jueves, 17 de enero de 2013

TN: razones de una repetición (publicado el 16/1/13 en Diario Registrado)


“Si no fueran tan dañinos nos darían risa” J. M. Serrat


¿Hay alguna explicación razonable para entender que la señal TN presente como noticia urgente y de último momento un secuestro y posterior asesinato de un empresario que había ocurrido cinco años atrás?
Creo que sí y mi hipótesis es que lo que puede explicar este insólito hecho no adjudicable a un simple error, es la colisión de dos lógicas, una política y otra económica.
Desde la lógica política resulta claro que el grupo Clarín tiene un enfrentamiento feroz con el gobierno y con las leyes democráticas. Tal disputa se dirime en la justicia gracias a la complicidad de algunos jueces, y en la opinión pública. En cuanto a este último campo el grupo Clarín busca horadar desenfrenadamente la credibilidad del gobierno con noticias sensibles, algunas reales, otras tergiversadas y otras directamente inventadas o repetidas.
Ahora bien, esta estrategia constante de horadación, de ataque sobre cada aspecto, cada palabra, cada acción de todo aquello que pueda tener algún vínculo con el gobierno, choca con una lógica que trasciende al multimedio en cuestión y es la que el filósofo italiano Franco “Bifo” Berardi llamó “semiocapitalismo”.  Se trata de una categoría con la que se intenta identificar esta etapa del capitalismo en la que lo que se comercializa ya no son objetos materiales sino signos. ¿Acaso el mundo digital no se caracteriza justamente por ello? Ahora bien, como se ve en Internet, la clave del éxito de este semiocapitalismo es la velocidad. No sólo gana el que llega primero sino el que puede intercambiar esos signos con la mayor rapidez posible.
 Dicho esto, se puede comprender mejor las dificultades que esta nueva era del capitalismo genera con un bombardeo constante de estímulos y una retirada paulatina de la reflexión y la comprensión. Por eso hoy leemos los titulares de las noticias y con eso creemos que estamos informados; y por eso hoy una operación de prensa tiene, a su vez, que acomodarse al negocio, y generar constantemente novedades más allá de que, como diga la canción, “madure pronto y se pudra temprano”
 Se llega entonces a una tensión aporética: la lógica política supone la necesidad de  horadar constantemente la credibilidad del gobierno pero por otra parte esa horadación debe realizarse a través de signos, noticias que sean de digestión rápida para así poder ser fácilmente consumibles. ¿O ustedes se creen que la noticia repetida 5 años después generaría una conmoción ciudadana que duraría meses? No. Iba a durar, como mucho, un día, quizás 6 horas. Pero el tiempo apremiaba. No había nada nuevo y había que cubrir esas horas para luego pasar rápidamente a otra cosa. Si esa otra cosa ocurría en la actualidad y era real, mejor. Si no, la verdad y la vergüenza bien pueden sacrificarse ante la imperiosa necesidad de acabar con el populismo mientras realizamos un pingüe negocio con flashes que entretienen al mismo tiempo que aterrorizan.      
   

martes, 15 de enero de 2013

La guerra de la Fragata (publicado el 11/1/13 en Diario Registrado)


Se ha dicho que hay quitarle tono épico a la llegada de la Fragata Libertad porque finalmente no ha regresado de ninguna guerra. Eso es, en parte, verdad. Sin embargo, curiosamente, el buque militar argentino ha sido el botín circunstancial de nuevas formas de la guerra. En otras palabras, del mismo modo que el mapa geopolítico del mundo, tras la caída del Muro de Berlín, obliga a repensar las soberanías estatales que se debilitan frente a la prepotencia ubicua del mercado, también parece necesario reflexionar acerca de si estas transformaciones no hacen que la visión tradicional de la guerra deba también revisarse. Porque está muy claro que hay excepciones y que especialmente Estados Unidos (y en parte Inglaterra con Malvinas, por ejemplo) mantiene la lógica imperial de la ocupación militar de los territorios, pero sería absurdo pensar que el siglo XXI puede describirse con categorías decimonónicas.
Pues hoy las guerras son mucho más sutiles, aunque no menos implacables, y ya no hace falta trasladar un ejército a territorio enemigo para imponer condiciones. Ahora es más fácil y aséptico. Alcanza con una economía globalizada que busca aislar económicamente al país que ose desafiar, al menos en parte, la lógica de un capital financiero que no se sonroja al utilizar vericuetos legales y jueces cómplices de las distintas latitudes. Esto es, justamente, lo que intentan hacerle padecer a Argentina porque es un mal ejemplo dado que entró en default producto de las políticas neoliberales inherentes al mismo modelo que impone las condiciones actuales pero sale a flote con una receta que ha decidido que la solución no es una dieta que imponga sacrificios a los sectores vulnerables. Por otra parte, la renegociación de la deuda argentina con la quita más importante de la historia del mundo, realizada por el gobierno de Kirchner, ha visibilizado el modo en que opera lo más rancio de la perversión capitalista: los Fondos Buitre. Tan escandalosa es la actuación de estos especuladores que incluso Estados gobernados por visiones tecnócratas entienden que el triunfo de los Fondos Buitre implicaría un quiebre en el orden económico  mundial, no sólo porque generaría un hito para futuras renegociaciones de deudas sino porque llevaría a crisis sociales como las que padece la Europa del “Nuevo Consenso de Frankfurt”.  
Estamos en un mundo que cambia vertiginosamente y en un momento en el que hay que redefinir lo que se entiende por Estado y por soberanía. En este contexto, ¿alguien puede creer que las guerras de la actualidad vayan a ser similares a las de antaño?   

viernes, 11 de enero de 2013

Carta de ciudadanía (publicado el 10/1/13 en Veintitrés)



La carta que la presidenta CFK envió al actor Ricardo Darín como modo de respuesta al interrogante público que éste había planteado acerca del origen del patrimonio millonario de la familia Kirchner, generó un revuelo propio de los tiempos estivales en los que las noticias de relevancia son llevadas a un segundo plano en detrimento de informes en los que nunca faltan glúteos turgentes ni agua salada.
 Como ocurre cada vez más a menudo, las redes sociales y, en especial twitter, replicaron la agenda de los medios tradicionales y pusieron a millones de argentinos a debatir a partir de dos slogans en forma de lo que en la jerga se conoce como hashtag: #TodosConDarin y #RicardoClarin. Se sigue de esto que no había demasiado lugar para los matices. Los kirchneristas utilizaron ingeniosamente la sonoridad del apellido del protagonista de Nueve Reinas para vincularlo con los intereses que están detrás de la amplificación de sus declaraciones. Por su parte, los antikirchneristas salieron a hacer causa común con Darín buscando también una polarización pues de lo que se trata es de sumar adeptos como sea aunque esto no genere más que un conato de Armada Brancaleone.
 La carta abunda en tópicos habituales de los discursos que CFK transmite desde su atril: la crítica a la cobertura de los medios (que en este caso le sirvió, de paso, para denostar a Daniel Scioli, quien a pesar de gozar de una cuantiosa fortuna no es tapa de ningún diario); una aclaración respecto a ese cliché que confunde “reconciliación” con “acuerdo de impunidad” e incluso algún párrafo acerca de la etimología del término “tolerar”. No faltó la mención a la libertad de prensa, latiguillo de periodistas opositores y claques de la oposición, y, en forma irónica, una posdata en la que se quiere mostrar a un Darín comprometido con el modelo existente hasta el año 2003.
Pero dado que estos aspectos no son novedosos me gustaría profundizar en otros puntos que se siguen de esta carta. El primero de ellos, para seguir el orden expositivo, aparece como emergente del contenido de la misma. Se trata de aquel párrafo en el que CFK le recuerda a Darín aquel inolvidable caso de la camioneta ingresada al país con una franquicia especial para discapacitados. En aquel momento, 1991, la justicia actuó y procesó al actor pero los tiempos se alargaron y la causa prescribió. Sin embargo, la presidenta le recuerda que los jueces aclararon que “debe descartarse bajo todo punto de vista la buena fe de la compra” y que el actor “tuvo una actitud claramente responsable”.
 En lo que a esta nota compete, el caso de la camioneta y la culpabilidad de Darín al respecto es un elemento secundario pero es el dato que permite reflexionar acerca del costo de la intervención pública y de la enquistada imagen del sentido común que traza un hiato insalvable entre ciudadanos comunes y dirigentes políticos. Dicho de otro modo, CFK le advierte a Darín que si se decide levantar el dedo e inmiscuirse en asuntos públicos, es mejor no andar flojo de papeles. Lo dice, me da la sensación, más como ciudadana que como presidenta en una reacción humana, demasiado humana pero también política, demasiado política. Pues si no pareciese que los únicos que tienen obligaciones ciudadanas son los funcionarios. En otras palabras, lo que creo que debe seguirse de la referencia que hizo la presidenta al caso del contrabando de la camioneta es que ciudadanos somos todos y cada uno desde su lugar debe realizar su aporte. No olvidemos que la clase política argentina y mundial no es producto de la generación espontánea y refleja simplemente lo que es cada una de las sociedades. En esta línea, es verdad que “desde arriba” hay que dar el ejemplo porque la labor de gobernar también es educativa pero la lógica especular va para un lado y para el otro: la sociedad es en parte determinada por quienes la gobiernan pero también la dirigencia política es reflejo de la sociedad de la que emana. De aquí que hasta ahora no se conozca ninguna república de ángeles gobernada por demonios.
 Por otra parte, en la respuesta presidencial no veo ninguna amenaza como quieren insólitamente instalar aquellos que afirman que cada vez que un ciudadano común interviene, el gobierno nacional le manda la AFIP. Aquí no apareció ninguna AFIP y, en todo caso, la AFIP se transforma en amenaza cuando se están evadiendo impuestos, es decir, cuando se está estafando a los 40 millones de argentinos. En todo caso, si quieren preguntar, quieran también escuchar la respuesta. Si quieren intervenir, bánquense también las intervenciones ajenas.
 Y ya que hablamos de intervenciones, los otros aspectos que se siguen de esta carta no refieren a su contenido sino, justamente, al tipo de intervención pública que supone. En otras palabras, es inédito observar en la Argentina a un primer mandatario que utiliza Twitter y Facebook para enviar mensajes aunque es de esperar que esto sea cada vez más común. Sin dudas, a diferencia de un diálogo cara a cara, este tipo de intervenciones impide el intercambio y la repregunta pero es un canal más para comunicar con un fuerte alcance y replique. En todo caso, una cuestión más interesante y compleja es preguntarse si la presidenta en tanto tal debe responderle a un actor un interrogante que está saldado en la justicia y que ocupa la primera plana porque Darín está dando reportajes para publicitar su nueva película y porque el periodista que lo entrevista desvía la conversación hacia el terreno político que le permita alcanzar el título deseado. Creo en este punto que puede haber buenas argumentaciones a favor y en contra. Por un lado, la investidura de por sí plantea ya un status de desigualdad por el cual en este caso el ciudadano Darín, lleva las de perder. Quizás justamente por ello no sería descabellado suponer que algún asesor de CFK le hubiera recomendado no responder pues la condición de debilidad del respondido hará que la opinión pública tome partido por éste aun cuando sus razones fueran pobres.
 Sin embargo, también podría verse desde otra perspectiva e indicar que una presidenta, o un funcionario, tiene todo el derecho a responderle a quien quiera si se siente agraviado o simplemente, si un ciudadano así lo requiere. Asimismo, en este caso puntual, dado que el tema en cuestión (el origen de la fortuna de la presidenta) es un tema de sensibilidad pública, nadie podría oponerse a que CFK aclarase, una vez más, que la justicia se ha expedido sobre el asunto y que su declaración jurada es pública y de libre acceso.
 Probablemente, aquellos interesados en los tipos de discurso tengamos que seguir reflexionando acerca de estas formas de intervención pública y de los nuevos modos de comunicar que tiene un funcionario. Mientras tanto, y ya que tanto nos interesa lo público, sería deseable aprovechar el contenido de la epístola e interpretarla como una suerte de “carta de ciudadanía”, esto es, una invitación a asumir los derechos y las obligaciones que supone formar parte del debate público. Hacer esto sin hipocresías puede ayudar a que, de a poco, todos comencemos a ser mejores ciudadanos.

sábado, 5 de enero de 2013

Museo político del prólogo catástrofe (parte 2) (publicado el 3/1/13 en Veintitrés)


La semana pasada le proponía retomar algunas categorías de una de las obras más controvertidas de Macedonio Fernández para intentar hallar puntos de encuentro con ciertos tópicos propios de los discursos de la oposición en la Argentina. Más específicamente, me refería a esa extraña obra titulada Museo de la Novela de la Eterna, cuya edición completa apareció póstumamente recién en 1967, varias décadas después de haber sido realizada. Para los que no leyeron la primera parte de esta nota o simplemente no la tienen presente, les recuerdo que buena parte de la crítica literaria observa, en esta obra de Macedonio, un espíritu vanguardista que se anticipa a muchas de las particularidades de la lectura que aparentemente es signo de los tiempos posmodernos en los que el lector clásico, compenetrado, lineal y secuencial, va dejando lugar a uno distraído, disperso y fragmentario que puede estar leyendo varias cosas a la vez o una misma obra saltando de una página a otra.
Esta idea se veía plasmada en un verdadero hallazgo como es la estructura de esta obra de Macedonio en la que se encuentran 56 prólogos, esto es, 56 anticipaciones para una novela que nunca comienza y que conforma una conjunción heteróclita de personajes y perspectivas. A su vez, como Macedonio considera que el fin de esta novela debe estar a cargo del propio lector, en mi nota anterior me había tomado el atrevimiento de proponer que sea usted mismo el que encontrase algún vínculo entre estas sorprendentes categorías y aquello que podría denominarse como núcleo duro del relato antikirchnerista. Como una ayudita le había dejado dos preguntas que me interesaría retomar y reproduciré a continuación. La primera era: ¿no le parece, por ejemplo, que asistimos a un relato en el que todo el tiempo se prometen catástrofes por venir, prólogos de desastres anunciados y sin embargo, éstos nunca llegan? Y la segunda había sido: ¿No está la opinión pública inmersa en una narrativa fragmentada que no encuentra linealidad ni contextualización ni historización, sino sólo noticias de la inseguridad de hoy y de la corrupción de mañana?
Respecto de la primera cuestión, considero que una buena explicación del fracaso en las urnas de las propuestas opositoras es, justamente, un exceso de prólogos catastróficos, de prolegómenos de un desastre que finalmente nunca llega. Es entendible que si no hay una crisis y es necesario diferenciarse del oficialismo, una buena estrategia es augurar un futuro inmediato en el que esta crisis se avecinará pero la repetición casquivana y el estado de emoción violenta en el que referentes opositores y comunicadores desaciertan continuamente va generando una natural pérdida de credibilidad. Resulta insólito porque la predicción es bastante benevolente con el que la produce pues puede expresarse con un margen de ambigüedad que permite prácticamente utilizar cualquier hecho como prueba de su cumplimiento. Tómese el ejemplo del expiloto y cineasta oracular Enrique Piñeyro: que yo recuerde, hace más de 10 años que está pronosticando una tragedia aérea y sin embargo ésta nunca llega. Claro que un cálculo de probabilidad mostraría que existen accidentes aéreos cada determinada cantidad de años de lo cual se sigue que hay chances de que en algún momento haya alguno. Es fácil hacer predicciones así y le propongo algunas en las que seguramente acertaré: “el mundo entrará en crisis”; “esto no se puede sostener en el tiempo”; “está cercano un conflicto bélico en el planeta”; “va a haber cortes de luz”; “si el gobierno no hace algo, Buenos aires se inundará otra vez”; “vamos a perder inversiones”; “van por todo”; “la gente se va a cansar”; “se avecina el fin del populismo”; “Racing va a salir campeón”; “todos vamos a morir”. Como se sigue de esta lista, es fácil anunciar apocalipsis y si la realidad persiste en oponerse al vaticinio, siempre queda recurrir al mito de Casandra y afirmar que tenemos el don de ver el futuro pero nos han quitado el de la persuasión.   
En cuanto a la segunda pregunta mencionada anteriormente, creo que existe una lógica propia de la forma en que se “cocina” y ofrece la noticia que ayuda a romper con la linealidad, la historización y la contextualización. Esto lleva naturalmente a fracturar la relación entre causas y efectos y a evaluar los hechos como si apareciesen por generación espontánea o, lo que muchas veces es peor, a pasar por encima de las redes de variables que dan lugar a un hecho para depositar todo en una explicación simple bien predispuesta a la digestión rápida del que se rehúsa a aceptar la complejidad de lo real. Esto hace que no haya tiempo para rumiar y que todo transcurra en lo que alguna vez llamé “presente extendido”, una suerte de proporción más o menos elástica de tiempo en el que todo transcurre y en la que no existe ni pasado ni futuro. Se trata de un espacio en el que todo remite a un aquí y un ahora con algo de margen, un día o una semanita si es algo que vende. Pero luego llegará otro fragmento, puro presente, que hará olvidar al anterior y así sucesivamente.
Volviendo a (y ahora contra) Macedonio, podría decirse, a su vez que, con todo, la extensa lista de prólogos que preanuncian lo que finalmente nunca viene, no resulta indiferente a ese lector activo que acaba escribiendo su propia novela. En otras palabras, estos prólogos influyen aunque no determinen del todo, el camino que el lector va a seguir, del mismo modo que esta nota y las preguntas que le había sugerido la semana pasada intentaban que usted transite senderos que se adecuan a mi punto de vista. Así, puede haber un lector activo que ingenuamente se considere enteramente libre para elegir un camino y otro. Pero no es así: el propio Macedonio en los prólogos va mencionando personajes y va tejiendo una cierta trama, abierta, por momentos contradictoria, pero potencial trama al fin. Así el lector acaba completando lo que el autor sugería, del mismo modo que alcanza con generar un prejuicio para poder predecir el modo en que una sujeto actuará. Dejaré por un momento esta abstracción para darle un ejemplo: ¿Boudou es culpable? La Justicia hasta ahora ni siquiera lo procesó. Sin embargo, puede que la justicia sea injusta, no tenga la capacidad para acceder a la verdad o que el acusado haya conseguido tapar las pruebas en su contra. Todo es posible y si yo considero que es culpable encontraré todo tipo de explicaciones más o menos conspirativas que den cierto apoyo auto-persuasivo a mi hipótesis. Preguntemos por la calle de forma bien general y adrede “¿Boudou es culpable?”, y veremos la respuesta: la gran mayoría dirá que sí, aunque no pueda explicar de qué, aunque no entienda el caso y aunque ni siquiera sepa quién es Boudou. Pero los prólogos ya están escritos y fueron mucho más que 56.  Nótese que mi intención no es aquí defender a Boudou sino simplemente mostrar el modo en que los prólogos de una novela que nunca llega operan en silencio, se filtran, componen un mundo en el que muchas veces nos contentamos con que nos resuelvan, desde el vamos, el interrogante básico de quiénes son los buenos y quiénes son los malos.
Dicho esto, hay que reconocer que son tiempos de caída de máscaras, de prólogos cuyas novelas muestran su desenlace más atroz pero que es necesario unir y evaluar con compromiso crítico. En un clima tan enrarecido, con tanto relato cruzado y contradictorio, sin certezas, no queda más que una incertidumbre que no debe llevar a la quietud sino a la acción. No se trata, entonces, de prometer un final feliz sino de proponer un final en el que seamos protagonistas y dejemos de lado los prólogos. Es difícil y puede generar mucha angustia. Pero nadie dijo que iba a ser fácil.

viernes, 4 de enero de 2013

Clarín y el trotsko-veganismo (publicado el 4/1/13 en Diario Registrado)


El 2013 comenzó con la operación de desgaste más insólita en mucho tiempo: se trata del pedido de renuncia al Ministro de Justicia y Derechos Humanos Julio Alak por el hecho de que su ministerio realizara un asado en la Ex ESMA con 2000 empleados y a los fines de presentar el plan de trabajo de aquí a 2015. El asado se realizó el 27 de diciembre pero el “escándalo” llegó recién a la tapa de los diarios el 3 de enero por razones que desconozco, puesto que no se trató de un encuentro secreto ni mucho menos. Con todo, los principales medios afectados por la actuación de Alak en causas de lesa humanidad y ley de Medios, Clarín y La Nación, lanzaron, junto a sus empleados con micrófono y pluma, la marcada de agenda intentando horadar la credibilidad del ministro que más alto perfil ha tenido en los últimos meses enfrentando causas del todo sensibles.
Pero lamentablemente la operación no terminó ahí y a ella, por inocentes o por cómplices, se sumaron referentes de una pretendida centro izquierda como Stolbizer y la mediática Victoria Donda. Tampoco faltaron grupúsculos de una izquierda trotskista con alguna representación en organizaciones de derechos humanos y con bastante lugar en medios del poder dominante al que no acusan de imperialistas cuando reciben la paga mensual.
El rezongo de estos grupos no se entiende bien pues parece apuntar al “asado”. Es decir, es una suerte de crítica gastronómica amparada en el supuesto “mal gusto” simbólico que supone realizar esa comida cuando se cuenta que los militares llamaban “el asado”, justamente, a la quema de cuerpos de los detenidos. Es decir, si Alak hubiese hecho una reunión con un menú vegetariano o, por las dudas, vegano, no hubiera habido ningún inconveniente. El problema, entonces, parece que era la morcilla y los chinchulines y todo esto se podría haber evitado con un wok salteado a la Trotski o una ensalada de remolacha con brotes de soja anti Monsanto servido en un plato que diga “No a la Minería”.
Insisto, el problema debe haber sido ese porque quienes dejan de lado la crítica gastronómica para acentuar el sacrilegio de realizar una comida/festejo en la Ex ESMA olvidan que ese espacio ha sido recuperado para todo tipo de actividades culturales y que, justamente y adrede, bajo el lema de transformar la muerte en vida, no faltan allí recitales, murgas, bailes y talleres varios. Alguien puede considerar que la Ex ESMA debería mantenerse como una suerte de museo de horror y está en todo su derecho de hacerlo. Pero las madres, los hijos y la mayoría de las organizaciones de derechos humanos eligieron darle otro perfil desde hace ya muchos años. Quienes entienden que esa decisión ha sido equivocada, debieron haber elevado la voz mucho tiempo antes, cuando esta iniciativa comenzó. Incluso pudieron haber pedido a Hebe de Bonafini que dejara de hacer su programa televisivo de cocina desde allí. Sumarse hoy al histérico coro que pide la renuncia del ministro ante semejante nimiedad, no es más que acercarle el cuchillo y el tenedor a quienes, en el fondo, poco les importa el asado y sólo les preocupa la política de derechos humanos que viene metiendo presos a los genocidas y que está avanzando cada vez más en las complicidades del poder judicial y los poderes económicos con la última dictadura militar.