos ineficaces y corruptos. Es un gobierno autoritario porque no habla y no escucha como en la campaña autoritaria del PRO donde no se oía al contrincante (porque el “otro” hace siempre campaña sucia) y sólo se monologaban propuestas compulsivamente.
Por último, el problema más novedoso es el de la corrupción generalizada. Dos funcionarias mujeres del gobierno no tuvieron mejor idea que empezar a corromperse justo cuando existe la posibilidad de que una mujer del oficialismo llegue a la presidencia. Hacerlo cuando faltan 3 meses para las elecciones resultó muy inoportuno. Miceli resultó muy pobre en su materia: siendo ministra de economía sólo recibió 60000 u$s como coima. Un “vueltito” para lo que estábamos acostumbrados en los 90. No alcanza ni para un departamento de 3 ambientes. Aunque tal vez pensándolo bien, una aproximación razonable a la suma nos haga ver que difícilmente se trate de una coima. Seguramente será un sobresueldo como en los 90 pero como aumentar los sueldos de los funcionarios está mal visto debemos seguir demagógicamente con sueldos bajos siguiendo la línea instaurada por la fugaz presidencia de Rodríguez Sá. Así la gente está contenta. Picolotti actuó bajo el ideal del “nepotismo ilustrado”: se llenó de parientes (algunos, aparentemente, idóneos) y compró unos muebles de más. No está probado pero si está en la política debe ser culpable.
Debe ser este un gobierno desastroso: no pasa los 18000 megavatios no sé bien de qué; tiene un dólar que en el último año y medio aumentó 4 centavos; tiene una candidata mujer que se puso colágeno; un presidente que no da conferencias de prensa y dos funcionarias sospechadas de corrupción. ¿No siente usted que con problemas así estamos próximos al abismo?

jueves, 5 de julio de 2007

De árbitros y políticos. De moral y conocimiento

Últimamente el tema de la violencia en el fútbol es una cuestión recurrente que es cubierta con justa insistencia por los principales medios. Los episodios se suceden todas las semanas y prácticamente atañe a todas las canchas, todas las hinchadas y todas las divisionales. Esta profundización de la violencia ha obligado a los dirigentes de los clubes y a la cúpula de la AFA en combinación con la Policía y el COPROSEDE, a tomar medidas que van desde la instalación costosísima de un sistema de cámaras en las canchas, megaoperativos para partidos “de riesgo”, la utilización del “derecho de admisión”, la medida disuasiva de la quita de puntos, etc.
La violencia es generada en la mayoría de los casos por la “barra brava” aunque muchas veces los proyectiles que lastiman jugadores y árbitros provienen de la platea. También la ineptitud y la provocación de algunos policías contribuyen. Incluso podríamos pensar que la estructura de los “campeonatos cortos” y los partidos definitorios para definir ascensos generan una cantidad desmedida de adrenalina y de “pulsaciones” tanto de los jugadores como de los hinchas que favorecen los hechos de violencia. Incluso, tal vez, los medios, con la cobertura exagerada que le dan al fútbol con horas y horas diarias de televisión, radio y diarios generen un nivel de ansiedad y compenetración por la causa futbolera que puede contribuir a una dramatización del juego y al posterior descontrol. Todas estas variables contribuyen y causan violencia en el fútbol. Pero hay una que nunca es mencionada: la inmensa cantidad de vergonzosos arbitrajes. Y sobre este punto creo que se pueden inferir algunas conclusiones interesantes.
Me atrevería a decir que no existe medio que ponga en tela de juicio la calidad moral de los árbitros. Ninguno. Las críticas despiadadas hacia los árbitros tienen que ver con “errores humanos” nunca con la mala fe. Los comentaristas “destrozan” a los referís desde la comodidad del asiento y la posibilidad de ver la repetición con Telebeam, pero nunca dudan de su “humanidad”. Parece imposible que un árbitro favorezca a un equipo o castigue a otro adrede. Nada de eso. Simplemente, el humano se equivoca azarosamente para ambos lados y a veces la casualidad quiere que se equivoque más para un lado que para otro. Cuántas veces uno oyó decir cosas tales como “¡Yo no dudo de la buena fe del árbitro x pero cómo se equivoca!” o, “usted, señor árbitro x, será un gran padre de familia pero un pésimo árbitro”. De este modo, el árbitro es descrito por los principales medios como una suerte de semidios paradójico, un médium entre el ámbito celestial de una moral trascendente y el barro de la ignorancia humana. En el ámbito moral es intocable. Pero lo que tiene ver con su saber y su actividad es puesto en tela de juicio constantemente.
Ser una deidad ignorante es algo beneficioso que lo ubica un paso más arriba que el resto de los mortales, dado que nosotros no sólo somos ignorantes y nos equivocamos sino que muchos somos egoístas, malos, prejuiciosos y nos gusta favorecer a nuestros amigos y a las cosas que nos identifican. Por suerte ninguno de este tipo de mortales llega al referato.
Esto me lleva a señalar una segunda curiosidad: los medios que ensalzan la cualidad moral de los árbitros de fútbol son los mismos que con virulencia ponen en tela de juicio la integridad de los políticos. Se da así, entonces, el fenómeno inverso al que ocurre con los árbitros. El político no se equivoca. Los errores son sólo aparentes. Detrás de ellos está la ambición inmoral de la codicia y el poder. En un sentido, el político no sólo no es una deidad sino que más bien es “demasiado humano”.
En esta línea, si trazamos un paralelo entre la visión que la sociedad y los medios tienen de los árbitros y de los políticos podemos encontrar algunos elementos importantes. La sociedad, sin duda, se pliega a la postura de los principales medios que acusan de inmoralidad todo acto de “la política” y “los políticos”. Para la sociedad, como para los medios, no hay políticos ignorantes: sólo los hay malos. Así, la actividad de la política no se juzga desde el patrón cognitivo “Sabe o no sabe” sino desde el patrón moral “es bueno o es malo”. Sin embargo, dado que el político nunca se equivoca se da la paradoja de que implícitamente se lo eleva también a una condición de semidios pero a diferencia de lo que ocurre con los árbitros ese “Semi” corresponde a su déficit moral y no al cognitivo.
En lo que respecta a la visión que la sociedad tiene de los árbitros allí no hay concordancia con la opinión de los medios. En las tribunas de fútbol no se le grita “ignorante” a un árbitro sino “hijo de puta, cagón, corrupto hijo de re mil……”. El árbitro, al igual que el político, no se equivoca. El árbitro roba, lo hace adrede, busca favorecer intereses que son siempre los del equipo rival.
Para la sociedad, el árbitro y el político son lo mismo. Para los medios, los árbitros se equivocan pero su moralidad no puede ponerse en juego y los políticos nunca se equivocan, sólo realizan acciones moralmente execrables. Lo que todos olvidan es que la condición humana hace que todos seamos bastante ignorantes y que nadie quede exento de cometer, al menos de vez en cuando, una aceptable cantidad de actos inmorales.

miércoles, 20 de junio de 2007

¿Qué república? ¿Qué propuesta?


Según los analistas, entre las principales razones por las cuales un gran número de personas votó a Macri se encuentra una línea de respeto por las instituciones republicanas y una política que dejando a un lado las agresiones propias de los tiempos de campaña, se encargó de realizar propuestas. Sobre estos dos temas trabajaré en esta nota.
Una crítica casi histórica hacia el peronismo es su poco apego a las instituciones: vinculado a liderazgos de caudillos populistas, el partido justicialista pareció hacer uso y abuso a lo largo de su historia de las instituciones del estado republicano. Si tenemos en cuenta que el mecanismo de construcción de poder del presidente Kirchner parece realizarse a la vieja usanza, parece razonable que la crítica al estilo personalista y verticalista del peronismo se repita.
En los pricipales referentes del centro y la centroderecha como Carrió o Lopez Murphy, el discurso del "respeto institucional" frente al populismo kirchnerista resulta uno de los ejes centrales de su campaña. En esta misma línea, aunque con menos riqueza discursiva, se encuentra Mauricio Macri y su PRO (Propuesta republicana).
Ahora bien, la pregunta es ¿a qué idea de república se refiere Macri? La respuesta es un interrogante pero tal vez se puede inferir algo de sus dichos y estrategias. El PRO ha decidido no dialogar en la campaña y ha instalado inteligentemente la idea de que cualquier crítica o alusión a su pasado es "Campaña sucia". Si alguien dice, "Macri votó en contra de la ley de salud reproductiva; Macri votó a favor del ingreso de Patti a la cámara de diputados; Macri fue procesado en 2001 por contrabando; Macri evadió impuestos al frente de Sevel; Macri votó en contra de la unión civil de homosexuales", etc........se lo acusa de hacer campaña sucia y no de decir la verdad. A Macri se lo puede votar igual a pesar de esto, pero aclararlo en una campaña es una de las armas legítimas que tienen sus adversarios. ¿qué hay de sucio allí?
Escudándose en la idea de que la apertura del diálogo estimula la lógica de la agresión propia del oficialismo, el PRO no dialoga ni discute. La "nueva" política, en la compulsión de la mera propuesta (una por día a lo largo de la campaña y una por hora en el último día), genera una república monologada que deslegitima, como parte de la "vieja política agresiva y chicanera", toda crítica. De esto se puede inferir que la propuesta republicana de PRO dista mucha de los ideales tanto de la Grecia Antigua como de los federalistas norteamericanos donde lo que se privilegiaba era, justamente, el diálogo y la discusión. De este modo, las instituciones de la república moderna y la polis clásica se vacían. Tan sólo un gerente sobre la tarima de un club de fútbol propone lacónicamente. El resto es acusado de ideologizar y utilizar una retórica de la confrontación. En la nueva república ya no hace falta la palabra. Sólo hablan "los hechos". En esta línea, es coherente que no se acepte un debate. Porque más allá de que la estrategia sea hacer la plancha desgastando a un gobierno ávido de participar en la campaña, hay un trasfondo mucho más dramático: la palabra ya no importa en la nueva república. La nueva república no es de los filósofos, es de los ingenieros (a tal punto llega el prestigio que hay quienes se dicen llamar "ingeniero" y nunca han conseguido el título).
En cuanto al segundo punto de esta nota, la pregunta sería: si es verdad que el PRO propone ¿cuáles son esas propuestas? Podemos agruparlas en dos categorías: las que dicen "más" y las que dicen "basta". Entonces, de todas las cosas deseables debe haber "más" y a todas las cosas indeseables les llega su "basta". Más seguridad, más hospitales, más plazas, más trabajo, más limpieza en las calles, etc. (Párrafo a parte merece la propuesta de "mas educación gratuita" demostrando un desconocimiento flagrante de la diferencia entre lo público y lo gratuito. El PRO confunde "público" con "gratuito" y "privado" con "pago" y desconoce que el tema de la gratuidad es central en nuestra educación pero más lo es el hecho de lo público). En la otra categoría, la de la lista negativa, el PRO dice basta de inseguridad, basta de suciedad en las calles, basta de desocupación, basta de corrupción, basta de subisidios etc.
Yo considero que más que propuestas estos son slogans vacuos. ¿quién duda de que de lo bueno debería haber más y de lo malo debería haber menos? Aún habiendo acuerdo entre aquello bueno o malo (algo difícil por cierto) el punto es "cómo" se van a llevar las políticas de gobierno. Algunos "más" necesitan entre otras cosas "más" dinero. ¿De dónde va a salir éste?
¿De la suba de impuestos? Tal vez los porteños estén de acuerdo con este aumento pero sería bueno que se aclare en campaña cómo se van a llevar adelante las propuestas. ¿Si hay piquetes qué va a pasar? La respuesta no puede ser "no habrá piquetes" porque los habrá. ¿Si se quita el subisidio a los transportes cuánto costará un pasaje? Si la idea es generar una ciudad con superavit,¿cómo se van a costear todos estos "más"? Por último ¿Cómo será una educación más gratuita de la que tenemos si hasta ciertos posgrados en la Universidad de Buenos Aires son gratuitos?
En resumen, si las aparentes propuestas son slogans como mínimo triviales, y el modelo republicano del PRO, imbuido de un monólogo lacónico y ensimismado, denosta la palabra en tanto mero juego de artificios que se opone a la "cultura del hacer", la política que se viene será nueva pero, como reza el spot, "¿estará buena?".

viernes, 1 de junio de 2007

De cálculos y estrategias

El domingo hay elecciones para Jefe de gobierno y legisladores en la Capital Federal.
Como todos más o menos saben hay tres candidatos con posibilidad de ganar: Macri, Telerman y Filmus. Asimismo las encuestas coinciden en darle a Macri entre un 10 y un 15% de ventaja sobre Telerman y Filmus que estarían cabeza a cabeza. En este contexto me propongo escribir una nota de opinión que puede ser usada en mi contra en el futuro. Se trata de hacer cierto análisis de los candidatos y las alianzas señalando algunos pro y algunos contra. El lunes los números me señalarán la cantidad de errores cometidos y por eso lo tomo como una apuesta, un juego, casi un PRODE político. Al fin de cuentas si lo hacen los encuestadores, con sus flagrantes horrores de estimación, ¿por qué no podría hacerlo yo?
Esta idea me surgió a partir de la lectura del último libro de Tomás Abraham, El presente absoluto. Más allá del contenido e independientemente de si ésta fue su intención, lo que me interesó, entre otras cosas, es su apuesta, el juego que surge de la publicación de algunos de sus artículos: escribir “en caliente”, con los hechos sucediéndose, casi recién digeridos y lo que es mejor, publicarlos 5 años después exponiéndose a que el lector juzgue aciertos y errores. En momentos en que nadie resiste un archivo, Abraham nos muestra el suyo. No es cinismo, sino honestidad intelectual.
Con la intención de construir mi propio archivo señalaré algunos puntos que me resultan relevantes. El primero tiene que ver con la elección de los candidatos a Vicejefe. Tal vez me equivoque pero no resulta casual que la crisis de los partidos políticos y la consecuente necesidad de alianzas le diera una relevancia inusitada a los candidatos a vice. Estos fueron elegidos con cuidado y han tenido un protagonismo que resulta inédito. Más allá de que una vez en el gobierno, la figura del vice suele diluirse, al menos en la campaña, tanto Michetti, como Olivera y Heller han ganado en visibilidad. Pero en esta selección creo que el que más ganó, electoralmente hablando, es Macri. Michetti se presenta como una cara nueva de la política, independiente y con un perfil claramente de centro. Cierta habilidad retórica la ubica varios peldaños arriba de un jefe que no puede hacer más que reproducir slogans pulcros generados por asesores ventrilocuos. Gracias a todo esto es posible que sume los votantes que un candidato como Rodríguez Larreta, esto es, alguien que reúne en sí una infinita cantidad de razones para que se evite votarlo, no podría atraer.
Olivera no le hace ganar votos a Telerman. Me atrevería decir que todo lo contrario. Es más, el ARI no le hace ganar votos a Telerman o en todo caso le quita más de lo que le da. Esto es por varias razones: el discurso apocalíptico, las metáforas obstétricas (como alguna vez señalara Rafael Bielsa) y el discurso moralizante de la política parecen agobiar a la ciudadanía y contrasta con el perfil optimista de Telerman.
Olivera, resulta un candidato respetable pero “pegado” a De la Rúa en el imaginario popular. Asimismo, los candidatos a legisladores más visibles por la lista de Telerman no resultan de peso suficiente para ganar votos. Pocos conocen a Cerruti y menos a Maffia. Por si hace falta aclararlo, por candidatos de poco peso entiendo “candidatos que no gozan de una popularidad tal que les permita traccionar votos”. Y eso, claro está, nada dice acerca de sus cualidades. Por mencionar sólo un ejemplo, creo que Diana Mafia será una gran legisladora, por su capacidad y por sus convicciones pero lamentablemente dudo que su popularidad trascienda los límites del instituto Hanna Arendt, la Facultad de Filosofía y Letras y ciertos grupos feministas.
Sin embargo, hay que destacar una cosa. Carrió hizo algo que no había hecho antes: por primera vez generó un pacto con posibilidades de ser opción de gobierno. Para alguien que había roto su vínculo con el socialismo por su opinión acerca de la despenalización del aborto es un paso hacia delante. Buena estrategia de Carrió: pasó de tener un candidato que no llegaría al 5% a estar de la mano de otro con posibilidades de llegar a segunda vuelta.
¿Se equivocó Telerman entonces? Creo que tampoco. Una vez que el gobierno le soltó la mano necesitaba un vínculo que aunque sea mediáticamente generara la idea de un apoyo un poco más sólido de aquello con lo que arribaba: de vice a jefe por destitución de Ibarra y sin partido, no le sería fácil gobernar y mantener cohesión en la legislatura.
En cuanto a Filmus, a pesar de no lo oí ni lo leí creo que por primera vez se cumple lo que Kirchner había ensayado en un primer momento: la transversalidad. Desde el candidato a Jefe pasando por su vice, Heller, Ibarra, Ginés y Bonasso se trata, guste o no, de actores de una propuesta progresista más o menos transversal. El punto es que creo que el menos progresista de la lista es justamente Filmus. Todos los demás están a su izquierda. Pero el gobierno no tenía otro candidato. En realidad, para ser más precisos deberíamos decir: gracias a Alberto Fernández el gobierno se perdió la gran oportunidad de tener resuelta la elección. Me refiero a que un eventual apoyo a Telerman hubiera evitado la dispersión del voto de centroizquierda y lo tendría a éste o bien arriba de Macri o bien muy cerca como sucediera en la elección que Ibarra finalmente le ganara al presidente de Boca en segunda vuelta.
Heller no le hace ganar gran cantidad de votos aunque no creo que le haga perder. Lo que sí me atrevo a afirmar es que la lista del gobierno ha hecho mucho hincapié en algo que parecen haber descuidado Macri y Telerman: la lista de legisladores. Tanto Ibarra como Ginés aunque especialmente el primero le darán muchos votos a Filmus porque una gran parte de la población, aunque no se anime a decirlo, considera que la destitución del jefe de gobierno tras el episodio de Cromañón ha sido un despropósito. Las urnas hablarán en ese sentido y el corte de boleta puede favorecer a los candidatos a legisladores por el oficialismo.
En resumen, en toda esta maraña de cálculos, cruces y estrategias, aciertos y errores creo que el que más se vio beneficiado en lo que respecta a la jefatura de gobierno fue el PRO: los asesores de Macri leyeron bien que su candidatura a nivel nacional recibiría una paliza estruendosa y se volcaron a hacer pie en el único distrito que les deparaba alguna posibilidad de un horizonte favorable. Si ganan, lo utilizarán de plataforma para el 2011.
Filmus, fue puesto en ese lugar y abre más esperanza el resto de su lista que él mismo. De aquí que me atreva a afirmar que Macri tendrá algunos votos menos en sus legisladores (más allá de que no creo que el votante de Macri se preocupe por el corte de boleta) y que Ibarra y Ginés sumados tendrán algunos votos más que Filmus.
En cuanto a Telerman, él no pudo elegir con quien aliarse. Más bien, lo eligieron a él.