A pocas horas de haberse cerrado las listas, el tema que vuelve a cobrar fuerza una vez desaparecido el dengue, (quizás atacado por el Influenza, virus que, a su vez, habría eliminado a todos los pobres y con ellos a la inseguridad), es el de las candidaturas testimoniales. En buena medida no se trata de una estrategia inédita aunque se debe reconocer que aparece un elemento sorprendente: se trataría de la primera vez en que masivamente un conjunto de candidatos se postulan para cargos anunciando, de antemano, que, en caso de obtenerlos, no van a asumirlos pues ya ocupan otro tipo de funciones a las que no piensan renunciar.
Para ser más precisos, a lo largo de toda la historia de los plebiscitos desde el origen de la civilización humana ha habido “candidaturas testimoniales” al momento en que un referente apoya abiertamente y pide que se vote a x persona. Todas las fotos de campaña en las que el candidato menos conocido aparece abrazado al hombre más representativo del partido es una forma en la que éste aparece como un aval y en el que la imagen testimonia este apoyo. Sin ir más lejos, la propia Carrió es una candidata testimonial al aparecer en un cómodo tercer lugar detrás de dos figuras como mínimo, carentes de carisma. Pero la líder de la Coalición Cívica no ocupa cargos como sí lo ocupan Solá y Michetti quienes decidieron renunciar al compromiso asumido para volver a someterse a la decisión ciudadana, algo que en el caso del ex Secretario de Agricultura de Menem, resulta bastante insólito, pues se renuncia a un cargo para volver a presentarse al mismo casi como si él desconfiara de sus propios méritos y tuviera que reasegurarse que la gente lo quiere ocupando esa banca. También es particular el caso de Michetti pues se renuncia al segundo cargo máximo en el ejecutivo de la Ciudad para ocupar una banca en la que el poder se divide por 257.
Pero un análisis por separado merece la postura oficialista pues ha hecho de este tipo de candidaturas testimoniales una estrategia de campaña, en alguna medida, independiente de las coyunturas de cada región.
Las candidaturas testimoniales, son, sin duda, una consecuencia de la ausencia de nombres propios y figuras nuevas que puedan obtener un apoyo masivo, algo que, desde ya, sufren todos los partidos. Pero en el caso del oficialismo, es también no sólo una forma de testear la lealtad de una tropa que padece una veleidad muy poco encomiable, sino el fruto del desgaste que recibió el gobierno el año pasado y que lo lleva a plebiscitar su gestión. Se podrá pensar que el kirchnerismo no tiene otra alternativa que jugar esta carta, algo que probablemente sea cierto. Pero también es verdad que no hay necesidad de exponerse a una deslegitimación de hecho tras haber sido elegidos en elecciones limpias hace poco más de un año y medio.
Sin embargo, con todo, hay un aspecto positivo en este tipo de candidaturas y que resulta probablemente paradójico, pues cuando un candidato anuncia que a pesar de postularse no va a asumir está diciendo “no importan los nombres, importa el proyecto”. En este sentido, la coyuntura política y las necesidades del gobierno ponen sobre la mesa una discusión clásica de la teoría política y los sistemas representativos, esto es: ¿se votan hombres o se votan programas? Esta pregunta es la que se encuentra detrás de la controversia en torno a la decisión de Cobos de rechazar la 125. Es decir, un hombre elegido por la ciudadanía, a la hora de representarla, ¿debe obedecer lo que su propia conciencia le dicta o la propuesta que presentó y por la que fue elegido? Desde cierta visión republicana y aristócrata, el pueblo gobierna a través de sus representantes porque éstos saben mejor que el propio pueblo lo que es bueno para éste. Elegimos candidatos por su capacidad para decidir lo mejor en cada circunstancia y no para que traslade a algunos de los poderes de la República un mandato popular específico. Pero desde otro punto de vista, el representante debe ser un simple emisario, un heraldo del mandato de un pueblo que por razones de practicidad deposita en una persona sus intenciones para que sean expresadas dentro de las instituciones. En este sentido, las candidaturas testimoniales parecen tener una naturaleza jánica y paralelamente a que desnudan la carencia de nuevas figuras y se exponen a la absurda situación de candidatos que anuncian su no asunción, lleva, a un electorado demasiado proclive a posarse en figuras de alta exposición mediática cuyo eje programático de gobierno es el rezongo constante, a interrogarse acerca de cuál es el plan de Gobierno que se encuentra detrás del candidato que sonríe y se pasea en cadena nacional privada con promesas y paquetes con grandes moños de colores que, una vez que se agitan, demuestran estar profundamente vacíos.
Para ser más precisos, a lo largo de toda la historia de los plebiscitos desde el origen de la civilización humana ha habido “candidaturas testimoniales” al momento en que un referente apoya abiertamente y pide que se vote a x persona. Todas las fotos de campaña en las que el candidato menos conocido aparece abrazado al hombre más representativo del partido es una forma en la que éste aparece como un aval y en el que la imagen testimonia este apoyo. Sin ir más lejos, la propia Carrió es una candidata testimonial al aparecer en un cómodo tercer lugar detrás de dos figuras como mínimo, carentes de carisma. Pero la líder de la Coalición Cívica no ocupa cargos como sí lo ocupan Solá y Michetti quienes decidieron renunciar al compromiso asumido para volver a someterse a la decisión ciudadana, algo que en el caso del ex Secretario de Agricultura de Menem, resulta bastante insólito, pues se renuncia a un cargo para volver a presentarse al mismo casi como si él desconfiara de sus propios méritos y tuviera que reasegurarse que la gente lo quiere ocupando esa banca. También es particular el caso de Michetti pues se renuncia al segundo cargo máximo en el ejecutivo de la Ciudad para ocupar una banca en la que el poder se divide por 257.
Pero un análisis por separado merece la postura oficialista pues ha hecho de este tipo de candidaturas testimoniales una estrategia de campaña, en alguna medida, independiente de las coyunturas de cada región.
Las candidaturas testimoniales, son, sin duda, una consecuencia de la ausencia de nombres propios y figuras nuevas que puedan obtener un apoyo masivo, algo que, desde ya, sufren todos los partidos. Pero en el caso del oficialismo, es también no sólo una forma de testear la lealtad de una tropa que padece una veleidad muy poco encomiable, sino el fruto del desgaste que recibió el gobierno el año pasado y que lo lleva a plebiscitar su gestión. Se podrá pensar que el kirchnerismo no tiene otra alternativa que jugar esta carta, algo que probablemente sea cierto. Pero también es verdad que no hay necesidad de exponerse a una deslegitimación de hecho tras haber sido elegidos en elecciones limpias hace poco más de un año y medio.
Sin embargo, con todo, hay un aspecto positivo en este tipo de candidaturas y que resulta probablemente paradójico, pues cuando un candidato anuncia que a pesar de postularse no va a asumir está diciendo “no importan los nombres, importa el proyecto”. En este sentido, la coyuntura política y las necesidades del gobierno ponen sobre la mesa una discusión clásica de la teoría política y los sistemas representativos, esto es: ¿se votan hombres o se votan programas? Esta pregunta es la que se encuentra detrás de la controversia en torno a la decisión de Cobos de rechazar la 125. Es decir, un hombre elegido por la ciudadanía, a la hora de representarla, ¿debe obedecer lo que su propia conciencia le dicta o la propuesta que presentó y por la que fue elegido? Desde cierta visión republicana y aristócrata, el pueblo gobierna a través de sus representantes porque éstos saben mejor que el propio pueblo lo que es bueno para éste. Elegimos candidatos por su capacidad para decidir lo mejor en cada circunstancia y no para que traslade a algunos de los poderes de la República un mandato popular específico. Pero desde otro punto de vista, el representante debe ser un simple emisario, un heraldo del mandato de un pueblo que por razones de practicidad deposita en una persona sus intenciones para que sean expresadas dentro de las instituciones. En este sentido, las candidaturas testimoniales parecen tener una naturaleza jánica y paralelamente a que desnudan la carencia de nuevas figuras y se exponen a la absurda situación de candidatos que anuncian su no asunción, lleva, a un electorado demasiado proclive a posarse en figuras de alta exposición mediática cuyo eje programático de gobierno es el rezongo constante, a interrogarse acerca de cuál es el plan de Gobierno que se encuentra detrás del candidato que sonríe y se pasea en cadena nacional privada con promesas y paquetes con grandes moños de colores que, una vez que se agitan, demuestran estar profundamente vacíos.
7 amigos y algún enojado dicen:
un caso de candidatura testimonial es el de fabbiani: rompió las pelotas para jugar en River y cuando, finalmente, lo contratan, no juega.
Sinceramente, las candidaturas testimoniales equivalen a vaciar de contenido y sentido a las elecciones regulares: es falso que con esto se pretenda votar un proyecto (las elecciones para senadores y diputados son eso, no son plebiscitos que se votan por sí o por no; los senadores y diputados son personas y no proyectos; esas personas luego forman subbloques, unibloques, interbloques, etc.). Lo que se pretende es que cuando los candidatos testimoniales renuncien a sus cargos, los que asuman la banca sean los que están más abajo y que nadie conoce y sobre los cuales parece no recaer la carga de la exposición de sus ideas, de sus lealtades al proyecto y ni siquiera de su propio rostro.
Dante, toda candidatura es testimonial. No hay ninguna candidatura "ingenua" porque los primeros de la lista son la cara visible que espera llevar los votos. Por lo tanto son tan polémicas las candidaturas de Michetti, Prat Gay o quien sea, y no tienen por qué cuestionar a nadie porque, en definitiva, "quien avisa no traiciona".
Publiqué algo en este sentido
TODA CANDIDATURA ES TESTIMONIAL.
Quién dividió las candidaturas en "testimoniales" y "éticas"?
http://anti-q-carachas.blogspot.com/2009/04/toda-candidatura-es-testimonial.html
Saludos,
Playmobil querido: qué alegría tenerte acá comentando. TEnés razón: el caso más testimonial de todos es el del obeso Fabbiani quien próximamente compartiría delantera con el Gato Dumas. Abrazo grande
Kaid: gracias por comentar. Pasaré por tu blog. Saludos
Tu blog (esta entrada) ha sido incluida en www.argentidea.blogspot.com en
http://argentideas5042.blogspot.com/2009/05/notas-para-comentar-y-debatir.html?showComment=1242663240000#c5288872949253389182
Muchas gracias Horacio. Ojalá sea un buen disparador para el debate. Saludos. Dante
Dante, éstos tipos son los verdaderos TESTIMONIOS a la hora de votar:
- los tres millones y medio de tipos que consiguieron trabajo a partir del 2003, o sus familiares cercanos.
- el millón ochocientos mil nuevos jubilados a partir de entonces, a los que les faltaban los años de aportes para poder jubilarse, o las mujeres que sacaron la jubilación de las amas de casa.
- Tampoco todos los que tienen un padre, madre, tío, tía, abuelo o abuela que se jubilaron en esas condiciones.
- los que tenían trabajo antes del 2003 pero estaban en negro y fueron blanqueados desde entonces, gracias a lo cual tienen obra social, cobertura médica y por accidentes de trabajo.
- los que, siendo industriales o empresarios, se favorecieron con el dólar alto mantenido por el Estado, porque lo que producen o venden no puede competir con lo importado y se fundieron con el 1 a 1.
- los laburantes en blanco que, una o dos veces al año, obtienen aumentos de salarios porque volvieronlas paritarias, y que los cobran aunque no estén afiliados a ningún gremio.
Te mando un abrazo
¿Y las CANDIDATURAS PATRIMONIALES? Esas de los que "Invierten" millones para ganar una banca cuya dieta no llega al 1% de la inversión, pero que son "inversiones presidenciales a futuro", de las que nadie habla...
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