viernes, 29 de agosto de 2025

Es estúpido o es corrupto (editorial del 30.8.25 en No estoy solo)

 

Al surgir el escándalo LIBRA, en este espacio hablamos de la fábula del león y el mandril ciego para referirnos al dilema que se le planteaba al presidente: o seguía sosteniendo su supuesta superioridad cognitiva y su expertise en economía mostrándose como un león que las sabe todas y asume que lo de LIBRA fue una estafa; o acepta su falibilidad, se responsabiliza por un error y deviene un mandril ciego que, al igual que muchos de sus colegas, “no la vio”. Moral o inteligencia. Había que elegir sabiendo que las dos cosas al mismo tiempo no se podían sostener. Sin embargo, claro está, el dilema no era tal porque elegir uno de los cuernos lo eyectaba del gobierno. De modo que tuvo que aceptar algo del orden del error, y lo decimos así porque ni siquiera pudo aceptarlo del todo a pesar de los generosos micrófonos de sus periodistas amigos. Pero digamos que, políticamente, (aunque no judicialmente), pasó.

Algunos meses después, la exCanciller Diana Mondino, en una extraña entrevista a la que se sometió, se vio acorralada por un hábil y prepotente periodista y dictaminó, de manera menos metafórica, lo mismo que habíamos dicho aquí: es estúpido o es corrupto.

Ahora se conoce el escándalo de supuestas coimas en torno al ANDIS y la salpicadura de mierda vuelve a picar demasiado cerca del presidente, más precisamente, sobre su hermana, quizás la persona más poderosa del gobierno, El Jefe, a pesar de que a duras penas se le conoce la voz y que ha sido incapaz, hasta ahora, de brindar al menos una entrevista. Los antecedentes indican que la retórica no es su fuerte, algo que se corrobora en sus minimalistas intervenciones en actos, pero queda abierta la duda acerca de sus cualidades como armadora política a pesar de su nula formación y su total inexperiencia en la materia. 

Denuncias de corrupción en el gobierno existían incluso desde la campaña. Si no hicieron roncha fue por la protección mediática y porque la estabilidad económica lo perdona todo, hasta que un día deja de hacerlo. Con todo, desde este espacio me atrevería a decir que lo que se presentó como “venta de candidaturas” bien puede ser visto como una forma de financiar la campaña. Efectivamente, si querés ser candidato tenés que poner plata para la campaña. Incluso el gobierno podría hasta “blanquear” esta práctica como una demostración de que son sus propios dirigentes los que la ponen de su bolsillo.

Pero el eventual afano en discapacidad justo cuando se han hecho recortes que, como suele ocurrir, este gobierno realiza como elefante en un bazar, toca una fibra sensible además de estar conectado a la más alta esfera del poder. Porque hay un momento en la vida en que uno puede aceptar hijos de puta pero no idiotas improvisados. Y esto es lo que parece saltar a la vista: incluso si Milei no fuera el corrupto, y al menos hasta ahora no hay nada que lo incrimine, lo que es claro es que no hay filtros y que cualquier advenedizo llega al presidente y/o a la hermana. Llámese Hayden Davis, llámese la nueva generación Menem, primero como tragedia, luego como comedia, es evidente que el gobierno está pagando, como mínimo, fuertes errores de gestión, a lo cual se le agrega ahora un silencio comunicacional apabullante. Al momento de escribir estas líneas, el gobierno está groggy, los que se paseaban desnudos golpeándosela sobre la mesa, hacen silencio de Twitter y los heridos y humillados de todos estos meses, preparan la cuenta.

Nadie imaginó que la destrucción del Estado llevada adelante por el topo fuera una destrucción mimética que emularía en corrupción e impericia a los gobiernos que Milei suele criticar.

Porque no se trata solo de la presunta corrupción: la estabilidad del dólar está sostenida artificialmente a un costo altísimo por una serie sucesiva de errores que, off the record, “Toto” Caputo atribuye a Milei: el no haber comprado dólares cuando el precio era accesible; el cambio de Letras del BCRA por Letras del Tesoro que hizo que el gobierno libertario más loco del mundo obligara a los bancos a retener pesos a través de encajes mientras les ofrecía un nivel de tasa delirante para la inflación proyectada; el amesetamiento con claro riesgo de recesión evidente de los últimos meses, etc. El experto en crecimiento con y sin dinero pasó a experto en dinero, con o sin crecimiento. 

Pero hay más: sorprendentemente, en el plano de la negociación política, al gobierno le fue muy bien en el primer año y mucho peor en el segundo aun cuando en este 2025 hizo una alianza explícita con el PRO. El politólogo Andrés Malamud, en X, llevó adelante la cuenta:

“Desde que asumió, el gobierno enfrentó 34 votaciones legislativas. Hubo 17 hasta marzo 2025: ganó 15. Hubo 17 desde abril 2025: perdió 16. La composición del congreso no cambió, el daño es todo autoinfligido”.

Ahora bien, si con la sucesión de errores el gobierno demuestra su “mandrilismo” o, para decirlo con Mondino, su estupidez e inoperancia, y con ello hace caer el pilar de la supuesta eficacia del “privado” al frente del Estado, con el eventual caso de corrupción de los Menem y su hermana, cae el otro pilar, el moral, aquel que le permitía levantar el dedo contra la casta y establecer un vínculo esencial entre Estado-política-corrupción.

¿Significa esto que estamos ante una inminente caída del gobierno o, para no irnos tan lejos, frente a la posibilidad de un castigo severo en las urnas? La primera opción creo que habría que descartarla de plano y la segunda está por verse. El antecedente de Menem en el 95 reelegido después de años y años de escándalos de corrupción demostraría que, después de una inflación alta, el electorado está dispuesto a hacer la vista gorda a cambio de cierta estabilización de la economía. Nuestra intuición es que su influencia será relativamente marginal y que, en todo caso, el peronismo no podrá capitalizarlo, de modo que, a lo sumo, aumentará el caudal de ausentismo. Con todo, dejemos la puerta abierta.

¿Y cómo se sale de esta crisis? En su editorial del lunes, Carlos Pagni hablaba de una crisis sin fusibles porque no hay posibilidad alguna de que Milei se cargue a la hermana, no por ese despropósito aberrante que han repetido algunas periodistas de una presunta relación incestuosa, sino porque Karina funciona como un sostén psicológico de alguien que se lleva mejor con los números que con las emociones.

Karina es, para Milei, menos una cajera que su ayudante terapéutico. De modo que, si no hay fusible, todos lo serán menos quien debería serlo.

 

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