En los últimos días se hizo pública la primera carta de Plataforma 2012, un grupo de prestigiosos intelectuales formado por Beatriz Sarlo, Guillermo Saccomanno, Norma Giarracca, Maristella Svampa y Roberto Gargarella, entre otros. A juzgar por el contenido de la misma, se trata de un desafío directo a aquel grupo de Intelectuales que en líneas generales acompañan buenas parte de las políticas del gobierno y que se encuentran englobados, desde 2008, en Carta Abierta.
Probablemente ávidos de noticias, los principales medios opositores anunciaron con bombos y platillos la formación de este nuevo grupo que, por “peso mediático”, tenía a Beatriz Sarlo como su máximo referente.
Justamente este elemento fue el detonante de una insólita ola de renuncias y quita de apoyo a este primer documento titulado “Plataforma para la recuperación del pensamiento crítico”. Primero Saccomanno y luego Giarracca encabezaron la diáspora no sin antes aclarar en los medios las razones de la decisión.
Así fue que entrevistado por Carlos Polimeni en Radio del Plata, Guillermo Saccomanno afirmó que él había sido convocado para firmar una carta “a favor del gobierno” (SIC), pues de hecho apoya gran parte de las transformaciones que llevó el modelo adscripto a la tradición nacional y popular de la cual el escritor se siente parte. Sin embargo, prosiguió, retiraba su firma pues sentía que no podía suscribir una carta firmada por Beatriz Sarlo. Algo más abstractamente y sin nombres propios, Norma Giarracca anunció que renunciaba por la utilización que se había hecho de la carta, haciendo referencia elípticamente a la decisión del diario La Nación de ponerla como nota principal.
No deja de llamar la atención que intelectuales de prestigio den razones tan pobres para retirar la firma de un documento que compromete, particularmente, por lo abiertamente agresivo. Pues, ¿importa quién lo firma o importa el contenido de lo que se firma? En todo caso, que al lado de nuestras firmas aparezca la firma de la intelectual estrella del diario que ha representado durante 142 años los intereses de “la aristocracia del barrio”, debiera hacernos sospechar acerca de lo que acabamos de firmar. En este sentido, lo que importa no es que lo haya firmado Sarlo, sino que intelectuales de “izquierda” suscriban a un documento que podría ser aceptado por Sarlo. No habla mal de Sarlo, habla mal de esos intelectuales.
Ahora bien, si dejamos de lado este escandalete, parece necesario adentrarse en lo que dicha plataforma reivindica. Lo central parece ser la acusación a los intelectuales de Carta Abierta de haber perdido el sentido crítico. Tal afirmación no sólo demuestra no haber leído, por ejemplo, el escrito N° 11 de Carta Abierta sino poseer una mirada profundamente restringida de lo que significa “crítica”. Tal término tiene una rica historia filosófica y es quizás el pilar de la ilustración del siglo XVIII. Sin embargo, sólo un desprevenido puede considerar que una actitud crítica supone siempre el señalamiento de aspectos negativos. Justamente no. Ser crítico supone una actitud reflexiva capaz de evaluar una acción como positiva o negativa. De aquí que un “crítico” de cine, de arte, o de literatura muchas veces destaque, recomiende o valorice una obra.
Asimismo, esta actitud reflexiva que no debe tener límites más que los de la razón, hace factible que uno de sus juicios sea el de acompañar a un colectivo o incluso a un proyecto de país. Suponer que sólo se puede ser libre estando “fuera”, dialogando únicamente con uno mismo, parece obedecer más una fobia que a una convicción razonable.
El resto del documento navega por los carriles de una crítica por izquierda al gobierno adjudicándole la responsabilidad por los asesinatos de Mariano Ferreyra y Félix Reyes entre otros; por otra parte, culpa al gobierno de tener un doble discurso y de amparar a corporaciones como la Barrick Gold o la General Motors.
Es bastante particular este enfoque que parece salido del rezongo constante de Pino Solanas o Miguel Bonasso quien en su último libro no duda en hablar de “El mal” para referirse a la política de un gobierno democrático del cual formó parte. También resulta al menos curioso que se acuse a Carta Abierta de fomentar un pensamiento único y no se haga mención alguna a las corporaciones económico-mediáticas. Pero en general, lo que llama la atención es la ausencia total de matices al momento de hacer un diagnóstico de las fuerzas que constituyen al kirchnerismo.
Así, hombres y mujeres con rigurosidad analítica parecen pensar al kirchnerismo como un fenómeno homogéneo, sin fisuras y claramente delineable. Esta construcción comienza a resquebrajarse justamente cuando se observa que en el último documento de Carta Abierta, sus miembros advierten al gobierno sobre la importancia de la alianza con el movimiento obrero y se oponen expresamente a la ley antiterrorista, aunque, claro está, sin llegar a la insólita conclusión que se sigue del documento de Plataforma 2012, esto es, que la ley antiterrorista sería el amparo jurídico para seguir con la política de asesinatos sistemáticos a los luchadores sociales.
Desde mi punto de vista, al no comprender la complejidad de los actores que forman parte del proceso kirchnerista se corre el riesgo de caer en una figura retórica muy conocida, la sinécdoque, esto es, tomar una parte y presentarla como el todo. Es muy clara esta operación cuando alguien afirma, Gioja es K, por lo tanto el modelo K apoya la política minera de su provincia; o la policía de Insfrán mató a un luchador social y, dado que Insfrán es K, el kirchnerismo está comprometido con un plan de aniquilación física a los que luchan. La lista podría agregar la política de seguridad de Scioli o el mensaje religioso de Capitanich.
Sin duda, cuando un partido o un movimiento aceptan aliados tiene su responsabilidad pero reducir el kirchnerismo a casos puntuales es, sin duda, una decisión producto de la mala fe o de un sesgo. Pues el kirchnerismo está constituido también por organizaciones de derechos humanos, representantes obreros que se opusieron a la flexibilización de los 90 con nuevas generaciones que avanzan hacia una mayor democratizacón interna, intelectuales respetables, un transversalismo progresista de partidos de centroizquierda, una juventud con ideales igualitarios, una clase media que acompaña medidas de ampliación de ciudadanía, minorías sexuales anteriormente invisibilizadas, etc.
Estas fuerzas que conviven en el gobierno y que están siempre en mayor o menor tensión con otras fuerzas que también acompañan aunque desde tradiciones y lógicas más conservadoras, pueden ser permeables a algunas de las exigencias que la plataforma 2012 le hace al kirchnerismo y que parecen dignas de diálogo e intercambio. En este sentido, el kirchnerismo parece ser la única fuerza con capacidad de gobierno de asumir reivindicaciones de centro izquierda, algo que, ha demostrado en los últimos años. Quizás reconociendo, entonces, que el kirchnerismo es parte de la solución y no del problema, pueda darse un verdadero intercambio de ideas y propuestas alejadas del señalamiento fácil de quienes desde la ventana de la torre de marfil, después de la lluvia, lanzan cartas al parque sin querer aceptar que, seguramente, las espera el barro.
2 lectores comentan en el infierno:
Los procesos de identificación de "la parte por el todo" que señalás, esas continuas sinécdoques, me temo son, una especie de mal que aqueja al pensamiento en general, casi un "virus" cuando se intenta pensar en política.
Cuando muchos años atrás yo fui pasando de un descreimiento absoluto (honestamente cuando asumió Nestor no le creía nada) a ver con agrado y asombro ciertas medidas y rumbos que se empezaban a tomar, muy a menudo era "increpado" por personas que me salían hablando de algún caso de corrupción de un funcionario de décimo cuarto orden en un distrito del que yo muchas veces no tenía ni noticia.
Obviamente todo caso de corrupción es condenable, pero pensar que el rumbo de un país, una idea de patria y futuro se "cae" porque un tipo en x repartición se afanó algo de guita muestra poco entendimiento ...
En una persona "de a pie" en un ciudadano como cualquiera de nosotros me parece ya peligroso, pero que ese pensamiento sea enarbolado (en muchos casos por pereza mental y en otros lisa y llanamente con mala fe) por personas que, en teoría y por credenciales deberíamos considerar intelectuales es peor todavía.
Extraña también ver en la vereda de los que querían "retomar el pensamiento crítico" a figuras que, habiendo tenido un micrófono al frente no hicieron mas que repetir el discurso que el medio que les ponía dicho micrófono delante esperaba ...
Como señalás apoyar un proyecto no implica apoyar todos y cada uno de los aspectos, pero como les suelo decir a los que me preguntan porqué apoyo esta gestión, al final del día, de la jornada y cuando las palabras se acallan solo quedan los hechos (Leyes, decretos, disposiciones etc) y cuando veo que van quedando la Ley de Medios, la Ley de Matrimonio igualitario, la Ley de Tierras, la Asignación Universal por Hijo etc ... Cómo puedo no apoyar esta gestión? en mis 35 años no recuerdo decisiones que hayan marcado bisagras históricas como las mencionadas, desde la época de Alfonsín ...
Saludos.
Muy interesante la nota y el comentario anterior respecto a la utilización de la sinécdoque. Da la sensación de que hoy por hoy el argumento de los autodenominados pensadores críticos es una especie de recuento de pequeños hechos particulares, que son tomados como acciones deliberadas del Gobierno Nacional. Solo alcanza con que el protagonista alguna vez se haya pronunciado a favor de alguna medida del Gobierno para que automáticamente se le impute su falta a la totalidad del Gobierno. Hace un tiempo hice un breve análisis del uso de esa figura en los medios de comunicación a raíz de una tapa de Clarín. Este es el link de la nota por si les interesa:
http://hablandodeesomedios.blogspot.com/2011/05/las-partes-y-el-todo.html
Saludos.
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